domingo, 8 de noviembre de 2026

Muertes colectivas imprevistas

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Muertes colectivas imprevistas y violentas

2.-  La muerte física

3.- Un Espíritu en el entierro de su cuerpo

4.- Dios- Familia espiritual

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MUERTES COLECTIVAS IMPREVISTAS Y  VIOLENTAS 

                                                            


    En  las batallas durante  las guerras, como en los accidentes imprevistos, tal como  los accidentes de avión, trenes, autobuses, y barcos, suelen morir simultáneamente muchos seres humanos, pero también es cierto que la muerte no alcanza a todas las personas que protagonizaron el trágico momento, pues frecuentemente, además de los fallecidos, otros sin embargo, solo resultaron heridos de más o menos gravedad, y en ocasiones hasta ilesos. 

   Nos solemos admirar ante la fortuna que han tenido los sobrevivientes de estos casos, y  se suele argumentar que tuvieron mucha suerte. 

   Pero para los que tenemos cierto conocimiento espiritual, sabemos que nada acontece por casualidad. En esos casos los sobrevivientes solamente pasaron por una prueba espiritual bastante dura humanamente, con el fin de aprender en su alma a valorar la vida, que tal vez menospreciaron alguna vez en  los demás o en ellos mismos con sus tendencias suicidas.

  

El caso de los seres fallecidos violentamente por esos mismos hechos, en el mismo momento y en las mismas circunstancias inesperadas, los motivos de sus fallecimientos en esas circunstancias imprevistas son muy diferente a lo relatado anteriormente para los sobrevivientes. 


Tras las muertes experimentadas de los cuerpos los Espíritus o Almas que los animan siguen existiendo, siguen vivas, y no todos  y no siempre, se ven entre ellos, ni se reconocen inmediatamente, porque cada uno tras las respectivas muertes de sus cuerpos, salen de su particular estado de turbación en momentos diferentes, y  cada uno vive su particular proceso de adaptación a su nuevo estado en el plano espiritual que le corresponde y al que se siente atraído por Ley de Afinidad según su  particular momento evolutivo. Todo esto, en un primer momento, les lleva a ignorar la presencia de algunos de los otros  espíritus que les acompañaban en el plano material cuando a todos alcanzó la muerte, y al igual que ellos también dejaron sus cuerpos en el mismo lugar, por las mismas causas violentas  de modo simultáneo, pues cada uno quedó  tras la muerte, en diferente nivel de turbación, mental y emocional por lo que la duración de los periodos de adaptación a los planos espirituales que les corresponde a cada uno son diferentes..


   Las causas de estas muertes colectivas e imprevistas, suelen ser de origen kármico. o lo que es lo mismo: la actuación de la Ley de Causa y Efecto, que les lleva a recoger con la circunstancia de sus trágicas e imprevistas muertes, los frutos de lo que colectivamente sembraron  en su pasado, como pudieron ser actos actos violentos, y criminales que de modo colectivo protagonizaron en el pasado  contra las vidas de otras personas en existencias anteriores. 

 

 Cuando se recuperan tras sus fallecimientos del choque emocional. similar al que se suele experimentar cuando se despierta de un pesado sueño;  al principio se ven  con asombro a sí mismos en su propio cuerpo espiritual, como una copia del cuerpo físico que han dejado en el lugar de sus fallecimientos,  pero se trata de un cuerpo más liviano y diferente. En el caso de los  Seres más apegados a la materia, estos a veces, ya en estado espiritual, incluso llegan a percibir  las mismas sensaciones y necesidades físicas que tenían en la existencia física que acaban de abandonar, como el hambre o el frío, o también el ansia por el alcohol, tabaco o drogas para los que necesitaban de estos productos adictivos. Unos desencarnan y abandonan el cuerpo físico de inmediato, pero otros, en su turbación inmediata tras los hechos que provocaron su muerte, asombrados y aturdidos, se ven fuera de sus cuerpos, pero todavía unidos a ellos de algún modo y sin saber que hacer ni cómo apartarse del lugar del suceso.

 

La muerte en estos casos podrá ser colectiva o simultánea, pero una cosa es la muerte del cuerpo material y otra es la desencarnación en la que el Espíritu se libera por completo de dicho cuerpo; la desencarnación no siempre se produce en el mismo instante de la muerte corporal, pues esto depende de factores tales como el grado de  los apegos de cada uno a su cuerpo o a lo material en general, que los retenga en este plano físico.  

