martes, 25 de febrero de 2025

Justicia y progreso

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Relatos mediúmnicos del P. Germán
2.-Búsqueda de la Verdad
3.- Piedad filial
4.- Justicia y Progreso



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  RELATOS MEDIÚMNICOS  DEL PADRE GERMÁN


                           LO  INVEROSIMIL

Es costumbre muy añeja en este mundo, creer que no es verdad todo aquello que se separa de nuestro modo de ser, y así cuando se lee la descripción de un crimen horrible, se dice: ¡ Jesús me valga !; ¡ Parece mentira que haya seres tan miserables !.... de igual manera cuando leemos relatos de acciones generosas, decimos moviendo la cabeza en señal de incredulidad: ¡ Qué inverosimilitud ! Esto es pintar como querer; no hay seres en este mundo tan fuertes y tan virtuosos, ¡ es imposible !.

Estas o parecidas frases hemos oído repetidas veces después de haber leído en las sesiones espiritistas artículos referentes a las memorias del Padre Germán, o haberse comunicado este por conducto de un médium parlante.

Últimamente se comunicó dicho espíritu y después se promovió discusión entre varios espiritistas, reconociendo que sus principios eran inmejorables, su moral sublime, tan sublime que rayaba en lo inverosímil.

Sin duda el espíritu estaba escuchando las opiniones de todos, transcurrieron algunos días y volvió a comunicarse el Padre Germán y de su magnífica comunicación, vamos a copiar la última parte, porque esta responde a las dudas que despiertan sus relatos negándoles la veracidad que legítimamente les corresponde, dijo así:

¿ Creeis amigos míos que un hombre no puede resistir a la tentación de la carne, que no puede luchar con sus propios defectos venciéndolos en la batalla?, escasos conocimientos tenéis de la vida, cuando negáis hechos naturales que se desenvuelven dentro de la sana lógica y en el terreno firme de la razón.

¿ No sabéis que cada espíritu se enamora de una virtud, mejor dicho, de una buena cualidad, porque la virtud se puede decir que es el conjunto de los buenos sentimientos del hombre?.

Todo ser, tenedlo entendido, le rinde culto a un ideal y llega a engrandecerse en el sentido de que su aspiración, que su deseo dominante le conduce. ¿ Creéis que no puede ser cierto que un alma encarnada en la Tierra tenga valor y poder para luchar con todas las seducciones que nos ofrece la vanidad y los falsos halagos del mundo?. Pues, ¿ qué diréis entonces de los hombres que sacrifican su vida en aras de un ideal político o religioso?, y recordad que son  muchos los mártires que ha tenido la humanidad.

Antes de Cristo, en la época prehistórica, cuando aún vuestros historiadores no habían recopilado las memorias de las generaciones, un sin número de hombres inmolaron su vida en bien de su patria; en épocas posteriores, antes de la era cristiana, filósofos y guerreros murieron creyendo firmemente  que con  su sacrificio creaban una nueva civilización. Cristo, bien sabida es su historia, murió en el profundo convencimiento de que con su muerte haría una verdadera revolución en el orden moral y religioso de la Sociedad; y después de tantas heroicidades como han hecho los pueblos en el pasado, ¿ por qué ponéis en duda la firme voluntad de un hombre empeñado en su progreso y el de los demás?.

¿Sabéis por qué dudáis de la verdad de mis hechos?, porque os han sido referidos sencillamente, porque no he mezclado ninguno de mis actos ni el milagro ni el privilegio, como se ha supuesto en la historia de los reformadores de la humanidad, que la mayor parte de ellos, el vulgo los ha convertido en enviados de Dios, en profetas inspirados por el Espíritu Santo, llegando a tanto la aberración humana, que deificó a Cristo, cuando la vida de este  estuvo dentro de todas las Leyes Naturales, muchas de ellas desconocidas entonces, combatidas ahora, pero que no por esto, ni la ignorancia de ayer, ni la incredulidad y petulancia de hoy, le quitan ni un ápice a la eterna verdad de la naturaleza que invariablemente armónica, desenvuelve la vida de los espíritus dentro de los límites proscritos por su adelanto moral e intelectual.

Leed la historia de todos los reformadores, y al leerla, descartad de ella todo lo fabuloso, milagroso y maravilloso; que como apéndice necesario lo ha aumentado la tradición y la leyenda, y despojados de los accesorios que les ha dado la ignorancia de los pueblos, los profetas, los mesías, los redentores de todas las épocas quedarán reducidos a simples hombres imperfectos, aunque si perfectibles.

Partís de un principio falso, muy falso, habéis divinizado a un reducido número de hombres, y habéis infamado al resto de la humanidad, negándole virtudes que quizá la mayoría posee; que están en germen, y espera el momento propicio para dejar la estrecha célula en que viven, y de larvas informes, convertirse en pintadas mariposas.

Entre los grandes perjuicios que han causado las religiones, sin negarles por esto los beneficios que han reportado a las civilizaciones, el mayor  sin duda ha sido darle un tinte milagroso a los efectos naturales de las causas motoras de la vida, el sustituir los dioses del Paganismo con los santos del Catolicismo; ha sido la perdición de la humanidad porque lo justo y lo razonable ha perdido su veracidad, y lo absurdo, lo erróneo, lo que está desprovisto de sentido común, ha tomado carta de naturaleza en una sociedad que se cree inferior a su origen divino.

Ya os lo he dicho muchas veces y os lo repetiré siempre que tenga ocasión, cuando la mediumnidad esté más extendida, caerán todos los castillos de naipes que ha levantado la superstición y el fanatismo, y se verán los santos tal cual son. Por santo fui yo aclamado en mi última encarnación; aún hay altares en la Tierra, con mi estatua, aún la fuente de la salud mana entre ruinas y sencillos pastores que al conducir su ganado, se sientan en las peñas, que según la tradición me sirvieron de asiento, y al sentarse hacen la señal de la cruz invocando mi ayuda para que su rebaño, bebiendo el agua milagrosa se salve de toda enfermedad.

