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sábado, 19 de abril de 2025

El mandamiento difícil

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- El Arado

2,. La Pascua

3. El mandamiento difícil-     

4.- Pérdida de seres queridos- Muertes prematuras

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                                EL ARADO

 

"Y Jesús le dijo: Nadie que echa mano del arado y mira hacia atrás es apto para

 el reino de Dios." — (Lucas, 9:62.)

 

Aquí vemos a Jesús utilizar en la edificación del Reino Divino uno de los más bellos símbolos.

Efectivamente, si lo desease, el Maestro crearía otras imágenes. Podría reportarse a las leyes del mundo, a los deberes sociales, a los textos de la profecía, pero prefiere fijar la enseñanza en bases más simples, tan simples como un sencillo arado.  El arado es la herramienta de todos los tiempos. Es pesado, demanda esfuerzo de colaboración entre el hombre y la máquina, provoca sudor y cuidado y, sobre todo, hiere la tierra para que produzca. Construye la cuna de las sementeras y, a su paso, el terreno cede para que la lluvia, el sol y los abonos sean convenientemente aprovechados.

Es necesario, pues, que el discípulo sincero tome  las lecciones  del Divino Cultivador, abrazándose al arado de la responsabilidad, en la lucha edificante, sin retirar de él las manos evitando de ese modo perjuicios graves a la "tierra de sí mismo".

Meditemos en  tantas  oportunidades perdidas, en las lluvias de misericordia que cayeron sobre nosotros y que se fueron sin ningún aprovechamiento para nuestro espíritu, en el sol del amor que nos viene vivificando hace muchos milenios, en los abonos preciosos que hemos rechazado, por preferir la ociosidad y la indiferencia.

Examinemos todo estoy reflexionemos en el símbolo de Jesús.

Un arado promete servicio, disciplina, aflicción y cansancio; no obstante, no se debe olvidar que, después de él, llegan siembras y cosechas, panes en el plato y graneros guarnecidos.

( Camino, Verdad y Vida )

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COMENTARIO:.-   Una vez más se pone  aquí de manifiesto que  la misión principal que en general tenemos todos en la vida, es  trabajar  en la siembra de la realización de buenas obras y el desarrollo de valores espirituales, para nuestro bien y el bien de los demás, teniendo además la responsabilidad de instruirnos y de instruir  Y este es el Reino de Dios, o mejor dicho,  aquí es en donde comienza el  Reino de Dios en la Tierra. Este  es un trabajo que   necesita ser hecho  con  plena consciencia, con empeño, con firmeza, con ilusión, y sin mirar atrás deteniéndonos muchas veces ante las ilusiones  vanas de la vida, con  una  imaginación desbordante que nos cuenta la historia ficticia de lo que tal vez pudo haber sido  pero que  no fue ni  lo será jamás.

La mano en el arado viene a  significar  cuando nos ponemos “ manos a la obra”; el ponernos a trabajar con determinación y seriedad, en una labor que no siempre  supone  un esfuerzo físico, sino  que muchas veces lo suele suponer un esfuerzo y hasta un sacrificio  moral, mental y espiritual, pues se trata de un trabajo para identificar, primero, y luego vencer nuestros propios defectos espirituales y  darnos a los demás cuanto nos sea posible.

   El  mirar atrás  en la senda de esta importante labor  que tenemos todos que desempeñar en la vida, cada uno según su medida,  su capacidad y  sus circunstancias,  puede   venir a significar que nosotros mismos muchas veces somos el mayor obstáculo que encontramos para nuestra autorealización, por comodismo o cuando  relentizamos nuestra labor, desanimados  ante nuestros fallos, errores y caídas; cuando parece que nos faltan las fuerzas para levantarnos de nuevo con ánimo y no perder más el tiempo.  También ese mirar atrás lo es cuando en este camino de crecimiento  y desarrollo espiritual, nos dejamos llevar por la pereza  espiritual ante   la atracción de  las cosas materiales,  y nos desanimamos con nosotros mismos, aflojando el paso   de  nuestra ilusión y empeño, porque como en un espejismo falso y negativo, creemos que estamos solos en medio del difícil  desierto de la vida. Y eso es un gran  error, porque debemos tener muy en cuenta que  jamás estamos solos; Dios nunca deja desamparados a sus hijos, aunque a veces nuestra falta de fe así nos lo haga creer; sino que siempre tenemos cerca amigos espirituales  ( o también  enemigos;  eso depende de nuestra sintonía  vibratoria, mental y espiritual que los atrae o los rechaza). Y estos seres que en buena sintonía nos acompañan e inspiran en cada instante, nos hacen tener siempre presente en cada circunstancia, cual es el camino correcto, o en donde nos hemos equivocado por ser tercos y no haber sabido escuchar sus voces en el fondo de nuestras consciencias.

