viernes, 2 de septiembre de 2016

FORMAS DEL PENSAMIENTO...EGREGORES.

                         

                                                 

           El caso de Antonio Bell 

Contador en un banco del Canadá, se suicidó el 28 de febrero de 1865. Uno de nuestros 
corresponsales, médico y farmacéutico en la misma ciudad, nos ha dado sobre dicho Bell las noticias siguientes: 
“Conocía a Bell desde más de veinte años. Era un hombre inofensivo y padre de una 
numerosa familia. Hace algún tiempo se imaginó que había comprado un veneno en mi casa, y que se había servido de él envenenando a alguno. Muchas veces vino a suplicarme le dijese en que época se lo había vendido, y se entregaba entonces a delirios terribles. Perdía el sueño, se acusaba y se golpeaba el pecho. 
“Su familia estaba en una ansiedad continua, desde las cuatro de la tarde hasta las nueve de la mañana en que iba al banco, donde llevaba sus libros de una manera muy regular, sin cometer jamás un solo error. Acostumbraba a declarar que un ser que sentía en él le hacía llevar su contabilidad con orden y regularidad. En el momento en que parecía estar convencido de lo absurdo de sus pensamientos, exclamaba: No, no, me queréis engañar..., yo me acuerdo..., es verdad.” 
Antonio Bell fue evocado en París, el 17 de abril de 1865, a petición de su amigo. 
1. Evocación. 
R. ¿Qué queréis de mí? ¿Hacerme sufrir un interrogatorio? Es inútil, lo confesaré todo. 
Página 168* 
2. Está lejos de nuestro pensamiento querer atormentaros con indiscretas preguntas. 
Deseamos solamente saber cuál es vuestra situación en el mundo en que estáis, y si podemos seros útil. 
R. ¡Ah! ¡Si lo pudieseis, os lo agradecería infinitamente! ¡Tengo horror por mi crimen, y soy 
muy desgraciado! 
3. Nuestras oraciones endulzarán vuestras penas, así lo esperamos. Por otra parte parece que estáis en buenas condiciones, el arrepentimiento está en vos, y éste es ya un principio de rehabilitación. Dios, que es infinitamente misericordioso. tiene siempre piedad del pecador arrepentido. Orad con nosotros. 
Se pronunció la oración por los suicidas que se encuentra en El Evangelio según El 
Espiritismo. 
P. ¿Quisierais manifestarnos ahora de qué crimen os reconocéis culpable'? Esa confesión, 
hecha con humildad, se os tomará en cuenta. 
R. Dejad que os dé primero las gracias por la esperanza que acabáis de hacer nacer en mi 
corazón. ¡Ay de mí! Hace ya mucho tiempo que vivía en una ciudad, cuyas murallas bañaba el mar del Mediodía. Amaba a una hermosa joven que correspondía a mi amor, pero yo era pobre y fui rechazado por su familia. Ella me anunció que iba a casarse con el hijo de un negociante cuyo comercio se extendía más allá de los dos mares, y fui despedido. Loco de dolor, resolví quitarme la vida después de haber satisfecho mi venganza asesinando a mi aborrecido rival. Sin embargo, los medios violentos me repugnaban. Temblaba a la idea de este crimen, pero mis celos me dominaron. 
La víspera del día en que mi amada debía ser suya, murió envenenado por mis manos, encontrando este medio más fácil. Así se explican aquellas reminiscencias del pasado. Sí, yo he vivido ya, y es preciso que vuelva a vivir todavía... ¡Oh! Dios mío, tened piedad de mi debilidad y de mis lágrimas. 
4. Deploramos esta desgracia que ha retardado vuestro adelanto y os compadecemos 
sinceramente, pero, puesto que os arrepentís, Dios tendrá piedad. Os suplico que refiráis si pusisteis en ejecución vuestro proyecto de suicidio. 
R. No, confieso con vergüenza que la esperanza vino a mi corazón. Quería gozar del precio de mi crimen, pero mis remordimientos me hicieron traición. Expié en el último suplicio este momento de extravío: fui ahorcado. 
5. ¿Teníais conciencia de esta mala acción en vuestra última existencia? 
R. En los últimos años de mi vida solamente, y he aquí cómo. Era bueno por naturaleza. 
Después de haber estado sometido, como todos los espíritus homicidas, al tormento de la vista continua de mi víctima que me perseguía como un vivo remordimiento, me libré de ella muchos años después por mis oraciones y mi arrepentimiento. Volví a empezar otra vez la vida última, y la atravesé pacífico y tímido. Tenía en mí una vaga intuición de mi debilidad innata y de mi falta anterior, de la cual había conservado el recuerdo latente. Pero un espíritu obsesor y vengativo, que no es otro sino el padre de mi víctima, no tuvo gran trabajo en apoderarse de mí, y en hacer revivir en mi corazón, como en un espejo mágico, los recuerdos del pasado. 
Influido sucesivamente por él y por el guía que me protegía, unas veces era el envenenador y otras el padre de familia que ganaba el pan de sus hijos con su trabajo. Fascinado por este demonio obsesor, me empujó al suicidio. Soy muy culpable, es verdad, pero menos, sin embargo, que si yo mismo lo hubiese resuelto. Los suicidas de mi categoría, que son demasiado débiles para resistir a los espíritus obsesores, son menos culpables y menos castigados que los que se quitan la vida por la sola acción de su libre albedrío. 
Rogad conmigo por el espíritu que me ha influido tan fatalmente, a fin de que abdique sus 
sentimientos de venganza, y rogad por mí a fin de que adquiera la fuerza y la energía necesarias para no faltar a la prueba de suicidio por libre voluntad, a la cual seré sometido, según me explican, en mi próxima encarnación. 
Al guía del médium: 
6. ¿Un espíritu obsesor puede realmente empujar al suicidio? 
R. Seguramente, porque la obsesión, que por sí misma es un género de prueba, puede 
revestir todas las formas, pero esto no es una excusa. El hombre siempre tiene libre albedrío, y en consecuencia, es libre de ceder o de resistir a las sugestiones a que está expuesto. Cuando sucumbe, es siempre por su voluntad. El espíritu tiene razón, por otra parte, cuando expresa que aquel que hace el mal por instigación de otro es menos reprensible y menos castigado que cuando lo comete por su propio impulso, pero no es inocente, porque desde el instante en que se deja apartar del camino derecho, es porque el bien no está fuertemente arraigado en él. 
7. ¿Cómo es que, a pesar de la oración y del arrepentimiento que habían libertado a este 
espíritu del tormento que sentía por la vista de su víctima, haya sido aún perseguido por la 
venganza del espíritu obsesor en su última encarnación? 
R. El arrepentimiento, ya lo sabéis, no es más que el preliminar indispensable de la 
rehabilitación, pero no basta para librar al culpable de toda pena. Dios no se contenta con 
promesas, es necesario probar con actos la solidez de la vuelta al bien. Por esto el espíritu está sometido a nuevas pruebas que la fortifican, al mismo tiempo que le hacen adquirir un mérito más cuando sale victorioso. Es el blanco de las persecuciones de los malos espíritus, hasta que éstos le consideran bastante fuerte para resistirlas. Entonces le dejan en descanso, porque saben que sus tentativas serían inútiles. 
Estos dos últimos ejemplos nos demuestran la misma prueba renovándose en cada encarnación tanto tiempo como se sucumbe en ella. Antonio Bell nos manifiesta además el hecho, no menos instructivo, de un hombre perseguido por el recuerdo de un crimen cometido en una existencia anterior, como un remordimiento y una advertencia. Vemos por esto que todas las existencias son solidarias entre sí. La justicia y la bondad de Dios resplandecen en la facultad que deja al hombre de mejorarse gradualmente sin cerrarle jamás la puerta del rescate de sus faltas. El culpable es castigado por su misma falta, y el castigo, en lugar de ser una venganza de Dios, es el medio empleado para hacerle progresar. 