Yo en tanto, aprovechando la combinación de múltiples circunstancias he podido deciros en el error que vive la grey romana, creyendo en mi santidad, y lo mismo que yo he conseguido, conseguirán mañana otros espíritus, y el clero católico con sus serafines y legiones, quedará reducido a la nada, completamente a la nada, y muchos de sus santos os inspirarán profunda compasión, porque los veis desposeídos no solo de sus celestes vestiduras, sino errantes, frenéticos, sin brújula, sin estrella polar que les guíe al puerto de la vida; y en cambio muchos seres que han pasado desapercibidos en el mundo, viviendo en la mayor miseria, muriendo en un completo abandono, vendrán a daros lecciones de moral, de resignación, de esperanza, de fe cristiana; serán vuestros mentores, vuestros amigos, vuestros guías o espíritus protectores, que con sus paternales consejos os ayudarán a sostener el peso de vuestra cruz, como hoy felizmente, me sucede respecto a vosotros. No fui santo, estuve muy lejos de la santidad, pero tuve afán de progresar y la moral que veis en mis acciones no es inventada por mí, es la moral universal, es la ley del progreso. ¿ Por qué encontráis inverosimilitud en mis actos, cuando entre vosotros hay espíritus capaces de hacer mucho más de lo que yo hice?; y no por virtud, precisamente, sino por egoísmo, como en gran parte lo hice yo; pero egoísmo noble, no el egoísmo mezquino de la tierra, de atesorar riquezas o alcanzar honores. No, egoísmo de mayor progreso, de mejor vida en mundos regenerados. ¡ Vivir !; ¡ amar !;         ¡ sentir!; ¡ comprender !; ¡ penetrar en los santuarios de la ciencia !..... Todo esto y mucho más ambiciona el espíritu cuando se propone dar comienzo a su regeneración. En tales circunstancias me hallaba yo; había vivido muchos siglos rodando por las bibliotecas, había pasado muchas noches en los observatorios astronómicos pidiéndole a los astros noticias de Dios; había preguntado a las capas geológicas cómo se hizo habitable el planeta, había pedido a  los fósiles el árbol genealógico de mis mayores; llegué a ser sabio, como se dice en la Tierra y mientras más sabía, más ignorante me encontraba, y llegué a comprender que debía emplear mi sabiduría, no en enriquecer museos ni en hacer prosélitos para esta o aquella escuela filosófica, pronunciando elocuentes discursos en Academias científicas; sino que debía empezar por educarme, moralizarme, refrenar mis pasiones, por saber cuales eran mis deberes y mis derechos que de muy antíguo me creía con derecho para juzgar sin imponerme el deber de juzgarme a mí mismo.

 He aquí el secreto de mi última existencia.

- Padre Germán-(espíritu)-

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                     BÚSQUEDA DE LA VERDAD


                     La verdad como liberación del error y progreso evolutivo. 

Es  deber de todo ser humano que ha llegado a una mediana evolución, buscar la Luz de la Verdad. Mas, para encontrarla, necesario es estar poseído de un gran anhelo, y no de una mera curiosidad; necesario es buscarla con una mente clara, libre de preconceptos, libre de prejuicios y sectarismo; y un corazón limpio de ambiciones personales. 

En la búsqueda de la Verdad, jamás pretendamos encontrar una verdad que se acomode a nuestras creencias, ya que de ese modo la mente no está libre para identificarla. Pues, la Verdad tiene múltiples aspectos, y cada cual irá comprendiendo aquellos aspectos de la Verdad que su capacidad intelectual pueda asimilar. 

Ninguna religión ni filosofía puede satisfacer a todos, dado que nuestro conglomerado humano se halla en diversos estados de evolución mental y espiritual. La Verdad es Una, pero infinita en sus manifestaciones; y diversos son los aspectos conocidos y por conocer. Y cada cual percibirá y tan sólo aceptará aquellos aspectos de la Verdad que sea capaz de comprender, ya que su capacidad intelectiva y conceptual no podrá captar más allá de su desarrollo. 

 La Verdad es una sola; pero, los caminos y etapas para llegar a ella, son múltiples. Destellos de la Verdad han llegado en todas las épocas de la humanidad. Las enseñanzas contenidas en las antiguas escuelas filosóficas, así como las contenidas en los fundamentos de todas las religiones, ofrecen aspectos de la Verdad; aun cuando los convencionalismos y las pasiones, han ido velando y desnaturalizando; que, conjuntamente con los dogmatismos y los abusos de todas clases, han llevado a las gentes al escepticismo y a la indiferencia; contribuyendo con ello a la extensión de ese materialismo embrutecedor en que se mueve la sociedad actual. ¡Cuántos buscadores honestos, pero confusos y perplejos ante la aseveración de las teologías divergentes, han anhelado poseer la Verdad de la Vida!. 

La Verdad no ha sido nunca privilegio ni propiedad exclusiva de ninguna religión, grupo o secta religiosa. Ha sido y será siempre de todo aquel que la busque con la mente libre de ideas preconcebidas, de prejuicios, de partidismos; con sana intención y corazón libre de ambiciones personales. Pues, a medida que el hombre avanza en su búsqueda y comienza a vislumbrarla, más siente en sí el ansia de acercarse a ella. Y a medida que va avanzando en el camino de la Verdad, más se conoce a sí mismo y el por qué de su existencia, y más claramente ve sus errores y por ende más se perfecciona y espiritualiza, único modo en que su mente podrá lograr contacto con la Divinidad, que es la Verdad Absoluta. 