No se puede servir a dos señores, tal como indicó Jesús:  A Dios y al mundo. Estamos en el mundo, pero como aves de paso. Sabemos que en realidad no pertenecemos al mundo terreno sino al  mundo espiritual que es nuestra verdadera Patria final. Por eso, ante la disyuntiva que esta vida nos presenta tantas veces, sepamos qué camino escoger siempre, poniendo la mano en el arado del trabajo espiritual,  sin relentizarnos  en  nuestra labor, y sin volver la vista  hacia las ilusiones efímeras de este mundo, pues recordemos que ya el Señor nos advirtió que los obreros somos pocos y la mies es mucha. También debemos tener presente que no sabemos nadie el tiempo que tenemos programado para cumplir con nuestras funciones en este mundo, por eso no hay tiempo que perder,

   Vivimos actualmente en unos momentos críticos de cambio global en nuestro planeta, así como en las sociedades e individuos que lo habitamos, por  lo que no podemos perder ya mas tiempo; por lo tanto tenemos claro el camino y la postura a tomar firmemente: ! vamos a trabajar  en la viña del Señor, que el tiempo apremia ¡.

- José Luis Martín -

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                                           LA   PASCUA
  Hermanos, hoy quiero hablaros sobre la semana santa, que como sabéis, es una fiesta que celebran algunas religiones para conmemorar la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

Es digno de mencionar la enorme devoción que despierta esta manifestación tan popular y arraigada en este País. Como bien sabéis, las imágenes que pasean por las calles de muchas ciudades, se pueden considerar como verdaderas obras de arte, todas ellas vestidas con ricos trajes cuajados de pedrerías, suntuosas imágenes de vírgenes portando valiosos mantos bordados en oro y plata, algunas con incrustaciones de piedras preciosas, mantones de terciopelo con dorados ribetes multicolores, vírgenes con el corazón atravesado por puñales de oro y platino, colgando de sus manos infinidades de rosarios de plata y oro, cruces y medallones que valen una fortuna, donados por fervorosos cofrades para agradecer algún imaginado milagro concedido a algún ser querido que se salvó de la muerte, borlones de oro fino y policromados por costosos artesanos y un sinfín de candelabros de oro blanco y fino cristal de bohemia; en fin, un derroche de dinero en todos los sentidos y eso sin contar los miles de claveles y flores variadas que adornan los pasos.


