miércoles, 26 de abril de 2023

Del salvaje al genio

   INQUIETUDES  ESPÍRITAS

1,. Alegoría de la caída del hombre en la Biblia 

2.- Hablar de Jesús

3.- ¿ El proceso reencarnatorio es igual para todos los Espíritus ?

4.- Del salvaje al genio

                                          *******************************


ALEGORIA DE LA CAIDA DEL HOMBRE EN LA BÍBLIA


            El dogma de la caída del hombre es sustentado en el campo religioso como uno de los misterios de Dios, impenetrable à la inteligencia humana. Su fundamento bíblico es el cap. III del Génesis. Todos conocen la leyenda poética del árbol prohibido, en medio del jardín del Edén, con la serpiente demoníaca (la pitón griega) engañando Eva, que lleva Adán al pecado original de la desobediencia. Pero en virtud del dogmatismo fideísta de las religiones, pocas personas admiten la naturaleza alegórica de ese cuento ingenuo. El símbolo está evidente, a flor de la piel. Pero los que consideran la Biblia como la palabra de Dios no pueden admitirlo. Entienden la alegoría como realidad divina, tomándola simplemente a pie de la letra.

            Kardec explica en El Génesis, Cap. XII, toda la simbología de ese pasaje bíblico: Adán es la personificación de la Humanidad y su falta representa la fragilidad humana; el árbol de la vida es el símbolo de la vida espiritual, que desenvolvió la conciencia humana y el libre albedrío de la criatura; el fruto prohibido está en el medio del jardín de delicias, porque es la tentación de los placeres materiales; la desobediencia de Adán y Eva es la violación de las leyes de Dios por la concupiscencia del hombre; la serpiente es la imagen de la perfidia, de la maldad humana que incita a  los otros al error. Pregunta Kardec: “¿Por qué imponer la fe ingenua de la credulidad infantil, como verdades, alegorías tan evidentes, falseando su juzgamiento y haciéndolas más tarde encarar la Biblia como un conjunto de fábulas absurdas”?.  Además de eso, Kardec estudia el verdadero sentido de los términos bíblicos en su origen hebreo y establece comparaciones entre el texto sagrado y las conocidas alegorías mitológicas. La forma de las alegorías bíblicas son bellas y su sentido es profundo. Pero esta belleza y esta profundidad son transformadas en absurdo y ridículo por la interpretación literal.

(De “Visión Espírita de la Bíblia”, de J. Herculano Pires) 

                                                           ***********************


        HABLAR DE JESÚS           


          Hablar de una persona para ensalzar sus cualidades parece, y en cierto modo, es bastante fácil. Yo tuve un maestro a quien respetaba y quería; era el ser más bondadoso y entregado que conocí: siempre que puedo o tengo ocasión, me gusta hacer mención de sus cualidades. Pero era un ser mortal.

Hablar de Jesús sí que no es tarea fácil, es un ser inconmensurable. Sin embargo me atrevo a hacerlo, solo por el hecho del respeto y veneración que siento hacia Él.

Jesús, espíritu grandioso; espíritu que mora en la casa del Señor; que ve y comprende a Dios.      

Hablar de Jesús es hablar de humildad. Fue un ser humilde. Con humildad encarnó en la Tierra y lo hizo en el vientre de María, otro espíritu humilde y generoso. Fue a nacer en una cuadra en el pueblo de Belén y le sirvió de cuna un pesebre; su colchón, la paja con que se alimenta al ganado; su compañía, un buey y una mula.   

Hablar de Jesús es hablar del Libertador; pero no de ese libertador esperado, preparado para la guerra, sino un libertador de almas. Él rescata a todo aquel cuyo proyecto es erradicar los defectos de que somos portadores.                                                                                                     

Hablar de Jesús es hablar del liderazgo; era capaz de arrastrar tras de sí a las masas; a la orilla del mar, en las márgenes del río, sentado sobre una piedra en lo alto de una «montaña». Con su palabra nos enseñó a orar; con su palabra encendió la llama de la esperanza con esa maravilla que son las Bienaventuranzas.                               

Hablar de Jesús es hablar del Maestro de maestros. Él nos enseñó a conocer a Dios, cuyo concepto era el de un Ser colérico, un Ser siempre enfadado ideando castigos para sus hijos díscolos; nos enseñó que Dios es el Padre bondadoso, comprensivo y tolerante que no castiga; que la sanción sea solo nuestra, hurgando en nuestro interior buscando la manera de nuestra regeneración.     

Hablar de Jesús es hablar de la paciencia y mansedumbre. Con paciencia y mansedumbre sufrió martirio; nos enseñó a sufrir, que el sufrimiento es generador de glorias futuras.            

Hablar de Jesús es hablar de un Hermano Mayor que, precisamente por amor, quiso encarnar entre nosotros y se autoproclamó como protector de sus hermanos mortales; protector y gobernador de este planeta Tierra, Él cuida del planeta intentando paliar los desmanes que estamos cometiendo, generando destrucción y muerte.                                                                                                             

 No, no es fácil hablar de Jesús, pues a pesar de todo lo expresado, ¡Jesús es más, muchísimo más!, y las palabras para definirlo con buen criterio son torpes y escasas.

¡Jesús, Espíritu puro, humilde, libertador, líder, hermano nuestro, prototipo del Amor!

¡Hosanna al enviado de Dios!

Mª Luisa Escrich- ( Amor, Paz y Caridad )