El Cielo y el Infierno o la Justicia Divina según el Espiritismo 
Allan Kardec 

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PERTENENCIAS

El apego a las cosas de la tierra nos imanta a ellas, los Espíritus Superiores respondieron a Allan Kardec que el alma nada lleva de este mundo a no ser el recuerdo y el deseo de ir para un mundo mejor, recuerdo lleno de dulzura o de amargura, conforme el uso que hizo de la vida. Cuanto más pura fuera, mejor comprenderá la futilidad de lo que deja en la Tierra.
En el Evangelio Según el Espiritismo, Blaise Pascal dicto un mensaje que resume bien este aspecto:
“El hombre no posee en si sino lo que puede llevar de este mundo. Lo que encuentra al llegar, y que lo deja al partir, goza de ello durante su permanencia en la Tierra; más, una vez que es forzado a abandonarla, de ello no tiene sino el gozo y no la posesión real. ¿Qué posee en fin?  Nada de aquello que es para el uso del cuerpo, y si todo lo que es de uso del alma: la inteligencia, los conocimientos, las cualidades morales; es lo que trae y es lo que se lleva, y que no esta en el poder de nadie arrebatarle, lo que le servirá más aun en el otro mundo que en este; de el depende ser más rico a su partida  que a su llegada, porque de aquello que hubiera adquirido en bien depende su posición futura.”
Por tanto comprendemos que el Espíritu sufre las consecuencias de todas las imperfecciones que no consiguió corregir en la vida terrena. El alma lleva  dentro de sí el infierno o el paraíso, no importa donde  se encuentre.
“A cada uno según sus obras, en el Cielo como en la Tierra: tal es la Ley de la Justicia Divina”, Ya lo decía Allan Kardec.
Si durante la vida terrena, la Entidad Espiritual  la paso solamente preocupada  en satisfacer su propio egoísmo, después en la muerte no puede ultrapasar los planos groseros, las zonas de las tinieblas, las regiones más densas del mundo espiritual.
“la adaptación “al otro lado” de la vida varía de acuerdo con el grado evolutivo del Espíritu.
Para la inmensa mayoría de desencarnados de evolución espiritual mediana, ella no se hace sino lentamente, influenciada por innumerables factores.
Para los de condición inferior, la permanencia en los planos de sombra representa sufrimiento en diversos grados, vida desorganizada, actos crueles o profundización en los caminos improductivos de la ignorancia, con excesos de maldad.
Los asuntos pendientes de todo orden – financieros, emocionales, afectivos y, principalmente, el complejo de culpa – traídos de la costra, van a ejercer el papel preponderante en el estado de animo de los convalecientes espirituales, influyendo directamente, en la adaptación de ellos a la Vida Nueva.
Otros factores que dificultan la adaptación del espíritu en esta fase de transición en el Nuevo plano, son la salud de los entes queridos que quedaron, y su formación religiosa.
La influencia de los pensamientos y acciones de los que permanecen en la costra es tan significativa que, muchas veces, los desencarnados no consiguen adaptarse a la nueva vida, vagando sin rumbo, perturbados, sin condiciones de asumir sus funciones en la verdadera patria.
Eso acontece porque hay una falta de preparación generalizada ante la crisis de la muerte. Encarnados y desencarnados sufren profundos desequilibrios psicológicos y espirituales, ante la separación que juzgan definitiva, porque para la inmensa mayoría, sin “ojos para ver”, solamente el silencio dolorido responde a las llamadas de parte a parte.
Todo pasa como si los primeros llorasen desesperadamente en un compartimiento de la casa, y los últimos en el otro, más incapaces de entenderse, a pesar de la proximidad, por la absoluta falta de preparación en lidiar con ese tipo de comunicación. Todos gritan, más nadie se entiende.
Muchos encarnados claman desesperadamente por los que partieron, vertiendo lagrimas de hiel, cuando no alentando ideas de suicidio e la engañosa  ilusión de reencontrarlos.
Hay mucho desasosiego en la vida psíquica  de los desencarnados, toda vez que los familiares no aceptan la separación o procuran la venganza, en los casos de desencarnación por asesinato, alimentando los sentimientos inferiores muchas veces envueltos en ese proceso.
Innumerables otros comunicantes hablan de la dificultad de adaptación al mundo espiritual por causa de la perturbación de los familiares. Ese desequilibrio, muchas veces  intenso, no les permite la propia renovación en el plano en que se encuentran.
“Evidentemente que no vamos a cultivar falsa tranquilidad, considerando natural que alguien muy querido parta al plano espiritual. Por muy grande que sea nuestra comprensión, con seguridad sufriremos mucho. No en tanto, debemos mantener la serenidad, la confianza en Dios, no por nosotros mismos, más sobretodo en beneficio de aquel que partió. Más que nunca el precisa de nuestra ayuda, y principalmente de nuestras oraciones.

