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sábado, 15 de agosto de 2026

Cualidades de la Oración

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- ¿ Qoé es la Vida ?

2.- La Obsesión

3.- Preguntas agradables o desagradables a los Espíritus

4.- Cualidades de la Oración

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¿ Qué es la Vida ?



Este concepto resulta muy difícil definir en su aspecto trascendente.

Se podría definir como una energía dinámica que se manifiesta en todos los seres del Universo, y permanece en continuo movimiento y transformación, tal como podemos apreciar por la gran cantidad de mutaciones genéticas que se dan espontáneamente en todos los seres de la Naturaleza, y que son seleccionadas sabiamente dentro de la misma, por sus propios engranajes de dependencia de unos seres con respecto de otros. Esta energía actúa como una Inteligencia inmanente en todos los rincones de la Naturaleza, del Macrocosmos al Microcosmos, y es permanente  e indestructible en sí misma, aunque lo sean las formas materiales en las que se manifiesta.

Las formas físicas son solamente un medio fundamental y pasajero en la evolución del Ser, por lo que su grado de perfección o desarrollo evolutivo, suele reflejar el grado de evolución del Ser o Energía que las anima.

Con respecto al Ser humano, la vida se manifiesta tanto en su parte física como en el psiquismo o alma que lo anima, y no muere con el cuerpo carnal , porque como digo, la vida del Ser espiritual en sí misma es pura energía que no se destruye sino que se transforma y continúa existiendo siempre como individualidad, manifestándose en la materia a través de su propio cuerpo energético que se desenvuelve en esa otra dimensión que llamamos “Mas Allá”.

Cada existencia del Ser espiritual en la Tierra, es el resultado inevitable de las existencias pasadas anteriormente, del mismo modo que la vida futura será consecuencia de nuestras acciones presentes.

La energía de la vida en su natural dinámica empuja a la personalidad de cada uno hacia una constante acción o actividad para poder desarrollar todas las facultades humanas y espirituales, evolucionando y perfeccionándose continuamente. De esto se puede deducir que nunca nos debemos rebelar contra las circunstancias y problemas que se nos plantean en la vida humana, sino aceptarlos como un reto cotidiano, o como una nueva prueba que debemos tratar de superar adecuadamente y aprender de ellas, porque siempre estas circunstancias problemáticas, son oportunidades que se nos brindan en la vida para que ejercitemos y desarrollemos nuestras facultades de inteligencia y voluntad. Las dificultades y pruebas de la vida son al Espíritu lo que el entrenamiento al gimnasta: actividades indispensables para el desarrollo y el buen estado de forma espiritual que le capacite para ir alcanzando cada vez mayores marcas. .
Aunque a veces pueda no parecerlo, cada vida humana es siempre una maravillosa oportunidad para hacer crecer nuestro Ser o Yo interno o Yo superiorpor lo que se debe aprovechar al máximo, procurando aprender siempre de las situaciones que se presenten y de las experiencias que nos brinde el día a día, aplicando el conocimiento de esas leyes que rigen la vida y el destino de los Seres humanos.

Los términos que en general componen incesantemente la continua acción de la Vida en una rotación permanente, son nacer en el mundo físico, vivir luchando y aprendiendo , morir finalmente, y renacer después como regreso para recomenzar de nuevo.

Con respecto al conjunto de todos los seres humsnos en general, debemos considerar a este mundo como una Unidad de Vida y de existencia, por lo que todos los humanos somos como  Uno solo, y nuestra unión de fraternidad debe de ser total. Tal vez Buda se refería a eso cuando afirmó que el dolor de un Ser humano era dolor para todos, y es que todos formamos parte de un Gran Cuerpo Común llamado Humanidad.

- Jose Luis Martín-

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“ La vida es un poema de amor y belleza esperando por nosotros”
- Divaldo Pereira Franco-

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                          La Obsesión 


En la segunda es otra cosa; para llegar a tales fines es necesario un Espíritu hábil, vivo y profundamente hipócrita, porque no puede chasquear y hacerse aceptar sino con ayuda de la máscara que sabe tomar y de un falso semblante de virtud; las grandes palabras de caridad, humildad y de amor de Dios son para él como credenciales; pero a través de todo esto deja penetrar las señales de inferioridad, que es necesario estar fascinado para no ver, teme también a todas las personas que ven demasiado claro; así es que su táctica es casi siempre la de inspirar a su intérprete el alejamiento de cualquiera que pudiera abrirle los ojos; por este motivo, evitando toda contradicción, siempre tiene la seguridad de tener razón. 