“CONOCERÉIS  LA VERDAD Y LA VERDAD OS HARÁ LIBRES” -rezan las versiones actuales del Nuevo Testamento-, como palabras de aquel gran filósofo incomprendido, llamado Jesús de Nazaret, que vino a nuestro mundo en misión de enseñar a las gentes el camino de su propia felicidad, de enseñar una doctrina de Amor y Verdad; que vino a redimir a la humanidad corrupta, pero no con su sangre, sino con sus enseñanzas de amor para una vida armónica y feliz, con sus principios de una moral elevada y establecer la Religión Universal del Amor. Pero, los hombres, en su ceguera psíquica y afán de dominio, la han deformado. 

Sebastian de Arauco.

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                    Piedad filial

1. Bien sabes los mandamientos. No hagas adulterios. No mates. No hurtes. 
No digas falso testimonio. No hagas engaño. "Honra a tu padre y a tu madre". 
(San Marcos, cap. X, v. 19; San Lucas, cap. XVIII, v. 20; San Mateo, cap. XIX. 

El mandamiento: "Honra a tu padre y a tu madre", es una consecuencia de la 
ley general de caridad y de amor al prójimo, porque no se puede amar al prójimo sin 
amar a su padre y a su madre; pero la palabra "honra" encierra un deber más respecto a ellos: el de la piedad filial. Dios ha querido manifestar con esto que al amor es preciso añadir el respeto, las consideraciones, la sumisión y la condescendencia, lo que implica la obligación de cumplir respecto a ellos de una manera aun más rigurosa todo lo que la caridad manda con respecto al prójimo. Este deber se extiende naturalmente a las personas que están en lugar de los padres, y que por ello tienen tanto más mérito cuanto menos obligatoria es su abnegación. Dios castiga siempre de un modo riguroso toda violación de este mandamiento, (mediante la precisa, justísima  e infalible Ley de Consecuencias, por la que recogemos inexorablemente el fruto de lo que antes hemos sembrado voluntariamente ). 

Honrar a su padre y a su madre no es sólo respetar-les; es también asistirles en 
sus necesidades, procurarles el descanso en su vejez y rodearles de solicitud como lo 
han hecho con nosotros en nuestra infancia. 


Sobre todo con respecto a los padres sin recursos es como se demuestra la verdadera piedad filial. ¿Cumplen, acaso, este mandamiento aquellos que creen hacer un gran esfuerzo dándoles lo justo para que no se mueran de hambre, cuando ellos no se  privan de nada, relegándoles en la peor habitación de la casa por no dejarles en la calle, cuando ellos reservan para sí lo mejor y más cómodo? Gracias aun si no lo hacen de mal grado y no les obliguen a comprar el tiempo que les queda de vida, cargándoles(( con las fatigas domésticas. ¿Está bien que los padres viejos y débiles sean los servidores de los hijos jóvenes y fuertes? ¿Acaso su madre les regateó su leche cuando estaban en la cuna? ¿Ha escaseado sus vigilias cuando estaban enfermos, y sus pasos para procurarles aquello que les faltaba? No; no es sólo lo estrictamente necesario lo que los hijos deben a sus padres pobres; deben también darles las pequeñas dulzuras de lo superfluo, los agasajos, los cuidados exquisitos que sólo son el interés de lo que ellos han recibido y el pago de una deuda sagrada. Esta es la verdadera piedad filial aceptada por Dios. 


Desgraciado, pues, aquél que olvida lo que debe a los que le han sostenido en su   debilidad, a los que con la vida material le dieron la vida moral, a los que muchas veces se impusieron duras privaciones para asegurar su bienestar; desgraciado el ingrato, porque será castigado con la ingratitud y el abandono; será herido en sus más caros afectos, "algunas veces desde la vida presente", y más ciertamente en otra existencia, en la que sufrirá lo que ha hecho sufrir a los otros. 

Es verdad que ciertos padres olvidan sus deberes y no son para sus hijos lo que deben ser; pero a Dios corresponde castigarlos y no a sus hijos; éstos no deben reprocharles, porque ellos mismos han merecido que así sucediera. Si la caridad eleva a ley el devolver bien por mal, ser indulgente con las imperfecciones de otro, no maldecir a su prójimo, olvidar y perdonar los agravios, y hasta amar a los enemigos, ¡cuánto mayor es esta obligación con respecto a los padres! Los hijos, pues, deben tomar por regla de conducta para con estos últimos, todos los preceptos de Jesús concernientes al prójimo, y decir que todo proceder vituperable con los extraños, lo es más con los allegados, y lo que sólo puede ser una falta en el primer caso, puede llegar a ser un crimen en el segundo, porque entonces a la falta de caridad se agrega la ingratitud. 


4. Dios dijo: "Honra a tu padre y a tu madre para que seas de larga vida sobre la Tierra, que el Señor tu Dios te dará". ¿Por qué, pues, promete como recompensa la vida en la Tierra y no la vida celeste? La explicación está en esas palabras: "Que Dios te dará", suprimidas en la fórmula moderna del Decálogo, lo que desnaturaliza el sentido. 


Para comprender estas palabras, es menester referirse a la situación y a las ideas de los hebreos en la época en que fueron dichas; éstos no comprendían aún la vida futura, porque su vida no se extendía más allá de la vida corporal; debían, pues, conmoverse más por lo que veían, y por esto Dios les habla en un lenguaje a sus alcances, y como a los niños, les da en perspectiva lo que puede satisfacerles. Entonces estaban en el desierto; la tierra que Dios les "dará" era la Tierra Prometida, objeto de sus aspiraciones; no deseaban nada más, y Dios les dijo que vivirían mucho tiempo en ella, es decir, que la poseerían mucho tiempo si observaban sus mandamientos. 

Mas al advenimiento de Jesús, sus ideas estaban más desarrolladas; habiendo llegado el momento de darles un pasto menos grosero, les inició en la vida espiritual diciéndoles: "Mi reino no es de este mundo; allí, y no en la tierra, recibiréis la recompensa de vuestras buenas obras". En estas palabras, la tierra prometida material se transforma en patria celeste; así es que cuando les recuerda la observancia del mandamiento "Honra a tu padre y a tu madre", no les promete la tierra; sino el cielo. 

