La inspiración del hombre es portentosa,
mas la causa primera es otra cosa.
Contemplo con placer grande y profundo
la solitaria ermita del desierto,
pero no envidio al que abandona el mundo,
que es la inacción, la calma, mas no el puerto.
Y la vida es luchar, aunque un segundo
lo convierta en un siglo el desacierto,
y la ansiedad fatal que nos ayuda
a lanzarnos en brazos de la duda.
Sin dudar no se llega hasta la cumbre
de la fe que transporta las montañas;
sin dudar adquirimos la costumbre
de aceptar como buenas las patrañas.
Yo dudé y adquirí la certidumbre
que hay otras tierras para el hombre extrañas:
y algo sin nombre que en los aires zumba
trajo hasta mí los ecos de ultratumba.
Ecos vagos, extraños, confundidos...
que pretenden cambiar la faz del mundo;
por unos con asombro recibidos,
por otros con desprecio sin segundo;
pero el caso es que fueron sometidos
a un examen y análisis profundo;
y que las muchedumbres repetían
que los muertos hablaban, y sentían.
De este dicen que dicen los rumores
se han repetido en todas las edades,
porque siempre los grandes soñadores
escucharon la voz de las verdades.
Hoy quizá nuestros tiempos son mejores,
porque nuestras modernas sociedades,
al buscar el porqué de la existencia
hallan en su razón la Providencia.
Allan Kardec, filósofo eminente,
se asemejó a Colón, que tras los mares
vio las palmas de un nuevo continente
y escuchó de otros hombres los cantares;
y Allan Kardec que fue constantemente
el sabio explorador de nuevos lares,
también veía rodar por los espacios
planetas con techumbres de topacios.
El vio la irradiación del infinito
en algo que su mente presentía,
y el porvenir del hombre lo vio escrito
en torrentes de luz y de armonía.
Hallé en sus obras el jordán bendito
que calmara la sed del alma mía,
y desde entonces sigo mi jornada
esperando tranquila y resignada.
Inmensa gratitud guarda mi mente,
al que nunca debemos olvidarle.
¡Espiritistas! Nuestro afán ardiente
uno sólo ha de ser, el imitarle:
El fue nuestra lumbrera refulgente,
debemos por su ciencia venerarle;
que él nos profetizó mejores días
y del progreso eterno fue el Mesías.
¡Gloria a su nombre! A sus virtudes gloria:
del adelanto infatigable obrero,
El alcanzó del bueno la victoria.
¡Feliz de aquel que siga su sendero!
Honremos del gran hombre la memoria
con nuestro amor profundo y verdadero
¡Oh! Regenerador de las ideas...
¡Bendito Allan Kardec! ¡Bendito seas!
Amalia Domingo Soler.
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( Mi opinión personal)
¿ Qué filosofías o conceptos se acercan más a la Verdad de lo espiritual o trascendente?
No existe ninguna filosofía o doctrina que contenga esta clase de Verdad en su totalidad, de modo que esta pueda ser aceptada por todo el mundo, pues el conjunto de los seres humanos somos una enorme mezcolanza en diversos grados de desarrollo evolutivo, o sea que cada cual tenemos diferente grado de inquietud, entendimiento, e inteligencia para poder y querer buscar, comprender, aceptar y aprender.
Buscar y encontrar aspectos de verdad, supone adquirir conocimiento, y esta búsqueda supone un esfuerzo que no todos están en disposición de aceptar y llevar a cabo, pero cuando se emprende este esfuerzo de búsqueda, ello genera en el ser humano un placer intelectual al analizar, comprender, sintetizar, ampliar, sacar conclusiones, etc.; en definitiva, al adquirir el fruto de un esfuerzo para crecer en valores positivos de crecimiento espiritual.
La Verdad total y absoluta no ha sido nunca ni será patrimonio exclusivo de ninguna religión, ciencia o filosofía, porque esta Verdad o verdades, solo alcanzan en parte a quien la busca sinceramente, con una mente abierta y libre de preconceptos, prejuicios y fanatismos de cualquier índole, y estando predispuesto a lo que sea necesario para hacer el bien y tratando siempre de hacerlo a los demás.
No podemos pretender encontrar en ninguna religión o doctrina una verdad total y ajustada a nuestro particular punto de vista y a nuestro sentir, pues a causa de nuestros condicionamientos particulares, que nos han transmitido con las ideas de todas clases, culturales, religiosas, políticas, etc, la mente entrenada para bucear en complejas filosofías y dogmas científicos y religiosos, no suele quedar del todo libre para identificar las verdades profundas y a veces sencillas de las cosas. Por eso, a veces los conceptos de Verdad son comprendidos y aceptados antes por las personas sencillas y poco letradas, que por otras personas cuyo bagaje cultural les viene a resultar más un obstáculo que una ayuda; es como un bosque que les impide ver el árbol de la realidad que está tras ese bosque.
Cada cual suele ver la realidad bajo una perspectiva personal y diferente a los demás, pero esto es normal porque son factores infinitos los que componen la Verdad total, y su diferencia debe enriquecernos mutuamente en un diálogo auténtico, siempre en busca de una más amplia verdad consensuada.
Podemos considerar que la Verdad Una o Verdad Suprema, tiene múltiples aspectos, pero solamente debemos aceptar los que nuestra mente sea capaz de comprender, y por tanto de asimilar. Lo importante es descubrir la Verdad, venga de donde venga, y sea cual sea, y el punto en donde todas las verdades parciales coinciden y convergen en Una Verdad cierta y comprobada , porque la auténtica Realidad sobre las cosas es solamente una meta para nuestro conocimiento, que cada cual debe alcanzar y asumir para su evolución espiritual.
Hay que buscar la Verdad con valentía y sinceridad . Es este un proceso de revisión sin rechazo de ningún concepto, pero cuestionando con una mente abierta y limpia, todo cuanto hemos heredado y nos han inculcado. Nos debemos cuestionar todo observando desde fuera, como un espectador objetivo que analiza un panorama, argumentando y sencillamente pensando, procurando no mezclar en este análisis intelectivo, ni sentimientos ni emociones.
- Jose Luis Martín-
“No creáis en nada porque lo diga la tradición, o porque muchos lo crean,o porque lo hayan creído los Sabios de otras épocas. Creer únicamente en lo que vosotros mismos habéis experimentado, verificado y aceptado después de someterlo al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia”
Buda -
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