INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.- Nuestro Ángel de la Guarda
2.- Carácter de la revelación espírita
3.- La obsesión espiritual y sus grados
4.- ¿ En dónde comienza y terminan la vida y la muerte ?
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NUESTRO ANGEL DE LA GUARDA
El contacto con nuestro espíritu protector 'Ángel de la guarda'
Aprovechándonos de algunas palabras del cantante y compositor Fabio Júniorque, al hacer un homenaje a su fallecido padre, nos hace recordar cuan intensa es esa relación que mantenemos con los amigos espirituales y, más específicamente, con nuestro `ángel de la guarda´. Dice así:
“Entre las puertas de lo visible y de lo invisible, una tenue barrera nos separa de la eternidad.
Más allá de la materialidad pasajera de las cosas, queda el reino de las cosas verdaderas, que la gente carga como un tesoro en el corazón.
Lazos inquebrantables de un amor insuperable; ternuras profundas de una amistad real…
Manos que sellan como guardias en nuestro camino; espíritus de luz iluminando nuestro corazón; fantasmas familiares como guías, como fuerzas de protección.
Ahí la gente ve que el tiempo no vale nada; es pobre en el camino de la evolución”.
Según lo que podemos aprender en la Doctrina Espírita, más allá del mundo material, existe otra dimensión denominada como `mundo espiritual´. Y esas dos realidades del Universo no están disociadas, ya que una ejerce gran influencia sobre la otra.
Con eso, cuando no estamos encarnados, habitamos en el plano espiritual regiones compatibles con los valores morales, emocionales, intelectuales y espirituales que aun cargamos. El capítulo IV, de EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO, al abordar sobre `los lazos de familia fortalecidos por la reencarnación´ (item 18), dice: “Los espíritus forman en el espacio, grupos o familias unidas por el afecto, por la simpatía y semejanza de inclinaciones; esos espíritus, felices por estar juntos, se buscan; la encarnación no los separa sino momentáneamente, porque, después de su reentrada en la Erraticidad, se reencuentran, como amigos a la vuelta de un viaje.
(...) Si unos están encarnados y otros no lo están, por eso no están menos unidos por el pensamiento; los que están libres (viviendo en el mundo espiritual) velan sobre los que están cautivos (viviendo en el mundo material), los más avanzados procuran hacer progresar a los retardados.”
Pero es en el capítulo IX (libro II), de EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS, donde encontramos 33 preguntas que más ampliamente nos esclarecen sobre lo que serían esos desencarnados que velan sobre nosotros de manera más directa.
En la cuestión 490, tenemos: “¿Qué se debe entender por ángel guardián?” Respuesta: “El Espíritu de un orden elevado”. O sea, él es un gran afecto que traemos del pasado, y que por ser más evolucionado, nos asiste en esta encarnación.
Es bastante compleja la tarea de ese espíritu que nos ampara, pues su asistencia tiene que transcurrir de forma de no herir nuestro libre albedrío. Por conocer nuestras dificultades íntimas y fragilidades, él nos orienta, pero no determina el camino a ser seguido; nos protege y alerta, pero, no impone las decisiones que debemos tomar, justamente para no quitar de nosotros méritos de nuestros descubrimientos y conquistas.
El reconocimiento íntimo y la oración sincera. Por el hecho de que ambos elevan la frecuencia energética (patrón vibratorio) y ampliar nuestra capacidad de sintonía, a través del intercambio mental (intuición), nuestro espíritu protector actúa de manera más efectiva a nuestra sensibilidad. Es como si él nos susurrase algo; y ese fenómeno se asocia a nuestra “voz de la conciencia”, pues algo dentro de nosotros nos sugiere, por ejemplo, lo que debemos o no hacer.
Pero por el factor de la intuición es una percepción rápida, momentáneamente y pasajera; un flash súbito o una idea que brota de forma espontánea e inesperada, muchos juzgándola sin mayores créditos y no atienden a esos pensamientos más íntimos.
No obstante, no es solamente por medio de ella que nuestro “ángel de la guarda” intenta auxiliarnos. Existen otras maneras. Y quien nos da la revelación es el Espíritu Emmanuel: “Ora y pide. Enseguida, presta atención. Algo vendrá por alguien o por intermedio de alguna cosa, dándote, en esencia, las informaciones o los avisos que solicites.
En muchas circunstancias, la advertencia o el consejo, la frase orientadora o la palabra de bendición te alcanzarán el alma, en el verbo de un amigo, en la página de un libro, en una nota sencilla de la prensa y hasta incluso en un simple anuncio que se te cruce en el camino.” [1]
Mientras tanto, existe una determinada ocasión en que nuestro protector conversa directamente con nosotros, “ojos en los ojos”. ¿Cuál sería ese momento?