Mercedes Cruz Reyes

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FORMAS DEL 

PENSAMIENTO...EGREGORES. 


Debemos tomar conciencia de nuestros pensamientos, cada vez que los emitimos porque estamos creando un Egrégor. ¿...Qué son los Egrégores? 

Los Egrégores son "creaciones" nuestras, creaciones de cada uno de nosotros, todos creamos Egrégores. 
Esta energía PENSANTE de creación nuestra es un Egrégor, es como un HIJO creado por su Creador (nosotros). 
Es necesario saber que: Los pensamientos son energías que se acumulan en nuestros cuerpos y otra parte de ellos se expanden y salen a la atmósfera, es decir, tiene masa (cuerpo) , y aunque no lo crean adquieren vida, personalidad, son entidades que funcionan de acuerdo a la dirección que le hemos dado. El ojo humano no está capacitado para "ver" estas energías, sin embargo, hemos podido percibirlas en algunas oportunidades y nos afectan positiva o negativamente, muchas veces nos ha pasado que "sentimos" antipático a alguien que recién conocemos, aún sin saber casi nada de él, sin embargo, hay personas que nos atraen y buscamos su compañía sin tener una razón muy clara. Lo mismo nos pasa en los lugares que visitamos. 
Tipos de pensamiento 
Existen dos tipos de pensamientos; los positivos y los negativos. Los pensamientos negativos son opacos, oscuros, de baja vibración, afectan a quienes van dirigidos y rodean al individuo que los emitió en una atmósfera pesada, oscura, como algunos llaman con "malas vibraciones". Así el individuo crea lo que se llama Egrégor negativo. 
Por el contrario, los pensamientos altruistas, positivos, siembran en nuestro subconsciente un semillero maravilloso con vibraciones luminosas, estimulándolas en lo positivo, en lo luminoso, nos proporcionan salud, belleza, energía, etc. Estos son los Egrégores positivos. 
A medida que evolucionamos vamos cambiando creencias, pensamientos, emociones y actitudes. Una forma de pensamiento que no reciba alimento a través de nuestra mente y emociones, está en fase de extinción; en tanto otros elementales continúan siendo alimentados por los pensamientos y emociones que seguimos manteniendo, por lo cual son más difíciles de reconocer y disolver.

- Reynaldo I. Formoso -
                                                                             

                                                                                   

CORRIENTES MENTALES

Nuestra mente es una dinamo generadora  de vida constante, muy pocas son las personas que saben mantener la mente en blanco, es decir no pensar en nada, muchos lo intentan, una y otra vez, pero es difícil conseguirlo.
¿Has reflexionado alguna vez, sobre el pensamiento que anima tu espíritu?
¿Consideras el pensamiento algo valioso?
El pensamiento circula ininterrumpido, en el campo magnético de cada Espíritu,  derramándose  más allá de él,  con las esencias características de cada uno.
¿Sabías que cada alma posee en el propio pensamiento la fuerza  inestancable de las propias energías?
De cada inteligencia fluyen  corrientes vivas, para proyectársele en el “Halo energético”, estructurándole  el aura o fotosfera psíquica,  a la base de cargas magnéticas constantes, conforme la naturaleza que le es peculiar, de cierta forma  semejantes a las corrientes de fuerza que parten de la masa planetaria, componiendo la atmosfera que la envuelve.
El Espíritu identifica, en el trabajo ordenado con seguridad, la dirección indispensable para su clima  de euforia.
Cuanto más ennoblecida es la conciencia,  más se le configurará la riqueza de imaginación y poder mental, surgiendo por tanto más complejo el recurso de cargas magnéticas, o corrientes mentales, a vibrar  alrededor de si mismo  y a exigirse más amplia cuota de actividad constructiva en el servicio en que se le plasmen vocación y aptitud.
Sea en el esfuerzo intelectual en una elevada labor, en la creación artística, en las obras de beneficencia o en la educación, sea en las dedicaciones domésticas, en las tareas sociales, en las diversas profesiones,  en las administraciones públicas o particulares,  en los emprendimientos del comercio o de la industria, en la labor de la tierra, en el trato de los animales, en los deportes y en todos los departamentos de acción del Espíritu es llamado a servir bien, esto es, a servir en beneficio de todos, bajo pena de conturbar la circulación de las propias energías mentales, agravando los estados de tensión.
Debido a, “núcleos de fuerza de la sicoesfera personal”  los proferidos estados de tensión, proceden, casi siempre,  como las nubes pacificas repentinamente transformadas por las cargas anormales de electrones libres  en maquinas inductoras, atrayendo los campos eléctricos  con  que se hacen instrumentos de la tempestad.
Acumulando en si misma las fuerzas autogeneradas en procesos de profundo desequilibrio, el alma exterioriza fuerzas mentales desajustadas y destructivas, por las cuales atrae las fuerzas del mismo tenor, cayendo frecuentemente en ceguera obsesiva, de la cual muchas veces se aparta desorientada, por la puerta indeseable del remordimiento, tras convertirse en interprete de incalificables delitos.
Si las criaturas conscientes  no se disponen a la distribución natural de las propias cargas magnéticas, en trabajo digno, establecen para si la degeneración de las energías, en esa posición, emiten ondas mentales perturbadas, por las cuales se ajustan a Inteligencias perturbadas  del mismo sentido, arrojándose  a lamentables estaciones de abastecimiento, en casos deplorables de obsesión, en las  cuales las mentes desvariadas o caídas en monadismo vicioso se reflejan mutuamente.
Y cuando llegan a semejante conturbación, sea en el arrastramiento de la pasión o en la sombra del vicio, sufren la aproximación de corrientes mentales arrasadoras, oriundas de los seres empeñados  a la crueldad, por ignorancia –encarnados o desencarnados – que vampirizan su existencia, les imponen disfunciones  y enfermedades de variados matices, según los puntos vulnerables que presentan, creando en el mundo vastas regiones de alineación y de sufrimiento.
Cuidemos el pensamiento, es algo que debemos dignificar, para que vengan a nosotros buenas emisiones, buenas influencias, del plano espiritual, no cedamos a la tentación, un pequeño mal pensamiento, puede ser el inicio de un proceso obsesivo, del cual podremos difícilmente salir.
 Mercedes Cruz Reyes

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Desenlace del Espíritu

163. Dejando el cuerpo, el alma tiene inmediata consciencia de si misma?
-   Consciencia inmediata no es el término: ella que turbada por algún tiempo.
164. ¿ Todos los Espíritus experimentan en el mismo grado y por el mismo tiempo, la perturbación que se sigue a la separación del alma y del cuerpo?.
-  No, pues eso depende de su elevación. Aquel que ya está depurado se reconoce casi inmediatamente, porque se desprendió de la materia durante su vida corporal, en cuanto al hombre carnal, cuya conciencia no es pura, conserva por mucho tiempo más, la impresión de la materia.
165. El conocimiento del Espiritismo ejerce alguna influencia sobre la duración mayor o menor de la perturbación?.
-  Una gran influencia, pues el Espíritu comprende anticipadamente su situación; pero la práctica del bien y la pureza de conciencia son lo que ejerce mayor influencia.
Comentario de Kardec: En el momento de la muerte, todo, al principio, es confuso; el alma necesita de algún tiempo para reconocerse; se siente atolondrada, en el mismo estado de un hombre que saliese de un sueño profundo  y procurase comprender  su situación. La lucidez de las ideas y la memoria del pasado le volverán a medida que se extingue la influencia de la materia de la que se desprendió y que se disipa esa especie dd niebla que le turba los pensamientos.
La duración de la perturbación después de la muerte es muy variable: puede ser de algunas horas, como de muchos meses e incluso de muchos años.
Aquellos en que es menos larga son los que se identifican durante la vida con su estado futuro, porque entonces comprenden inmediatamente su posición.
Esa perturbación presenta circunstancias particulares, según el carácter de los indivíduos y sobre todo de acuerdo con el género de muerte. En las muertes violentas, por suicidio o suplicio, accidente, apoplegia, lesiones, etc, el Espíritu es sorprendido, se espanta, no cree que esté muerto y mantiene tercamente que no murió. No obstante, ve su cuerpo, sabe que es de él, pero no comprende que esté separado. Busca a las personas de su afección, se dirige a ellas y no entiende por qué no lo oyen. Esta ilusión la mantiene hasta el completo desprendimiento de espíritu, y solamente entonces, él reconoce su estado y comprende que no forma ya parte del mundo de los vivos.
Ese fenómeno es facilmente explicable. Sorprendido por la muerte imprevista, el Espíritu queda aturdido con el cambio brusco que en él se opera. Para él, la muerte es todavía sinónimo de destrucción, de aniquilamiento; ahora, como continúa pensando, como aún ve y oye, no se considera muerto. Es lo que aumenta su ilusión e el hecho de verse con un cuerpo semejante al que dejó en la Tierra, cuya naturaleza etérea aún no tuvo tiempo de verificar. Él lo juzga sólido y compacto como el primero y, cuando se llama la atención a ese punto, se admira de no poder palparlo.
 Se asemeja este fenómeno al de los sonámbulos inexpertos que no creen estar dormidos. Para ellos, el sueño es sinónimo de suspensión de las facultades; ahora, como piensan libremente y pueden ver, no creen que están dormidos. Algunos Espíritus presentan esta particularidad, aunque la muerte no los haya cogido inopinadamente; porque ella es más generalizada entre los que, a pesar de estar dolientes, no pensaban en morir. Se ve entonces el espectáculo singular de un Espíritu que asiste a sus propios funerales como a los de un extraño de ellos, hablando como si esa cosa no les diese respeto, hasta el momento de comprender la verdad.
La perturbación que se sigue a la muerte, nada tiene de penosa para el hombre de bien;  es tranquila y en todo se asemeja a un despertar tranquilo. Para aquel cuya conciencia no es pura, está llena de ansiedades y angustias.
En los casos de muerte colectiva, se observa que todos los que perecieron al mismo tiempo no siempre se vuelven a ver inmediatamente. En la perturbación que sigue a la muerte, cada uno va por su lado o solo se preocupa por aquellos que le interesan.
El Libro de los Espíritus
por ALLAN KARDEC – traducción de José Herculano Pires

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jueves, 1 de septiembre de 2016

CONSIDERACIÓN DEL ESPIRITISMO



    EL HOMBRE Y SU CEREBRO





Para transformas en un legitimo elemento de auxilio a los Espíritus sufridores, encarnados o no, no es imprescindible comprender la perversidad como locura, la rebeldía como ignorancia  y el desespero como enfermedad.

La ceguera del Espíritu es fruto de la espesa ignorancia en manifestaciones primarias  o de la obnubilación  de la razón en los estados de envilecimiento del ser.

El verbo gastado en el servicio del bien es cimiento divino  para realizaciones inmortales. Conversar, sirviendo a nuestros semejantes de modo sustancial, aumentará nuestro lucro. Después de la muerte, lo que hay de más sorprendente es el encuentro  de la vida. El organismo periespiritual que condiciona al espíritu en materia más suave y más plástica, después del sepulcro, es fruto igualmente  del proceso evolutivo. Como hijos de Dios  y herederos de los siglos, conquistamos  valores, de experiencia en experiencia, de milenio a milenio. No hay favoritismos  en el templo Universal de Dios, y todas las fuerzas de la Creación se perfeccionan en el infinito. Somos creación del Autor Divino y debemos perfeccionarnos integralmente.  Dios estableció como ley Universal  que sea la perfección, obra del cooperativismo entre El y nosotros, sus hijos.

Desde la ameba  en la fría agua del mar, hasta el hombre, venimos luchando, aprendiendo y seleccionando  invariablemente. Las páginas de   la sabiduría hinduista son escritos  de ayer  y la Buena Nueva de Jesucristo  es materia de hoy, comparados a los milenios vividos por nosotros, en la jornada progresiva.

El hombre posee un cerebro que se divide en tres regiones  distintas. En la primera, están los impulsos automáticos, simbolizando el sumario vivo de los servicios  realizados; en la segunda situamos  las conquistas actuales, donde se yerguen y se consolidan las cualidades nobles  que se edifican; la tercera está las nociones superiores, indicando las culminaciones que tiene  que alcanzar. En la primera mora el habito  y el automatismo, en la segunda el esfuerzo y la voluntad y en la última demoran el ideal y la meta superior a ser alcanzada.

Estos departamentos son, el subconsciente el consciente  y el súper consciente. Como vemos, poseemos en nosotros mismos, el pasado, el presente y el futuro. Todo el campo nervioso de la criatura constituye  la representación  de las potencias periespirituales, lentamente conquistadas  por el ser, a través de milenios y milenios.

El cerebro es el órgano sagrado de manifestación de la mente, en tránsito de la animalidad primitiva hacia la espiritualidad humana.

El hombre actual representa la humanidad  victoriosa, emergiendo de la bestialidad primaria.

El hombre en su estado actual no tiene la suficiente luz para descender con provecho a todos los ángulos del abismo de los orígenes, tal facultad  la adquirirá  más tarde, cuando su alma esté limpia de todo resquicio de sombra. No hay total olvido  en la Corteza Terrestre, ni restauración inmediata  de la memoria  en las zonas de la existencia, que siguen , naturales, al campo de la actividad física, todos los hombres conservan tendencias  y facultades  que casi equivalen a efectivo recuerdo del pasado; y no todos, al atravesar el sepulcro, pueden readquirir, repentinamente, el patrimonio  de sus reminiscencias.  Quien se materializa, en el campo, de la materia densa, no puede volver  a encender, de pronto, la luz de la memoria.

