viernes, 23 de octubre de 2026

¿ En dónde comienza y terminan la vida y la muerte ?

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Nuestro Ángel de la Guarda

2.- Carácter de la revelación espírita 

3.- La obsesión espiritual y sus grados

4.- ¿ En dónde comienza y terminan la vida y la muerte ?

                                                         ****************************

    

            

NUESTRO ANGEL DE LA GUARDA


El contacto con nuestro espíritu protector 'Ángel de la guarda' 

Aprovechándonos de algunas palabras del cantante y compositor Fabio Júniorque, al hacer un homenaje a su fallecido padre, nos hace recordar cuan intensa es esa relación que mantenemos con los amigos espirituales y, más específicamente, con nuestro `ángel de la guarda´. Dice así: 

“Entre las puertas de lo visible y de lo invisible, una tenue barrera nos separa de la eternidad. 
Más allá de la materialidad pasajera de las cosas, queda el reino de las cosas verdaderas, que la gente carga como un tesoro en el corazón. 

Lazos inquebrantables de un amor insuperable; ternuras profundas de una amistad real… 
Manos que sellan como guardias en nuestro camino; espíritus de luz iluminando nuestro corazón; fantasmas familiares como guías, como fuerzas de protección. 
Ahí la gente ve que el tiempo no vale nada; es pobre en el camino de la evolución”.
 


Según lo que podemos aprender en la Doctrina Espírita, más allá del mundo material, existe otra dimensión denominada como `mundo espiritual´. Y esas dos realidades del Universo no están disociadas, ya que una ejerce gran influencia sobre la otra.

A través de los conceptos reencarnacionistas, tenemos que todos somos espíritus inmortales cuya trayectoria evolutiva está mezclada por dos fases que se alternan de manera ininterrumpida: la vida espiritual seguida de una vida material, a través del fenómeno de la encarnación (nacimiento) ; que, a su vez, es nuevamente seguida de la vida espiritual por medio de la desencarnación (muerte). Y así sucesivamente...

Con eso, cuando no estamos encarnados, habitamos en el plano espiritual regiones compatibles con los valores morales, emocionales, intelectuales y espirituales que aun cargamos. El capítulo IV, de EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO, al abordar sobre `los lazos de familia fortalecidos por la reencarnación´ (item 18), dice:  “Los espíritus forman en el espacio, grupos o familias unidas por el afecto, por la simpatía y semejanza de inclinaciones; esos espíritus, felices por estar juntos, se buscan; la encarnación no los separa sino momentáneamente, porque, después de su reentrada en la Erraticidad, se reencuentran, como amigos a la vuelta de un viaje.
 
(...) Si unos están encarnados y otros no lo están, por eso no están menos unidos por el pensamiento; los que están libres (viviendo en el mundo espiritual) velan sobre los que están cautivos (viviendo en el mundo material), los más avanzados procuran hacer progresar a los retardados.” 


Pero es en el capítulo IX (libro II), de EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS, donde encontramos 33 preguntas que más ampliamente nos esclarecen sobre lo que serían esos desencarnados que velan
sobre nosotros de manera más directa.

En la cuestión 490, tenemos: “¿Qué se debe entender por ángel guardián?” Respuesta: “El Espíritu de un orden elevado”. O sea, él es un gran afecto que traemos del pasado, y que por ser más evolucionado, nos asiste en esta encarnación.

¿Y cuál es su misión?<<<
Como respuesta de la cuestión 491, encontramos: “La de un padre sobre sus hijos: guiar a su protegido en el buen camino, ayudarlo con sus consejos, consolar sus aflicciones, sustentar su coraje en las pruebas de la vida”. 

Es bastante compleja la tarea de ese espíritu que nos ampara, pues su asistencia tiene que transcurrir de forma de no herir nuestro libre albedrío. Por conocer nuestras dificultades íntimas y fragilidades, él nos orienta, pero no determina el camino a ser seguido; nos protege y alerta, pero, no impone las decisiones que debemos tomar, justamente para no quitar de nosotros méritos de nuestros descubrimientos y conquistas.

¿Qué nos predispone a un contacto más intenso con él?

El reconocimiento íntimo y la oración sincera. Por el hecho de que ambos elevan la frecuencia energética (patrón vibratorio) y ampliar nuestra capacidad de sintonía, a través del intercambio mental (intuición), nuestro espíritu protector actúa de manera más efectiva a nuestra sensibilidad. Es como si él nos susurrase algo; y ese fenómeno se asocia a nuestra “voz de la conciencia”, pues algo dentro de nosotros nos sugiere, por ejemplo, lo que debemos o no hacer.