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| Cairbar Schutel |
Dar valor, es sobre todo, seguir tales alertas haciéndole más fácil la búsqueda de la evolución…
(...) Tales advertencias pueden servir para resaltar la necesidad de la autocrítica, incentivar el cambio de actitudes e incluso detener un procedimiento menos digno o anticristiano” [2]
¡Deberéis conocer mejor esta verdad! ¡Cuantas veces ella os ayudará en los momentos de crisis; cuantas veces ella os salvaría de los malos Espíritus!
(...) Cada ángel guardián tiene su protegido sobre el cual vela como un padre vela sobre su hijo, y es feliz cuando lo ve en el buen camino y sufre cuando sus consejos son menospreciados.No temáis fatigarnos con vuestras preguntas; estad, al contrario, siempre en relación con nosotros: seréis más fuertes y felices”. [4]
Eso es porque no existe ningún ser humano que venga a la vida física, después de experiencias anteriores en las cuales acabó fracasando, que no se había preparado para enfrentar los mismos obstáculos y vencerlos definitivamente. Todo regreso al mundo físico es precedido de una preparación profunda y meticulosa que respeta, en primer lugar, la Misericordia del Creador, que no da fardo más pesado de las fuerzas de quien los transportará.
(...) De cualquier manera, todos renacen con condiciones de superar las caídas, elevarse sobre los escalones, saltar sobre los agujeros, atravesar las corrientes que fueran surgiendo en su trayectoria.
Y cuando todo pueda estar nebuloso, confuso, de difícil comprensión al encarnado, Dios le permite tener acceso personal a los que le están auxiliando a través de la intuición, a los amigos que, en lo invisible, nos mantienen con los pensamientos volcados para el poder de vencer a sí mismo que cada uno posee.
Por medio de la oración sincera y recogimiento íntimo, cada encarnado puede entrar en sintonía con esos amigos vigilantes y presentes en nuestra vida y que, lejos de resolver por nosotros los problemas que nos cabe solucionar, buscan infundirnos buenas ideas, pensamientos más claros y estado de ánimo propicio al caminar correcto, dentro de las necesidades evolutivas de cada uno.
Todas las personas, sin depender de ningún intermediario, ni de cualquier sensitivo especialmente dotado, pueden ser sus propios oráculos*, a través de la elevación interior, de la confianza en la bondad de Dios, en la oración simple y sincera, que dispensa todas las fórmulas ritualistas o artificiales, para transformarse, tan solamente, en la conversación franca entre hijo confuso y Padre comprensivo y sabio.
Por eso, haciendo el silencio interior, el reencarnado está abriendo condiciones de escuchar las vibraciones sutiles que le tocan el alma y que, en forma de intuiciones, le aconsejan siempre el mejor camino, dentro de la armonía de las leyes del Universo.»
RUIZ, André Luiz; Espírito Lucius. Los Roquedos son de Arena. Araras: Ide Editora. 1ª Edición. Capítulo 7, pág. 54.
médium, se mezcla contra su voluntad en las comunicaciones que recibe, le impide en
comunicarse con otros Espíritus y sustituye a aquellos que se evocan.
^No se está obcecado por el sólo hecho de ser engañado por un Espíritu mentiroso; el mejor médium está expuesto a esto, sobre todo al principio, cuando aun le falta la experiencia necesaria, de la misma manera que entre nosotros las gentes más honradas pueden ser engañadas por los tunantes. Se puede, pues, ser engañado sin estar obcecado; la obsesión está en la tenacidad del Espíritu, del cual no se puede desembarazar.
En la obsesión simple, el médium sabe muy bien que tiene que habérselas con un Espíritu mentiroso, y éste no se oculta, no disimula sus malas intenciones y su deseo de contrariar. El médium reconoce sin pena la artimaña, y como está preparado, rara vez es engañado. Esta especie de obsesión es simplemente desagradable, y no tiene otro inconveniente que el oponer un obstáculo a las comunicaciones que se quisieron tener con Espíritus formales o con aquellos por quienes se tiene afección.