240. La subyugación es una restricción que paraliza la voluntad del que la sufre y le hace obrar a pesar suyo. En una palabra, es su verdadero yugo. La subyugación puede ser moral o corporal. En el primer caso, el subyugado es solicitado a tomar determinaciones muchas veces absurdas y comprometidas, que por una especie de ilusión las cree sensatas; es una especie de fascinación. En el segundo caso el Espíritu obra sobre los órganos materiales y provoca los movimientos involuntarios. Se traduce en el médium escribiendo por una necesidad incesante de escribir, aun en los momentos más inoportunos. Nosotros los hemos visto que, a falta de pluma o de lápiz, escribían con el dedo por todas partes en donde se encontraban, en las mismas calles, en las puertas y en las paredes. La subyugación corporal va algunas veces más lejos; puede conducir a los actos más ridículos. Hemos conocido a un hombre que no era joven ni hermoso, que bajo el imperio de una obsesión de esta naturaleza se veía obligado por una fuerza irresistible a ponerse de rodillas ante una joven, con la cual no había tenido ninguna intención y pedirla en matrimonio. Otras veces sentía en las espaldas y en las piernas una presión enérgica, que los forzaba contra su voluntad a pesar de la resistencia que hacía al ponerse de rodillas y besar el suelo en los parajes públicos y en presencia de la multitud. Este hombre pasaba por loco entre sus relaciones; pero nosotros nos hemos convencido de que no lo era, porque tenía el pleno convencimiento del ridículo, de lo que hacía contra su voluntad, por lo que sufría horriblemente. 

241. En otro tiempo se daba el nombre de posesión al imperio ejercido por malos Espíritus, cuando su influencia llegaba hasta la aberración de las facultades. La posesión sería para nosotros sinónima de subyugación. Si no adoptamos este término es por dos razones: la primera porque implica la creencia de seres creados para el mal entregados perpetuamente a él, mientras que solo hay seres más o menos imperfectos y que todos pueden mejorarse. La segunda, porque implica igualmente la idea da la toma de posesión de un cuerpo por un Espíritu extraño, de una especie de cohabitación, mientras que sólo hay una sujeción, La palabra subyugación expresa perfectamente el pensamiento. De este modo para nosotros no hay poseídos en el sentido vulgar de la palabra: sólo hay obsesos, subyugados y fascinados. 

242. La obsesión, como ya lo hemos dicho, es uno de los más grandes escollos de la mediumnidad; es también uno de los más frecuentes; así es que todos los cuidados serían pocos para combatirla, porque además de los inconvenientes personales que pueden resultar de esto, es un obstáculo absoluto para la bondad y la veracidad de las comunicaciones. La obsesión, en cualquier grado que esté, es siempre el efecto de una sujeción y esta sujeción, no pudiendo nunca ser ejercida por un Espíritu bueno, resulta de esto que toda comunicación dada por un médium obseso es de origen sospechoso y no merece ninguna confianza. Si alguna vez se encuentra algo bueno, es menester tomarlo y arrojar todo lo que es simplemente dudoso. 

243. Se conoce la obsesión con los caracteres siguientes: 

1.º Persistencia de un Espíritu en comunicarse contra la voluntad del médium, por la escritura, el oído, la typtología, etc., oponiéndose a que otros Espíritus puedan hacerlo. 
2.º Ilusión, que no obstante la inteligencia del médium, le impide reconocer la falsedad y la ridiculez de las comunicaciones que recibe. 
3.º Creencia en la infalibilidad y en la identidad absoluta de los Espíritus que se comunican y que, bajo nombres respetables y venerados, dicen cosas falsas o absurdas. 
4.º Confianza del médium en los elogios que hacen de él los Espíritus que se le comunican. 
5.º Propensión a separarse de las personas que pueden darle avisos útiles. 
6.º Tomar a mal la crítica con respecto a las comunicaciones que reciben. 
7.º Necesidad incesante e inoportuna de escribir. 
8.º Sujeción física dominando la voluntad de cualquiera y forzándole a obrar o a hablar a pesar suyo. 
9.º Ruidos y trastornos de cosas persistentes a su alrededor y de los que se es la causa o el objeto.

