domingo, 26 de julio de 2026

El hombre en el mundo

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Divaldo  Franco y el Sacerdote

2.- ¿ El Espíritu duerme, cuando lo hace la persona?

3.- Frente a la enfermedad

4.- El hombre en el mundo

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Cierta vez, fui a un sacerdote a confesarme (antes de hacerme espírita). Le conté sobre mis comunicaciones con los muertos. Para él eran fuerzas demoníacas intentando alejarme de la Iglesia. Me vino una amargura de Dios y comencé a preguntar:

- Soy un buen católico, buen sacristán, adoro la Iglesia , hago ayuno, paso la semana de  Pascua sin comer hasta el mediodía. Si Dios no puede con el diablo, ¿ cómo yo voy a aguantar? El diablo va a vencerme. ¿Cómo un chico de 17 años, del interior, ingenuo, puede vencer al diablo si ni Dios lo consigue?

Entré en depresión y me quedé con amargura de Dios. Me confesé al sacerdote:

- Yo voy a matarme. Nuestra Señora del Carmen va a tener pena de mí, me voy a colocar el escapulario y me sacará del infierno.

Él me miró despacio y respondió:

- No tomes ninguna actitud ahora. El demonio a veces nos perturba para probar nuestra fe; cuando no lo consigue, abandona. Vuelve para la Iglesia.

Era un hombre honesto, creía piadosamente en sus ideas. Un día al confesarme con él, vi aproximarse a un Espíritu. Tuve otro conflicto:

- ¿Cómo puede el diablo entrar en la sacristía?

De hecho yo veía siempre a los Espíritus. En el momento de la eucaristía la ostia se hacía luminosa cuando era colocada en mi boca. A veces, en Feria de Santana, veía al clérigo Mário Pessoa aureolado. En mi comprensión (católico), él era un santo. Las personas en la hora de la fe se iluminaban y yo juzgaba todo una alucinación.

Cuando el Espíritu entró, exclamé:

- ¡Mire, el diablo está viniendo, y es mujer!
- ¿Tú ves alguna señal particular en el rostro de ella? – me preguntó el sacerdote.
- Veo una verruga encima del labio.
- ¿Y qué más?
- El cabello está partido por la mitad, recogido en un moño detrás.
- ¿Y qué más?
- Veo un chal sobre los hombros, con puntas, un chal negro de cuadros.
- Puedes quedarte tranquilo, es mamá.
Ella “incorporó” y conversó con el sacerdote. Cuando desperté, él me aclaró:
- Divaldo, mamá vino a alertarme. Tú misión no es aquí, vas a seguir la tarea que Dios te confió, porque el bien está en todos los lugares.
Me quedé más turbado, porque yo no era espírita, tenía miedo, me sentía de cierto modo alejado de la Iglesia , pero continuaba frecuentándola así como el Centro Espírita.
Tenía conflictos de fe, principalmente cuando murió mi hermana, por suicidio. Mamá fue a encomendar misa a ese mismo sacerdote, un hombre bueno, y oyó de él:
- Doña Ana, no puedo celebrarla, porque el suicida está en el infierno y Dios no lo saca de allí.
Fue cuando aprendí la primera lección de lógica y de psiquiatría, con una mujer iletrada que era  mí madre:
- Padre, entonces yo reniego de su Dios. Si Él no es capaz de perdonar no es digno de ser Dios. Soy lavandera modesta y analfabeta, pero la hija que perdí, yo la perdono; ¿cómo es que Dios, que la tiene, no la perdona? Digo más, quien se mata no está en su juicio.
Más tarde yo supe que muchos portadores de psicosis maniaco-depresiva PMD, van para el suicidio.
Aprendí mucho con ese hombre, con mamá, y cuando yo le dije que no iría más a la iglesia, ella me respondió:
- Dios está en todos los lugares. Si tú fueras justo y obraras con rectitud, Él estará contigo. Haz el bien, hijo mío, porque la verdadera religión es aliviar el sufrimiento ajeno.
A partir de ese acontecimiento me integré lentamente al Espiritismo.
Divaldo Franco

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  ¿EL ESPÍRITU DUERME  CUANDO  LO HACE LA PERSONA?

 

                                                                  

     Como bien sabemos, el cuerpo físico está sujeto a unas necesidades diferentes a las del Espíritu, tal como el alimento y el reposo. El Espíritu, sin embargo, tiene un ímpetu de actividad constante. Cuando dormimos podemos afirmar que  nos desprendemos parcialmente del cuerpo, que queda descansando, pero nuestro Espíritu transita  momentáneamente en la dimensión espiritual..