Pero por el factor de la intuición es una percepción rápida, momentáneamente y pasajera; un flash súbito o una idea que brota de forma espontánea e inesperada, muchos juzgándola sin mayores créditos y no atienden a esos pensamientos más íntimos.

No obstante, no es solamente por medio de ella que nuestro “ángel de la guarda” intenta auxiliarnos. Existen otras maneras. Y quien nos da la revelación es el Espíritu Emmanuel: “Ora y pide. Enseguida, presta atención. Algo vendrá por alguien o por intermedio de alguna cosa, dándote, en esencia, las informaciones o los avisos que solicites. 
En muchas circunstancias, la advertencia o el consejo, la frase orientadora o la palabra de
bendición te alcanzarán el alma, en el verbo de un amigo, en la página de un libro, en una nota sencilla de la prensa y hasta incluso en un simple anuncio que se te cruce en el camino.”
 [1] 


Con estas palabras, podemos percibir que son muchos los caminos que la Espiritualidad Mayor usa para hacer llegar hasta nosotros todo cuanto necesitamos para la sustentación del equilibrio y de la firmeza delante de nuestros desafíos: consuelo, advertencia, energías saludables, luz,…
Mientras tanto, existe una determinada ocasión en que nuestro protector conversa directamente con nosotros, “ojos en los 
ojos”. ¿Cuál sería ese momento?

Cairbar Schutel
El Espíritu Cairbar Schutel así nos dice: “En todo instante de su peregrinación por la vida material, el individuo está recibiendo importantes orientaciones del Plano Espiritual a través de las intuiciones o inspiraciones. Durante el sueño, cuando está en desprendimiento del cuerpo físico, el Espíritu, liberado momentáneamente, recibe, si estuviera al tanto receptivo, buenos consejos de los mentores y amigos espirituales. 
Dar valor, es sobre todo, seguir tales alertas haciéndole más fácil la búsqueda de la evolución… 
(...) Tales advertencias pueden servir para resaltar la necesidad de la autocrítica, incentivar el cambio de actitudes e incluso detener un procedimiento menos digno o anticristiano”
 [2]


La Doctrina Espírita enseña que durante el sueño físico, apenas nuestro cuerpo reposa. Al encontrarnos, en espíritu, parcialmente liberados de la materia que descansa, siempre buscamos regiones astrales de nuestro interés inmediato y mantenemos contacto con seres que nos son afines, sean ellos superiores o inferiores. 

Con el reconocimiento íntimo y la oración, positivamente abrimos los canales de comunicación (nuestra sensibilidad) y dormimos predispuestos a permitir que nuestro espíritu protector nos ofrezca una orientación más indirecta. A veces, nos acordamos vagamente de tal asistencia, afirmando que soñamos eso o aquello. Pero, incluso que no tengamos recuerdo alguno, guardamos en nuestro interior la orientación proporcionada y, en el momento oportuno – cuando en vigilia (despiertos) –, obramos de acuerdo con aquella “voz interior” que nos habla para hacer o para evitar alguna cosa. 

De ahí la importancia de la oración. A través de ella deshacemos nuestras disposiciones íntimas fuertemente envueltas en la desesperación, en la aflicción, en la no creencia, en el sufrimiento y cosas así, y nos volvemos más receptivos a las sugestiones superiores. 

Efectivamente, ¿ qué espera de su protegido el “ángel de la guarda”? 

Utilizando las palabras dictadas por el Espíritu André Luiz, podemos afirmar que: “Los instructores de la verdad espiritual desean, antes de todo, nuestra renovación íntima, para la vida superior. Si apenas buscamos consuelo, sin adquirir fortaleza, no pasaremos de niños espirituales.  Si procuramos la compañía de orientadores benevolentes, tan sólo para el gozo de ventajas personales, ¿ dónde estará el aprendizaje?  ¿Acaso no permanecemos, aquí, en la Tierra, en aprendizaje? ¿Habríamos recibido el cuerpo al renacer, apenas para reposar? Es increíble que nuestros amigos de la esfera superior nos vengan a suprimir la posibilidad de caminar por nosotros mismos, usando los propios pies. Naturalmente, no nos quieren los benefactores del Más Allá para eternos necesitados de la casa de Dios y, sí, como compañeros de gloriosos servicios del bien, tan generosos, fuertes, sabios y felices como ellos ya lo son.” [3] 

Con la intuición de finalizar el asunto, es imposible no citar a San Agustín(Espíritu) que, con sublimes palabras, vehementemente nos invita a la creencia y búsqueda de nuestro “ángel de la guarda”, pues es él que habla más directamente a nuestro corazón. Es con él que alimentamos "ternuras profundas de una amistad leal”, porque lo que nos sustenta unidos son "lazos inquebrantables de un amor insuperable”. 