                                                ***************************

¿ El proceso reencarnatorio es
igual para todos los Espíritus?
El proceso de la reencarnación, en principio es semejante para todos los Espíritus, pero en los casos de reencarnación de Seres ubicados en los planos espirituales inferiores, este trabajo es mucho mas complejo y difícil de realizar, porque siendo llevado a cabo y dirigido por Espíritus especializados en ello, estos tienen la delicadísima misión de acondicionar primeramente el periespíritu del Ser espiritual antes de que se intente acoplar a una materia. Esto se comprende mejor cuando se considera que en estos casos, el cuerpo de energía que es el periespíritu o cuerpo espiritual que con su correspondiente espíritu constituye en conjunto el Ser Espiritual, llega este a encontrarse a veces en un estado de turbación, irritabilidad, terror, o simplemente, en un estado de choque emocional, en donde las energías que lo envuelven y le configuran hasta las fibras más íntimas, se encuentran alteradas, desajustadas y desequilibradas, lo cual hace necesario esta especial preparación previa antes de iniciar la fase reencarnatoria. Al Ser espiritual de estas características la reencarnación le supone en casi todos los casos, un descanso o un paréntesis en una situación de sufrimiento que les llega a resultar insuperable, de modo que una vez dispuesto y convencido para iniciar una nueva fase evolutiva en la materia, primeramente lo tratan de adoctrinar en la necesidad de afrontar su misión en una nueva vida en un mundo físico, asimismo queda informado de las pruebas kármicas o de aprendizaje que tendrá necesidad de afrontar, haciéndole comprender que esa reencarnación le supone una maravillosa oportunidad que Dios le otorga para poder elevarse por encima de sus miserias superándose a sí mismo, intentando así despertar la ilusión y el deseo de esforzarse afrontando una nueva etapa en el plano físico y poder abandonar los planos espirituales inferiores y de sufrimiento en que se encuentra, pero si su ensombrecido estado le lleva a una posición de rebeldía ante lo que le ofrecen, negándose tercamente a aceptarlo, aunque el respeto al libre albedrío es una constante, llega el límite en que les deben empujar a tomar una decisión, que a veces la llevan a cabo en una primera etapa de inconsciencia, pero que al final les es imprescindible para salir de su estancamiento. Algo así como quien se niega reiteradamente a meterse en la piscina porque no sabe nadar, y mientras no le da alguien un empujón para hacerle caer en ella, no hay forma de que aprenda.
- Jose L. Martín-
***********************

       
   DEL SALVAJE AL GENIO.

La capacidad intelectiva y volitiva de ciertos personajes de la historia, que han sido considerados genios o superhombres, no es una gracia recibida de la Divinidad, ni producto de la casualidad o herencia.
Como fue expuesto al tratar la génesis del espíritu, éste contiene (en potencia, en estado latente) las facultades cualitativas de la Divinidad Creadora, cuyo desarrollo le asemejará a ELLA.
Toda criatura, sin excepción, es igual ante Dios, aun cuando esto no guste a los soberbios y orgullosos. Las diferencias, son distintos grados evolutivos, son el resultado del tiempo y el esfuerzo. El salvaje es un espíritu joven, mientras que el superhombre es el espíritu viejo, que pasó también por esa fase del salvaje.
Así pues, la distancia que separa al genio del salvaje es, el tiempo. El genio de hoy, es el salvaje del ayer que, en el devenir de los milenios, ha ido desarrollando sus facultades a través de la lucha y del esfuerzo.
El esfuerzo, por medio del cual el Ser triunfa y se engrandece, es la puesta en acción de esa energía mental, que existe en todo individuo, en mayor o menor grado, según su desarrollo, y que le lleva a las realizaciones.
A medida que el espíritu va desarrollando las facultades de la Mente en cada vida, éstas le capacitan para mayores realizaciones en la siguiente. O sea que, en cada nueva existencia, el Espíritu lleva consigo el desarrollo y adquisición, tanto de la Mente como del Alma, que haya adquirido en sus existencias anteriores; así como también las taras morales e imperfecciones del carácter que no haya superado aún. Y en cada nueva existencia, siempre va adquiriendo algo de bueno: conocimientos, experiencias, bondad, etc.; y despojándose de algo malo: egoísmo, vanidad, orgullo, sensualismo, etc.; todo lo cual compone el proceso evolutivo del Espíritu.
En todo individuo existen dos fuerzas, digamos, dos naturalezas: una superior que empuja al Espíritu hacia arriba, hacia las realizaciones, hacia el progreso; y otra inferior, humana, que tiende hacia abajo, a la molicie, al «dolce far niente» y al sensualismo.
    La primera, es una fuerza positiva que nos conduce hacia la cima, hacia destinos cada vez más altos, nos hace avanzar hacia lo bello, hacia el bien y la felicidad. Es la Ley de Evolución que presiona al Espíritu a ascender para progresar y avanzar hacia la meta.
    La segunda, es fuerza negativa, que arrastra al individuo hacia las simas y le retarda su progreso.
     En la lucha de estas dos fuerzas, siempre hay una vencedora: la más fuerte.
     En las primeras fases de la etapa humana, en la cual priman los instintos, el Espíritu, fuerza positiva, pero débil aún, es vencido. No obstante, la Ley de Evolución, que es una ley sabia, conduce al Espíritu a través de las múltiples vidas humanas que, con sus obstáculos, dificultades y vicisitudes de todo género, va desarrollando sus facultades intelectuales y volitivas, creciendo, fortaleciéndose, y a través del dolor, sensibilizando su alma para percibir la belleza y sentir el amor.
     A medida que el Espíritu va fortaleciéndose en la lucha bienhechora y desarrollando sus facultades, VA  ANIMANDO  PERSONALIDADES  CADA  VEZ  MÁS  DESTACADAS.
     El aprendizaje en cada vida, le sirve para las siguientes. Y una tras otra, a través de las múltiples experiencias, se capacita y se engrandece para manifestarse en nuevas y destacadas personalidades que llamamos genios.
     Venimos recorriendo desde largas edades, diversas escalas del progreso eterno, y seguiremos ascendiendo empujados por la Ley Universal de Evolución. Siempre hay un trayecto descubierto de evolución que aguarda y atrae. A medida que avanzamos en el camino del progreso, el panorama se amplía en belleza y grandiosidad, que nos fascina y nos atrae.
     En el pasado, hemos sido como los salvajes que pueblan los continentes atrasados. Lo peor de nuestro trayecto en el camino hacia la meta suprema: perfección y felicidad, ya lo hemos recorrido. Queda atrás, en la noche de los tiempos. En el porvenir, mediante la firme determinación de progresar y el esfuerzo, podremos elevarnos a la altura de los espíritus gigantes, de genios inmortales, que, cual faros luminosos, alumbran la marcha de la humanidad.
     Y así, de vez en cuando encarnan en nuestro mundo los genios, y vemos que surgen personajes geniales, que son espíritus muy evolucionados, en misión de progreso de las ciencias, artes, ideas, moral; de acuerdo con el plan de las esferas siderales, para el progreso y adelanto de nuestra humanidad.
     Dolorosamente, muy pocas veces nuestra humanidad facilita el cumplimiento de su misión, y en las más de las veces se dificulta, especialmente en el campo de las ideas, por las fuerzas retrógradas encastilladas en sus convencionalismos y cargadas de orgullo.
     Como bien dice el escritor Máximo Sar: «Es un hecho indiscutible que la petulancia y la soberbia se adueña del espíritu, impidiendo su apertura a la luz de las nuevas ideas. El genio, dotado de una excepcional capacidad de percepción y de visión futura, ilumina meridianamente una parcela del conocimiento humano, que permanecía en la oscuridad, y sin embargo, los detentores de la ciencia oficial (y otros más), atrincherados en sus torres de marfil, se niegan estúpidamente a ver lo que tienen ante sus ojos. ¿Por qué?... Porque carecen de la más mínima dosis de humildad y se consideran por encima de todo y de todos...».
- Sebastian de Arauco -                       
                                           *****************