239. La "fascinación" tiene consecuencias mucho más graves. Es una ilusión producida por la acción directa del Espíritu sobre el pensamiento del médium, y que de algún modo paraliza su juicio, con respecto a las comunicaciones.^ El médium fascinado no se cree engañado; el Espíritu tiene la maña de inspirarle una confianza ciega que le impide el ver la superchería y comprender el absurdo de lo que escribe, aun cuando todo el mundo lo conozca; la ilusión puede ir hasta hacerle ver lo sublime en el lenguaje más ridículo. Se estaría en el error si se creyera que este género de obsesión no puede alcanzar sino a las personas sencillas, ignorantes y desprovistas de juicio; los hombres más discretos, más instruidos y más inteligentes bajo otros conceptos no están exentos de esto, lo que prueba que esta aberración es el efecto de una causa extraña, de la que
sufren la influencia. Ya hemos dicho que las consecuencias de la fascinación son mucho más graves; en efecto, a favor de esta ilusión que es el resultado, el Espíritu conduce aquel a quien
ha logrado dominar como lo haría con un ciego, y puede hacerle aceptar las doctrinas más extravagantes y las teorías más falsas como siendo la única expresión de la verdad; aún más: puede excitarle a que haga acciones ridículas, de compromiso y aun perniciosas.
Se comprende fácilmente toda la diferencia que hay entre la obsesión simple y la fascinación; se comprende también que los Espíritus que producen estos dos efectos deben diferir de carácter. En la primera, el Espíritu que se une a vosotros sólo es un ser importuno por su tenacidad, y se desea con impaciencia poderse desembarazar de él. En la segunda es otra cosa; para llegar a tales fines es necesario un Espíritu hábil, vivo y profundamente hipócrita, porque no puede chasquear y hacerse aceptar sino con ayuda de la máscara que sabe tomar y de un falso semblante de virtud; las grandes palabras de caridad, humildad y de amor de Dios son para él como credenciales; pero a través de todo esto deja penetrar las señales de inferioridad, que es necesario estar fascinado para no ver; teme también a todas las personas que ven demasiado claro; así es que su táctica es casi siempre la de inspirar a su intérprete el alejamiento de cualquiera que pudiera abrirle los ojos; por este motivo, evitando toda contradicción, siempre tiene la seguridad de tener razón.
El LIBRO DE LOS MEDIUMS
ALLAN KARDEC
La fina línea que separa los conceptos de
la vida de la muerte, siempre ha sido algo inquietante para el Ser humano desde
lo más remoto de sus orígenes
.
Según la Ciencia, la vida humana comienza
al unirse los veintitrés cromosomas del espermatozoide, con los veintitrés del
óvulo; a partir de ese momento ya existe una vida humana embrionaria, como un
proyecto de persona en desarrollo. Por
tanto, según esta conclusión científica, la vida no comienza en el momento en que una
persona nace, sino mucho antes; tiene su origen a partir del momento de la
concepción en el seno materno.
La vida humana, o mejor dicho, la vida
del cuerpo humano, cesa con la muerte de dicho cuerpo material, pero no
así la vida del Ser espiritual que
conforma y actúa en cada ser humano, en su paso por la Tierra, porque siendo el
Espíritu un Ente inmaterial, no está sujeto a la muerte del cuerpo material,
por lo que continúa existiendo después de abandonar el cuerpo físico tras la
muerte del mismo.
Siguiendo con los parámetros de la Ciencia, la muerte
supone la cesación de todas las
funciones vitales, considerando este cese irreversible a partir de la parada de
la actividad cerebral y de la función cardiopulmonar ; sin embargo, existen a
veces casos de reanimación y vuelta a la
vida, tras estados de muertes aparentes
o Catalepsia, así como también otros
muchos casos de reanimaciones después de
una muerte clínica o tras una
congelación con paradas
cardio-respiratoria y de actividad cerebral, a modo de lo que sucede con
ciertos anfibios y reptiles ; estos casos de reanimación post-mortem y vuelta a
la vida, parecen desmentir estos parámetros científicos sobre la vida y
la muerte. Por ello se podría diferenciar entre la muerte como separación y
abandono definitivo del Ser espiritual, del cuerpo de materia que tenía como
ser humano, - lo que se conoce como desencarnación,
en referencia al proceso inverso al del nacimiento o encarnación - y la muerte del
cuerpo como cesación de toda
actividad orgánica irreversible, y que normalmente
afecta al proceso de separación espiritual definitivo del Ser espiritual, o
sea, a su desencarnación. Por lo tanto la muerte del cuerpo físico, que después aún
conserva por breve tiempo parte de sus energías vitales, no
presupone que siempre se produzca una
separación del espíritu, definitiva e inmediata
del cuerpo tras el último aliento vital.
Por
este motivo, comunicados de Espíritus Superiores, recomiendan esperar, al menos
78 horas, antes de la incineración de los cadáveres.
Tratando
de responder a la pregunta del enunciado, cabe distinguir entre la Vida, total,
plena e infinita, que no nace ni muere y es la Vida del Espíritu, y la vida
orgánica de la materia, cuyo comienzo aparece en la concepción de los cuerpos
materiales y termina con la mal llamada muerte.





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