Está a nuestro alrededor el espíritu protector, incluso que no podamos verlo. La fe es la puerta que abre nuestro corazón y nos permite reconocer su presencia y su acción, inclusive cuando no lo miramos con los ojos del cuerpo físico. 

Así, Agustín se expresa: “Es una doctrina que debería convertir a los más incrédulos por su encanto y por su dulzura: la de los ángeles guardianes. Pensar que se tienen siempre cerca de sí seres que os son superiores, que están siempre ahí para aconsejaros, sustentaros, ayudaros a escalar la áspera montaña del bien, que son los amigos más seguros y más dedicados que las más íntimas uniones que se pueda contraer sobre esta Tierra, ¿no es una idea bien consoladora? Esos seres están ahí por orden de Dios; él los colocó junto a vosotros y ahí están, por su amor, cumpliendo una bella, pero penosa misión. Sí, donde estéis, él estará con vosotros: las prisiones, los hospitales, los lugares de libertinaje, la soledad, nada os separa de ese amigo que no podéis ver, pero del cual vuestra alma siente los más dulces estímulos y oye los más sabios consejos. 

¡Deberéis conocer mejor esta verdad! ¡Cuantas veces ella os ayudará en los momentos de crisis; cuantas veces ella os salvaría de los malos Espíritus! 
(...) ¡Ah! Interrogad a vuestros ángeles guardianes (a través de la oración, del pensamiento,…); estableced entre ellos y vosotros esa ternura íntima que reina entre los mejores amigos. No penséis en esconderles nada, porque ellos tienen los ojos de Dios, y no podéis engañarlos. 

(...) Cada ángel guardián tiene su protegido sobre el cual vela como un padre vela sobre su hijo, y es feliz cuando lo ve en el buen camino y sufre cuando sus consejos 
 son menospreciados.No temáis fatigarnos con vuestras preguntas; estad, al contrario, siempre en relación con nosotros: seréis más fuertes y felices”. [4] 

«Presentes siempre al lado de sus tutelados, los amigos espirituales de todos los encarnados están a disposición en las horas cruciales y difíciles de los destinos de aquellos que tomaron como discípulos para ayudarlos a enfrentar las adversidades, cumpliendo con las tareas a que se comprometieran antes de reencarnar. 

Eso es porque no existe ningún ser humano que venga a la vida física, después de experiencias anteriores en las cuales acabó fracasando, que no se había preparado para enfrentar los mismos obstáculos y vencerlos definitivamente. Todo regreso al mundo físico es precedido de una preparación profunda y meticulosa que respeta, en primer lugar, la Misericordia del Creador, que no da fardo más pesado de las fuerzas de quien los transportará. 

(...) De cualquier manera, todos renacen con condiciones de superar las caídas, elevarse sobre los escalones, saltar sobre los agujeros, atravesar las corrientes que fueran surgiendo en su trayectoria. 

Y cuando todo pueda estar nebuloso, confuso, de difícil comprensión al encarnado, Dios le permite tener acceso personal a los que le están auxiliando a través de la intuición, a los amigos que, en lo invisible, nos mantienen con los pensamientos volcados para el poder de vencer a sí mismo que cada uno posee. 

Por medio de la oración sincera y recogimiento íntimo, cada encarnado puede entrar en sintonía con esos amigos vigilantes y presentes en nuestra vida y que, lejos de resolver por nosotros los problemas que nos cabe solucionar, buscan infundirnos buenas ideas, pensamientos más claros y estado de ánimo propicio al caminar correcto, dentro de las necesidades evolutivas de cada uno. 

Todas las personas, sin depender de ningún intermediario, ni de cualquier sensitivo especialmente dotado, pueden ser sus propios oráculos*, a través de la elevación interior, de la confianza en la bondad de Dios, en la oración simple y sincera, que dispensa todas las fórmulas ritualistas o artificiales, para transformarse, tan solamente, en la conversación franca entre hijo confuso y Padre comprensivo y sabio. 

Por eso, haciendo el silencio interior, el reencarnado está abriendo condiciones de escuchar las vibraciones sutiles que le tocan el alma y que, en forma de intuiciones, le aconsejan siempre el mejor camino, dentro de la armonía de las leyes del Universo.»