Empieza la procesión y delante las dignísimas autoridades, con el semblante rígido, poniendo cara de circunstancias, trajeados con vestimenta para la ocasión, adornados con grandes medallones de oro y plata, cordones de oro al cuello y provistos de doradas varas de mando indicativas de su suprema autoridad; luego el cortejo de penitencia en disciplinadas filas, unos descalzos, otros arrastrando cadenas, otros con una cruz a cuestas imitando al Nazareno y detrás los obispos, los párrocos, los sacristanes y los monaguillos balanceando los incensarios impregnando el ambiente de olor a incienso, todo esto precedido por una gran banda de cornetas y tambores, los cuales abren paso y anuncian el evento, después el esperado y pesadísimo paso, o trono, como también le dicen, portado por costaleros a los cuales no les importan destrozar sus hombros con tal de que su trono sea el que mejor se mueva, horas y horas debajo de aquella estructura, sudando y faltándole la respiración, teniendo a veces que ser relevados al faltarles las fuerzas para seguir bajo aquel potro de tortura, algunos salen deshidratados, exhaustivos y vomitando. Por último, otra banda de música cierra la comitiva tocando marchas fúnebres y otros temas rebuscados, con objeto de sensibilizar a las personas que se agolpan para ver pasar la procesión. A lo largo de toda la calle se aglomeran todo tipo de criaturas, las cuales y salvo honrosas excepciones, se dedican a criticar todo lo que se les pone delante, aquel penitente que lleva la túnica muy corta, el otro que la lleva descolorida, otro que cojea, el que lleva el capirucho ladeado y mientras esperan que pase el resto de la cofradía, se dedican a reír las gracias del que está al lado contado chistes, otros y entre ellos algunos penitentes, con el pretexto de ir al servicio, entran en el bar y se toman varias copas de aguardiente: en fin, que para la mayoría estas fiestas son una tapadera para echarse a la calle, pasarlo bien y tener un motivo para emborracharse sin que nadie lo critique.


Mientras tanto, en los asilos, los ancianos impedidos, esperan que unos brazos fuertes como los de los mencionados costaleros, vayan a empujarles la silla de ruedas para poder salir al patio, pues se mueren de pena al no poder tomar un ratito el sol. También esperan que algunos de aquellos fervorosos cofrades, se acerquen a hacerles un poco de compañía, vayan a escucharles y a decirles algunas palabras de consuelo, pero no sucede así ya que el mundo no está por esa labor, el mundo los ignoran y por aquel lugar no aparece nadie, pues allí no hay público, ni banda de música, ni motivo de distracción, así mismo muchos hermanos enfermos a los cuales nadie visita, esperan la llegada de esas piadosas mujeres que van de promesa tras el trono, descalzas y rezando el rosario detrás de los palios de las vírgenes de barro, pero pasa el tiempo y nadie llega junto a sus lechos de dolor para inyectarles esperanzas; otros hermanos nuestros que duermen en portales y a la intemperie, comiendo de los 
contenedores de basura, esperan que esas imágenes sean vestidas más humildemente y ese oro sea invertido en procurarles cobijo y llenar sus estómagos, pero eso tampoco llega pues el mundo quiere pompas y boatos, prefieren seguir adorando al becerro de oro. Quien puede ayudar se olvida de sus obligaciones más sagradas y solo piensan en brillar, ocupando los primeros lugares, ignorando que aquellos que padecen hambre y soledad, que aquellos que duermen en las calles y pasan frío, también son sus hermanos.

En fin queridos hermanos, que os voy a contar que ya no sepáis, ¿es acaso todo esto que está ocurriendo, lo que nos recomendó Nuestro Amado Maestro Jesús?, ¿es lícito que después de veinte siglos sigamos teniendo crucificado al Divino redentor?
Si el Maestro nos pidió que asistiésemos al desnudo, que diéramos de comer al hambriento, que visitáramos a los enfermos, que enseñáramos al que no sabe y sobre todo que amásemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, ¿es esto lo que estamos haciendo con esta forma de actuar? Si no es así, pues somos culpables ante la Ley Divina.

La verdad queridos hermanos, que se podrían llenar infinidades de páginas, todas relacionadas con la ceguera del hombre, millones de criaturas en todo el mundo carecen de lo necesario, mientras las grandes fortunas se emplean en lujosas mansiones, grandes capitales se emplean en la fabricación de mortíferas armas, sofisticados ingenios inventados para destruir al hombre, máquinas infernales son empleadas para combatir los derechos humanos, el vicio y la locura campea por todo el orbe terrestre, los espíritus de Amor y bondad lloran con desconsuelo ante tan doloroso cuadro, pero no, no ha de ser así, pronto, muy pronto el mundo despertará y las almas buenas conquistarán la tierra, pues como bien sabéis, es voluntad Divina que la luz domine a las tinieblas y los espíritus inocuos serán expulsados de esta esfera, serán relegados a otros confines más en consonancia con su rebeldía y al fin el paraíso prometido por Nuestro Amantísimo Padre Celestial, se hará una realidad eterna.
 LA CARIDAD ES EL ÚNICO CAMINO PARA ALCANZAR EL REINO DE LOS CIELOS

 Bueno amados hermanos, nada más por ahora, solo que sepáis que os queremos mucho y que rogamos a Dios por todos vosotros y por vuestras queridas familias.
Vuestro más pequeño hermano,

FRATERNALMENTE:Hermano Bras. 