Anticonceptivos y Reencarnación

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Parábola del festín de bodas

2.-Orgullo, Riqueza y Pobreza

3.- Anticonceptivos y Reencarnación

4.- Los flagelos que tememos

                ************************************************* 


                                                                  


                Parábola del festín de  bodas.


Y respondiendo Jesús, les volvió a hablar otra vez en parábolas, diciendo: semejante es el reino de los cielos a cierto rey, que hizo bodas a su hijo. 
-Y envió sus siervos a llamar a los convidados a las bodas, mas no quisieron ir. 
Envió de nuevo otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí preparado mi banquete; mis toros y los animales cebados están ya muertos, todo está pronto: venid a las bodas. 
- Mas ellos le despreciaron, y se fueron unos a su granja, y otros a su tráfíco. 
- Y los otros echaron mano de los siervos, y después de haberlos ultrajado, los mataron. - Y el rey cuando los oyó, se irritó; y enviando a sus ejércitos acabó con aquellos homicidas y puso fuego a su ciudad.
Entonces dijo a sus siervos: Las bodas ciertamente están aparejadas, mas los que habían sido convidados no fueron dignos. 
- Pues id a la salida de los caminos y a cuantos hallareis, llamadlos a las bodas; y habiendo salido sus siervos a los caminos, congregaron a cuantos hallaron, malos y buenos; y se llenaron las bodas de convidados.
Y entró el rey para ver a los que estaban a la mesa, y vio allí a un hombre que no estaba vestido con vestidura de boda. 
- Y le dijo: Amigo, ¿ cómo has entrado aquí no teniendo vestidura de boda. Mas él enmudeció. 
- Entonces el rey dijo a sus ministros: Atadlo de pies y manos arrojarle en las tinieblas exteriores: allí será el llanto y el crugir de dientes. 
- Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos. (San Mateo, cap. XXII.)

El incrédulo se burla de esta parábola que le parece de una sencillez pueril, porque no comprende que se pusiesen tantas dificultades para asistir a un festín, y aun menos que los convidados llevasen la resistencia hasta el extremo de matar atrozmente a los enviados del Señor de la casa. "Las parábolas, dice, son sin duda figuras, pero es   preciso que no traspasen los límites de lo verosímil".
Lo mismo puede decirse de todas las alegorías y de las fábulas más ingeniosas, si
no se las despoja de su envoltura para buscar en ellas el sentido oculto. Jesús sacaba las suyas de los usos más vulgares de la vida, y las adaptaba a las costumbres y al carácter del pueblo al cual hablaba; la mayor parte tienen por objeto hacer penetrar en las masas la idea de la vida espiritual; muchas veces el sentido sólo parece ininteligible porque no se aparta de este punto de vista.
En esta parábola, Jesús compara el reino de los cielos en donde todo es alegría y felicidad, a un 
festín. Por los primeros convidados hace alusión a los Hebreos que Dios había llamado los primeros al conocimiento de su ley. Los enviados del maestro, son los profetas que venían a exhortarles para que siguieran el camino de una verdadera   felicidad; pero sus palabras eran poco escuchadas, sus, advertencias eran despreciadas y aun muchos fueron muertos alevosamente como los servidores de la parábola. Los convidados que se excusan diciendo que tienen que cuidar sus campos y sus negocios, son el emblema de las gentes de mundo, que absortos por las cosas terrestres, son indiferentes para las celestes.
Era una creencia entre los judíos de entonces, que su nación debía adquirir la   supremacía sobre todas las otras. En efecto, Dios, ¿no había prometido a Abraham que su posteridad cubriría toda la tierra? Pero siempre tomando la forma por el fondo, creían en una dominación efectiva y material. Antes de la venida de Cristo, a excepción de los hebreos, todos los pueblos eran idólatras y politeístas. si; algunos hombres superiores al vulgo concibieron la idea de la unidad divina, esta idea quedó en el estado de sistema personal pero en ninguna parte fue aceptada como verdad fundamental, sino por los pueblos iniciados que ocultaban sus conocimientos bajo un velo misterioso e   impenetrable para las masas. Los hebreos fueron los primeros que practicaron
públicamente el monoteísmo, y a ellos transmitió Dios su ley, primero por Moisés, y después por Jesús; de este pequeño foco salió la luz que debía esparcirse por todo el mundo, triunfar del paganismo y dar a Abraham una posteridad espiritual "tan numerosa como las estrellas del firmamento". Pero los judíos, rechazando la idolatría, habían rechazado la ley moral, para dedicarse a la práctica más fácil de las formas exteriores. El mal llegó a su colmo; la nación esclavizada estaba destrozada por las fracciones y dividida por las sectas; la misma incredulidad había penetrado hasta el santuario. Entonces apareció Jesús, enviado para llamarlos a la observancia de la ley y abrirles los nuevos horizontes de la vida futura; convidados los primeros al gran banquete de la fe universal, rechazaron la palabra del celeste Mesías, y le hicieron perecer; así perdieron el fruto que hubieran podido recoger de su primera iniciativa.