Bibliografia:
RUIZ, André Luiz; Espírito Lucius. Los Roquedos son de Arena. Araras: Ide Editora. 1ª Edición. Capítulo 7, pág. 54. 
                                                                    ****************************



LA OBSESIÓN  ESPIRITUAL Y SUS

 GRADOS

                             

                                              

238. La obsesión simple tiene lugar cuando un Espíritu malhechor engaña a un
médium, se mezcla contra su voluntad en las comunicaciones que recibe, le impide en
comunicarse con otros Espíritus y sustituye a aquellos que se evocan.

^No se está obcecado por el sólo hecho de ser engañado por un Espíritu mentiroso; el mejor médium está expuesto a esto, sobre todo al principio, cuando aun le falta la experiencia necesaria, de la misma manera que entre nosotros las gentes más honradas pueden ser engañadas por los tunantes. Se puede, pues, ser engañado sin estar obcecado; la obsesión está en la tenacidad del Espíritu, del cual no se puede desembarazar.

En la obsesión simple, el médium sabe muy bien que tiene que habérselas con un Espíritu mentiroso, y éste no se oculta, no disimula sus malas intenciones y su deseo de contrariar. El médium reconoce sin pena la artimaña, y como está preparado, rara vez es engañado. Esta especie de obsesión es simplemente desagradable, y no tiene otro inconveniente que el oponer un obstáculo a las comunicaciones que se quisieron tener con Espíritus formales o con aquellos por quienes se tiene afección.

Se pueden colocar en esta categoría los casos de "obsesión física", es decir, la que consiste en las manifestaciones ruidosas y obstinadas de ciertos Espíritus que hacen oír espontáneamente golpes u otros ruidos.

239. La "fascinación" tiene consecuencias mucho más graves. Es una ilusión producida por la acción directa del Espíritu sobre el pensamiento del médium, y que de algún modo paraliza su juicio, con respecto a las comunicaciones.^ El médium fascinado no se cree engañado; el Espíritu tiene la maña de inspirarle una confianza ciega que le impide el ver la superchería y comprender el absurdo de lo que escribe, aun cuando todo el mundo lo conozca; la ilusión puede ir hasta hacerle ver lo sublime en el lenguaje más ridículo. Se estaría en el error si se creyera que este género de obsesión no puede alcanzar sino a las personas sencillas, ignorantes y desprovistas de juicio; los hombres más discretos, más instruidos y más inteligentes bajo otros conceptos no están exentos de esto, lo que prueba que esta aberración es el efecto de una causa extraña, de la que
sufren la influencia. Ya hemos dicho que las consecuencias de la fascinación son mucho más graves; en efecto, a favor de esta ilusión que es el resultado, el Espíritu conduce aquel a quien
ha logrado dominar como lo haría con un ciego, y puede hacerle aceptar las doctrinas más extravagantes y las teorías más falsas como siendo la única expresión de la verdad; aún más: puede excitarle a que haga acciones ridículas, de compromiso y aun perniciosas.

Se comprende fácilmente toda la diferencia que hay entre la obsesión simple y la fascinación; se comprende también que los Espíritus que producen estos dos efectos deben diferir de carácter. En la primera, el Espíritu que se une a vosotros sólo es un ser importuno por su tenacidad, y se desea con impaciencia poderse desembarazar de él. En la segunda es otra cosa; para llegar a tales fines es necesario un Espíritu hábil, vivo y profundamente hipócrita, porque no puede chasquear y hacerse aceptar sino con ayuda de la máscara que sabe tomar y de un falso semblante de virtud; las grandes palabras de caridad, humildad y de amor de Dios son para él como credenciales; pero a través de todo esto deja penetrar las señales de inferioridad, que es necesario estar fascinado para no ver; teme también a todas las personas que ven demasiado claro; así es que su táctica es casi siempre la de inspirar a su intérprete el alejamiento de cualquiera que pudiera abrirle los ojos; por este motivo, evitando toda contradicción, siempre tiene la seguridad de tener razón.

240. La "subyugación" es una restricción que paraliza la voluntad del que la sufre y le hace obrar a pesar suyo. En una palabra, es su verdadero "yugo".

La subyugación puede ser "moral o corporal". En el primer caso, el subyugado es solicitado a tomar determinaciones muchas veces absurdas y comprometidas, que por una especie de ilusión las cree sensatas; es una especie de fascinación. En el segundo caso el Espíritu obra sobre los órganos materiales y provoca los movimientos involuntarios.

Se traduce en el médium escribiendo por una necesidad incesante de escribir, aun en los momentos más inoportunos. Nosotros los hemos visto que, en defecto de pluma o de lápiz, escribían con el dedo por todas partes en donde se encontraban, en las mismas calles, en las puertas y en las paredes.