     Normalmente el Espíritu con su Periespíritu,  se separa  y se libera parcialmente del cuerpo físico. al que permanece unido por un lazo flúidico de energía periespiritual,  mientras que este permanece en un estado de sueño profundo,  y  entonces  el Alma queda libre para visitar mientras tanto  el mundo espiritual. De modo semejante, durante el estado de coma,  hay una separación parcial, no total, entre el cuerpo y el espíritu.

     Durante su “visita” por el mundo espiritual,   a menudo transmite las  impresiones de sus vivencias astrales  al cerebro, mientras que este reordena  y clasifica las informaciones almacenadas durante la vigilia; de este modo experimentamos  esas ensoñaciones  a veces tan abstractas o absurdas que apenas solemos  recordar  en el  momento de despertar, y que después inmediatamente  olvidamos.

    Hay que señalar que los sueños, o mejor dicho, las ensoñaciones, no son siempre recuerdos de nuestras actividades en el plano espiritual al que accede el Espíritu. Así,  se pueden diferenciar tres clases de   sueños: el Fisiológico, el Psicológico y el Espiritual.                                                  En el sueño fisiológico el cuerpo transmite sensaciones al cerebro y es vivido a veces de modo dramático: por ejemplo, quien tiene frío  mientras duerme y aún encima se destapa, posiblemente sueña, viviéndolo, como en un frio ambiente de hielo o nieve, mientras el cuerpo tiritar de frío; o el caso de personas con incontinencia urinaria, que se enteran de que su sueño no solo era un sueño, cuando despiertan con la cama mojada.

      El sueño psicológico expresa  nuestros estados más íntimos. Así por ejemplo, algo que alguna vez nos preocupó, y después se repite dramáticamente durante el sueño.

       Ambos tipos de sueños suelen ser fugaces y mal esbozados, por eso resultan a veces tan absurdos.

 Los sueños repetitivos o recurrentes, son los que se viven y reviven repetidamente tras atravesar la persona por situaciones dramáticas o traumatizantes que quedan grabadas y escondidas en el subconsciente, y durante el estado onírico afloran una y otra vez a la mente, no teniendo ninguna significación mágica o especial de ninguna  clase. Esta clase de sueños suelen aparecer como un recuerdo de lo vivido o impresionado mas o menos abstracto en una existencia anterior, por algún motivo importante para su situación espiritual presente. También pueden repetirse como una insistente transmisión de algún Ser que desde el plano espiritual desea o necesita comunicarnos algo, aprovechando esos momentos de la emancipación del alma que sucede durante el sueño. 

        El  sueño  espiritual  se  traduce  en  vagos  recuerdos  de  las   actividades  en  otro plano de existencia en   que junto a otros Seres desencarnados,  se  involucran  durante el sueño fisiológico los Espíritus encarnados.

       A   estas  actividades del  alma   durante  el  sueño del cuerpo,   Allan  Kardec   las  llamó   “emancipación  del  alma”.   Los   sueños  espirituales son  los más  nítidos y  claros,    aunque  a   veces   muy   extraños,   y   curiosamente   se  recuerdan  en  imágenes  y    escenas  con  colorido,  sin embargo  los otros  sueños se viven y  recuerdan  como  en    una   película en blanco y negro.

     La transmisión desde el Plano Espiritual  que realiza el Espíritu hacia su  cerebro físico, se  efectúa a través del lazo de energía  anteriormente señalado, de aspecto luminoso plateado, llamado por eso  “Cordón de Plata”. Este lazo energético  une al  Ser espiritual  con su   Cuerpo físico mediante el campo de energía vital del mismo y le permite emanciparse durante el sueño profundo  o durante los estados de coma, transmitiéndole vivencias  a través de dicho lazo. Este  cordón o lazo de energía periespiritua, le capacita también  para poder reincorporarse y regresar inmediatamente  a su cuerpo físico   al despertar del sueño 

   Cuando este lazo de energía,  el “Cordón de Plata”  se rompe o se corta definitivamente, sobreviene la muerte irreversible y definitiva del cuerpo físico, con la liberación del Ser, porque ese lazo energético, una vez cortado o interrumpido, ya no se puede recomponer.