Allan KArdec 

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       PREGUNTAS AGRADABLES O DESAGRADABLES A LOS ESPÍRITUS


1. ¿Los Espíritus responden de buen grado a las preguntas que se les hacen?

Según las preguntas; los Espíritus formales responden siempre con placer a los que tienen por objeto el bien y los medios de hacerlos adelantar. No escuchan las preguntas frívolas.

2. ¿Basta que una pregunta sea formal para obtener la respuesta?

No, esto depende del Espíritu que contesta.

–¿Pero una cuestión formal no aleja, acaso, a los Espíritus ligeros?

No es la pregunta que aleja a los Espíritus ligeros, es el carácter del que la hace.

3. ¿Cuáles son las preguntas particularmente antipáticas a los Espíritus buenos?
Toda aquellas que son inútiles o que se hacen con un objeto de curiosidad y de prueba; entonces no responden y se alejan.


–¿Hay preguntas que sean antipáticas a los Espíritus imperfectos?

Sólo hay las que pueden hacer descubrir su ignorancia o su superchería cuando procuran engañar; de todos modo contestan a todo sin cuidarse de la verdad.

4. ¿Qué hemos de pensar de las personas que no ven en las comunicaciones espiritistas más que una distracción y un pasatiempo, o un medio de obtener revelaciones sobre lo que les interesa?

Estas son las personas que gustan mucho a los Espíritus inferiores, que, como ellas, quieren divertirse y están contentos cuando las han mixtificado.

5. Cuando los Espíritus no contestan a ciertas preguntas, ¿es por efecto de su voluntad o bien porque un poder superior se opone a ciertas revelaciones Lo uno y lo otro; hay cosas que no pueden revelarse y otras que el mismo Espíritu no conoce.

– Insistiendo con fuerza, ¿el Espíritu llegaría a responder?

No; el Espíritu que no quiere responder tiene siempre la facilidad de marcharse. Por esto es menester esperar cuando se os dice, y sobre todo no os empeñéis en querer hacernos responder. Insistir para obtener una contestación que no se os quiera dar, es el medio seguro de ser engañado.

6. ¿Todos los Espíritus son aptos para comprender las preguntas que se les hacen?

Lejos de esto, los Espíritus inferiores son incapaces de comprender ciertas cuestiones, lo que no les impide el contestar bien o mal, como tiene lugar entre vosotros.

Observación. — En ciertos casos, y cuando es útil, sucede con frecuencia que un Espíritu más elevado viene en ayuda del Espíritu ignorante y le indica lo que debe decir. Se conoce esto por el contraste de ciertas respuestas, y además porque a menudo el mismo Espíritu conviene en ello.
Esto sólo tiene lugar con Espíritus ignorantes de buena fe, pero nunca con los que hacen gala de un falso saber.

EL LIBRO DE LOS MÉDIUMS. ALLAN KARDEC.

 

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            CUALIDADES DE LA ORACIÓN

                               


   La oración siempre supone una conexión de la mente humana con la Mente Divina.

   Sencillamente, todo se resume en una cuestión de sintonía vibratoria, o sea, buscar la misma sintonía mental y sobre todo en cuanto a sentimientos, con la propia Vibración Divina que un día del pasado muy lejano en el tiempo, fue nuestro origen y punto de partida. 

Conectar con la Mente Divina, en realidad solamente es una aspiración, pues nuestras mentes humanas están todavía tan alejadas de la vibración Divina, que si es posible dicha conexión, es solamente porque Dios siempre está pronto a recibirnos y con su Vibración Divina nos ayuda a depurar nuestra vibración espiritual humana y así se nos permite poder aproximarnos cada vez más a Él,

    Por eso para orar no se necesitan palabras; basta con el pensamiento acompañado del sentimiento sincero,  siempre desde  una posición de sincera y profunda humildad; la oración así,  debe  ser una  vibración  de gratitud, amor y admiración hacia el Padre, nuestra Fuente de Origen, reconociendo y dándole gracias por Su magna obra, por Su bondad y por el Amor que plasma en toda Su creación y en  sus criaturas, unificando nuestro Amor con Su Amor.

