INQUIETUDES ESPÍRITAS
1.- Concepto del Espiritismo sobre la figura de Jesús Cristo ( 2 de 2 )
2.- ¿ El proceso de desencarnar dura lo mismo para todos tras la muerte?
3.- Puntos de intersección entre Medicina y Espiritismo
4.- Deficiencia mental
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CONCEPTO DEL ESPIRITISMO SOBRE LA FIGURA DE JESÚS CRISTO (2 de 2 )
Antes
de abordar esta cuestión, veamos lo que es la muerte y la desencarnación. Se
trata de dos conceptos
diferentes. La muerte es la cesación de la vida orgánica del cuerpo, y la
desencarnación es la salida y abandono definitivo de ese cuerpo por el Espíritu
que lo comandaba, o sea, que desencarna. Así, el Espíritu encarna con el nacimiento
y desencarna tras la muerte, o sea que
son dos conceptos antagonistas.
Se suele morir y a continuación desencarnar (es lo más frecuente), y se puede
desencarnar aun antes de la cesación total de la vida orgánica, (esto es
bastante excepcional y solo ocurre en algunos espíritus muy elevados, a los que
por su propia fuerza y luz, se les permite anticiparse a la expiración del
cuerpo y abandonarlo momentos antes de
que esta se produzca.
La
duración del proceso de la
desencarnación es muy variable; depende, en primer lugar de lo
más o menos apegado que esté el Ser a la materia que tiene que abandonar,
principalmente la de su cuerpo físico, así como el temor y apego por la
pérdida de su entorno familiar,
social, y de los bienes materiales así como
también de lo preocupado que se encuentre por asuntos más o menos
banales que le atan a las cosas y al ambiente de esta vida .
Cuando llega la muerte al final de una
enfermedad más o menos larga, o después de un estado de agotamiento físico, un
momento antes del último aliento, cuando el moribundo todavía es consciente, a
veces suele experimentar dudas y temores ante lo que sabe o lo que ignora que
le aguarda de inmediato, sobre todo cuando la persona siempre ha sido escéptica
o ignorante en estos temas. En estas
circunstancias es cuando más claramente se comprende la importancia y la
necesidad de tener un conocimiento espiritual que despeje algunas de sus
incógnitas y disipe ciertos temores.
La
turbación causada por el desprendimiento del Alma, es menos
penosa y duradera cuando
el Ser recién desencarnado ha experimentado el proceso de una larga enfermedad; esto es debido a que
durante la misma se han
ido debilitando las fuerzas
orgánicas y perdido su energía vital, desatando
poco a poco los lazos que le mantienen unido al cuerpo físico dentro de un natural
proceso de desencarnación.
Cuando
conservan la lucidez hasta el final, o cuando presienten la cercanía del
momento, si no tienen la conciencia tranquila se sienten angustiados, pero en
los casos de personas que saben que han hecho el bien en su vida y su
conciencia está tranquila y satisfecha, se sienten tranquilos y esperanzados
ante el porvenir inmediato, experimentando con anticipación el goce de una paz íntima.
- José Luis Martín-
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Puntos de intersección entre Medicina
y Espiritismo
En 1859, Allan Kardec, el Codificador de la Doctrina Espírita, en
el preámbulo de su libro ¿Qué Es el Espiritismo? (Qu’est-ce que le Spiritisme?)
afirmó: «El Espiritismo es una ciencia que trata de la naturaleza, origen y
destino de los Espíritus, así como de sus relaciones con el mundo corporal».