   El aspecto de este cordón luminoso  plateado ha sido así descrito por algunos mediums y videntes psíquicos; además, curiosamente, en el libro del Eclesiastés de la Biblia, aparece este concepto que también es descrito precisamente con este nombre, lo cual nos lleva a considerar que la videncia  psíquica o  espiritual  ya se conocía en la antigüedad.

- José Luis Martín-

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        FRENTE A LA ENFERMEDAD

Sustentar inalterables la fe y la confianza, sin ningún temor, queja o revelación, cuando enfermedades inesperadas le afecten el organismo o asedien su hogar.

Cada prueba tiene su razón de ser.

Con el necesario discernimiento, abstenerse del uso exagerado de medicamentos capaces de intoxicar la vida orgánica.

Para el cumplimiento de la cura, todo medicamento exige dosificación.

Destruir ideas de temor ante las enfermedades contagiosas y desequilibrios psíquicos, usando la disciplina mental y los recursos de la oración.

La fuerza poderosa del pensamiento, tanto genera como extingue muchos disturbios orgánicos y psíquicos.

Sabiendo que todo sufrimiento orgánico es una prueba espiritual que se cumple por justicia, en obediencia a las leyes kármicas, jamás rebelarse ante el dolor, y sí aceptarlo y comprenderlo con serenidad y resignación.

La intensidad del sufrimiento varía según la confianza en la Ley Divina.

Aceptar el auxilio de los misioneros y obreros de la medicina terrena, no solicitando protección y ayuda exclusivamente de los médicos desencarnados.

La Eterna Sabiduría dispone todo en nuestro provecho.

Afirmarse mentalmente, con seguridad, por encima de las enfermedades destructoras que puedan asaltar el organismo, rechazando los pensamientos y las palabras de desesperanza o cansancio que minan la fortaleza de la fe.

La dolencia pertinaz lleva a la purificación más profunda.

Aprovechar toda molestia como período de lecciones, sobre todo como tiempo de aplicación de los valores relacionados a nuestra convicción religiosa.

La enfermedad puede ser considerada como termómetro de la fe.

"Venid a mí todos los que estaís cansados y oprimidos, que yo os aliviaré."      Jesús.

LIBRO:CONDUCTA ESPIRITA.

ESPIRITU ANDRÉ LUIZ.

MÉDIUM WALDO VIEIRA.

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EL HOMBRE EN EL MUNDO


- Herculano Pires -

El Espiritismo es un proceso de integración del hombre en el mundo y no de fuga. Todas las formas de aislamiento social y de segregación religiosa son condenadas por la doctrina. Los resíduos del sectarismo religioso , alimentados en varias encarnaciones, permanecen todavía bastante activos en algunos adeptos, haciéndonos soñar con un aislacionismo sectario que atenta contra la propia esencia de las enseñanzas espíritas. Es el fermento viejo al que se refirió Jesús, como vemos en el Evangelio.
El Criatianismo tuvo que enfrentar ese mismo problema en su desarrollo. Y a pesar de la victoria de las corrientes cristianas más activas, no fue posible evitar la aparición de órdenes y congregaciones dedicadas a la vida contemplativa, empeñadas en la fuga del mundo para el encuentro con Dios. Esa tendencia de fuga es característica de las religiones orientales. Basta que comparemos la vida contemplativa en las enseñanzas disciplinarias de Buda, con la vida activa y las enseñanzas morales de Cristo, para ver la diferencia entre el espíritu oriental y el espíritu occidental en las religiones.
En el mensaje intitulado "El hombre en el mundo", como aparece en el capítulo XVII de El Evangelio Según el Espiritismo, encontramos el siguiente trecho: " No penseis que al exortaros a la oración y a la evocación mental, queramos llevaros a vivir una vida mística que os mantenga fuera de las leyes de la sociedad. No. Vivid con los hombres de vuestro tiempo. como deben vivir los hombres.
Sacrificaros a las necesidades e incluso las frivolidades de cada día, pero hacerlo con el sentimiento de pureza que las puedan purificar". Y en el capítulo "La Ley de Sociedad", de El Libro de los Esíritus, la afirmación es taxativa; "Los hombres están hechos para vivir en sociedad".
Los médiums y adoctrinadores espíritas tienen una misión eminentemente social. Para cumplir bien esa misión deben servirse de todos los medios, los más eficientes posibles, de divulgación de la doctrina.
Fue el propio Jesús quien enseñó que no debemos esconder la lámpara debajo de la cama, sino colocarla en lo alto, para que ilumine a todos.

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