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              El MANDAMIENTO DIFÍCIL 

      El mandamiento central de los Evangelios, y por esto mismo el más complejo y el más difícil, es el de amar al prójimo como a nosotros mismos y a Dios sobre todas las cosas. Amar al prójimo no parece muy difícil, pero amarlo como a nosotros mismos es casi una temeridad. Mas Jesús lo dio de manera enérgica, explicando también que este amor corresponde al amor a Dios. Amamos naturalmente a nosotros mismos con tal ahínco que extendemos este amor a la familia y se lo negamos a las personas extrañas, generalmente de manera agresiva y celosa. Podemos explicar esto, psicológicamente, por el egocentrismo de la infancia, que es una exigencia de la formación de la personalidad. Si el niño no fuese, como se acostumbra decir, el centro del mundo, y no se apegase a esta centralización, seria fácilmente absorbida en la mundanidad y dispersa en la temporalidad, para usar la terminología de Heideggard. Para mantenerse siendo ella misma, el niño tendrá que apegarse con uñas y dientes a su ego, este pivote interno, en torno del cual se desenvuelven las energías de la afectividad y de la creatividad. El mundo nos atrae e intenta absorbernos en un proceso de dispersión centrífuga. Si no tuviésemos el pivote del ego, con sus energías centralizadoras, el ser estaría sujeto a perderse en la dispersión de las energías ónticas. Lo normal es que estas dos corrientes energéticas se contrabalanceen, sin lo que tendríamos al individuo egoísta o al individuo amorfo, sin alcanzar  nunca la formación de la personalidad que define al hombre. La permanente amenaza y el temor de la dispersión generan en el hombre la reacción de defensa contra la eternidad. 
      En las civilizaciones encontramos un desenvolvimiento agudo del socio-centrismo, en que los extranjeros son considerados impuros, como en la Antigua Israel, o considerados bárbaros, como en la Roma Antigua. El mismo instinto de conservación, que comienza en la ley física de la inercia y se prolonga en las cosas y en los seres, hasta el hombre, y sus instituciones, completa este cuadro defensivo. No hay dudas que nuestra desconfianza en relación al prójimo proviene de estas fuerzas instintivas. Solo conseguiremos vencerlas cuando nos sintamos plenamente  maduros, como seres formados y definidos en nuestra personalidad. Cuanto más inseguros nos sintamos, tanto más difícil se torna nuestra aceptación del prójimo, sin prevenciones ni desconfianzas. Nuestra primera actitud ante un desconocido es siempre de reserva o de antipatía. Solamente en los reencuentros reencarnatorios de criaturas afines, con un pasado de relaciones felices o una afinidad vibratoria semejante, los primeros contactos podrán ser expansivos. 

Herculano Pires- Educación para la muerte.

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PÉRDIDA DE SERES QUERIDOS-MUERTES PREMATURAS

                                                   


21.  Cuando la muerte viene a segar en vuestras familias llevándose sin contemplación a los jóvenes antes que a los viejos, decís muchas veces: "Dios no es justo, puesto que sacrifica al fuerte y lleno de esperanza, para conservar a los que han vivido muchos años llenos de desengaños; puesto que se lleva a los que son útiles y deja a los que no sirven para nada; puesto que destroza el corazón de una madre, privándole de la inocente criatura que constituye toda su alegría".

     Humanos, en este caso es cuando debéis elevaros por encima de las pequeñeces de la vida terrestre para comprender que el bien está muchas veces en donde vosotros creéis ver la ciega fatalidad del destino. ¿Por qué medís la justicia divina por el valor de la vuestra?