El evangelio según el espiritismo. Allan Kardec.
 
               

                     
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                    JUSTICIA Y PROGRESO

La ley superior del Universo, es el progreso incesante, la ascensión de los seres hacia Dios, hogar de las perfecciones. Profundidades del abismo de vida, por un camino infinito y una evolución constante, nos le acercamos. En el fondo de cada alma es depositado el germen de todas las facultades, de todas las fuerzas; le corresponde a ella hacerlos nacer por sus esfuerzos y sus trabajos. Contemplado bajo este aspecto, nuestro adelanto, nuestra
felicidad futura es nuestra obra. La gracia no tiene más razón de ser. La justicia irradia sobre el mundo; porque, si todos nosotros luchamos y sufrimos, todos nosotros seremos salvados.
 También se revela aquí en toda su grandeza el papel del dolor, su utilidad para el adelanto de los seres. Cada globo que rueda en el espacio es un vasto taller donde la sustancia espiritual es trabajada sin cesar. Así como un mineral grosero, bajo el efecto del fuego y las aguas, se convierte poco a poco en un metal puro, así el alma humana, bajo los martillos pesados del dolor se transforma y se fortifica. Es en medio de las pruebas que se forjan los grandes caracteres. El dolor es la purificación suprema, el horno donde funden todos los elementos impuros que nos manchan: el orgullo, el egoísmo, la indiferencia. Es la sola escuela donde se afinan las sensaciones, donde se aprenden la piedad y la resignación  estoica. Los goces sensuales, atándonos a la materia, retrasan nuestra elevación, mientras que el sacrificio y la abnegación, nos sueltan con anticipación de esta pesada carga, nos preparan para nuevas etapas, a una ascensión más alta. El alma, purificada, santificada por las pruebas, ve terminar las encarnaciones dolorosas. Abandona para siempre los globos materiales y se eleva en la escala magnífica de mundos felices. Recorre el campo ilimitado de los espacios y de las edades.
 A cada paso adelante, ve ensanchar su horizonte y aumentar su radio de acción; percibe cada vez más, de forma distinta, la gran armonía de las leyes y de las cosas, participa en ellas de forma más estrecha, más efectiva. Entonces el tiempo se borra para ella; los siglos fluyen como las horas. Unida a sus hermanas, compañeras de eterno viaje, persigue su ascensión intelectual y moral en el seno de una luz siempre creciente.
 De nuestras observaciones y de nuestras búsquedas se deduce así una gran ley: la pluralidad de las existencias del alma. Vivimos antes del nacimiento y reviviremos después de la muerte. Esta ley da la clave de problemas hasta ahora insolubles. Sólo ella explica la desigualdad de las condiciones, la variedad infinita de las aptitudes y de los caracteres.
 Conocimos o conoceremos sucesivamente todas las fases de la vida social, atravesaremos todos los medios. En el pasado, estábamos como estos salvajes que pueblan los continentes retrasados; en el futuro, podremos elevarnos a la altura de los genios inmortales, los espíritus gigantes que, semejantes a faros luminosos, alumbran la marcha de la humanidad. La historia de ésta es nuestra historia.
 Con ella, recorrimos las vías arduas, sufrimos las evoluciones seculares que relatan los anales de las naciones. El tiempo y el trabajo: he aquí los elementos de nuestros progresos.
 Esta ley de la reencarnación muestra de manera brillante la justicia suma que reina sobre todos los seres. Por turno forjamos y quebramos nosotros mismos nuestras cadenas.
 Las pruebas horrorosas entre las que sufren algunos de nosotros son, en general, la consecuencia de su conducta pasada. El déspota renace esclavo; la mujer alta, la vanidosa de su belleza, repetirá un cuerpo informe y miserable; el ocioso volverá mercenario, encorvado a una tarea ingrata. El que hizo sufrir sufrirá a su vuelta. Inútil buscar el infierno en regiones desconocidas o lejanas, el infierno está en nosotros, se esconde en los pliegues ignorados del alma culpable, y sólo la expiación puede dar término a sus dolores. No hay penas eternas. ¿Pero, diremos, si otras vidas precedieron al nacimiento, por qué perdimos la memoria? ¿Cómo podremos expiar con éxito las faltas olvidadas?
 ¡La memoria! ¿No sería un pesado grillete atado a nuestros pies? ¿Saliendo apenas de etapas de furor y de bestialidad, que debió ser este pasado de cada uno de nosotros? ¡A través de las etapas pasadas, cuantas lágrimas vertidas, cuanta sangre derramada por nuestros hechos! Conocimos el odio y practicamos la injusticia. ¡Qué carga moral sería esta perspectiva larga de faltas para un espíritu todavía endeble e inseguro! 
 ¿Y además, la memoria de nuestro propio pasado no estaría vinculada íntimamente a la memoria del pasado de los demás? ¡Qué situación para el culpable, señalado al hierro candente para la eternidad! Por la misma razón, los odios, los errores se perpetuarían, cavando divisiones profundas e imborrables, en el seno de esta humanidad ya tan desgarrada. Dios hizo bien de borrar de nuestros cerebros débiles la memoria de un pasado temible. Después de haber bebido el brebaje del olvido, renacemos a una nueva vida. Una educación diferente, una civilización más amplia hacen desvanecerse las quimeras que frecuentaron en otro tiempo nuestros espíritus. Aliviados de tan pesado equipaje avanzamos con paso más rápido por las vías que nos son abiertas.