     La oración que parte del alma no necesita de palabras, solo de sentimientos, pues estos son la vibración del alma  que mejor llega al Padre sin interferencias. Las interferencias que distorsionan la emisión del alma humana cuando por la oración trata de sintonizar con Dios, son las imperfecciones humanas, sobre todo el  orgullo y la vanidad de creernos merecedores de algo, o mejores, o superiores a los demás. También lo es la falta de disciplina mental, incapaz de centrarse y controlar a la mente cuando  no cesa de ir alocadamente  por sus fueros como un caballo desbocado y sin dirección.

      No es necesario que pidamos a Dios con palabras, porque Él ve nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras necesidades e inquietudes. Él los conoce porque la Mente Divina Creadora vive en todos y cada uno de nosotros. O sea, no le busquemos fuera de nuestro interior  porque camina con nosotros, lo llevamos dentro.

     Sin palabras le podemos transmitir así nuestros sentimientos , agradecimientos e inquietudes. Él sabe de nuestras necesidades y siempre nos ayudará en la medida de nuestro merecimiento por como actuamos ante las pruebas de la vida que El permite o dispone para nuestro bien, según lo que nuestro espíritu requiere para evolucionar durante su estancia en este mundo.

      De otra parte, si cuando tratamos de orar sabemos que mantenemos alguna deuda pendiente con alguien a quien por cualquier motivo guardamos algún resentimiento. nuestra oración no puede ser sincera y sentida, y por tanto no puede llegar a Dios y ser eficaz,  Dios siempre escucha nuestro corazón y nos perdona en la medida en que nosotros somos capaces de perdonarnos  a nosotros mismos y a los demás. Recordemos la oración que Jesús nos enseñó, en su parte que dice: “ perdona nuestras ofensas Así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” . O sea, le pedimos que nos perdone  en la medida en que nosotros realmente  perdonemos a los demás.

 Cuando el caso sea al revés, o sea, que sean otras las personas quienes nos guardan   resentimiento, si es con razones reconocidas, pidámosles perdón con humildad y en todo caso, ofrezcámosles nuestra amistad y nuestro diálogo para allanar esos baches que a veces surgen en las relaciones humanas. Siendo así, si somos rechazados, aunque nos pueda doler, sabemos que podemos seguir por la senda de la vida con la tranquilidad de una conciencia en paz que ha cumplido con sus obligaciones morales.

     Al igual que  en la oración al Padre que nos enseñó Jesús, pidámosle también que se haga Su voluntad, pero tengamos la disposición y el deseo de aceptarla y hacerla nuestra para estar en armonía espiritual con el  Creador. Esto significa que cualquier dolor o situación de sufrimiento o injusticia no nos debe despertar un sentimiento de  íntima rebeldía ante  esas  pruebas y situaciones de la vida,   que  debemos al menos aceptar con el convencimiento de que no son sino para nuestro bien.

    Y sobre todo, no olvidemos algo tan elemental como es el ser agradecidos; portarnos como hijos humildemente agradecidos al Padre por tantas dádivas que nos otorga y tanta ayuda espiritual que nos concede. No olvidemos finalmente darle siempre las gracias por todo.

      En síntesis, la oración es una necesidad espiritual, pero cuando oremos procuremos que nuestro corazón esté limpio de cualquier cosa que sea negativa y contraria a la Caridad.  Limpiemos nuestra alma antes de orar y transmutemos los sentimientos negativos  en Amor, perdonando y pidiendo perdón cuando así lo señale nuestra conciencia.  

Que nuestro sentimiento  de amor filial  busque al Padre y que sepamos dejar en Sus manos nuestros asuntos terrenales, que no debemos descuidar, pero por los que deberemos luchar y trabajar, sabiendo que detrás de nuestro esfuerzo siempre estará Su ayuda a través de los hermanos y amigos del Plano espiritual.

-José Luis Martín-

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sábado, 19 de febrero de 2011

Allan Kardec


ALLAN KARDEC


Frío y cerebral, así describieron algunos de sus contemporáneos al educador francés Hippolyte Rivail; y, sin embargo, bajo el nombre de Allan Kardec sería el fundador del espiritismo, y millones de personas le seguirían.