 ¿Podéis pensar que el Señor de los mundos quiera por un simple capricho, imponeros penas crueles? Nada se hace sin un fin inteligible, y cualquier cosa que suceda, todas tienen su razón de ser. Si escuadriñáseis mejor todos los dolores que os atormentan, encontraríais siempre la razón divina, razón regeneradora, y vuestros miserables intereses serían una consideración secundaria que dejaríais para el último proyecto.

      Creedme; la muerte a los veinte años es preferible a esos desarreglos vergonzosos que desolan familias honradas, rompen el corazón de una madre, y, antes de tiempo, hacen encanecer a los padres. La muerte prematura es muchas veces un gran beneficio que Dios concede al que se va, y que de este modo queda preservado de las miserias de la vida, o de las seducciones que pudiera haberle arrastrado a su pérdida; el que muere en la flor de la edad, no es víctima de la fatalidad, sino que Dios juzga que le es útil el que no esté más tiempo en la tierra.

      Es una terrible desgracia, decís vosotros, que una vida tan llena de esperanza, haya sido interrumpida. ¿De qué esperanza queréis hablar? ¿De las de la tierra, la que de el que se va hubiera podido brillar, hacer su carrera y su fortuna? ¡Siempre esas miras mezquinas que no pueden elevaros sobre la materia! ¿Sabéis vosotros cuál hubiera sido la suerte de esa vida tan llena de esperanza, según vosotros? ¿Quién os ha dicho que no hubiera sido llena de amargura? Entonces, para nada contáis las esperanzas de la vida futura, cuando preferís las de la vida efímera que arrastráis en la tierra? ¿Pensáis, según esto, que vale más tener un rango entre los hombres, que entre los espíritus bienaventurados?

      Regocijaros, en vez de quejaros, cuando Dios quiere llevarse a uno de sus hijos de ese valle de miserias. ¿Acaso no es egoísmo el desear que se quede sufriendo con vosotros? ¡Ah! este dolor se concibe en el que no tiene fe y que ve en la muerte una separación eterna. Pero vosotros, espiritistas, vosotros sabéis que el alma vive mejor desembarazada de su envoltura corporal; madres, vosotras sabéis que vuestros hijos muy queridos, están cerca de vosotras, sí, están muy cerca, sus cuerpos fluídicos os rodean, sus pensamientos os protegen, vuestro recuerdo los embriaga de alegría, pero también vuestros dolores infundados les afligen, porque denotan falta de fe y son contra la voluntad de Dios.

      Vosotros que comprendéis la vida espiritual, escuchad los latidos de vuestro corazón llamando a esos seres queridos y estimados, y si rogáis a Dios para  bendecirles, sentiréis en vosotros esos consuelos poderosos que secan las lágrimas, y esas aspiraciones prestigiosas que os enseñarán el porvenir prometido por el Soberano Señor.

(Sansón, antiguo miembro de la Sociedad Espiritista de Paris. 1863).

EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO. ALLAN KARDEC

 

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sábado, 19 de febrero de 2011

Allan Kardec


ALLAN KARDEC


Frío y cerebral, así describieron algunos de sus contemporáneos al educador francés Hippolyte Rivail; y, sin embargo, bajo el nombre de Allan Kardec sería el fundador del espiritismo, y millones de personas le seguirían.

Hippolyte Léon Denizard Rivail, más conocido hoy bajo el seudónimo de «Allan Kardec», nació en Lyon, Francia, en 1804. Su padre, un distinguido jurista y juez local, quería darle la mejor educación posible, de modo que a los 10 años lo envió al Instituto Yverdon en Suiza, fundado y dirigido por J.H. Pestalozzi (1746-1827), el hombre que logró revolucionar la educación europea.

Convencido de que la intuición es la fuente de todo conocimiento, Pestalozzi estimulaba a sus discípulos para que se desarrollaran como individuos, al tiempo que les sometía a un programa extensísimo que comprendía 10 horas diarias de lecciones sobre todos los aspectos de las artes y de las ciencias. Aquellos que, como Rivail, procedían de familias católicas, recibían también instrucción religiosa.