   Sería injusto, sin embargo, acusar al pueblo entero de este estado de cosas; la responsabilidad incumbe principalmente a los fariseos y a los saduceos, que perdieron la nación por el orgullo y fanatismo de unos y por la incredulidad de los otros. A éstos sobre todo, compara Jesús con los convidados que rehusaron la comida de las bodas.
   Después añade: "El Señor, viendo esto, hizo convidar a todos aquellos que se encontraron en las encrucijadas y en las calles, buenos y malos".
   Quería  decir con esto que la palabra iba a ser predicada a todos los otros pueblos, paganos e idólatras, y que aceptándola éstos, serían admitidos al festín en el puesto de los primeros convidados.
   Pero no basta ser convidado; no hasta llevar el nombre de cristiano ni sentarse a la mesa para tomar parte en el celeste banquete: es menester, ante todo y con expresa condición, estar revestido con la ropa nupcial, es decir, tener la pureza de corazón y practicar la ley según el espíritu; y esta ley está completa en estas palabras: "Sin caridad no hay salvación". Pero entre todos aquellos que oyen la palabra divina, ¡cuán pocos hay que la guarden y se aprovechen de ella! ¡Cuán pocos se hacen dignos de entrar en el reino de los cielos! Por esto dijo Jesús: "Serán muchos los llamados, y pocos los escogidos".

EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO. ALLAN KARDEC.

                                                  ******************************


                                                                  

                  Orgullo, Riqueza y Pobreza
Leon Denis

De todos los vicios, el más temible es el orgullo, pues siembra tras de sí los gérmenes de casi todos los demás vicios. En cuanto ha penetrado en un alma como en una plaza conquistada, se adueña de ella, se acomoda a su gusto y se fortifica en ella hasta el punto de hacerse inexpugnable. Es la hidra monstruosa siempre preñada y cuyos vástagos son monstruos como ella.

¡Desgraciado el hombre que se dejó sorprender! No podrá liberarse sino a costa de terribles luchas, a consecuencia de sufrimientos dolorosos, de existencias oscuras, de todo un porvenir de envilecimiento y de humillación, pues este es el único remedio eficaz para los males que engendra el orgullo.

Este vicio constituye el azote más grande de la humanidad. De él proceden todos los desgarramientos de la vida social, las rivalidades de clases y de pueblos, las intrigas, el odio y la guerra. Inspirador de locas ambiciones, ha cubierto la Tierra de sangre y de ruinas, y es también el quien causa nuestros sufrimientos de ultratumba, pues sus efectos se extienden hasta más allá de la muerte, hasta nuestros destinos lejanos. No solamente nos desvía el orgullo del amor de nuestros semejantes, sino que hace imposible todo mejoramiento, abusando de nuestro valor y cegándonos con nuestros defectos. Sólo un examen riguroso de nuestros actos y de nuestros pensamientos nos permitirá reformarnos. Pero ¿ cómo el orgullo se sometería a este examen? De todos los hombres, el orgulloso es el que menos puede conocerse. Infatuado de su persona, nada puede desengañarle, pues aparta con cuidado todo lo que puede esclarecerle; odia la contradicción, y sólo se complace en la sociedad de los halagadores.

Como el gusano roedor en un buen fruto, el orgullo corrompe las obras más meritorias. A veces, incluso las torna perjudiciales para quienes la realizan. El bien, realizado con ostentación, con un secreto deseo de ser aplaudido y glorificado, se vuelve contra su autor. En la vida espiritual, las intenciones, los móviles ocultos que nos inspiran reaparecen como testigos, abruman al orgulloso y reducen a la nada sus méritos ilusorios. El orgullo nos oculta toda la verdad. Para estudiar con fruto el Universo y sus leyes, se necesita, ante todo, la sencillez, la sinceridad, la rectitud del corazón y de la inteligencia, virtudes desconocidas para el orgulloso. La idea de que tantos seres y tantas cosas nos dominan le es insoportable y la rechaza. Sus juicios tienen para él los límites de lo posible; se resuelve difícilmente a admitir que su saber y su comprensión sean limitados.

El hombre sencillo, humilde de corazón, rico en cualidades morales, llegará más pronto a la verdad, a pesar de la inferioridad posible de sus facultades, que el presuntuoso, vano de ciencia terrestre, sublevado contra la ley que le rebaja y destruye su prestigio. La enseñanza de los espíritus nos pone de manifiesto, bajo su verdadera luz, la situación de los orgullosos en la vida de ultratumba. Los humildes y los débiles de este mundo se encuentran allí más elevados; los vanidosos y los poderosos, empequeñecidos y humillados. Los unos llevan consigo lo que constituye la verdadera superioridad: las virtudes, las cualidades adquiridas con el sufrimiento; en tanto que los otros han de abandonar a la hora de la muerte títulos, fortuna y vano saber. Todo lo que constituye su gloria y su felicidad se desvanece como humo. Llegan al espacio pobres, despojados, y esa súbita desnudez, contrastando con su pasado esplendor aviva sus preocupaciones y sus grandes pesares. Con una profunda amargura, ven por encima de ellos, en la luz, a aquellos a quienes desdeñaron y despreciaron en la Tierra. Lo mismo les ocurre en las encarnaciones siguientes. El orgullo, la ávida ambición no puede atenuarse y extinguirse sino mediante vidas atormentadas, vidas de trabajo y de renunciación, en el transcurso de las cuales el alma orgullosa bucea en sí misma, reconoce su debilidad y se abre a mejores sentimientos.

Un poco de sensatez y de reflexión nos preservará de estos males. ¿Cómo podremos dejarnos invadir y dominar por el orgullo, cuando nos basta contemplarnos para ver lo poco que somos? ¿Son, acaso, nuestro cuerpo y nuestros placeres físicos los que nos inspiran la vanidad? La belleza es pasajera: una sola enfermedad puede destruirla. Todos los días, el tiempo realiza su obra; algunos pasos más en la vida, y todas las ventajas quedarán mustias, marchitas; nuestro cuerpo no será más que una cosa repugnante. ¿Acaso se tratará de nuestra superioridad sobre la Naturaleza? Que el más poderoso, el mejor dotado de nosotros sea transportado a un desierto, y ello deberá bastarle; que haga frente a los elementos desencadenados; que, aislado, se exponga a las cóleras del océano. En medio de los furores del viento, de las olas o del fuego subterráneo, ¡cómo se revelará su debilidad!

En las horas de peligro, todas las distinciones sociales, los títulos y las ventajas de la fortuna se miden en su justo valor. Todos somos iguales ante el peligro, el sufrimiento y la muerte. Todos los hombres, desde el más alto al más miserable, están hechos con la misma arcilla. Revestidos de harapos o de suntuosos trajes, sus cuerpos son animados por espíritus del mismo origen, y todos volverán a encontrarse confundidos en la vida futura. Sólo su valor moral les distinguirá. El más grande en la Tierra puede convertirse en uno de los últimos en el espacio, y el mendigo puede vestir un traje resplandeciente. No tengamos la vanidad de los favores y de las ventajas pasajeras. Nadie sabe lo que le reserva el mañana.