Interpretando de una manera simple las tres regiones  de vida cerebral

Nervios, zona motora y lóbulos frontales, en el cuerpo carnal, traduciendo impulsividad, experiencia y nociones superiores del alma, constituyen campos de fijación de la mente encarnada  o desencarnada. La demora excesiva en uno de esos planos, con las acciones  que le son consecuentes, determina el destino del cosmos individual. La criatura estacionada en la región  de los impulsos se pierde en un laberinto de causas y efectos, desperdiciando tiempo y energía; quien se entrega de modo absoluto, al esfuerzo maquinal, sin consultar el pasado y sin organización de bases para el futuro, mecaniza la existencia, destituyéndola de luz edificante. Para que la mente prosiga en dirección de lo alto, es necesario que se equilibre, valiéndose de las conquistas pasadas, para orientar los servicios presentes, y amparándose, al mismo tiempo, en la esperanza que fluye, cristalina y bella, de la fuente superior de idealismo elevado; a través de esa fuente ella puede captar del plano divino las energías restauradoras, construyendo así el futuro edificante.

Jesús nos recomendó el amor a los enemigos y la oración por los que nos persiguen y calumnian. Llegará el día, en que el amor, la fraternidad y la comprensión, definiendo estados del espíritu serán tan importantes para la mente encarnada como el pan, el agua, el remedio; es cuestión de tiempo. Aunque a veces parezca lo contrario, la mente humana de manera general, asciende para el conocimiento superior, a pesar que, a veces, parezca lo contrario.

 - MERCHE- (Extraído del libro “En un Mundo Mayor” de Francisco Cándido Xavier)

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EN LA SENDA DE LA FELICIDAD 

Hablas comúnmente de la felicidad, como si te refirieses a la deidad remota, cuando ese filón de alegría se localiza ante tus pies. 
Felicidad, sin embargo, no es conquista fácil, prodigio de herencia, episodio social o ráfaga de la fortuna. 
Somos convidados por la vida a crearla en nosotros y por nosotros, como sucede con todas nuestras adquisiciones humanas. 
Plantas el maizal y el maizal te responde al cariño con el tesoro de la cosecha. 
Instalas la usina, junto de fuerzas determinadas de la naturaleza, y esa fuerza de la naturaleza te retribuye con vigorosas reservas de fuerzas. 
En el mismo sentido, la felicidad lanza las propias simientes en el camino de todos, especialmente entre aquellos que yacen atormentados por desengaños y lágrimas y, al poco tiempo, ella que te ofrece mieses valiosas de esperanza y ventura, tranquilidad y cooperación. 
Aquí, el prójimo en penuria te solicita sencilla porción de reconfortalecimiento; allí se te pide ligero auxilio a favor de madres y niños desamparados; más allá, hermanos enfermos desvalidos esperan de ti algunos minutos de atención y bondad, evaluados por ellos a la cuenta de apoyo celeste; adelante, las víctimas de las inquisiciones sociales mendigan tu simpatía y comprensión, en una mirada de ternura; más adelante, los caídos en el vicio y delincuencia te suplican apenas una palabra de coraje y de paz que les dulcifique el corazón; y, por todas partes, amigos y adversarios, muchas veces, aguardan de ti sólo una frase de entendimiento y generosidad, fe y bendición, que los auxilie a caminar. 
Abre tu propia alma a la influencia de Cristo que jamás se negó a crear el bien en los demás y para los demás y, un día, escucharás de espíritu jubiloso, al despedirte de nuestros hermanos de la Tierra: 
- " ¡Bendito seas, corazón amigo! El mundo quedó mejor y más feliz porque viviste!". 

Emmanuel

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MUNDOS SUPERIORES Y MUNDOS INFERIORES.

La clasificación de mundos inferiores y mundos superiores es más bien relativa que absoluta, porque un mundo es inferior o superior con relación a los que están encima o debajo de él en la escala progresiva.
En los mundos más atrasados los seres que los habitan son de algún modo rudimentarios;
tienen la forma humana, pero sin ninguna hermosura; los instintos no están templados por ningún sentimiento de delicadeza ni de benevolencia, ni por las nociones de lo justo y de lo injusto, la única ley es allí la fuerza brutal. Sin industria y sin invenciones, los habitantes emplean su vida en conquistar su alimentación. Sin embargo, Dios no abandona ninguna de sus criaturas: en el fondo de las tinieblas de la inteligencia yace latente la vaga intuición de un Ser supremo, más o menos desarrollada. Este instinto basta para hacer que unos sean superiores a otros, preparando su aparición a una vida más completa, porque éstos no son seres degradados, sino niños que crecen.
Entre estos grados inferiores y los más elevados, hay innumerables escalones, y entre los espíritus puros desmaterializados y resplandecientes de gloria con dificultad se reconocen aquellos que animaron esos seres primitivos, de la misma manera que en el  hombre adulto es difícil reconocer el embrión.
9. En los mundos llegados ya al grado superior, las condiciones de la vida moral y material son muy diferentes, lo mismo que en la tierra. La forma del cuerpo es siempre, como en todas partes, la forma humana pero embellecida, perfeccionada, y sobre todo, purificada. El cuerpo allí nada tiene de la materialidad terrestre, y por consiguiente no está sujeto, ni a las necesidades ni a las enfermedades, ni a los deterioros que engendra el predominio de la materia; los sentidos más exquisitos tienen percepciones que en la tierra embotan lo grosero de los órganos; la ligereza específica de los cuerpos hace la locomoción rápida y fácil: en vez de arrastrarse penosamente por el suelo, se deslizan, digámoslo así, por la superficie, o se suspenden en la atmósfera sin otro esfuerzo que el de la voluntad, así es como se pintan los ángeles y como los antiguos representaban los manes en los Campos Elíseos. Los hombres conservan a su gusto las facciones de sus existencias pasadas, y aparecen a sus amigos tales como les conocieron; pero iluminados por una luz divina y transformados por las impresiones interiores, que son siempre elevadas. En vez de rostros deslucidos, demacrados por los sufrimientos y las pasiones, la inteligencia y la vida irradian con ese esplendor que los pintores han traducido por diadema o aureola de los santos.
La poca resistencia que ofrece la materia a los espíritus ya muy avanzados, hace que el desarrollo de los cuerpos sea rápido y la infancia corta o casi nula; la vida exenta de cuidados y de congojas, es proporcionalmente mucho más larga que en la tierra. En principio la longevidad está proporcionada al grado de adelantos de los mundos. La
muerte no tiene ninguno de los horrores de la descomposición: lejos de ser un motivo de
espanto, es considerada como una transformación feliz, porque allí no existe la duda sobre el porvenir. Durante la vida, no estando el alma encerrada en una materia compacta, irradia y goza de una lucidez que la pone en un estado casi permanente de emancipación, y permite la libre transmisión del pensamiento.
10. En esos mundos felices, las relaciones de pueblo a pueblo, siempre amistosas, nunca se turban por la ambición de esclavizar a su vecino, ni por la guerra, consecuencia de aquélla. Allí no hay ni amos, ni esclavos, ni privilegiados por nacimiento; la superioridad moral e inteligente es la única que establece la diferencia de condición y da la supremacía. La autoridad es siempre respetada, porque sólo se da al mérito y porque siempre se ejerce con justicia. El hombre no procura elevarse sobre el hombre, sino sobre sí mismo, perfeccionándose; y este deseo incesante no es un tormento, sino una noble ambición que le hace estudiar con ardor para llegar a igualarles. Todos los sentimientos tiernos y elevados de la naturaleza humana se encuentran allí aumentados y purificados; los enconos, los celos mezquinos y las bajas codicias de la envidia son desconocidas; un lazo de amor y fraternidad reúne a todos los hombres, y los más fuertes ayudan a los más débiles. Poseen más o menos según lo que han adquirido por su inteligencia, pero nadie sufre por falta de lo necesario, porque nadie está allí por expiación; en una palabra, el mal no existe.
11. En vuestro mundo tenéis necesidad del mal para sentir el bien, de la noche para admirar la luz, de la enfermedad para apreciar la salud; allí no son necesarios esos
contrastes; la eterna luz, la eterna hermosura, la eterna calma procuran una eterna
alegría el contacto de los malos que no tienen entrada. Esto que no turban ni las angustias de la vida material, ni es lo que difícilmente comprende el espíritu humano; ha sido ingenioso para pintar los tormentos del infierno, pero nunca ha podido representarse los goces del cielo; ¿y por qué?; porque siendo inferior sólo ha sufrido penas y miserias y no ha entrevisto los esplendores celestes; sólo puede hablar de lo que conoce; pero a medida que se eleva y purifica, se esclarece el horizonte y comprende el bien que está delante de si, así como ha comprendido el mal que se ha dejado detrás.
12. Sin embargo, esos mundos afortunados no son mundos privilegiados porque Dios no tiene parcialidades para ninguno de sus hijos; da a todos los mismos derechos y las mismas facilidades para llegar a ellos, a todos los hace partir de un mismo punto, y no dota a unos más que a otros; los primeros puestos son accesibles a todos; a ellos corresponde el conquistarlos por medio del trabajo; a ellos corresponde alcanzarlos lo más pronto posible, o languidecer durante siglos y siglos en lo más bajo de la humanidad.
(Resumen de la enseñanza de todos los espíritus superiores).

EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO. ALLAN KARDEC.