Rivail permaneció seis años en Yverdon y esta estancia influenció profundamente el curso de su vida. Pronto decidió convertirse en profesor, para difundir los trabajos de Pestalozzi en Francia, y abrió su propia escuela en París en 1826. Para entonces ya había publicado el primero de lo que sería un total de 22 libros de texto sobre gramática francesa, matemáticas y reforma educativa. También inició una serie de cursos gratuitos sobre ciencias, que mantuvo durante 10 años. Lo hizo sin perder tiempo, y pronto observó que, mientras los mensajes recibidos en las sesiones eran a menudo frívolos, invariablemente adquirían un tono serio cuando se

Obligado a cerrar su escuela en 1834 por motivos económicos, Rivail tuvo que trabajar como contable para mantener a su familia, aunque continuó dando clases particulares gratuitas en su

casa, y, a principios de la década de 1850, durante la que su carrera sufriría un cambio radical, era un educador conocido, progresista y librepensador. Anna Blackwell, que tradujo algunos de sus libros al inglés, le recordaba «más parecido a un alemán que a un francés». Era, decía, un hombre enérgico y perseverante, pero frío y cerebral, incrédulo por naturaleza y por formación, y un razonador agudo y lógico. Llevaba una vida tranquila y modesta y era muy trabajador; nadie veía en él al futuro fundador de una nueva filosofía religiosa.

Pero en 1848, en los Estados Unidos, habían sucedido unos hechos que iban a cambiar toda la filosofía de Rivail y a influenciar la de millones de otras personas. En el hogar de la familia Fox, en Hydesville, Nueva York, las mesas se movían solas y se oían misteriosos golpecitos, que aparentemente provenían de los «espíritus» de los muertos. Esto significó el surgimiento del movimiento espiritualista, que iba a hacer furor en París, así como en otras ciudades europeas. Al cabo de poco tiempo, y en palabras de un periodista de la época, no hubo ninguna mesa entre Montmartre y los Campos Elíseos que no se hubiera puesto patas arriba.

Rivail, a pesar de que sentía interés por todos los temas, se mostró al principio muy escéptico. En unos de sus primeros libros había escrito: «Si se han estudiado las ciencias, hay que reírse ante la credulidad supersticiosa de los ignorantes y no es posible creer en fantasmas», y cuando, en 1854, un amigo le dijo que las mesas no sólo saltaban, sino que transmitían mensajes de los muertos, Rivail replicó: «Sólo lo creeré cuando lo vea.»
No parece que estuviera ansioso por verlo, porque hasta el año siguiente no asistió a una sesión, donde presenció una demostración de «escritura en cesta», una forma primitiva de escritura automática, en la que las manos de los asistentes se colocaban dentro de una cesta, a través de la cual era conducido un lápiz. «Pude darme cuenta -recordó más adelante-, de que había algo serio tras aquella aparente trivialidad..., como la revelación de una nueva ley, que decidí investigar a fondo.» dirigían a él personalmente. Su amigo, el autor teatral Victorien Sardou, le pidió que revisase unos libros de notas tomadas por el grupo con el que él había estudiado los fenómenos espiritualistas durante cinco años. Rivail quedó impresionado por «la sabiduría y la caridad que emanaban de las comunicaciones serias», y emprendió una intensa serie de sesiones con una medium llamada Japhet, en las que propuso una serie de preguntas para que los espíritus las contestaran, cosa que hicieron.

El año siguiente, publicó más de 500 preguntas, respuestas y comentarios personales bajo el título de Le livre des esprits (El libro de los espíritus), que revisó y aumentó tres años más tarde. Se publicó bajo el nombre de Allan Kardec, un nombre tomado de la ascendencia bretona de Rivail, y que al parecer fue elegido  por los propios espíritus. Así, Rivail se convirtió en Kardec, y cuando murió en 1869 había escrito o, como él prefería decir, había «compilado y ordenado», cinco libros y dos monografías, insistiendo en que el contenido principal no provenía de su trabajo, sino del de numerosos espíritus «avanzados» que se comunicaban a través de diferentes mediums.