Si Jesús prometió a los humildes y a los pequeños la entrada en el reino celestial, es porque la riqueza y el poder engendran con demasiada frecuencia el orgullo, en tanto que una vida laboriosa y oscura es el elemento más seguro del progreso moral. En la realización de su tarea diaria, las tentaciones, los deseos y los apetitos malsanos asedian menos al trabajador; puede entregarse a la meditación y desarrollar su conciencia; el hombre de mundo, por el contrario, es absorbido por las ocupaciones frívolas, por la especulación o por el placer.

La riqueza nos liga a la Tierra con lazos tan numerosos y tan íntimos, que rara vez consigue la muerte romperlos y librarnos de ellos. De aquí las angustias del rico en la vida futura. Sin embargo, fácil es de comprender que nada es nuestro en este globo. Los bienes a los cuales nos consagramos a toda costa no nos pertenecen más que en apariencia. Otros cien, otros mil, antes que nosotros creyeron poseerlos; otros mil, después de nosotros, se arrullarán con las mismas ilusiones, y todos los abandonan, tarde o temprano. Nuestro cuerpo mismo es un préstamo de la Naturaleza, y ella sabe muy bien recobrarlo cuando le conviene. Nuestras únicas adquisiciones duraderas son de orden intelectual y moral. Del amor a los bienes materiales nace la envidia. El que lleva en si este vicio puede despedirse de todo reposo y de toda paz. Su vida se convierte en un perpetuo tormento. Los éxitos, la opulencia del prójimo despiertan en él ardientes codicias y una fiebre de posesión que le consumen. El envidioso no piensa más que en eclipsar a los demás, en adquirir riquezas de las cuales no sabe siquiera gozar. ¿Existe una vida más lamentable? Perseguir sin cesar una felicidad quimérica, poner toda el alma en las vanidades cuya pérdida nos desespera, ¿no es hacer un suplicio de todos los instantes?

La riqueza no es, sin embargo, un mal por sí misma. Es buena o mala, según el empleo que se hace de ella. Lo importante es que no inspire orgullo ni dureza de corazón. Es preciso que seamos dueños de nuestra fortuna y no sus esclavos; es preciso que nos mostremos superiores a ella, desinteresados y generosos. En estas condiciones, la prueba peligrosa de la riqueza se hace más fácil de soportar. No ablanda los caracteres, no despierta esa sensualidad casi inseparable del bienestar.

La prosperidad es peligrosa por las tentaciones que da, por la fascinación que ejerce sobre los espíritus. Puede, sin embargo, ser la fuente de un gran bien cuando se dispone de ella con sensatez y mesura. Con la riqueza se puede contribuir al progreso intelectual de los hombres, al mejoramiento de las sociedades, creando instituciones benéficas o escuelas, haciendo participar a los desheredados de los descubrimientos de la ciencia y de las revelaciones de la belleza. Pero, sobre todo, la riqueza debe verterse sobre aquellos que luchan contra la necesidad, en forma de trabajo y de socorro.

Por el contrario, consagrar los recursos a la satisfacción exclusiva de la vanidad y de los sentidos es perder la existencia y crearse penosas dificultades. El rico deberá dar cuenta del depósito que se ha hecho en sus manos para bien de todos. Cuando la ley inexorable, cuando el grito de su conciencia se eleven contra él en ese mundo futuro en el que el oro no tiene ya influencia, ¿qué responderá ante la acusación de haber empleado en su único provecho lo que debía apaciguar el hambre y los sufrimientos de los demás? Cuando el espíritu no se considera suficientemente armado contra las seducciones de la riqueza, debe apartarse de esa prueba peligrosa y buscar con preferencia una vida sencilla, lejos de los vértigos de la fortuna y de la grandeza. Si la suerte le destina, a pesar de todo, a ocupar un puesto elevado en este mundo, que no se regocije por ello, pues su responsabilidad y sus deberes serán mucho más extensos. Colocado en las categorías inferiores de la sociedad, que no se avergüence nunca de ello. El papel de los humildes es el más meritorio; son los que soportan todo el peso de la civilización; de su trabajo es de lo que se alimenta y vive la humanidad. El pobre debe ser sagrado para todos, pues pobre fue como Jesús quiso nacer y morir; la pobreza fue lo que escogieron Epicteto, Francisco de Asís, Miguel Ángel, Vicente de Paúl y tantos otros nobles espíritus que vivieron en este mundo. Sabían que el trabajo, las privaciones y el sufrimiento desarrollan las fuerzas viriles del alma, en tanto que la prosperidad las aminora. En el desprendimiento de las cosas humanas, unos encontraron la santificación y otros el poder que proporciona el genio.

La pobreza nos enseña a compadecemos de los males de los demás, haciéndonos conocerlos mejor, nos une a todos los que sufren; da valor a mil cosas para las cuales son indiferentes los dichosos. Los que no han conocido sus lecciones ignoran siempre uno de los aspectos más conmovedores de la vida. No envidiemos a los ricos, cuyo esplendor aparente oculta tantas miserias morales. No olvidemos que bajo el cilicio de la pobreza se esconden las virtudes más sublimes, la abnegación y el espíritu de sacrificio. No olvidemos tampoco que con las labores y la sangre, con la inmolación continua de los humildes, viven las sociedades, se defienden y se renuevan.

Extraído del libro "El Camino Recto"
Léon Denis

                                                           *********************************


                                                                                    


ANTICONCEPTIVOS Y REENCARNACIÓN

El control de la natalidad viene siendo ejecutado desde el principio de los tiempos. La civilización humana siempre encontró raíces o hierbas con las que feticheros o médicos buscaban interferir en el proceso de la concepción o de la gestación en curso.

Igualmente, aquellas parejas contrarias a los procesos artificiales, frecuentemente optan por métodos naturales, evitando relaciones sexuales en los días fértiles, buscando el mismo resultado: la limitación de la natalidad. Teóricamente en todos los matrimonios habría la posibilidad de un número mayor de hijos, en caso de no haber una forma de control de planificación familiar. Esta constatación nos lleva a creer que hay  en la casi totalidad de las parejas alguna interferencia por libre iniciativa, sobre la natalidad de los hijos.