 Sin embargo, este pasado no es borrado tanto que no pudiéramos entrever algunos  vestigios. Si, separándonos de influencias exteriores, descendemos al fondo de nuestro ser; si analizamos con cuidado nuestros gustos, nuestras aspiraciones, descubrimos cosas que nada en nuestra existencia actual y con la educación recibida puede explicar. Por lo tanto, de ahí logramos reconstituir este pasado, si no en sus detalles, por lo menos en sus grandes líneas. En cuanto a las faltas arrastran en esta vida una expiación necesaria, aunque momentáneamente sean borradas de nuestra vista, la causa primera no deja de subsistir, siempre visible, es decir nuestras pasiones, nuestro carácter fogoso, que las nuevas encarnaciones tienen por objeto amaestrar, suavizar.
 Así pues, si dejamos en las puertas de la vida los recuerdos más peligrosos, traemos por lo menos con nosotros el fruto y las consecuencias de trabajos realizados, es decir una conciencia, un juicio, un carácter tales como les dimos forma nosotros mismos. Lo innato no es más que la herencia intelectual y moral que nos legan las vidas desvanecidas.
 Y cada vez que se abren para nosotros las puertas de la muerte; cuando, liberada del yugo material, nuestra alma escapa de su prisión de carne para volver al mundo de los Espíritus, entonces el pasado reaparece poco a poco delante de ella. Una tras otra, sobre la ruta seguida, revisa sus existencias, las caídas, las paradas, las marchas rápidas. Ella misma se juzga midiendo el camino recorrido. En el espectáculo de sus vergüenzas o de sus méritos, mostrados ante ella, encuentra su castigo o su recompensa.
 ¿Siendo el fin de la vida el perfeccionamiento intelectual y moral del ser, qué condición, qué medio es el más conveniente mejor para conseguir este fin? El hombre puede trabajar en este perfeccionamiento en todas las condiciones, en todos medios sociales; sin embargo, tendrá éxito más fácilmente en ciertas condiciones determinadas.
 La riqueza proporciona al hombre medios poderosos de estudio; le permite dar a su espíritu una cultura más desarrollada y más perfecta; pone entre sus manos las facilidades más grandes para aliviar a sus hermanos desgraciados, de participar, con vistas al mejoramiento de su suerte en fundaciones útiles. Pero son raros los que consideran un deber trabajar en el alivio de la miseria, en la instrucción y en la mejora de sus semejantes.
La riqueza deseca demasiado a menudo el corazón humano; extingue esta llama interior, este amor al progreso y a las mejoras sociales que alberga toda alma generosa; eleva una barrera entre los poderosos y los humildes; hace vivir en un medio que no alcanzan los desheredados de este mundo y donde, por consiguiente, las necesidades, los dolores de éstos son casi ignorados, desconocidos siempre.
 La miseria tiene también sus peligros espantosos: la degradación de los caracteres, la desesperación, el suicidio. Pero mientras que la riqueza nos hace indiferentes, egoístas, la pobreza, acercándonos a humildes, nos hace compadecernos con su dolor. Sí, hay que haber sufrido para apreciar los sufrimientos de otro. Mientras que los poderosos, en el seno de los honores, se envidien entre ellos y procuren rivalizar en brillantez, los humildes, vecinos por la necesidad, viven a veces en conmovedora confraternidad.
 Mira a las aves de nuestros climas durante los meses de invierno, cuando el cielo es sombrío, cuando la tierra está cubierta de un abrigo blanco de nieve; apretadas unas contra otras, al borde de un tejado, se calientan mutuamente en silencio. La necesidad les une.
 Pero vienen los bellos días, el sol resplandeciente, la comida abundante, pían a cual mejor, se persiguen, se pelean, se hieren. Así es el hombre. Dulce, afectuoso para sus semejantes en los días de tristeza; la posesión de los bienes materiales lo hace demasiado a menudo duro y olvidadizo.
 Una condición modesta convendrá mejor al espíritu deseoso de progresar, de adquirir las virtudes necesarias para su ascensión moral. Lejos del remolino de los placeres mentirosos, juzgará mejor la vida. Preguntará a la materia qué es necesario para la conservación de sus órganos, pero evitará caer en costumbres perniciosas, hacerse presa de las necesidades innumerables y ficticias que son las plagas de la humanidad. Será sobrio y laborioso, contentándose con poco, atándose por encima de todo a los placeres de la inteligencia y a las alegrías del corazón.
 Tan fortificado contra los asaltos de la materia, el sabio, bajo la luz pura de la razón, verá resplandecer su destino. Alumbrado sobre el fin de la vida y el por qué de las cosas, se mantendrá firme, resignado ante el dolor; sabrá usarla para su depuración, para su adelanto.
Se enfrentará a la prueba con coraje, sabiendo que la prueba es saludable, que es el choque que desgarra nuestras almas, y que, por este rasgón solo, puede derramarse la hiel que está en nosotros. Si los hombres se ríen de él, si es víctima de la injusticia y de la intriga, aprenderá a soportar pacientemente sus dolores trasladando sus miradas hacia nuestros hermanos mayores, hacia Sócrates bebiendo la cicuta2, hacia Jesús en la cruz, hacia Juana de Arco en la hoguera. Se consolará en el pensamiento que los más grandes, más virtuosos, los más dignos, sufrieron y murieron para la humanidad.
 Y cuando por fin, después de una existencia bien cumplida, vendrá la hora solemne, será con calma y sin pesar que acogerá a la muerte; la muerte, a la que los humanos rodean de un aparato siniestro; la muerte, el espanto de los poderosos y de los sensuales, y que, para el pensador austero, es sólo la liberación, la hora de la transformación, la puerta que se abre al imperio luminoso de los Espíritus.
 Este umbral de las regiones supraterrenales, lo atravesará con serenidad. Su conciencia, libre de las sombras materiales, se levantará delante de él como un juez, representante de Dios, pidiéndole: "¿que hiciste de tu vida? Y responderá: luché, sufrí, amé, enseñé el bien, la verdad, la justicia; les di a mis hermanos el ejemplo de la rectitud, de la dulzura; alivié a los que sufren, consolé a los que lloran. Y ahora, que El Eterno me juzga,