Sus obras principales fueron: El libro de los espíritus (1857 y 1860), El libro de los mediums (1861), El Evangelio según el espiritismo (1864) -publicado en España en 1978-, Cielo e infierno (1865) y Génesis (1867). También fundó, editó y escribió gran parte de la revista Revue Spirite, hasta su muerte en 1869.

A pesar de su fe inconmovible en la comunicación con los espíritus de los muertos, la filosofía de Kardec no formaba parte de la corriente espiritualista sino que era, según sus palabras, espiritista. La diferencia era crucial para los seguidores de ambas filosofías, y les condujo por caminos muy distintos.

La premisa básica del espiritismo es que hay dos mundos: el  visible y el invisible, que contienen seres materiales e «incorpóreos», respectivamente. El espíritu es una sustancia formada por materia «quintaesenciada» que está fuera del alcance de nuestros cinco sentidos normales, que se une con el cuerpo físico mediante un cuerpo intermedio, semimaterial, llamado «periespíritu». Al nacer, tomamos formas temporales, materiales, y cuando éstas son destruidas por la muerte física, el espíritu permanece, para reaparecer quizá en otra reencarnación. Nuestro propósito es evolucionar hacia la perfección, y nos reencarnamos tan a menudo como sea necesario para lograrlo. Todos somos la suma de aquello que hemos sido, lo que hemos hecho o pensado en vidas anteriores, y todo el proceso, según Kardec, no es milagroso ni sobrenatural, sino que es el resultado de leyes naturales e inmutables.


Mientras que el espiritualismo, tal como lo veía Kardec, simplemente manifestaba una creencia en algo más allá de la materia, el espiritismo trataba de la «relación del mundo material con los espíritus», entidades reales que están siempre en contacto con nosotros. Kardec nunca pretendió que fuese una nueva religión, sino una filosofía racional basada en hechos demostrados repetidamente que recuperaba el sentido original de todas las religiones. No pretendía, como alegaban sus críticos, sustituir al cristianismo. «La moral del espiritismo no es diferente de la de Jesús», escribió, añadiendo que, tal como la enseñanza de Jesús recuperó las de Moisés, el espiritismo era una recuperación de principios cristianos básicos que habían sido abandonados por la mayoría de las iglesias establecidas. «¿Por qué -preguntaba- se practican tan poco las enseñanzas morales de Cristo? ¿Y por qué aquellos que proclaman la sublimidad de las mismas son los primeros en transgredir la primera de sus leyes, la de la caridad universal?»

Los libros de Kardec forman el estudio más claro y extenso del mundo invisible escrito hasta el momento. Es interesante compararlos con los escritos de Emanuel Swedenborg y los de Andrew Jackson Davies «el vidente de Poughkeepsie», cuyos Principios de la naturaleza se publicó en 1847. Aunque los tres profundizaron en un mismo campo, Kardec es el único que no era ni un medium ni un místico, sino un recopilador de escritos salidos de otras manos. Su propia contribución a estos libros se limita a comentarios sobre el material recibido, y en éstos se presenta como un hombre razonable e inteligente. Como él mismo decía: «estudié los hechos con cuidado y perseverancia, los coordiné y deduje de ellos sus consecuencias».

Kardec fue uno de los primeros investigadores psíquicos serios, y encontró tiempo además para estudiar fenómenos paranormales de muchos tipos en toda Francia. Veinte años antes de la fundación de la Sociedad para la Investigación Psíquica, publicó relatos detallados, en la Revue Spirite y en El libro de los mediums, de varios casos excelentes que a menudo olvidan los historiadores. Escribió extensamente sobre el medium Jean Hillaire, el curandero Jacob el Zuavo, la posesión masiva de la ciudad de Morzine y varios ejemplos de lo que ahora llamamos actividad poltergeist. Mantuvo correspondencia con D.D. Home, el psíquico inglés, a quien admiraba mucho, y fue testigo de multitud de fenómenos paranormales, llegando a ver una mesa de 100 kg balancearse en un ángulo de 45º sobre una sola pata. Pero le interesaban menos estos fenómenos que sus implicaciones.