    En base de lo expuesto, el buen sentido nos lleva a posicionarnos realmente, sin, no obstante, perder la visión idealista. Nosotros seres humanos, ya conquistamos el derecho a la libertad de decidir, evidentemente con la responsabilidad asumida por el libre albedrío. El Homo sapiens ya puso la posibilidad de elegir la ruta de su progreso, acelerando o reduciendo la velocidad de su desarrollo espiritual. Somos artífices de nuestro propio destino.

      En las informaciones recogidas psicográfica o psicofónicamente, los espíritus nos proponen la planificación básica de nuestra vida aquí en la Tierra. Proyecto desarrollado antes de reencarnar. Si es verdad que los detalles serán construidos aquí por nosotros, el plano general fue anteriormente elaborado en el mundo espiritual, frecuentemente con nuestro acuerdo. En esta planificación básica, consta el número de hijos.

   Si un determinado matrimonio debería recibir cuatro hijos en su ruta reencarnatoria y no lo hizo, por el uso de anticonceptivos o de otro método bloqueador de la concepción, quedará con la carga de responsabilidad a ser cumplida. No se permitió la tarea completa que se propuso antes de renacer. La gran cuestión que surge es en relación con las consecuencias venidas de su decisión de limitar la natalidad de sus hijos. Sabemos que hay una transferencia del compromiso establecido, para otra encarnación.

   Sucede muchas veces que esta decisión de postergar compromisos, determina la necesidad de un replanteamiento espiritual, con relación a aquellos designados para la reencarnación en un determinado hogar. Pueden los mismos, obtener nuevos pasaportes, surgiendo como nietos, hijos adoptivos y otras vías de acceso elaboradas por la espiritualidad mayor. En estos casos surgirá la necesidad de un cumplimiento de la laguna de trabajo que se creó al impedir la llegada de más hijos.

   El trabajo constructivo, consciente o inconscientemente desarrollado para la sustitución del compromiso previamente asumido, podrá compensar, al menos parcialmente la deuda aplazada. Cualquier deuda kármica podrá ser sanada o apagada por potenciales positivos, a veces bien diversos, de los sectores de aquellos que originan las reacciones. No obstante, la labor amorosa en el área más específica de la maternidad e infancia necesitadas son naturalmente más indicados para la armonización de las energías vueltas deficientes en ese área.
     Si lo ideal es que cumplamos el plan de vida preestablecido, es también casi general el hecho de que en este planeta la mayoría no logra el éxito en la ejecución total de sus tareas. Nos queda la necesidad de consultar honestamente la conciencia, pues por la intuición o sintonía con nuestro yo interno encontraremos respuestas a las dudas (o deudas) particulares en este menester.

   Es constatación evidente el hecho de que normalmente no nos acordemos de los planes previamente trazados, pero es verdad también que frecuentemente hacemos oídos sordos a los avisos que nuestro inconsciente nos transmite. No esperamos respuestas rápidas o transferencia de decisión para quien quiera que sea, al final estamos luchando para huir o no de los mensajes dogmáticos, de esto es permitido y esto no lo es. Cada matrimonio deberá valorar el sumergimiento en su inconsciente, sentir, meditar y de las aguas profundas de su espíritu, traer a la superficie su respuesta.....

- Prof. Ricardo di Bernardi-

                                                                           ***************************

   
                                                                 
                               LOS FLAGELOS QUE TEMEMOS

 - La Tempestad asusta; no obstante fortalecerá nuestra resistencia si sabemos recibirla.
- El dolor dilacera; Sin embargo será portador de incalculables beneficios si aceptamos su concurso con nobleza.
- La incomprensión duele; Con todo, nos ofrece la excelente oportunidad de comprender.
-La desesperación destruye; Mas frente a ella encontramos los momentos de cultivar la serenidad.
-El odio entenebrece; Entre tanto descubre un bendito horizonte para la revelación del Amor.
-La aflicción deprime; Pero nos abre, además, las puertas de la acción consoladora.
-El sinsabor nos conmueve: Pero en él encontramos las vías de la renovación.
-La prueba tortura; Pero sin ella es imposible el aprendizaje.
- El obstáculo nos disgusta; Sin embargo tenemos en él un legítimo generador de elevación y capacidad.

   Si usted desea ser un cristiano sincero, perdiendo vencerá la batalla de cada día; cediendo, obtendrá los recursos que necesita; trabajando, conseguirá la propia felicidad; perdonando, construirá alrededor suyo; libertando, conquistará a los demás; soportando, resistirá en la tempestad; renunciando, ganará tesoros inmortales; Bendiciendo, salvará a muchos; Sufriendo, conquistará más luz; Sacrificándose, hallará la Paz; Sudando, se purificará, y Amando, iluminará siempre.

Recuerde que usted mismo es el mejor secretario de sus tareas. el más eficiente propagandista de sus ideales, la más clara demostración de sus principios, el más elevado modelo de la enseñanza superior que su Espíritu propugna, y el mensaje vivo de las elevadas nociones que usted transmite a los demás.
De igual forma no se olvide de que el mayor enemigo de sus realizaciones más nobles, es la completa o incompleta negación del idealismo sublime que usted pregona, la nota disonante de la sinfonía del bien que pretende ejecutar, el arquitecto de sus aflicciones y el destructor de sus oportunidades para elevarse, es usted mismo.