"¡ Aquí estoy,  en sus manos!"
- León Denis- "El por qué de la vida"
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lunes, 24 de febrero de 2025

Manifestación de los espíritus

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Las imperfecciones morales y los obsesores.

2.- Libre albedrío

3.- Pensamiento y enfermedades

4.- Manifestación de los espíritus

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    LAS IMPERFECCIONES MORALES Y LOS OBSESORES



Las imperfecciones morales del obcecado son, a menudo, un obstáculo para
su libertad.

He aquí un ejemplo notable que puede servir de instrucción para todos:

Hacía ya algunos años que varias hermanas eran víctimas de pillajes muy
desagradables. Dispersados sin cesar sus vestidos por todos los rincones de la casa,
hasta por el tejado, cortados, rotos y acribillados de agujeros, por más que tuviesen
buen cuidado de encerrarlos bajo llave. Estas señoras, relegadas en una pequeña localidad de provincia, nunca habían oído hablar de Espiritismo. Naturalmente su primer pensamiento fue que eran el blanco de burlas de mal género; pero esta persistencia y las precauciones que tomaban les quitaron esta idea.

    Después de mucho tiempo, con motivo de algunas indicaciones, creyeron oportuno dirigirse a nosotros para conocer la causa de estas desgracias y los medios de remediarlas si era posible. La causa no era dudosa; el remedio era más difícil. El Espíritu que se manifestaba por actos semejantes era evidentemente malévolo. Se mostró en la evocación de una grande perversidad e inaccesible a todo buen sentimiento. La oración pareció, sin embargo, ejercer una influencia saludable; pero después de algún tiempo de descanso, el pillaje empezó de nuevo. Aquí está el consejo que con este motivo dio un Espíritu superior.

"Lo mejor que pueden hacer estas señoras es rogar a sus Espíritus protectores que no las abandonen; no tengo otro consejo mejor para darles; que examinen su conciencia para confesarse a sí mismas y ver si han practicado siempre el amor del prójimo y la caridad; no quiero decir la caridad que da y distribuye, sino la caridad de la lengua; porque desgraciadamente ellas no saben retener la suya, y no justifican, por sus actos piadosos, el deseo que tienen de quedar libres del que les atormenta. Les gusta mucho decir mal del prójimo, y el Espíritu que les obceca se venga, porque le hicieron padecer mucho cuando vivía. Que repasen su memoria y verán muy pronto con quién tienen que habérselas.

"Sin embargo, si consiguen mejorarse, sus ángeles guardianes se les acercarán,  y su sola presencia bastará para echar fuera al Espíritu malo que se ha apoderado de una de ellas sobre todo, porque su ángel de la guarda ha tenido que alejarse en vista de los actos reprensibles o de los pensamientos malos. Lo que les falta son fervientes  oraciones por los que sufren, y sobre todo la práctica de las virtudes impuestas por Dios a cada uno, según su condición".

Sobre la observación que hicimos de que estas palabras nos parecían un poco severas, y que quizá sería necesario endulzarlas para transmitirlas, el Espíritu añadió:

"Yo debo decir lo que he dicho y del modo como lo digo, porque las personas en
cuestión tienen la costumbre de creer que no hacen mal con la lengua, y hacen mucho.
Por esto es menester impresionar su Espíritu de manera que sea para ellos una
advertencia formal".

De esto se desprende una enseñanza de una gran importancia, y es que las
imperfecciones morales dan lugar a los Espíritus obsesores, y que el medio más seguro de desembarazarse de ellos es el atraer a los buenos por la práctica del bien.

 Los Espíritus buenos tienen, sin duda, más poder que los malos, y su voluntad basta para alejarlos; pero no asisten sino a los que les secundan por los esfuerzos que hacen para mejorarse; de otro modo se alejan y dejan el campo libre a los Espíritus malos que vienen a ser de este modo, en ciertos casos, instrumentos de castigo, porque los buenos les dejan obrar con este fin.

EL LIBRO DE LOS MÉDIUMS
ALLAN KARDEC

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LIBRE ALBEDRÍO

David Grossvater

 

 

Sobre el libre albedrío han tratado muchas escuelas filosóficas; unos niegan su existencia rotundamente, basándose en su concepción materialista de las fuerzas universales, achacando todo, a la lucha por la vida y a fenómenos netamente físicos.


Otros lo niegan; en parte basándose en su concepción religiosa. Lo achacan a una mano invisible, que mueve ciertas palancas que inclinan la balanza personal humana, hacia el azar o la suerte, también hacia la predestinación perentoria, como analizan ciertos teólogos, a la  acción de Judas contra Jesús.


Consideramos ambos conceptos plagados de errores.


El espíritu tiene libre albedrío, pero condicionado a una responsabilidad plena, sobre todas sus acciones, luego ya no es tan libre el espíritu, cuando depende de las consecuencias de sus pasos.


No hay pues, fatalidad,  ni predestinación, ni azar, ni suerte, cuando el espíritu es el dueño de sus propios pasos. Cuando carga con las consecuencias, tanto del mal como del bien que realiza.


Lo anterior demuestra, que por encima del libre albedrío, existen leyes universales que lo controlan automáticamente, cercenando su libertad, cuando va en detrimento de la armonía universal,  y estas leyes Universales, están actuando dentro del propio espíritu, como en todas las cosas del Universo.

Cada acción mala, se añade, se adjunta a las huellas morbosas ya existentes y hasta los instintos mismos se exacerban, potenciándose y creando una alarma general.


Esos instintos se  pelean por obtener el control total, creándose un descontrol completo, hundiéndose en una especie de tremedal, del cual solo puede salir, por esfuerzos propios.


Ese ser, en esas condiciones, creadas por el mal uso del Libre Albedrío, vuelve por sus pasos, tratando de lograr la regeneración.


Así ese espíritu, obrando en su libre albedrío,  empieza jornadas dando marcha atrás y por medio de vidas laboriosas, llenas de sacrificios constructivos, va deslastrando  su alma hacia un camino de progreso ascendente.

De modo pues, que el libre albedrío es amplio e irrestricto, pero condicionado a la responsabilidad personal. Lo que se siembra se cosecha, y lo que se es y será, depende de lo que se haga con ese albedrío.