Hippolyte Léon Denizard Rivail, más conocido hoy bajo el seudónimo de «Allan Kardec», nació en Lyon, Francia, en 1804. Su padre, un distinguido jurista y juez local, quería darle la mejor educación posible, de modo que a los 10 años lo envió al Instituto Yverdon en Suiza, fundado y dirigido por J.H. Pestalozzi (1746-1827), el hombre que logró revolucionar la educación europea.

Convencido de que la intuición es la fuente de todo conocimiento, Pestalozzi estimulaba a sus discípulos para que se desarrollaran como individuos, al tiempo que les sometía a un programa extensísimo que comprendía 10 horas diarias de lecciones sobre todos los aspectos de las artes y de las ciencias. Aquellos que, como Rivail, procedían de familias católicas, recibían también instrucción religiosa.

Rivail permaneció seis años en Yverdon y esta estancia influenció profundamente el curso de su vida. Pronto decidió convertirse en profesor, para difundir los trabajos de Pestalozzi en Francia, y abrió su propia escuela en París en 1826. Para entonces ya había publicado el primero de lo que sería un total de 22 libros de texto sobre gramática francesa, matemáticas y reforma educativa. También inició una serie de cursos gratuitos sobre ciencias, que mantuvo durante 10 años. Lo hizo sin perder tiempo, y pronto observó que, mientras los mensajes recibidos en las sesiones eran a menudo frívolos, invariablemente adquirían un tono serio cuando se

Obligado a cerrar su escuela en 1834 por motivos económicos, Rivail tuvo que trabajar como contable para mantener a su familia, aunque continuó dando clases particulares gratuitas en su

casa, y, a principios de la década de 1850, durante la que su carrera sufriría un cambio radical, era un educador conocido, progresista y librepensador. Anna Blackwell, que tradujo algunos de sus libros al inglés, le recordaba «más parecido a un alemán que a un francés». Era, decía, un hombre enérgico y perseverante, pero frío y cerebral, incrédulo por naturaleza y por formación, y un razonador agudo y lógico. Llevaba una vida tranquila y modesta y era muy trabajador; nadie veía en él al futuro fundador de una nueva filosofía religiosa.

Pero en 1848, en los Estados Unidos, habían sucedido unos hechos que iban a cambiar toda la filosofía de Rivail y a influenciar la de millones de otras personas. En el hogar de la familia Fox, en Hydesville, Nueva York, las mesas se movían solas y se oían misteriosos golpecitos, que aparentemente provenían de los «espíritus» de los muertos. Esto significó el surgimiento del movimiento espiritualista, que iba a hacer furor en París, así como en otras ciudades europeas. Al cabo de poco tiempo, y en palabras de un periodista de la época, no hubo ninguna mesa entre Montmartre y los Campos Elíseos que no se hubiera puesto patas arriba.

Rivail, a pesar de que sentía interés por todos los temas, se mostró al principio muy escéptico. En unos de sus primeros libros había escrito: «Si se han estudiado las ciencias, hay que reírse ante la credulidad supersticiosa de los ignorantes y no es posible creer en fantasmas», y cuando, en 1854, un amigo le dijo que las mesas no sólo saltaban, sino que transmitían mensajes de los muertos, Rivail replicó: «Sólo lo creeré cuando lo vea.»
No parece que estuviera ansioso por verlo, porque hasta el año siguiente no asistió a una sesión, donde presenció una demostración de «escritura en cesta», una forma primitiva de escritura automática, en la que las manos de los asistentes se colocaban dentro de una cesta, a través de la cual era conducido un lápiz. «Pude darme cuenta -recordó más adelante-, de que había algo serio tras aquella aparente trivialidad..., como la revelación de una nueva ley, que decidí investigar a fondo.» dirigían a él personalmente. Su amigo, el autor teatral Victorien Sardou, le pidió que revisase unos libros de notas tomadas por el grupo con el que él había estudiado los fenómenos espiritualistas durante cinco años. Rivail quedó impresionado por «la sabiduría y la caridad que emanaban de las comunicaciones serias», y emprendió una intensa serie de sesiones con una medium llamada Japhet, en las que propuso una serie de preguntas para que los espíritus las contestaran, cosa que hicieron.