Más tarde, en noviembre de 1868, hablando a la Sociedad Espírita de París, el
Codificador presentó un resumen de la Religión Espírita, del cual destacamos
los siguientes tópicos: «Creer en un Dios todopoderoso, soberanamente justo y
bueno; creer en el alma y en su inmortalidad; en la preexistencia del alma como
única justificativa del presente; en la pluralidad de las existencias como
medio de expiación, de reparación y de adelanto intelectual y moral; en la perfectibilidad
de los seres más imperfectos; en la equitativa recompensa del bien y del mal,
conforme el principio: a cada uno según sus obras; en la igualdad de la
justicia para todos, sin excepción, (...); en el libre arbitrio del hombre, que
le deja siempre la elección entre el bien y el mal; creer en la continuidad de
las relaciones entre el mundo visible y el mundo invisible; en la solidaridad
que religa a todos los seres pasados, presentes y futuros, encarnados y
desencarnados; considerar la vida terrestre como transitoria y una de las fases
de la vida del Espíritu, que es eterno; aceptar con coraje las pruebas, en
vista del futuro más envidiable que el presente; practicar la caridad en
pensamientos, palabras y obras en la más amplia acepción de la palabra;
esforzarse, cada día, para ser mejor que en la víspera, extirpando alguna
imperfección de su alma; someter todas las creencias al control del libre
examen y de la razón y no aceptar nada por fe ciega; respetar todas las
creencias sinceras, por más irracionales que nos parezcan, y no violentar la
conciencia de nadie; ver, en fin, en los descubrimientos de la ciencia la
revelación de las leyes de la naturaleza, que son las leyes de Dios: es el
Credo, la religión del Espiritismo, religión que se puede conciliar con todos
los cultos, esto es, con todas las formas de adorar a Dios (1) Esta amplia
apertura de ideas, esta visión ecuménica ampliada, penetra en toda la
producción intelectual y moral de Allan Kardec, reflejando su sintonía con las
enseñanzas reveladas por los Espíritus Superiores e, igualmente, la influencia
benéfica que recibió de Pestalozzi, durante su formación educacional, en
Yverdun, en Suiza, en las primeras décadas del siglo XIX. El Codificador nos
dejó una herencia que no debe ser olvidada: el respeto por la Ciencia y el
verdadero sentido de la Religión, tal como aprendió con su maestro Pestalozzi y
sedimentado en el contacto con el Más Allá: «El Espiritismo y la Ciencia se
complementan uno al otro; la Ciencia sin el Espiritismo, no puede explicar
ciertos fenómenos sólo con las leyes de la materia; el Espiritismo, sin la
Ciencia, le faltaría apoyo y control» (2). Revelando la existencia del
Espíritu, uno de los elementos constitutivos del Universo, y la interactividad
constante y permanente entre la humanidad encarnada y la desencarnada, el
Espiritismo «toca forzosamente en la mayor parte de las ciencias» (3),
desvelando una nueva visión de la realidad, que incluye la de un nuevo ser
humano. Y sus principios han revelado en perfecta consonancia con los nuevos
paradigmas de la Ciencia, sobretodo, con los extraordinarios avances de la
física cuántica. Fritjof Capra, ilustre físico y humanista, resalta, en su
libro, El Punto de Mutación, la necesidad de una nueva visión de la realidad,
construida a partir de un modelo que se base «en la conciencia del estado de
interrelación e interdependencia esencial de todos los fenómenos –físicos,
biológicos, sociales y culturales». Según cree, «esta visión trasciende las
actuales fronteras disciplinares y conceptuales y tendrá que ser explorada en
el ámbito de nuevas instituciones» (4)
La Medicina del futuro,
propuesta por Capra, requiere muchos cambios en el paradigma vigente, una vez
que adoptará la Asistencia Holística a la Salud, considerando los procesos
mórbidos como esencialmente mentales, la enfermedad como un desequilibrio que
ocurre frecuentemente por una falta de integración que se puede manifestar en
varios niveles del organismo, genera síntomas de naturaleza física, psicológica
y social. Esa visión integral del ser humano empezó, para la Medicina
Occidental, con Hipócrates, en la Escuela de Cós, que consideraba la salud como
un estado de equilibrio entre influjos ambientales, modos de vida y varios
componentes de la naturaleza humana, entre los cuales los humores y las
pasiones, entendiéndose el equilibrio de los humores como armonía química y
hormonal y las pasiones como interdependencias mente/cuerpo. Tenía en cuenta
también el poder curativo de la naturaleza que correspondía a las fuerzas curativas
inherentes a los organismos vivos; el médico debería ayudar a esas fuerzas
naturales, creando condiciones favorables al proceso de curación.
En los
dos últimos siglos, sin embargo, la Medicina profundizó su distanciamiento de
esa visión integral del hombre, y sólo recientemente, a partir de la década de
los 70, observamos la tentativa de rescate de la Medicina Espiritual, en
algunas instituciones aisladas. El Espiritismo contribuyó para el retorno de
esos conceptos más amplios. Con él, hubo insistencia en el tema de la
supervivencia del alma, en la posibilidad de que esta se comunicara con el
hombre; se dio la experimentación y la comprobación de los fenómenos
mediúmnicos, que evidenciaron la intervención del Más Allá, llevando no sólo un
grupo de sabios a lidiar sobre los fenómenos con el fin de comprobarlos, sino
también induciendo a los estudiosos a tener en cuenta la existencia del ser
espiritual en el fenómeno humano, descartando la hegemonía de la materia en la
explicación del comportamiento del ser humano. Como reconoció Charles Richet,
fue la insistencia de Allan Kardec que llamó la atención de los sabios hacia
los fenómenos paranormales. Pero el mismo Kardec resaltó que muchos fenómenos
podrían ser producidos por el propio psiquismo del sensitivo, reconociendo así
la posibilidad de su influencia sobre el propio cuerpo físico. La visión
espírita de la salud es holística: todos los procesos mórbidos son
esencialmente mentales, comandados por el Espíritu y todos los fenómenos –
físicos, biológicos, sociales, culturales y espirituales – ejercen influencia
sobre él, que los metaboliza e integra. Según esta visión «salud es la perfecta
armonía del alma» (5); constituye, por tanto, una adquisición lenta y gradual
del Ser, en la medida que progresa en conocimiento y amor, con el concurso de
las experiencias recogidas en las vidas sucesivas. En esta ocasión,
detallaremos, inicialmente, los principios espíritas, tanto los revelados, en
el siglo XIX, en Francia, y reunidos en libros de la Codificación, por Allan
Kardec, sobre los complementos de esta Revelación, canalizados de la Esfera
extrafísica hacia la Tierra, por el médium Francisco Cándido Xavier, en Brasil,
en el siglo XX. Con eso, esperamos esbozar la visión espírita del hombre
integral – El Ser bio-psico-socio-espiritual - ; seguidamente, procuraremos
analizar las Perspectivas de la Salud en el siglo XXI, a la luz de ese
Paradigma. En este ejercicio, buscamos amparo en la reflexión de San Agustín:
«La Fe busca, el intelecto encuentra» (6). Aunque la Ciencia no tenga por norma
admitir o consultar, directamente, las veredas abiertas por la fe, ella se ha
apoyado en ellas para avanzar, una vez que las teorías revolucionarias de
muchos de sus genios, que cambiaron el rumbo de la vida planetaria, se han originado
en los flashes de la inspiración, como bien reconoció Albert Einstein, en el
prefacio del libro de Max Planck, ¿A dónde va la Ciencia?: «Así, la labor
suprema del físico es el descubrimiento de las leyes elementares más generales,
a partir de las cuales puede ser deducida lógicamente la imagen del mundo. Pero
no existe un camino lógico para el descubrimiento de esas leyes elementares.
Existe, únicamente, la vía de la intuición, ayudada por un sentido para el
orden, que permanece por detrás de las apariencias, y este Einfuehlung se
desarrolla a través de la experiencia». (7) También Emmanuel Kant,
como recordó Jeffrey Mishlove (8), sustenta que es a través de la intuición
que «nosotros construimos y mantenemos los elementos básicos de nuestro
mundo – nuestro sentido de espacio y tiempo, de identidad, de veracidad de las
cosas, nuestro sentido de belleza y bondad. La intuición, derivada de la
estructura verdadera o esencia de nuestras mentes, es vista en filosofía como
siendo prioritaria a toda percepción y racionalidad». Así ha sido a lo
largo de la historia humana, aunque viciando de forma oculta, los caminos de la
fe, que se confunden con los de la intuición, han determinado el desarrollo y
la evolución de todos los seres. Y ha sido así porque la intuición es esta vía
secreta, de límites indefinibles e inabordables, que liga el Creador a la
criatura, la «crisálida de la conciencia» a la Sublime Conciencia del Universo.
Creemos que las revelaciones proporcionadas por el Espiritismo son zanjas
innovadoras, abiertas por la fenomenología espírita, por encima de las cuales,
la Ciencia transitará, algunas hoy, más mañana, construyendo las largas
avenidas del progreso, con las cuales se beneficiará toda la humanidad.
La Doctrina Espírita está en las bases y se constituye en una
explicación coherente de los fenómenos y de la vida espiritual. Tenemos la
convicción de ello. En nuestros estudios e investigaciones, no perdemos de
vista, sin embargo, la recomendación de Allan Kardec: «El Espiritismo
camina junto al progreso, y jamás será sobrepasado, porque si nuevos
descubrimientos comprobaran que él está equivocado en un determinado punto, él
lo modificará; si una nueva verdad se revelara, él la aceptará».





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