- André Luiz (Espíritu)-
                                                                   *********************************



martes, 25 de abril de 2023

Hermafroditismo y Uni-sexualidad

  INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- Misiones de los Espíritus

2.- Protectores y Guías Espirituales 

3.- El paradigma ignorado 

4.- Hermafroditismo y Uni-sexualidad

                                       *******************************


   MISIONES DE LOS ESPÍRITUS
                                                                   

En el mundo espiritual, al margen momentos puntuales de seres que están en estadios inferiores, no existe la ociosidad sino el trabajo laborioso de acuerdo, sobre todo, al grado de adelanto alcanzado, así como a las capacidades, tendencias, inclinaciones y necesidades de cada cual. En relación a esto, la cuestión 569 de El Libro de los Espíritus, nos informa así:
¿En qué consisten las misiones que pueden tener a su cargo los espíritus errantes?
«Son tan variadas, que sería imposible describirlas, y además las hay que no podéis comprender. Los espíritus ejecutan la voluntad de Dios, y no podéis penetrar todos sus designios».
“Las misiones de los espíritus siempre tienen el bien por objeto. Ya como espíritus, ya como hombres están encargados de favorecer el progreso de la humanidad, de los pueblos o de los individuos en un circulo de ideas más o menos extenso, mas o menos especial, de preparar el camino a ciertos acontecimientos y velar por la realización de ciertas cosas. Algunos tienen misiones más restringidas y en cierto modo personales o del todo locales, como asistir a los enfermos, a los agonizantes, a los afligidos, velar por aquellos cuyos guías y protectores son, y dirigirlos por medio de sus consejos o sugiriéndoles buenos pensamientos. Puede decirse que hay tantas especies de misiones como clases de intereses que vigilar, ya en el mundo físico, ya en el moral. El espíritu adelanta según el modo como cumple su tarea”.
Estas informaciones sobre las ocupaciones de los espíritus en estado de erraticidad se completan en la cuestión 584 del mismo texto, donde se añade:
“Unos recorren los mundos, se instruyen y se preparan para una nueva encarnación.
Otros más adelantados se ocupan del progreso, dirigiendo los acontecimientos y sugiriendo pensamientos propicios; asisten a los hombres de genio que concurren al adelanto de la humanidad.
Otros se encarnan con una misión de progreso.
Otros toman bajo su tutela a los individuos, familias, reuniones, ciudades y pueblos de los que son ángeles guardianes, genios protectores y espíritus familiares.
Otros, en fin, presiden a los fenómenos de la naturaleza, cuyos agentes directos son.
Los espíritus vulgares se mezclan en nuestras ocupaciones y diversiones.
Los espíritus impuros o imperfectos esperan, entre angustias y tormentos, el momento en que le placerá a Dios procurarles los medios de progreso. Si hacen el mal, es por despecho del bien que no pueden aún gozar.”
- Asociación de Estudios Espíritas "Amanecer Espírita"-
                                    *************************