Sus libros se han seguido publicando en varias lenguas, y sus ideas han tenido una influencia considerable en diversos países, especialmente en Brasil, donde el movimiento espiritista pronto ganó respetabilidad gracias sobre todo al apoyo del doctor y estadista Adolfo Bezerra de Meneses. Hoy, las estadísticas estiman que más de 20 millones de brasileños practican el espiritismo y, de acuerdo con la insistencia de Kardec en la caridad como su deber primordial, han llevado a cabo algunas de las obras sociales más importantes del mundo.

   Brasil posee ahora grandes hospitales que combinan el tratamiento médico y el espiritual, orfelinatos, centros de enseñanza para mediums y curanderos y lugares de reunión públicos donde se imparte gratuitamente consejo y cuidados a todo aquel que lo solicita. En uno de ellos, en el centro de São Paulo, 200 mediums voluntarios atienden cada día a 1000 personas. Se han vendido varios millones de ejemplares de los libros de Kardec y de otros inspirados por éstos, y el retrato de Kardec ha aparecido tres veces en los sellos brasileños.

Este honor habría quizá molestado al hombre que escribió, en la «Conclusión» de El libro de los espíritus:

 "¿En qué consiste el trabajo especial y característico del espiritismo moderno? En hacer un todo coherente de lo que hasta ahora ha estado esparcido; en explicar, en términos claros y precisos, lo que hasta ahora ha estado oscurecido por el lenguaje alegórico: en eliminar los productos de la superstición y de la ignorancia de las creencias humanas, dejando sólo lo que es real y verdadero. Ésta es su misión."

Los hechos del espiritismo, concluía, habían dado el golpe final al materialismo y «mostrado los resultados inevitables del mal y, en consecuencia, la necesidad del bien» mientras que en lo que respecta a la vida futura, ya no se trataba de «una vaga imaginación, una simple esperanza, sino de un hecho».

Todo efecto inteligente, argumentaba, debe tener una causa inteligente, y había evidencia más que suficiente en favor de la realidad de la comunicación con los «muertos». Pero esto no quería decir que hubiera que aceptar todo lo que éstos dijeran o escribieran. «No faltan escritores en el mundo invisible -decía-,pero, como en la Tierra, escasean los buenos.» Algunos espíritus, comentó, «saben menos que nosotros en la Tierra». El investigador debía ser «crítico y lógico».

Kardec murió mucho antes de la edad de oro de la psicología francesa y de la primera psiquiatría, en la que pioneros como Janet, Charcot y Bernheim proporcionaron un enfoque más clínico para estudiar las anormalidades hasta entonces inexplicadas de la experiencia humana (muchas de las cuales continúan siendo aún hoy un misterio). Se puede creer que, a pesar de su honestidad e inteligencia, fue simplemente engañado por astutos falsos mediums. Pero no parece probable, por dos razones principales. Primera, los fenómenos que explicó y las conclusiones a las que llegó fueron esencialmente las mismas que las de otros investigadores, algunos de ellos grandes científicos, como Robert Hare en los Estados Unidos o Alfred Russell Wallace y más adelante sir William Crookes, en Inglaterra, quienes hubieron de modificar sus creencias a causa de lo que habían presenciado.

Segunda, tal como insistía el propio Kardec, lo importante era lo que decían los mensajes mejores de los espíritus, no el fenómeno en sí. El mensaje, de hecho, y no el medium era lo importante. «Pueden reírse de las mesas que se mueven, pero nunca se reirán de la filosofía, la sabiduría y la caridad que emanan de las comunicaciones serias.»

Como era de esperar, Kardec no fue muy apreciado por la Iglesia Católica, que incluyó su obra en el Index librorum prohibitorum en 1866, pero aun así él replicaba a menudo con todo detalle a las críticas. Una vez agradeció a un sacerdote haberle atacado «educadamente y en un francés más o menos correcto», y cuando en 1861 quemaron un montón de obras suyas en Barcelona, comentó simplemente, «pueden quemar libros, pero no ideas».

Espiritismo Práctico - Publicado por Jose Luis-