Vemos que en el Universo, no hay policías que lo lleven y traigan a uno y nos coloquen en orden de faltas cometidas; no, el alma misma es la que arrastra al espíritu, a los lugares que la afinidad le atrae.


Es esta alma, la que condiciona las vidas sucesivas al espíritu, este jamás puede desligarse de ella, y es la que carga el peso y  marca la pauta del camino a seguir.

No existe pues, castigo ni perdón, no hay una expiación  propiamente dicha. Sólo se ven consecuencias de nuestras propias actuaciones, que tienen su nido y morada en nuestra alma, y desde allí germinan, como lógicas reacciones de nuestros hechos. De nuestro mal uso del libre albedrío. 

 

Tomado del libro: “Por Los Fueros Del Espíritu” 

 

                Adaptación Oswaldo E. Porras Dorta,

                                                    

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PENSAMIENTO Y ENFERMEDADES 

La conciencia del ser humano se expande por todo su organismo por medio de las variadas expresiones de capacidad vibratoria de los elementos que lo constituyen.

De ese modo, operando en la armonía conjunta, cada célula es portadora de la condensación de la conciencia individual, en cuyas tramas delicadas se imprimen las necesidades evolutivas del ser humano.

Trabajadas por los comandos del periespiritu ellas resultan de la condensación de ondas específicas que conducen  los contenidos morales encargados de producir los órganos  y los diversos mecanismos constitutivos del individuo. 

Por tanto, la célula es, en si misma, la materialización del molde energético por el modelo organizador biológico.

Cuando ocurre la separación molecular de cada una, por medio del fenómeno de la muerte física, no se  produce la aniquilación o la desintegración de aquel que la constituía, permaneciendo como parte integrante del conjunto ordenador.  Como consecuencia, cada una posee registros especiales que se encargan de sincronizarse en un conjunto armónico total. Ese tipo de registro puede ser considerado como una forma de conciencia embrionaria que conduce  y preserva informaciones sobre los acontecimientos de los cuales participa.

De esa forma, el periespiritu también está constituido por el conjunto  de esas conciencias celulares que forman  la conciencia global encargada de transmitir al espíritu las memorias, las conquistas y realizaciones de cada experiencia reencarnatoria y de todas ellas reunidas, siempre alteradas conforme a las transformaciones naturales de la etapa vivenciada.

Los pensamientos que se originan en el ser espiritual, a medida que se transfieren  hacia las áreas  de la sensación, de la emoción de la acción, imprimen sus contenidos  en las referidas  células de energía que los ejecutan  en la forma física, estableciendo los resultados conforme a la calidad de la onda mental.

Debido al tenor vibratorio de cada emisión pensante, la carga estimula a la conciencia celular que se siente más fortalecida, generando salud o se desarmoniza, produciendo la enfermedad. Aunque se desestructure la célula física, en el proceso de desorganización se libera la  de naturaleza energética, que influenciará a los futuros mecanismos de equilibrio o desajustes del ser humano.

Las enfermedades más graves son aquellas que se originan en el alma, expandiéndose por el organismo físico y transformándose  en procesos degenerativos, infecciosos, produciendo dolores o se exteriorizan  como conflictos que se convierten en trastornos psíquicos, cuya gravedad se encuentra en la razón de la causa productora.

El semillero del odio, de los celos, de la envidia, de la ira y de otros anestésicos del espíritu, produce virus y vibriones psíquicos que atacan al organismo propio así como al de aquel que, desprevenido, inspiró la producción de esas ondas desbastadoras que la mente produce y dirige conforme a su estructura moral. Al mismo tiempo, ideoplastia  sustentadas por el pensamiento fijo en ideas perturbadoras  y agresivas, contribuyen para que surjan toxinas que invaden el organismo  desarticulándose  la contextura vibratoria, enfermándolo y trabajando para matar sus defensas y los factores inmunológicos.

La conducta mental expresa el nivel de evolución en que se encuentra cada ser, encargándose de producir bienestar o malestar, salud o enfermedad, alegría o tristeza, resultando siempre de la faja vibratoria en la que permanece.

Esas conductas esdrújulas, en las que muchos se complacen, se transfieren de una existencia hacia otra, debido a la memoria  y conciencia de la célula psíquica, que modelará la equivalente orgánica con la carga de energía que conduce. De esta forma, esa onda influenciará a la criatura desde su formación genética, alterándole su estructura de acuerdo con la calidad del mensaje  de que sea portadora.

Las enfermedades del alma tienen un carácter psíquico y se encuentran en los pliegues de lamente  desvariada, que se vincula  a los estados aberrantes del comportamiento, cuando podría ser dirigida hacia las aspiraciones  del equilibrio, de la razón, de la felicidad.

Los sentimiento viles abren campo  a su instalación, tornándose de difícil  diagnostico y deficiente  tratamiento, improbable de otorgar  resultados favorables a la salud.

Es por eso que, los desvaríos del sexo, los vicios de cualquier naturaleza, la irascibilidad, los estados pesimistas, se transforman en agentes  vivos que se encargan de actuar conforme la dirección que reciben  de la dinamo mental generadora de la cual proceden.

De la misma forma sucedería si fuesen cultivados otros sentimientos  y preservados los valores éticos promotores del ser, que se encargarían de corresponder a la fuente productora con ondas de bienestar, de esperanza, de armonía, de felicidad…

Los cromosomas que se implantan en la estructura física mediante el núcleo de la célula en que se establecen, se mantienen en el Espíritu debido al citoplasma  en el cual se fijan.

Son indestructibles, enviando sus mensajes a través del núcleo genético, al tiempo en que plasman las futuras formas  en todos los seres, en el plano físico o espiritual.

Cuanto más penetra  la investigación científica en la estructura de la forma, mejor verificará que la misma es una aglutinación de partículas cada vez menores hasta perderse en la energía que es el punto de partida hacia la materia.