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CONSIDERACIÓN DEL ESPIRITISMO
El Espiritismo, por unos considerado como peligroso, y como cosa pueril y vulgar por otros, no es conocido por la mayoría de gentes sino en sus aspectos más inferiores. Los más materiales fenómenos son los que atraen con mayor preferencia la atención y provocan juicios desfavorables. Semejante estado de cosas débese a los teóricos y vulgarizadores . Semejante estado de cosas débese a los teóricos y vulgarizadores que , viendo en el Espiritismo una ciencia puramente experimental, se olvidan o separan por sistema, algunas veces desdeñosamente, los medios de elevación mental indispensables para producir manifestaciones de veras imponentes . No se quiere tener en cuenta las diferencias muy considerables que existen entre el estado psíquico vibratorio de los experimentadores y el de los espíritus susceptibles de producir fenómenos de gran alcance, y nada se hace para atenuarlas. De ahí precisamente que escaseen las más elevadas manifestaciones, comparadas con la abundancia de hechos vulgares.
De esto resulta que numerosos críticos, sin conocer más que el aspecto inferior de la cuestión, nos acusan de que queremos levantar sobre hechos mezquinos una doctrina llena de grandes. Mejor familiarizados con el lado trascendental del Espiritismo, fácilmente reconocerían que no hemos exagerado nada, al contrario, verían que nos hemos quedado muy por debajo de la realidad.
Cuales quiera que sean las resistencias de los teóricos positivistas y antimisticos, forzados les será al fin no despreciar las indicaciones de hombres competentes, sin lo cual llegaría a convertirse el Espiritismo en una lastimosa ciencia llena de obscuridades y de peligros para los experimentadores.
El amor a la ciencia no basta, ha dicho el profesor Falcomer: se necesita también la ciencia del amor. En los fenómenos no se trata únicamente de elementos físicos, sino que intervienen también agentes espirituales, seres mortales que, como nosotros piensan, aman y sufren. En las profundidades invisibles se extiende la inmensa jerarquía de las almas, desde las más obscuras de las más radiantes: y depende de nosotros atraer las unas y alejar las otras.
El único medio consiste en crear en nosotros, con nuestro pensamiento y nuestros actos, un foco radiante de pureza y de luz. Toda comunión es obra del pensamiento, y el pensamiento es la esencia misma de la vida espiritual. Es una fuerza que vibra con una intensidad creciente, a medida que el alma sube desde el ser inferior al espíritu puro y desde el espíritu puro a Dios.
Las vibraciones del pensamiento se propagan a través del espacio y nos traen pensamientos y vibraciones similares . Si llegamos un día a comprender la naturaleza y la extensión de esta fuerza, no tendremos más que muy elevados y nobles pensamientos. Pero el hombres se desconoce a sí mismo como ignora los recursos inmensos de este pensamiento creador y fecundo que duerme en él y con ayuda del cual podría renovar el mundo.
En nuestra inconciencia y en nuestra debilidad, con frecuencia no atraemos hacia nosotros más que seres malos, cuyas sugestiones nos conturba. Así es como llega a alterarse la comunión espiritual, y se obscurece por culpa de nuestra inferioridad... Fluidos envenenados se extienden por el haz de la Tierra, y la lucha tremenda entre el bien y el mal se desarrolla en el mundo invisible lo mismo que en el mundo material.
La atracción entre los pensamientos y las almas es toda la ley de las manifestaciones psíquicas. Todo es afinidad y analogía en el mundo de lo invisible. Los que buscáis el secreto de las tinieblas elevad muy arriba vuestros pensamientos con el fin de atraeros a los genios inspiradores , a las fuerzas de lo bueno y de lo bello. Y elevadlos no tan sólo en los momentos de estudio y de experiencia, sino siempre, a todas las horas del día, como un ejercicio saludable y regenerador . No olvidéis que estos son los pensamientos que, lentamente afinan y depuran nuestro ser, engrandecen nuestras facultades, nos hacen aptos para sentir las más delicadas sensaciones, fuente de nuestra felicidad en el porvenir.
- Juan Manuel Ferrandez-

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     COMENCEMOS EN        
    NOSOTROS  MISMOS

Enseña la caridad dando a los demás algo de tí mismo, en forma de trabajo y cariño, y aquellos que te siguen los pasos, vendrán a tu encuentro ofreciendo al bien cuanto poseen.
 Difunde la humildad buscando la Voluntad Divina con olvido de tus caprichos humanos, y los compañeros de ideal, fortalecidos por tu ejemplo, se olvidarán de sí mismos, callando las manifestaciones de la vanidad y del orgullo.
 Propaga la fe soportando los reveses de tu propio camino, con valor moral y fortaleza infatigable, y quien te observe, crecerá en optimismo y confianza. 
Siembra paciencia, tolerando constructivamente a los que se hacen instrumentos de tu dolor en el mundo, auxiliando sin desánimo y amparando, sin reclamar, y los hermanos que te buscan movilizarán los impulsos de  revuelta que os fustigan en la lucha de cada día, transformándola en serena comprensión.
Planta la bondad cultivando con todos la tolerancia y la gentileza y tus asociados de ideaal encontrarán contigo la necesaria inspiración para el esfuerzo de extinguir la maldad. Extiende las nociones de servicio y de responsabilidad, actuando incesantemente en la religión del deber cumplido, y los amigos de tu círculo personal se avergonzarán por su ociosidad.
Las buenas obras comienzan en nosotros mismos. 
Educaremos, educándonos. 
No haremos la renovación del paisaje de nuestra vida, sin renovarnos.
Somos arquitectos de nuestra propia estancia y seremos conocidos por la influencia que proyectamos en aquellos que nos rodean.
Que el Espíritu de Cristo nos infunda la decisión de realizar el auto-mejoramiento, para que nos hagamos intérpretes del Espíritu de Cristo.
La caridad que salvará al mundo ha de regenerarnos primeramente.
Sigamos al encuentro del Maestro, amando, aprendiendo y sirviendo, y el Maestro, hoy o mañana, vendrá a nuestro encuentro , premiándonos la perseverancia con la luz de la resurección.
- Del libro  "Apostillas de la vida" (André Luiz)
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