El año siguiente, publicó más de 500 preguntas, respuestas y comentarios personales bajo el título de Le livre des esprits (El libro de los espíritus), que revisó y aumentó tres años más tarde. Se publicó bajo el nombre de Allan Kardec, un nombre tomado de la ascendencia bretona de Rivail, y que al parecer fue elegido  por los propios espíritus. Así, Rivail se convirtió en Kardec, y cuando murió en 1869 había escrito o, como él prefería decir, había «compilado y ordenado», cinco libros y dos monografías, insistiendo en que el contenido principal no provenía de su trabajo, sino del de numerosos espíritus «avanzados» que se comunicaban a través de diferentes mediums.

Sus obras principales fueron: El libro de los espíritus (1857 y 1860), El libro de los mediums (1861), El Evangelio según el espiritismo (1864) -publicado en España en 1978-, Cielo e infierno (1865) y Génesis (1867). También fundó, editó y escribió gran parte de la revista Revue Spirite, hasta su muerte en 1869.

A pesar de su fe inconmovible en la comunicación con los espíritus de los muertos, la filosofía de Kardec no formaba parte de la corriente espiritualista sino que era, según sus palabras, espiritista. La diferencia era crucial para los seguidores de ambas filosofías, y les condujo por caminos muy distintos.

La premisa básica del espiritismo es que hay dos mundos: el  visible y el invisible, que contienen seres materiales e «incorpóreos», respectivamente. El espíritu es una sustancia formada por materia «quintaesenciada» que está fuera del alcance de nuestros cinco sentidos normales, que se une con el cuerpo físico mediante un cuerpo intermedio, semimaterial, llamado «periespíritu». Al nacer, tomamos formas temporales, materiales, y cuando éstas son destruidas por la muerte física, el espíritu permanece, para reaparecer quizá en otra reencarnación. Nuestro propósito es evolucionar hacia la perfección, y nos reencarnamos tan a menudo como sea necesario para lograrlo. Todos somos la suma de aquello que hemos sido, lo que hemos hecho o pensado en vidas anteriores, y todo el proceso, según Kardec, no es milagroso ni sobrenatural, sino que es el resultado de leyes naturales e inmutables.


Mientras que el espiritualismo, tal como lo veía Kardec, simplemente manifestaba una creencia en algo más allá de la materia, el espiritismo trataba de la «relación del mundo material con los espíritus», entidades reales que están siempre en contacto con nosotros. Kardec nunca pretendió que fuese una nueva religión, sino una filosofía racional basada en hechos demostrados repetidamente que recuperaba el sentido original de todas las religiones. No pretendía, como alegaban sus críticos, sustituir al cristianismo. «La moral del espiritismo no es diferente de la de Jesús», escribió, añadiendo que, tal como la enseñanza de Jesús recuperó las de Moisés, el espiritismo era una recuperación de principios cristianos básicos que habían sido abandonados por la mayoría de las iglesias establecidas. «¿Por qué -preguntaba- se practican tan poco las enseñanzas morales de Cristo? ¿Y por qué aquellos que proclaman la sublimidad de las mismas son los primeros en transgredir la primera de sus leyes, la de la caridad universal?»

Los libros de Kardec forman el estudio más claro y extenso del mundo invisible escrito hasta el momento. Es interesante compararlos con los escritos de Emanuel Swedenborg y los de Andrew Jackson Davies «el vidente de Poughkeepsie», cuyos Principios de la naturaleza se publicó en 1847. Aunque los tres profundizaron en un mismo campo, Kardec es el único que no era ni un medium ni un místico, sino un recopilador de escritos salidos de otras manos. Su propia contribución a estos libros se limita a comentarios sobre el material recibido, y en éstos se presenta como un hombre razonable e inteligente. Como él mismo decía: «estudié los hechos con cuidado y perseverancia, los coordiné y deduje de ellos sus consecuencias».

Kardec fue uno de los primeros investigadores psíquicos serios, y encontró tiempo además para estudiar fenómenos paranormales de muchos tipos en toda Francia. Veinte años antes de la fundación de la Sociedad para la Investigación Psíquica, publicó relatos detallados, en la Revue Spirite y en El libro de los mediums, de varios casos excelentes que a menudo olvidan los historiadores. Escribió extensamente sobre el medium Jean Hillaire, el curandero Jacob el Zuavo, la posesión masiva de la ciudad de Morzine y varios ejemplos de lo que ahora llamamos actividad poltergeist. Mantuvo correspondencia con D.D. Home, el psíquico inglés, a quien admiraba mucho, y fue testigo de multitud de fenómenos paranormales, llegando a ver una mesa de 100 kg balancearse en un ángulo de 45º sobre una sola pata. Pero le interesaban menos estos fenómenos que sus implicaciones.