Como el espíritu es energía pensante, principio inteligente del Universo, asimila las vibraciones más sutiles y las exterioriza mediante ondas mentales que toman cuerpo, tornándose parte integrante del conjunto en el que la vida física se manifiesta.

Al ser así, los vicios generadores de enfermedades del alma – que permanecen como depresión, tormentos íntimos, angustia, inseguridad y otros – cuando se produce la desencarnación del paciente, prosiguen imanados a los campos psíquicos en los cuales fueron generados, exigiendo un periodo correspondiente de cambio mental para ser diluidos y desaparecer.

El acontecimiento de la muerte biológica no facilita  la liberación de los hábitos perversos y enfermizos que fueron cobijados durante largo periodo de la existencia física. De la misma forma  que se fueron implantando lentamente y generando acondicionamientos que se transformaron  en procesos perturbadores, la readaptación al equilibrio y la reconstrucción de las estructuras energéticas afectadas exigen el tiempo correspondiente, durante el cual son recompuestos los campos vibratorios que fueron dañados.

Eso es comprensible, porque las descargas producidas por los sentimientos viles producen toxinas de alto tenor hormonal que modifican los códigos del ADN, fijando en ellos el tipo de onda  y su procedencia perturbadora. A medida que se repiten esas fijaciones a lo largo del tiempo, es mayor el daño causado a la estructura intima del mismo, imponiendo como proceso de reparación, desde el más allá, un cambio total de comportamiento, que se encarga de sustituir su doble hélice, que son los dos cordones entrelazados y formados por una sustancia química especifica.

Por ello las enfermedades del alma solo se podrán recuperar cuando hubiere una transformación estructural del pensamiento, que se encargará de reconstruir nuevas bases súper sutiles, que se consubstanciaran en los futuros códigos del ADN, restableciendo la conciencia individual de las células y finalmente, integrando la conciencia del ser en el conjunto de la armonía de la Conciencia Cósmica.

Extraído por Merchita del libro “Días Gloriosos” de Divaldo Pereira Franco dictado por el Espíritu Juana de Angelis.

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      MANIFESTACIÓN DE LOS ESPÍRITUS

    Los Espíritus se manifiestan espontáneamente o por evocación. Se pueden evocar a todos los Espíritus, lo mismo a los que animaron a hombres oscuros, como a los de los más ilustres personajes, cualquiera que sea la época en la que hayan vivido; así los de nuestros parientes y amigos como a los de nuestros enemigos, y obtener en comunicaciones escritas o verbales, consejos, informaciones sobre su situación en el más allá, de sus pensamientos respecto a nosotros, así como las revelaciones que les son permitidas hacernos.

    Los Espíritus son atraídos en razón de su simpatía por la naturaleza moral del medio que los evoca.

    Los Espíritus superiores se alegran en las reuniones serias donde prevalece el amor al bien y el deseo sincero de instruirse y mejorarse. Su presencia ahuyenta a los Espíritus inferiores que encuentran, por el contrario, libre acceso y pueden actuar con toda libertad entre las personas frívolas o guiadas tan solo por la curiosidad y donde quiera que encuentren malos instintos. Lejos de obtener de ellos buenas advertencias o enseñanzas útiles, pues no se deben esperar sino futilidades, mentiras, bromas pesadas o mistificaciones, porque con frecuencia usurpan nombres venerables para mejor inducir en el error.

Es sumamente fácil distinguir los Espíritus buenos de los malos. Pues, el leguaje de los Espíritus superiores es constantemente digno, noble, inspirado por la más alta moralidad, libre de toda pasión inferior; sus consejos exaltan la más pura sabiduría, y tienen siempre como objetivo nuestro progreso y el bien de la Humanidad.

El de los Espíritus inferiores es, por el contrario, inconsecuente, con frecuencia trivial y hasta grosero; si dicen a veces cosas buenas y verdaderas;con más frecuencia las dicen falsas y absurdas por malicia o por ignorancia. Se divierten con la credulidad y se distraen a expensas de los que los interrogan, alardeando de su vanidad, alimentando sus deseos con falsas esperanzas. En resumen, las comunicaciones serias, en la total acepción de la palabra, sólo se obtienen en los centros serios, en aquellos cuyos miembros están unidos por una comunión de pensamientos para el bien.

La moral de los Espíritus superiores se resume,como la de Cristo, en esta máxima evangélica: “Hacer a los demás lo que quisiéramos que a nosotros se nos hiciese”; es decir, hacer el bien y no el mal. En este principio encuentra el hombre la regla universal de conducta, hasta para sus menores acciones.

(Maifestaciones espíritas) RESUMEN DE LA DOCTRINA ESPÍRITA.
COLECCIÓN DE ORACIONES ESPÍRITAS.. Allan Kardec.

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                                  Meditación 


Naciste en el hogar que necesitabas, 
Vestiste el cuerpo físico que merecías, 
Vives donde Dios mejor te situó
, de acuerdo con tu adelantamiento. 


Posees los recursos financieros coherentes a tus necesidades, ni más, ni menos, 
siendo lo justo para tus luchas terrenas. 

Tu ambiente de trabajo es lo que elegiste espontáneamente para tú realización. 
Tus parientes y amigos son las almas que atrajiste, con tu propia afinidad. 
Por tanto, tu destino está constantemente  bajo tu control. 

Tú escoges, recoges, eliges, atraes, buscas, expulsas, modificas todo aquello 
que te rodea la existencia. 

Tus pensamientos y voluntad son la llave de tus actos y actitudes… 

Son la fuente de atracción y repulsión  en tu jornada vivida. 

No te quejes ni te hagas la víctima, antes de todo, analiza y observa… 
El cambio está en tus manos. 

Busca el bien y vivirás mejor. 
Aunque nadie pueda volver atrás y hacer  un nuevo comienzo, cualquiera                                 puede  c
omenzar ahora y hacer un nuevo final.


Chico Xavier

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