Tampoco es  simultáneo  el retorno y la adaptación normal a la vida en el mundo espiritual, pues esto también depende de factores tales como el proceso de su  desencarnación,  el cómo fue, los méritos morales por las acciones positivas que se protagonizaron en la vida ordinaria, el conocimiento espiritual o la fe religiosa que tengan, etc. Este  retorno al plano espiritual depende de la elevación espiritual de cada uno.  Los de un orden inferior. al principio, se ven particularmente como sumergidos en medio de una noche oscura en donde se sienten aislados y confundidos con una sensación de pánico. Los Seres que en la vida han seguido un correcto camino  a nivel personal, moral y social, despiertan pronto de su sueño turbador y enseguida son asistidos y ayudados por  otros Seres que  les aguardan con ese fin.

 

Estos Seres que les asisten en esa trascendente circunstancia, instantes antes de suceder las desencarnaciones colectivas acuden al lugar de los hechos desde planos espirituales superiores, avisados de los sucesos que van a ocurrir de inmediato en el plano físico, en los que pueden ayudar a las víctimas.  o bien son conocedores de los hechos a punto de suceder, por propia intuición y acuden de inmediato al escenario en donde  se va a producir la tragedia, con el único fin de prestar ayuda  recibiendo  y acompañando a los  espíritus que entonces desencarnen..


- José Luis Martín-


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                     LA MUERTE FÍSICA

Quizá sea este uno de los asuntos que martillea con más fuerza la mente humana, debido sobre todo a que su contestación serviría para aplacar esa tremenda ansiedad que despierta en cualquiera la cuestión de la muerte física. Por otro lado, incluso los más acérrimos materialistas terminan por preocuparse por este tema, ya que el hilo de esperanza de que todo no acaba con el tránsito, siempre está latente. ¿Será el miedo al vacío o a la nada? No hay ningún misterio en este fenómeno, ya que la conciencia, conforme transcurre  el tiempo, va avisando al sujeto de que la otra dimensión le espera. Esta  percepción de que se aproxima el óbito y de que algo nuevo nos aguarda, va  acrecentándose en la medida en la que el individuo se aproxima a su final corpóreo. ¡Pero qué sabia es la Naturaleza!

Para el que tiene fe, no caben dudas. La vida sigue, pero de un modo desconocido. Todo es un misterio. Las grandes tradiciones monoteístas arrojan un tupido velo sobre lo que sucede en esos momentos y nos desconciertan por su falta de información concreta. Es cierto que se habla de conceptos como cielo, infierno, paraíso, moradas espirituales, seres angélicos, un más allá abstracto…pero poco más y escasamente explicado.

Cuando los españoles llegaron hace más de cinco siglos a América, nadie sospechaba de la existencia de aquellos seres humanos que poblaban aquella tierra, luego denominados indios (ya que los navegantes creían en un principio que habían arribado a la India) y solo tras contactar con ellos, supieron de la existencia de una estructura social propia, de sus costumbres y de su organización. Viene bien este dato histórico para determinar de dónde procede el conocimiento que actualmente tenemos del más allá. ¿Quién mejor para explicárnoslo que sus propios habitantes?

En efecto, “esos seres inteligentes que pueblan el universo fuera del mundo material” y que no son otros que los espíritus, nos hablan a través de las diversas comunicaciones que mantienen con las personas que conocemos como médiums. Parece adecuado que sean aquellas entidades que habitan en “el otro lado” las más apropiadas para aportarnos datos de lo que en nuestro ámbito se conoce como “desencarnación” (proceso inverso a la encarnación o separación del espíritu del organismo en el momento del óbito).

Toda aquella nebulosa sobre la vida de ultratumba que las grandes religiones nos habían presentado hasta aquella fecha (excepto la certeza de que había vida tras la muerte), quedó afortunadamente despejada en 1857 con la publicación en Francia de “El libro de los espíritus”. En dicha obra, aparte de ratificarse la supervivencia del alma, se nos confirmaba cómo se producía este hecho y lo más importante, esa información nos la proporcionaban los mismos seres espirituales que ya estaban allí, viviendo en la esfera inmaterial. ¡Qué mejor fuente de información!

Supimos entonces y comprendemos ahora que la muerte no es más que el paso del alma de una dimensión a otra y que su individualidad, su carácter, se conserva plenamente merced a los mecanismos de memoria que todo espíritu lleva consigo. De no ser así, perderíamos toda conciencia de lo que hemos realizado a lo largo del periplo terrenal y esos recuerdos los vamos a necesitar para seguir avanzando en el camino evolutivo.

Averiguamos que los espíritus se nos muestran y se reconocen entre ellos porque utilizan un fluido que les es  propio y que sirve para formar el llamado “periespíritu” (ropaje del alma).

La muerte nos iguala a todos, se dice, pero solo porque se trata de un fenómeno universal que a todos afecta y no porque vayamos a partir de cero una vez desprendidos de la carga material que supone el organismo. Todo lo demás aquí se queda, da igual que hayas habitado en un palacio o en una choza, que hayan alcanzado el grado de doctor o permanecido analfabetos, al fin y al cabo lo único que cuenta es lo que hayas avanzado en tu senda de progreso y que será lo que determine la naturaleza de tu próxima vuelta a la Tierra para continuar con tu peregrinaje.

Hace muchísimo tiempo que el mítico personaje Hermes Trismegisto, estableció su famoso axioma “como es arriba, es abajo” para explicar las concordancias entre las dos dimensiones de la realidad (material y espiritual). Esto resulta válido para aplicarlo a las características de los espíritus. La muerte no cambia nada, excepto la percepción de que podemos seguir existiendo y pensando sin ningún soporte físico, pero nuestra singularidad no se va a ver alterada por el tránsito. En otras palabras, el perverso, el malvado, no se va a convertir de pronto en alguien bondadoso o caritativo por atravesar al “otro lado” y a la inversa.

No existe dolor en la separación del alma del cuerpo. Parece que son más desgarradoras ciertas experiencias por las que pasamos en el mundo de la “carne” que la muerte en sí misma. Cualquier trauma que pudiera producirse en tan supremo instante queda sobradamente compensado por el placer que experimenta el espíritu cuando comienza a sentir cómo va abandonando la “cárcel” que para él suponía la materia y cómo va vislumbrando su próxima morada. Podríamos compararlo al sentimiento que un preso percibe cuando, tras años de cumplimiento, contempla la puerta que le conduce a la libertad. O a aquel, que tras largo exilio, se le permite volver a su tierra y abrazar a los suyos.

La separación de ese vínculo materia-espíritu no se produce a la misma velocidad ni resulta del mismo modo en todos los lances. Hasta en esto, como en todo lo demás, opera la ley de acción-reacción y en este sentido conocemos de personas que asisten sorprendidas a su entierro, a la lectura de su testamento e incluso en el peor de los casos, a la putrefacción de su cadáver. Esto sí que se constituye en experiencia impactante, sobre todo cuando puedes escuchar sin cortapisas, la “verdadera” opinión que tus allegados tenían de ti. No sucede así en aquellos otros cuya encarnación física ha estado marcada por la labor de sus nobles actos y la bondad de su corazón. Además de ser asistidos por otros espíritus que le dan la bienvenida, no existe mayor gozo para el alma que la tranquilidad de conciencia, al intuir que ninguna mirada escudriñadora se cierne sobre ella pidiéndole explicaciones por sus malas obras.

No está de más decir que cuanto más materialistas resulten las convicciones del afectado, más dificultoso será el proceso de separación entre su cuerpo y su alma, entre otras cosas porque lleva un tiempo el admitir una “realidad”, como es la vida espiritual, que has estado negando años y años. Por ende, aquel que ha estado convencido de que iba a seguir viviendo más allá del óbito, se moverá en un terreno más familiar y no le resultará tan extraño el poder seguir pensando y sintiendo, aun habiendo perdido el armazón orgánico.

Otro aspecto que muchos desean conocer es si dado que el espíritu sobrevive, este va a encontrarse con algún familiar anteriormente fallecido como es el caso de padres, hijos o simplemente amigos. Cada acontecimiento es único, pero en estos casos, la ley del “merecimiento” hace acto de presencia. Ni que decir tiene que los méritos contraídos por la persona a lo largo de su última existencia (ahora ya finiquitada), se constituirán en el peso principal que determine si ese espíritu recién ingresado en la nueva morada tiene posibilidad o no de ser asistido por sus seres más queridos.

Todo lo descrito hasta ahora, sucesos que acontecen justo tras la ruptura del denominado “cordón de plata” (como se le designa en las tradiciones esotéricas) tiene un nombre: turbación. El diccionario de la Real Academia Española atribuye a este término el significado de “confusión, desorden, desconcierto” y la verdad es que esta definición nos aproxima bastante a la realidad de la situación con la que se enfrenta el alma justo tras el deceso. Sin embargo, aunque este aturdimiento es inevitable, difiere mucho en cuanto a su intensidad. La regla es clara: a mayor grado de elevación moral del espíritu con menor fuerza se manifestará ese caos posterior a la muerte. De ello se infiere, que las almas con un menor nivel de adelantamiento sufrirán con mayor magnitud las secuelas inherentes a dicha turbación. No iba a ser lo mismo despertar por la mañana tras un reparador sueño que tras una noche de pesadillas y sobresaltos. En el segundo de los casos, el atolondramiento del sujeto puede durar mucho más que en el primero.

Aparte de la intensidad de esa fase de desorientación cabe establecer su extensión en el tiempo. Su duración va a ir muy ligada al conocimiento que la persona haya desarrollado en vida de la esfera espiritual, pero sin duda, el factor más determinante va a ser su progreso moral. Alguien, cuya guía en su existencia ha sido la práctica del bien, “despertará” a la nueva dimensión con rapidez, permaneciendo en estado de turbación por poco tiempo. Ahora entendemos por qué la separación del alma del cuerpo no impide que la ley de causa y efecto siga vigente. Como bien se recalca en el Evangelio “a cada cual según sus obras”. No hay otra forma, los méritos contraídos por cada cual se disfrutan indistintamente en una u otra dimensión.

Para finalizar, yo acudiría a una expresión popular muy utilizada. Cuando quiero preparar algo a conciencia suelo decir que “me voy a hacer con el mapa de la situación”. Si voy a realizar un viaje a una tierra desconocida, en mi caso, procuraría hacerme con un plano de ese lugar, con la ropa adecuada, estudiar las costumbres de las gentes que allí habitan, saber en qué emplean su tiempo, a qué se dedican, qué tipo de clima tienen o incluso aprender algo de su lengua para saber entenderme mejor. Seguro que de este modo, mi odisea será más productiva.

Bien es cierto que hay personas que no desean hablar de estos “preparativos” y que prefieren ubicarse allí, en tan lejano paraje, “sobre la marcha”. “Cuando llegue el momento, ya sabré lo que tengo que hacer”… comentan. Tan solo cito una cuestión para que nadie la ignore. Por un lado, se trata del viaje más importante de nuestra vida y por otro, es un billete para un pasaje que no puedes eludir, al que todos estamos convocados.

Respetando la libertad de elección de cada uno, yo, para este “crucero” me prepararía adecuadamente. Al desembarcar, no van a comprobar si viajé en primera o segunda categoría, en camarote de lujo o en clase turista, sino las buenas obras realizadas a lo largo de mi periplo físico. Hay para ello una cita del Corán que describe a la perfección el tránsito del que hemos hablado:

                                                      “Cuando un hombre muere,                                                                                                                                   el que le sobrevive pregunta qué bienes ha dejado tras él.                                                                              El ángel que se inclina sobre el moribundo,                                                                       pregunta qué buenas obras ha enviado delante de él”

Vivamos agradecidos por la dicha del conocimiento que Dios, a través de los espíritus, ha puesto en nuestras manos y al mismo tiempo, seamos consecuentes con ello.

- José Manuel Fernández- ( Psicólogo, espírita, escritor y poeta)
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UN ESPÍRITU EN EL ENTIERRO DE SU CUERPO



Estado del alma en el momento de la muerte

     Los Espíritus siempre nos han dicho que la separación entre el alma y el cuerpo no se efectúa instantáneamente; algunas veces comienza antes de la muerte real, durante la agonía; cuando la última pulsación se hace sentir, el desprendimiento todavía no es completo; se opera más o menos lentamente según las circunstancias, y hasta su total liberación el alma siente una turbación, una confusión que no le permite darse cuenta de su situación; se encuentra en el estado de una persona que se despierta y cuyas ideas son confusas. 

Este estado nada tiene de penoso para el hombre cuya conciencia es pura; sin entender bien lo que ve, está calmo y espera sin miedo el completo despertar; al contrario, es lleno de angustias y de terror para aquel que teme el futuro. Decimos que la duración de esa turbación es variable; es mucho menos larga en aquellos que, cuando encarnados, ya han elevado sus pensamientos y purificado su alma; dos o tres días le son suficientes, mientras que en otros es preciso a veces ocho días o más.

 Frecuentemente hemos asistido a ese momento solemne y siempre hemos visto lo mismo; por lo tanto, no es una teoría, sino el resultado de observaciones, ya que es el Espíritu quien habla y quien describe su propia situación. He aquí un ejemplo tanto más característico como interesante para el observador, puesto que no se trata más de un Espíritu invisible escribiendo a través de un médium, sino de un Espíritu que es visto y escuchado en presencia de su cuerpo, ya sea en la cámara mortuoria o en la iglesia durante el servicio fúnebre. 

El Sr. X... acababa de tener un ataque de apoplejía; algunas horas después de su muerte, el Sr. Adrien – uno de sus amigos – se encontraba en la cámara mortuoria con la esposa del difunto; vio nítidamente a éste, en Espíritu, pasearse de un lado a otro, mirar alternativamente a su cuerpo y a las personas presentes, y después sentarse en un sillón; tenía exactamente la misma apariencia que cuando encarnado; estaba vestido de la misma manera: redingote y pantalón negros; tenía las manos en los bolsillos y un aire de preocupación. 

   Durante ese tiempo su mujer buscaba un papel en el escritorio; su marido la observó y dijo: Por más que busques no encontrarás nada. De ningún modo ella sospechaba de lo que ocurría, porque el Sr. X... solamente era visible para el Sr. Adrien. 

   Al día siguiente, durante el servicio fúnebre el Sr. Adrien vio nuevamente a su amigo, en Espíritu, rondando el ataúd, pero no tenía más la vestimenta de la víspera; estaba cubierto con una especie de ropaje. Entre ellos se entabló la siguiente conversación. De paso, señalemos que de manera alguna el Sr. Adrien es sonámbulo; que en ese momento, como en el día anterior, estaba perfectamente despierto y que el Espíritu se le aparecía como si hubiera sido uno de los asistentes al entierro. 

– Preg. - Dime una cosa, querido Espíritu, ¿ cómo  te sientes ahora? – Resp. - Bien y con sufrimiento. 

– Preg. -  No te he entendido. – Resp.- Siento que estoy viviendo mi verdadera vida, y entretanto veo  mi cuerpo aquí, en este cajón; me palpo y no me siento, y sin embargo siento que vivo, que existo; ¿soy entonces dos seres? ¡Ah! Dejadme salir de esta noche; es una pesadilla. 

– Preg.- ¿Has de permanecer por mucho tiempo así? – Resp. ¡Oh! No, gracias a Dios, amigo mío; siento que pronto me despertaré; sería horrible de otro modo; tengo las ideas confusas; todo es nebuloso; pienso en la gran división que acaba de hacerse... Todavía no comprendo nada. 

– Preg.- ¿Qué efecto te produjo la muerte? – Resp- ¿La muerte? No estoy muerto, hijo mío, estás equivocado. Yo me levantaba y de repente fui sorprendido como por una nebulosidad que descendió sobre mis ojos; después me desperté, e imagínate mi extrañeza al verme, al sentirme vivo y al ver al lado, sobre la losa, a mi otro yo acostado. Mis ideas estaban confusas; anduve para restablecerme, pero no pude; vi a mi esposa llegar, velarme, lamentarse y yo me preguntaba el porqué. Yo la consolaba, le hablaba, pero ella no me respondía ni me comprendía; era esto lo que me torturaba y lo que dejaba a mi Espíritu más perturbado. Sólo tú me has hecho bien, porque me has escuchado y comprendido lo que quiero; tú me ayudas a ordenar mis ideas y me haces un gran bien; pero ¿por qué los otros no hacen lo mismo? He aquí lo que me tortura... El cerebro está oprimido ante este dolor... Iré a verla; quizás ahora me escuche... Hasta luego, querido amigo; llámame e iré a verte... Igualmente te haré una visita, amigo... He de sorprenderte... hasta luego. 

Enseguida el Sr. Adrien lo vio acercarse a su hijo que lloraba: se inclinó ante él, permaneció un momento en esta posición y partió rápidamente. Él no había sido escuchado, y sin duda pensaba haber producido un sonido; estoy persuadido – agrega el Sr. Adrien – que aquello que él decía llegaba al corazón del niño; os probaré esto. Lo he visto después: está más calmo. 

Nota – Este relato está de acuerdo con todo lo que ya habíamos observado sobre el fenómeno de la separación del alma; con circunstancias totalmente especiales confirma esa verdad de que después de la muerte el Espíritu aún está allí presente. No cree tener delante de sí un cuerpo inerte, mientras que ve y escucha todo lo que sucede a su alrededor, penetra el pensamiento de los asistentes, y entre éstos y él no hay sino la diferencia entre la visibilidad y la invisibilidad; las lágrimas hipócritas de ávidos herederos no pueden infundirle respeto. ¡Cuántas decepciones deben los Espíritus sentir en ese momento!

Allan Kardec - Diciembre de 1858
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           DIOS - FAMILIA ESPIRITUAL 
Existe un plan que engloba a todos los seres de la Creación y a todo lo que existe. Aunque para cada espíritu existe un plan concreto de evolución, porque cada ser de la creación es amado, y está destinado a ser feliz. En ese plan de evolución personal participan multitud de seres en diversos grados de evolución, ayudando a cada espíritu a recorrer ese camino.                        
Tenéis una familia espiritual. Todos y cada uno de vosotros sois queridos por multitud de seres espirituales. Empezando por Dios, y continuando por vuestro guía espiritual, que jamás os abandona y otro buen número de espíritus. Muchos son amigos, familiares ya fallecidos, de esta y de otras vidas. Además, por si fuera poco, todos y cada uno de vosotros tenéis un espíritu perfectamente afín a vosotros mismos, el compañero perfecto por el que empezar a sentir lo que es el amor verdadero. Algunos de ellos pueden estar encarnados al mismo tiempo que vosotros y pueden formar parte o no de vuestra familia carnal, o ser simplemente personas amigas. 
- ¿Y cómo puede ser que siendo uno tan querido se sienta muchas veces tan solo? 
* Porque vivís desconectados del mundo espiritual, ignorantes de vuestra conexión con otros seres que os son afines, tanto aquellos que están encarnados simultáneamente con vosotros, como los que os apoyan desde el mundo espiritual, inconscientes de vuestra misión en la Tierra, tan entretenidos como estáis en ver sólo lo que vuestros sentidos y lo que vuestra mente os dicen, tan ajenos a lo que podéis percibir desde el sentimiento. Tened clara una cosa, aunque os sintáis solos en el mundo físico, jamás estáis solos de parte del mundo espiritual. A cada uno le corresponde descubrir esa conexión, descubrir esa sutil puerta tras la cual encontrareis vuestra auténtica vida, una puerta que sólo la llave del sentimiento puede abrir. Pedid sinceramente y se os ayudará a despertar vuestra sensibilidad, y se os reconfortará de vuestras penalidades. Pero tendréis que despojaros de vuestras corazas anti-amor para sentirlo. Porque al que quiere estar solo y aislado del mundo, se le respeta su deseo. 
- ¿ Como sabemos que existe Dios, alguien lo ha visto ? 
* ¿Acaso no has visto su obra? El Universo, la vida, tú mismo. Dios no puede estar más cerca de ti de lo que está. Pero él no te obliga a que tú le reconozcas y te abras a él. Hace falta que tú quieras sentirlo, percibirlo. Pero si esperas ver a alguien como tú, de tu tamaño, con ojos, cara, brazos y piernas, entonces jamás lo reconocerás, porque Dios es mucho más que eso. Sería como si una célula de tu cuerpo preguntara: 
“¿Dónde está el cuerpo al que pertenezco, que no lo veo?” “Estás en él, célula ¿No te das cuenta?”. Y la célula diría: “¡Pero si yo lo único que veo son células, células y más células como yo por todas partes!” Pues estudia tu propia naturaleza, tu propio funcionamiento, y las relaciones que estableces con otras células, y las de ellas entre sí, cómo se organizan tan maravillosamente para formar un conjunto, y observa lo que forma ese conjunto. Entonces, célula, podrás conocer y reconocer el cuerpo del que formas parte. 
- ¿Dónde podemos encontrar entonces pruebas de la existencia de Dios? 
* Primero en tu propia existencia y luego en la existencia de lo que te rodea ¿Cuál puede ser el origen de un ser que siente y piensa, consciente de su propia existencia? ¿Y de un 
Universo tan perfectamente engranado? No puede ser la nada, porque la nada no puede crear algo tan complejo y bello a la vez. ¿O acaso alguien puede creer que una bella sinfonía puede ser confeccionada tocando teclas de un piano al azar? Pues de la misma manera no puede ser que algo tan bello y tan complejo a la vez como el Universo, la Vida y el Ser Humano sea fruto de la casualidad, sino que lo es de la causalidad. 
- ¿Pero por qué tiene que ser Dios el que lo haya creado todo? ¿Acaso no existe en la naturaleza un poder de crear? 
* Así es. Pero ¿de dónde viene el poder creador de la naturaleza? ¿De dónde proceden las leyes que rigen el Universo? Reconocéis que en la naturaleza, en el Universo, existe un poder creador, y unas leyes, las leyes de la Física, de la Química, de la Biología, que lo estructuran, que lo ordenan, de manera que los científicos, cuando descubren algún  fenómeno desconocido, no lo atribuyen a la nada, sino que intentan buscar la causa que lo provocó. Es decir, que vosotros admitís en vuestro día a día que una de las leyes del Universo es que no existe efecto sin causa. Pero a la hora de responder a la pregunta ¿ cuál es el origen del Universo ?, es decir, la primera causa?, vosotros mismos, y en contra de la propia ley de causa-efecto que aceptáis como válida el resto del tiempo, no tenéis problemas en admitir que fue un efecto sin causa, es decir, ¡que surgió de la nada! ¡Esto es un contrasentido! Por tanto, debe existir una primera causa de todo, y esa es Dios. 
- ¿Por qué tiene que ser Dios necesariamente el que lo haya creado todo? ¿Acaso los humanos no somos capaces de crear cosas bellas y complejas? Ahí están la música, etc… 
* Cierto, porque vosotros también tenéis poder creador. Pero si lo tenéis, ¿de dónde procede? En el Universo existen muchos seres en diferentes estadios de evolución, con mayor y menor capacidad de crear que la vuestra, según su grado de avance. Pero habremos de admitir que, si ellos tuvieron un principio, por la ley de causa y efecto, debieron ser creados por algún proceso anterior, y que en realidad el poder creador de los seres creados se ejerce sobre algo ya creado, siguiendo unas leyes ya existentes. Por tanto, llegamos a un punto en el que necesitamos encontrar un principio creador que no haya sido creado, sino que haya existido siempre y que siempre existirá, y que haya establecido las leyes y los principios de todo lo que existe, y ese es Dios. 
-Admitamos sólo como mera posibilidad que Dios pudiera existir. En el hipotético caso de que Dios existiera, yo tendría curiosidad por saber quién y cómo es ese supuesto Dios, tan escurridizo que no se deja ver a simple vista. 
* Por la obra conocerás al autor. Conócete a ti mismo y el mundo que te rodea y estarás comenzando a conocer a Dios. Ya que en la criatura están las potencialidades del creador, si imaginas todas las buenas cualidades humanas en el grado más perfecto que puedas, estarás comenzando a dibujar un bosquejo de Dios que, aunque muy imperfecto, será el más avanzado que puedas tener de él, dada tu capacidad actual. 
- ¿Cuáles son esas cualidades? 
* Amor, sabiduría, justicia, verdad, humildad, generosidad, sinceridad, sensibilidad, comprensión, compasión... 
- ¿Existen cualidades de Dios que no podemos poseer? 
* Sí. El Creador es inmutable, omnipotente, increado y ha existido siempre. La criatura, aunque no tiene fin, tiene un principio. Es mutable, ya que está en constante perfeccionamiento y aunque su capacidad de progreso no tiene límite, porque aumenta constantemente, no es infinita. 
- Y si ese ser es tan perfecto... ¿Por qué permite que exista el mal en el mundo? 
* Él permite que las criaturas experimenten a su aire, que aprendan de sus errores. El mal del mundo no surge de Dios, sino de las criaturas en proceso de evolución, que debido a su desconocimiento de las leyes espirituales, actúan contra los otros seres de la creación. 
Sebastián de Arauco-
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