Sus libros se han seguido publicando en varias lenguas, y sus ideas han tenido una influencia considerable en diversos países, especialmente en Brasil, donde el movimiento espiritista pronto ganó respetabilidad gracias sobre todo al apoyo del doctor y estadista Adolfo Bezerra de Meneses. Hoy, las estadísticas estiman que más de 20 millones de brasileños practican el espiritismo y, de acuerdo con la insistencia de Kardec en la caridad como su deber primordial, han llevado a cabo algunas de las obras sociales más importantes del mundo.

   Brasil posee ahora grandes hospitales que combinan el tratamiento médico y el espiritual, orfelinatos, centros de enseñanza para mediums y curanderos y lugares de reunión públicos donde se imparte gratuitamente consejo y cuidados a todo aquel que lo solicita. En uno de ellos, en el centro de São Paulo, 200 mediums voluntarios atienden cada día a 1000 personas. Se han vendido varios millones de ejemplares de los libros de Kardec y de otros inspirados por éstos, y el retrato de Kardec ha aparecido tres veces en los sellos brasileños.

Este honor habría quizá molestado al hombre que escribió, en la «Conclusión» de El libro de los espíritus:

 "¿En qué consiste el trabajo especial y característico del espiritismo moderno? En hacer un todo coherente de lo que hasta ahora ha estado esparcido; en explicar, en términos claros y precisos, lo que hasta ahora ha estado oscurecido por el lenguaje alegórico: en eliminar los productos de la superstición y de la ignorancia de las creencias humanas, dejando sólo lo que es real y verdadero. Ésta es su misión."

Los hechos del espiritismo, concluía, habían dado el golpe final al materialismo y «mostrado los resultados inevitables del mal y, en consecuencia, la necesidad del bien» mientras que en lo que respecta a la vida futura, ya no se trataba de «una vaga imaginación, una simple esperanza, sino de un hecho».

Todo efecto inteligente, argumentaba, debe tener una causa inteligente, y había evidencia más que suficiente en favor de la realidad de la comunicación con los «muertos». Pero esto no quería decir que hubiera que aceptar todo lo que éstos dijeran o escribieran. «No faltan escritores en el mundo invisible -decía-,pero, como en la Tierra, escasean los buenos.» Algunos espíritus, comentó, «saben menos que nosotros en la Tierra». El investigador debía ser «crítico y lógico».

Kardec murió mucho antes de la edad de oro de la psicología francesa y de la primera psiquiatría, en la que pioneros como Janet, Charcot y Bernheim proporcionaron un enfoque más clínico para estudiar las anormalidades hasta entonces inexplicadas de la experiencia humana (muchas de las cuales continúan siendo aún hoy un misterio). Se puede creer que, a pesar de su honestidad e inteligencia, fue simplemente engañado por astutos falsos mediums. Pero no parece probable, por dos razones principales. Primera, los fenómenos que explicó y las conclusiones a las que llegó fueron esencialmente las mismas que las de otros investigadores, algunos de ellos grandes científicos, como Robert Hare en los Estados Unidos o Alfred Russell Wallace y más adelante sir William Crookes, en Inglaterra, quienes hubieron de modificar sus creencias a causa de lo que habían presenciado.

Segunda, tal como insistía el propio Kardec, lo importante era lo que decían los mensajes mejores de los espíritus, no el fenómeno en sí. El mensaje, de hecho, y no el medium era lo importante. «Pueden reírse de las mesas que se mueven, pero nunca se reirán de la filosofía, la sabiduría y la caridad que emanan de las comunicaciones serias.»

Como era de esperar, Kardec no fue muy apreciado por la Iglesia Católica, que incluyó su obra en el Index librorum prohibitorum en 1866, pero aun así él replicaba a menudo con todo detalle a las críticas. Una vez agradeció a un sacerdote haberle atacado «educadamente y en un francés más o menos correcto», y cuando en 1861 quemaron un montón de obras suyas en Barcelona, comentó simplemente, «pueden quemar libros, pero no ideas».

Espiritismo Práctico - Publicado por Jose Luis-