La subyugación corporal va algunas veces más lejos; puede conducir a los actos más ridículos. Hemos conocido a un hombre que no era joven ni hermoso, que bajo el imperio de una obsesión de esta naturaleza se veía obligado por una fuerza irresistible a ponerse de rodillas delante de una joven, con la cual no había tenido ninguna entrevista y pedirla en matrimonio. Otras veces sentía en las espaldas y en las piernas una presión enérgica, que le forzaba contra su voluntad y sin embargo de la resistencia que hacía al ponerse de rodillas y besar el suelo en los parajes públicos y en presencia de la multitud.

Este hombre pasaba por loco entre sus relaciones; pero nosotros nos hemos  convencido de que no lo era, porque tenía el pleno convencimiento del ridículo, de lo que hacía contra su voluntad, por lo que sufría horriblemente. 

241. En otro tiempo se daba el nombre de posesión al imperio ejercido por malos Espíritus, cuando su influencia llegaba hasta la aberración de las facultades. La posesión sería para nosotros sinónimo de subyugación. Si no adoptamos este término es por dos razones: la primera porque implica la creencia de seres creados para el mal y entregados perpetuamente a él, mientras que no hay sino seres más o menos imperfectos y que todos pueden mejorarse. La segunda, porque implica igualmente la idea de la toma de posesión de un cuerpo por un Espíritu extraño, de una especie de cohabitación, mientras que sólo hay una sujeción. La palabra "subyugación" expresa perfectamente el pensamiento. De este modo para nosotros no hay poseidos en el sentido vulgar de la palabra: sólo hay "obcecados", "subyugados" y "fascinados"..

El LIBRO DE LOS MEDIUMS
ALLAN KARDEC

                                                                  *************


¿En dónde comienza y termina la Vida y

 la muerte ?

                                      

 

      La fina línea que separa los conceptos de la vida de la muerte, siempre ha sido algo inquietante para el Ser humano desde lo más remoto de sus orígenes

.

      Según la Ciencia, la vida humana comienza al unirse los veintitrés cromosomas del espermatozoide, con los veintitrés del óvulo; a partir de ese momento ya existe una vida humana embrionaria, como un proyecto de persona en desarrollo.  Por tanto, según esta conclusión científica,  la vida no comienza en el momento en que una persona nace, sino mucho antes; tiene su origen a partir del momento de la concepción en el seno materno.

 

       La vida humana, o mejor dicho, la vida del cuerpo humano, cesa con la muerte de dicho cuerpo material, pero no así  la vida del Ser espiritual que conforma y actúa en cada ser humano, en su paso por la Tierra, porque siendo el Espíritu un Ente inmaterial, no está sujeto a la muerte del cuerpo material, por lo que continúa existiendo después de abandonar el cuerpo físico tras la muerte del mismo.  

 

       Siguiendo con  los parámetros de la Ciencia, la muerte supone  la cesación de todas las funciones vitales, considerando este cese irreversible a partir de la parada de la actividad cerebral y de la función cardiopulmonar ; sin embargo, existen a veces casos de  reanimación y vuelta a la vida, tras estados de  muertes aparentes o Catalepsia, así como  también otros muchos casos de reanimaciones  después de una muerte clínica o tras   una congelación con paradas  cardio-respiratoria y de actividad cerebral, a modo de lo que sucede con ciertos anfibios y reptiles ; estos casos de reanimación post-mortem y vuelta a la vida,  parecen desmentir  estos parámetros científicos sobre la vida y la muerte. Por ello se podría diferenciar entre la muerte como separación y abandono definitivo del Ser espiritual, del cuerpo de materia que tenía como ser humano, - lo que  se conoce como desencarnación, en referencia al proceso inverso al del nacimiento o encarnación - y la muerte del cuerpo  como cesación de toda actividad  orgánica irreversible, y que normalmente afecta al proceso de separación espiritual definitivo del Ser espiritual, o sea, a su desencarnación. Por lo tanto la muerte del cuerpo físico, que después aún conserva  por breve  tiempo parte de sus energías vitales, no presupone  que siempre se produzca una separación del espíritu, definitiva e inmediata  del cuerpo  tras el  último aliento vital.

Por este motivo, comunicados de Espíritus Superiores, recomiendan esperar, al menos 78 horas, antes de la incineración de los cadáveres.

   Tratando de responder a la pregunta del enunciado, cabe distinguir entre la Vida, total, plena e infinita, que no nace ni muere y es la Vida del Espíritu, y la vida orgánica de la materia, cuyo comienzo aparece en la concepción de los cuerpos materiales y termina con la mal llamada muerte.

 - José Luis Martín-

                                                                                 **********************




No hay comentarios: