jueves, 5 de noviembre de 2026

Deficiencia mental

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Concepto del Espiritismo sobre la figura de Jesús Cristo ( 2 de 2 )

2.-  ¿ El proceso de desencarnar dura lo mismo para todos tras la muerte?

3.- Puntos de intersección entre Medicina y Espiritismo

4.- Deficiencia mental

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CONCEPTO DEL ESPIRITISMO SOBRE LA FIGURA DE JESÚS CRISTO (2 de 2 )

                                                                

MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO
La vida futura. – La realeza de Jesús. – El punto de vista.
Instrucciones de los Espíritus:
Un reinado terrestre.

1. Pilatos, volviendo a entrar en el pretorio, y llamando a Jesús dijo: ¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesús le respondió: “Mi reino no es de este mundo”. Si mi reino fuese de este mundo mi pueblo habría combatido para impedir que cayese en manos de los Judíos; pero mi reino no es de aquí.
Entonces Pilatos le dice: Luego ¿eres rey? Respondió Jesús: Vos habéis dicho que soy rey, pero yo no he nacido, ni he venido a este mundo sino para dar testimonio a la verdad; todo aquel que es amante de la verdad, escucha mi voz. (San Juan, cap. XVIII, v. 33, 36, 37).

LA VIDA FUTURA
2. Con estas palabras Jesús designa claramente la vida futura, que presenta en todas las circunstancias, como el término hacia donde tiende la Humanidad, y como debe ser el objeto de las principales preocupaciones del hombre sobre la Tierra; todas sus máximas se dirigen a este gran principio. En efecto, sin la vida futura, la mayor parte de sus preceptos de moral no tendrían ninguna razón de ser; por esto aquellos que no creen en la vida futura, imaginando que sólo habla de la vida presente, no los comprenden o los encuentran pueriles.
Este dogma puede ser considerado como eje de la enseñanza de Cristo; por eso está colocado como uno de los primeros en esta obra, porque debe ser el blanco de todos los hombres; sólo él puede justificar las anomalías de la vida terrestre y concordar con la justicia de Dios.
3. Los judíos sólo tenían ideas muy inciertas en cuanto a la vida futura; creían en los ángeles, a quienes consideraban como los seres privilegiados de la Creación, pero no sabían que los hombres pudieran ser un día ángeles y participar de su felicidad. Según ellos, la observancia de las leyes de Dios era recompensada con los bienes de la Tierra, con la supremacía de su nación y las victorias alcanzadas sobre sus enemigos; las calamidades públicas y las derrotas eran el castigo de su desobediencia. Moisés no podía decir otra cosa a un pueblo pastor e ignorante que debía conmoverse, ante todo, por las cosas de este mundo. Más tarde vino Jesús a revelarles que hay otro mundo donde la justicia de Dios sigue su curso; éste es el mundo que promete a los que observan los mandamientos de Dios, y donde los buenos encontrarán su recompensa; ese mundo es su reino; allí es donde está en toda su gloria y a donde regresará al dejar la Tierra.
Sin embargo, Jesús, conformando su enseñanza al estado de los hombres de la época, no creyó deber darles una luz completa que les hubiera deslumbrado sin iluminarles, porque no la habrían comprendido; de cierto modo se limitó a anunciar en principio la vida futura como una ley natural a la cual nadie puede escapar.
Todo cristiano cree, pues, forzosamente, en la vida futura; pero la idea que muchos hacen de ella es vaga, incompleta y por lo mismo falsa en varios puntos; para un gran número, sólo es una creencia sin certeza absoluta; de ahí se siguen las dudas y la misma incredulidad.
El Espiritismo vino a completar en este punto como en muchos otros, la enseñanza de Cristo, cuando los hombres estaban maduros para comprender la verdad. Con el Espiritismo, la vida futura ya no es un simple artículo de fe, una hipótesis; es una realidad material demostrada por los hechos, porque son testigos oculares los que vienen a describirla en todas sus fases y con todas sus peripecias, de tal modo que no sólo no es posible la duda, sino que la inteligencia más vulgar puede hacerse una idea de su verdadero aspecto, como si se imaginase un país del cual se leyó una descripción detallada. Ahora, esta descripción de la vida futura es tan circunstanciada, y las condiciones de existencia feliz o infeliz de los que se encuentran en ella son tan racionales, que podemos decir, a pesar de eso, que no puede ser de otra forma, y que está allá la verdadera justicia de Dios.

LA REALEZA DE JESÚS
4. El reino de Jesús no es de este mundo, esto es lo que comprenden todos; pero ¿no tendrá también su reinado en la Tierra?
El título de rey no implica siempre el ejercicio de un poder temporal; se da de común consentimiento a aquél a quien su genio le coloca en el primer rango en un orden de ideas cualquiera, que domina su siglo e influye sobre el progreso de la Humanidad. En este sentido se dice: El rey o el príncipe de los filósofos, de los artistas, de los poetas, de los escritores, etc. Esta realeza nacida del mérito personal, consagrada por la posteridad, ¿no tiene muchas veces una preponderancia mucho mayor que el que lleva la corona? La una es imperecedera, mientras que la otra es juguete de las vicisitudes; la primera siempre es bendecida por las generaciones futuras, mientras que la otra, a veces es maldecida. La realeza terrestre acaba con la vida; la realeza moral gobierna aún y sobre todo después de la muerte. Bajo este concepto, ¿no es Jesús un rey mucho más poderoso que muchos potentados? Con razón decía, pues, a Pilatos: Soy rey, pero mi reino no es de este mundo.

INSTRUCCIONES DE LOS ESPÍRITUS
Una realeza terrenal
8. ¿Quién mejor que yo puede comprender la verdad de estas palabras de Nuestro Señor:
“Mi reino no es de este mundo”? En la Tierra, el orgullo me perdió. Así pues, ¿quién mejor que yo comprendería la insignificancia de los reinos del mundo? ¿Qué me he traído de mi realeza terrenal? Nada, absolutamente nada. Y como para que la lección fuese más terrible, ¡ni siquiera la conservé hasta la tumba! Reina entre los hombres, como reina creí entrar en el reino de los Cielos.
¡Qué desilusión! ¡Qué humillación cuando, en vez de ser recibida aquí como una soberana, encontré por encima de mí, y muy por encima, hombres a quienes consideraba inferiores y a los que despreciaba porque no eran de sangre noble! ¡Oh!
¡Entonces comprendí la esterilidad de los honores y de las grandezas que con tanta avidez se buscan en la Tierra!
Para conquistar un lugar en este reino son necesarias la abnegación, la humildad, la caridad en toda su celestial práctica, así como la benevolencia para todos. No se os pregunta qué habéis sido, a qué categoría pertenecisteis, sino el bien que habéis hecho, las lágrimas que habéis enjugado.
¡Oh! Jesús, tú lo has dicho, tu reino no es de este mundo, porque es preciso sufrir para llegar al Cielo, y los escalones del trono no nos aproximan a él. Sólo los senderos más penosos de la vida conducen al reino de Jesús. Buscad, pues, el camino del Cielo, a través de las zarzas y los espinos, y no entre las flores.
Los hombres van detrás de los bienes terrenales como si debieran conservarlos para siempre. Con todo, aquí ya no hay ilusiones. Pronto perciben que sólo se aferraron a una sombra y que despreciaron los únicos bienes auténticos y duraderos, los únicos que les sirven en la morada celestial, los únicos que pueden franquearles las puertas del Cielo.
Tened piedad de los que no se ganaron el reino de los Cielos. Ayudadlos con vuestras plegarias, porque la oración aproxima al hombre al Altísimo. La oración es el vínculo que une el Cielo con la Tierra; no lo olvidéis.
(Una reina de Francia. El Havre, 1863.)
Es consolador saber que todo lo malo es transitorio, que el dolor es pasajero y que la manera como nos manejamos en las vicisitudes de la vida son experiencias que nos enriquecen y que determinan la velocidad de nuestra caminata hacia el Reino.

LA EXPLICACIÓN DE LAS MÁXIMAS MORALES DE CRISTO SU CONCORDANCIA CON EL ESPIRITISMO Y SU APLICACIÓN A LAS DIVERSAS SITUACIONES DE LA VIDA.

- EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO

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¿  El proceso de desencarnar dura lo mismo para todos tras la muerte ?                


                                                                 


                                                                                 

Antes de abordar esta cuestión, veamos lo que es  la muerte y la desencarnación.  Se  trata de  dos conceptos diferentes. La muerte es la cesación de la vida orgánica del cuerpo, y la desencarnación es la salida y abandono definitivo de ese cuerpo por el Espíritu que lo comandaba, o sea, que desencarna. Así, el Espíritu encarna con el nacimiento  y desencarna tras la muerte, o sea que son dos conceptos antagonistas.

 

 Se suele morir y a continuación  desencarnar (es lo más frecuente), y se puede desencarnar aun antes de la cesación total de la vida orgánica, (esto es bastante excepcional y solo ocurre en algunos espíritus muy elevados, a los que por su propia fuerza y luz, se les permite anticiparse a la expiración del cuerpo y  abandonarlo momentos antes de que esta se produzca.

 

La duración del  proceso de la desencarnación es muy variable; depende, en primer lugar  de  lo más o menos  apegado  que esté el Ser a la materia que tiene que  abandonar,  principalmente la de su cuerpo físico, así como el temor y apego  por la  pérdida de  su entorno familiar, social, y de los bienes materiales así como   también de lo preocupado que se encuentre por asuntos más o menos banales que le atan a las cosas y al ambiente de  esta vida .

 

     Cuando llega la muerte al final de una enfermedad más o menos larga, o después de un estado de agotamiento físico, un momento antes del último aliento, cuando el moribundo todavía es consciente, a veces suele experimentar dudas y temores ante lo que sabe o lo que ignora que le aguarda de inmediato, sobre todo cuando la persona siempre ha sido escéptica o ignorante en estos temas.  En estas circunstancias es cuando más claramente se comprende la importancia y la necesidad de tener un conocimiento espiritual que despeje algunas de sus incógnitas y disipe ciertos temores.

 

     La  turbación   causada  por  el  desprendimiento del Alma, es menos penosa  y duradera  cuando  el Ser  recién  desencarnado ha  experimentado el  proceso de una  larga enfermedad; esto es debido a que durante la misma  se  han  ido  debilitando las fuerzas orgánicas y perdido su energía vital, desatando  poco a  poco los  lazos que le mantienen  unido al cuerpo físico dentro de un natural proceso de desencarnación.

 

Cuando conservan la lucidez hasta el final, o cuando presienten la cercanía del momento, si no tienen la conciencia tranquila se sienten angustiados, pero en los casos de personas que saben que han hecho el bien en su vida y su conciencia está tranquila y satisfecha, se sienten tranquilos y esperanzados ante el porvenir inmediato, experimentando con anticipación el goce de una paz íntima.

- José Luis Martín-

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      Puntos de intersección entre Medicina y                                   Espiritismo 

     En 1859, Allan Kardec, el Codificador de la Doctrina Espírita, en el preámbulo de su libro ¿Qué Es el Espiritismo? (Qu’est-ce que le Spiritisme?) afirmó: «El Espiritismo es una ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los Espíritus, así como de sus relaciones con el mundo corporal». Más tarde, en noviembre de 1868, hablando a la Sociedad Espírita de París, el Codificador presentó un resumen de la Religión Espírita, del cual destacamos los siguientes tópicos: «Creer en un Dios todopoderoso, soberanamente justo y bueno; creer en el alma y en su inmortalidad; en la preexistencia del alma como única justificativa del presente; en la pluralidad de las existencias como medio de expiación, de reparación y de adelanto intelectual y moral; en la perfectibilidad de los seres más imperfectos; en la equitativa recompensa del bien y del mal, conforme el principio: a cada uno según sus obras; en la igualdad de la justicia para todos, sin excepción, (...); en el libre arbitrio del hombre, que le deja siempre la elección entre el bien y el mal; creer en la continuidad de las relaciones entre el mundo visible y el mundo invisible; en la solidaridad que religa a todos los seres pasados, presentes y futuros, encarnados y desencarnados; considerar la vida terrestre como transitoria y una de las fases de la vida del Espíritu, que es eterno; aceptar con coraje las pruebas, en vista del futuro más envidiable que el presente; practicar la caridad en pensamientos, palabras y obras en la más amplia acepción de la palabra; esforzarse, cada día, para ser mejor que en la víspera, extirpando alguna imperfección de su alma; someter todas las creencias al control del libre examen y de la razón y no aceptar nada por fe ciega; respetar todas las creencias sinceras, por más irracionales que nos parezcan, y no violentar la conciencia de nadie; ver, en fin, en los descubrimientos de la ciencia la revelación de las leyes de la naturaleza, que son las leyes de Dios: es el Credo, la religión del Espiritismo, religión que se puede conciliar con todos los cultos, esto es, con todas las formas de adorar a Dios (1) Esta amplia apertura de ideas, esta visión ecuménica ampliada, penetra en toda la producción intelectual y moral de Allan Kardec, reflejando su sintonía con las enseñanzas reveladas por los Espíritus Superiores e, igualmente, la influencia benéfica que recibió de Pestalozzi, durante su formación educacional, en Yverdun, en Suiza, en las primeras décadas del siglo XIX. El Codificador nos dejó una herencia que no debe ser olvidada: el respeto por la Ciencia y el verdadero sentido de la Religión, tal como aprendió con su maestro Pestalozzi y sedimentado en el contacto con el Más Allá: «El Espiritismo y la Ciencia se complementan uno al otro; la Ciencia sin el Espiritismo, no puede explicar ciertos fenómenos sólo con las leyes de la materia; el Espiritismo, sin la Ciencia, le faltaría apoyo y control» (2). Revelando la existencia del Espíritu, uno de los elementos constitutivos del Universo, y la interactividad constante y permanente entre la humanidad encarnada y la desencarnada, el Espiritismo «toca forzosamente en la mayor parte de las ciencias» (3), desvelando una nueva visión de la realidad, que incluye la de un nuevo ser humano. Y sus principios han revelado en perfecta consonancia con los nuevos paradigmas de la Ciencia, sobretodo, con los extraordinarios avances de la física cuántica. Fritjof Capra, ilustre físico y humanista, resalta, en su libro, El Punto de Mutación, la necesidad de una nueva visión de la realidad, construida a partir de un modelo que se base «en la conciencia del estado de interrelación e interdependencia esencial de todos los fenómenos –físicos, biológicos, sociales y culturales». Según cree, «esta visión trasciende las actuales fronteras disciplinares y conceptuales y tendrá que ser explorada en el ámbito de nuevas instituciones» (4)

 La Medicina del futuro, propuesta por Capra, requiere muchos cambios en el paradigma vigente, una vez que adoptará la Asistencia Holística a la Salud, considerando los procesos mórbidos como esencialmente mentales, la enfermedad como un desequilibrio que ocurre frecuentemente por una falta de integración que se puede manifestar en varios niveles del organismo, genera síntomas de naturaleza física, psicológica y social. Esa visión integral del ser humano empezó, para la Medicina Occidental, con Hipócrates, en la Escuela de Cós, que consideraba la salud como un estado de equilibrio entre influjos ambientales, modos de vida y varios componentes de la naturaleza humana, entre los cuales los humores y las pasiones, entendiéndose el equilibrio de los humores como armonía química y hormonal y las pasiones como interdependencias mente/cuerpo. Tenía en cuenta también el poder curativo de la naturaleza que correspondía a las fuerzas curativas inherentes a los organismos vivos; el médico debería ayudar a esas fuerzas naturales, creando condiciones favorables al proceso de curación. 

En los dos últimos siglos, sin embargo, la Medicina profundizó su distanciamiento de esa visión integral del hombre, y sólo recientemente, a partir de la década de los 70, observamos la tentativa de rescate de la Medicina Espiritual, en algunas instituciones aisladas. El Espiritismo contribuyó para el retorno de esos conceptos más amplios. Con él, hubo insistencia en el tema de la supervivencia del alma, en la posibilidad de que esta se comunicara con el hombre; se dio la experimentación y la comprobación de los fenómenos mediúmnicos, que evidenciaron la intervención del Más Allá, llevando no sólo un grupo de sabios a lidiar sobre los fenómenos con el fin de comprobarlos, sino también induciendo a los estudiosos a tener en cuenta la existencia del ser espiritual en el fenómeno humano, descartando la hegemonía de la materia en la explicación del comportamiento del ser humano. Como reconoció Charles Richet, fue la insistencia de Allan Kardec que llamó la atención de los sabios hacia los fenómenos paranormales. Pero el mismo Kardec resaltó que muchos fenómenos podrían ser producidos por el propio psiquismo del sensitivo, reconociendo así la posibilidad de su influencia sobre el propio cuerpo físico. La visión espírita de la salud es holística: todos los procesos mórbidos son esencialmente mentales, comandados por el Espíritu y todos los fenómenos – físicos, biológicos, sociales, culturales y espirituales – ejercen influencia sobre él, que los metaboliza e integra. Según esta visión «salud es la perfecta armonía del alma» (5); constituye, por tanto, una adquisición lenta y gradual del Ser, en la medida que progresa en conocimiento y amor, con el concurso de las experiencias recogidas en las vidas sucesivas. En esta ocasión, detallaremos, inicialmente, los principios espíritas, tanto los revelados, en el siglo XIX, en Francia, y reunidos en libros de la Codificación, por Allan Kardec, sobre los complementos de esta Revelación, canalizados de la Esfera extrafísica hacia la Tierra, por el médium Francisco Cándido Xavier, en Brasil, en el siglo XX. Con eso, esperamos esbozar la visión espírita del hombre integral – El Ser bio-psico-socio-espiritual - ; seguidamente, procuraremos analizar las Perspectivas de la Salud en el siglo XXI, a la luz de ese Paradigma. En este ejercicio, buscamos amparo en la reflexión de San Agustín: «La Fe busca, el intelecto encuentra» (6). Aunque la Ciencia no tenga por norma admitir o consultar, directamente, las veredas abiertas por la fe, ella se ha apoyado en ellas para avanzar, una vez que las teorías revolucionarias de muchos de sus genios, que cambiaron el rumbo de la vida planetaria, se han originado en los flashes de la inspiración, como bien reconoció Albert Einstein, en el prefacio del libro de Max Planck, ¿A dónde va la Ciencia?: «Así, la labor suprema del físico es el descubrimiento de las leyes elementares más generales, a partir de las cuales puede ser deducida lógicamente la imagen del mundo. Pero no existe un camino lógico para el descubrimiento de esas leyes elementares. Existe, únicamente, la vía de la intuición, ayudada por un sentido para el orden, que permanece por detrás de las apariencias, y este Einfuehlung se desarrolla a través de la experiencia». (7) También Emmanuel Kant, como recordó Jeffrey Mishlove (8), sustenta que es a través de la intuición que «nosotros construimos y mantenemos los elementos básicos de nuestro mundo – nuestro sentido de espacio y tiempo, de identidad, de veracidad de las cosas, nuestro sentido de belleza y bondad. La intuición, derivada de la estructura verdadera o esencia de nuestras mentes, es vista en filosofía como siendo prioritaria a toda percepción y racionalidad». Así ha sido a lo largo de la historia humana, aunque viciando de forma oculta, los caminos de la fe, que se confunden con los de la intuición, han determinado el desarrollo y la evolución de todos los seres. Y ha sido así porque la intuición es esta vía secreta, de límites indefinibles e inabordables, que liga el Creador a la criatura, la «crisálida de la conciencia» a la Sublime Conciencia del Universo. Creemos que las revelaciones proporcionadas por el Espiritismo son zanjas innovadoras, abiertas por la fenomenología espírita, por encima de las cuales, la Ciencia transitará, algunas hoy, más mañana, construyendo las largas avenidas del progreso, con las cuales se beneficiará toda la humanidad.

    La Doctrina Espírita está en las bases y se constituye en una explicación coherente de los fenómenos y de la vida espiritual. Tenemos la convicción de ello. En nuestros estudios e investigaciones, no perdemos de vista, sin embargo, la recomendación de Allan Kardec: «El Espiritismo camina junto al progreso, y jamás será sobrepasado, porque si nuevos descubrimientos comprobaran que él está equivocado en un determinado punto, él lo modificará; si una nueva verdad se revelara, él la aceptará».

-Dra. Marlene Nobre -

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                       Deficiencia Mental

  El Centro Espírita Renacimiento es una Institución que se nortea por la filosofía espírita kardeciana y por eso presentamos  la visión sobre la deficiencia mental llegada a nosotros a través de la literatura espírita específicamente.
 ¿Quién es el deficiente mental? En el libro “Recordaciones de la Mediumnidad” el Dr. Bezerra de Menezes nos muestra que muchos casos de retardación mental y problemas epilépticos profundos son ocasionados por el suicidio. El entorpecimiento de los músculos, nervios y hasta de la médula espinal es provocado generalmente por un trauma violento en el cual el periespíritu es lesionado severamente. La predisposición a la locura y a la epilepsia son nada más que vínculos mentales reviviendo encarnaciones pasadas.
 Sobre el remordimiento, que juega un papel importante en este campo, en el libro “Evolución en Dos Mundos” Andrés Luiz nos habla sobre “predisposiciones mórbidas”, generando anomalías muy grandes en el cuerpo físico y explica: “Los recuerdos de esa o de aquella falta grave que quedan calcadas en el espíritu sin que haya tenido oportunidad de corrección crean en la mente un estado anormal que clasificamos de zona de   remordimiento, provocando disfonías diversas de una encarnación para otra”.
 En el libro “Mundo Mayor”, del mismo autor, encontramos la historia de un joven con crisis de epilepsia, provocadas apenas por la percepción de la proximidad de los obsesores a pesar de estar al lado de antiguos amigos espirituales en su cuarto. La ligazón y la sintonía con esos espíritus por causa del crimen, del odio y del remordimiento provocan la manifestación de la enfermedad.
 Manuel Filomeno de Miranda, en el libro “Grilletes Partidos” relata la historia de una joven epiléptica que en su reencarnación anterior asesinó al marido y al amante, teniendo que vivir el resto de sus días mintiendo y escondiendo su crimen. Con eso lesionó los centros periespirituales que alteraron el nuevo cuerpo afectando el metabolismo endocrino.
Además cuando las lesiones son causadas por traumatismo craneal, sífilis o tumores, el espíritu ya tiene la predisposición para la enfermedad.
 El Dr. Jorge Andrea, en el libro “Psicología Espírita” aborda la temática del deficiente mental hablando de la participación del espíritu en la formación de su propio cuerpo.
“Los genes responsables por los factores de la herencia, tendrían en su intimidad las influencias de los vórtices del psiquismo profundo que comandan, orientan y dictan normas en el mecanismo de la vida”. Esa cita completa lo que Andrés Luiz nos demuestra sobre la zona de remordimientos.
 La epilepsia congénita, muy común en el excepcional, sería también un disturbio ligado a una causa anterior. El deficiente mental congénito no escapa a esa regla. Otro punto importante es cuando él dice: “El espíritu reencarnante con sus deficiencias buscando la futura madre se sintoniza, se afina más fácilmente con las células sexuales que cargan deficiencias y desajustes en sus estructuras íntimas, esto es, aprovechamiento de la ley para que el espíritu no escape a su destino doloroso, más necesario”.
 El deficiente mental que presenta disturbios múltiples no puede ser interpretado como una casualidad biológica, inclusive el aspecto hereditario que la filosofía espírita nos demuestra como relativo. En “Misioneros de la Luz” Luiz nos narra incontables experiencias donde el espíritu reencarnante pide que sean alteradas ciertas condiciones físicas para poder vencer sus pruebas. En “Evolución en Dos Mundos” él señala: “...en el ser en formación toda permuta entre los cromosomas es presidida por agentes magnéticos ordinarios (ley de herencia) o extraordinarios (por la intención de los organizadores del progreso). En razón de eso y atendiendo los objetivos finales del universo, no será posible despreciar el plano divino cuando se trate de cualquier inmersión más profunda en la genética, aunque ello contradiga a los proponentes de la ciencia materialista”.
 La ayuda espiritual y la prevención de estas condiciones consiste en entender que sólo el cuerpo está atrofiado,  incluyendo el cerebro. Por la respuesta que los Espíritus dan a Kardec en “El libro de los Espíritus” sobre la lucidez de la conciencia, la terapia espiritual debe ser con vibraciones, oraciones, conferencias o charlas, pues oyen y entienden. El pase en algunos casos de más rebeldía debe ser aplicado dos o tres veces en la semana y además la espiritualización ética debe ser provista a los que tienen un poco más de entendimiento.
 Como terapia preventiva, la divulgación filosófica intensa, las charlas en los centros, los cursos de la filosofía espírita, los programas en las emisoras demostrando la Ley de Causalidad, las consecuencias oriundas de los errores, del egoísmo, etc., son la única manera de evitar nacer en el futuro como deficientes mentales.
 Tomado de:   Revista Espírita   Vol.1 Núm.12 . Sociedad de Estudios Espíritas Amor al Bien, 
 Instituto de Cultura Espírita Renacimiento, Mayagüez .                                                                                           
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