         PROTECTORES Y GUÍAS
                ESPIRITUALES
 

   En el Libro de los Espíritus, en las cuestiones 489, 490 y 491, se nos dice:
489 – ¿Hay Espíritus que se unen particularmente a un individuo para protegerle?
¡Sí, el hermano espiritual, al que vosotros llamáis el Espíritu bueno, o el genio”.
490 – ¿Qué debe entenderse por ángel guardián?
“El Espíritu protector de un orden elevado”.
491 – ¿Cuál es la misión del Espíritu protector?
“La de un padre respecto a sus hijos; llevar a su protegido al buen camino, ayudarle con sus consejos, consolarle en sus aflicciones y sostenerle en las pruebas de la vida”.
Así, pues, con la denominación de Guía o Protector Espiritual, se designa a aquel ser espiritual que tiene encomendada la tarea específica de amparar, ayudar y proteger a otro espíritu durante su fase de encarnado, siendo una más de las variadas tareas que ejercen los espíritus de cierto progreso. El guía espiritual es generalmente un espíritu cercano, afín o simpático, aunque también los hay que pueden desarrollar esta tarea como deber, como se nos recuerda en la cuestión 493 de El Libro de los Espíritus. “¿Es voluntaria u obligatoria la misión del Espíritu protector?”, pregunta Kardec, a lo que su espíritu instructor contesta: “El Espíritu está obligado a cuidar de vosotros; porque ha aceptado esta tarea; pero elige los seres que le son simpáticos. Para unos es un placer, para otros una misión o un deber”.
Todos nosotros, los seres encarnados, desde el salvaje y de moral inferior hasta seres adelantados espiritualmente, tenemos asignado un espíritu guía que vela por nosotros. Por definición el espíritu guía o protector es una entidad de mayor evolución que su protegido – no se entendería lo contrario, lo cual viene confirmado por lo que le dijeron los espíritus a Kardec según se refleja en la cuestión 514 de El Libro de los Espíritus, – y no es nada extraño encontrar vínculos de parentesco entre ambos, en ésta o en anteriores encarnaciones. Esto es debido a que la ley de afinidad y simpatía está envuelta en la determinación del guía espiritual que corresponde a cada ser encarnado, ley conjugada, evidentemente, con la de amor y justicia.
Este espíritu protector ejerce su tarea desde el nacimiento de su protegido hasta su desencarnación y en numerosas oportunidades le acompaña incluso en la vida espiritual, después de la muerte, y hasta en otras vidas.
Es ilógico pensar que un espíritu guía o protector tenga que ser necesariamente de una categoría evolutiva elevadísima, de por sí o sólo porque sea “nuestro” guía,  un  pensamiento que si se tiene descubre un tremendo sentimiento de vanidad. Para esto existe, también, una ley de jerarquía y de economía espiritual, que lleva a que cada ser realice sólo las tareas para las que está preparado, y de igual forma que es un dispendio de recursos innecesario que sean los catedráticos los que den clases al nivel de primaria en una escuela, no es posible suponer que si un guiado tiene, por decirlo así, un grado de evolución 4, su guía sea del grado 30. Es más, la jerarquía espiritual implica que los propios guías espirituales puedan enfrentar situaciones o problemas que requieran por su parte una asesoría o intervención superior, para ofrecer una respuesta adecuada a su protegido.
Según la clasificación establecida por Kardec, de acuerdo a las informaciones espirituales por él recibidas, se pueden establecer tres categorías esenciales en los espíritus. La primera categoría la integrarían los espíritus imperfectos, caracterizados por el predominio de la materia sobre el espíritu y la propensión al mal; en los de la segunda categoría hay predominio del espíritu sobre la materia y del deseo del bien, y comprende los espíritus buenos; en tanto que la tercera comprende los espíritus puros, es decir, los que han alcanzado el grado máximo de perfección.
Lógicamente, sólo podremos comenzar a encontrar guías espirituales de cierto nivel entre los espíritus situados en el segundo orden, los espíritus buenos, aquellos que llegaron al medio de la escala. Entre estos, según Kardec explica en la cuestión 107 de El Libro de los Espíritus, “unos poseen la ciencia, otros la sabiduría y la bondad”, y aunque están todavía sujetos a pruebas, sus características generales son – añade el sabio francés – “el predominio del espíritu sobre la materia y deseo de hacer bien. Sus cualidades y poder para practicarlo están en proporción del grado a que han llegado, poseyendo unos la ciencia, otros la prudencia y la bondad, y reuniendo los más adelantados el saber y las cualidades morales. No estando aún completamente desmaterializados, conservan más o menos, según su jerarquía, los vestigios de la existencia corporal, ora en la forma del lenguaje, ora en sus costumbres, en las que se llega a descubrir algunas de sus manías, y a no ser así, serían espíritus perfectos.
Comprenden a Dios y el infinito – continua el Codificador – y gozan ya de la felicidad de los buenos; son dichosos cuando hacen el bien e impiden el mal, y el amor que los une es para ellos origen de una dicha inefable no alterada por la envidia, por los remordimientos, ni por ninguna de las malas pasiones, que atormentan a los espíritus imperfectos; pero todos han de sufrir pruebas hasta que alcancen la perfección absoluta.
Como espíritus, suscitan buenos pensamientos, alejan a los hombres del camino del mal, protegen, durante la vida, a los que se hacen merecedores de protección y neutralizan la influencia de los espíritus imperfectos en aquellos individuos que no se complacen en tolerarla…
A este orden – concluye Kardec – pertenecen los espíritus conocidos en las creencias vulgares con los nombres de genios buenos, genios protectores y espíritus del bien; En tiempo de superstición y de ignorancia se les ha elevado a la categoría de divinidades bienhechoras.
En este momento, nos surge una pregunta, ¿ qué criterios se siguen para la elección de un guía determinado para cada ser? Michael Newton en su obra “La Vida entre Vidas”, responde así a esta cuestión:
“A menudo me preguntan si los profesores-guías se nos asignan al azar o con algún motivo concreto. Es una pregunta difícil de contestar. Los guías parecen asignársenos de una manera ordenada en el mundo espiritual. Creo que esta elección está basada en la adaptación y la integración de sus técnicas de enseñanza a la identidad de nuestras almas. Por ejemplo, he oído que existen ciertos guías jóvenes en cuyas vidas pasadas tuvieron que superar rasgos negativos difíciles a quienes se les asigna almas con las mismas pautas de conducta”.
Este otro párrafo que copiamos de la obra titulada “Canalización”, de Sanaya Román y Duane Packer, nos parece que aporta elementos clarificadores y complementarios para encontrar respuesta aceptable al interrogante planteado:
“No todas las entidades de los dominios superiores deciden ser guías…. El trabajo en otros planos de la realidad es tan variado como su trabajo en la tierra. Los guías son cier­tos seres que tienen una gran habilidad para transmitir la energía de su di­mensión, a la de ustedes. Se requiere de una enorme cantidad de energía de nuestro plano para llegar al de ustedes, y esto se hace con mucha frecuencia debido, al amor puro por la humanidad y la devoción a la transmisión de ideales superiores. Al alcanzar los dominios superiores, el servicio altruista para los demás es un sendero de evolución rápida…”.
En definitiva, parece ser que es el nivel de comprensión de cada espíritu lo que determina el grado del guía que se le asigna. Igualmente, se ha de tener en cuenta que no todos los espíritus en todos los momentos, pueden ejercer todas las funciones, pues estas dependen, como también hemos señalado, de su posición en la escala espiritual.
No hay correlación entre el sexo del guiado y la apariencia sexual con la que se presenta el guía. Los guías pueden aparecer como varones o mujeres, aunque en los dominios de la espiritualidad pura no hay polaridad, de forma que los guías no son hombres o mujeres tal como lo entendemos desde el punto de vista de la existencia física.
 Y en cuanto al aspecto formal con que se presentan o pueden presentar los guías, es muy  variable  en cuanto a la raza, el atuendo y otros distintivos reconocibles; a veces se los percibe sólo como luz y color o como sonidos; otros traen ropajes como los de los antiguos monjes, o están ataviados con túnicas. Algunas personas miran a sus guías como figuras familiares que han co­nocido o que forman parte del imaginario de sus creencias, tales como Cristo, Buda, determinados santos, o ángeles, quienes representan gran amor y sabiduría para ellos. Los guías pueden aparecer también como pieles rojas americanos, sabios chinos, maestros hindúes, guerreros de viejas civilizaciones, así como otras numerosas apariencias, etc.
En fin, ellos, los guías espirituales, adoptarán por lo general la identidad que permita el mayor éxito en la misión que deben desempeñar, o aquella con la que cada cual pueda relacionarse con mayor facilidad.
- Asociación de Estudios Espíritas "Amanecer Espírita"-
                                    ***************************

                El paradigma ignorado                


“ Los dioses antiguos han envejecido o muerto y otros aún no han nacido”. (Emile Durkheim)

El proceso de civilización  que estamos viviendo se desarrolla como si nuestro planeta fuera un gigantesco y dinámico escenario con escenarios en constante cambio y actores en constante rotación.

Este inmenso espectáculo está dirigido por “matrices ideológicas” o paradigmas que, en un momento y una cultura determinados, se vuelven hegemónicos y, por tanto, elegidos para administrar el proceso hasta que, agotada su virilidad, seniles, son reemplazados por nuevos paradigmas.

Debe reconocerse, sin embargo, que el envejecimiento o incluso la muerte de los antiguos dioses no se reconoce fácilmente. Como la orfandad es muy dolorosa, es preferible un dios momificado a ningún dios, prolongando así la crisis de referencias al mismo tiempo que se somete a los candidatos a la sucesión a las pruebas necesarias.

Una de las principales causas de la crisis existencial de nuestro tiempo es el agotamiento de los modelos conceptuales aún vigentes, cada vez más incapaces de ofrecer seguridad e identidad.

El psicoanalista Hélio Pelegrini afirmó en un artículo que la angustia metafísica que nos aqueja exige una filosofía pública sobre el sentido y el fin de la vida, capaz de orientar toda actividad humana, o sea, una visión del hombre y del mundo que pueda universalizarse racionalmente .

Los relatos bíblicos, síntesis conceptual de aquellos tiempos y cultura, nos hablan, esencialmente, de un contrato establecido entre el Creador y las criaturas desde el momento en que conquistan la racionalidad, es decir, la libertad de desobedecer, que inaugura la historia humana. Este contrato es reformable en cuanto necesita ajustarse a los nuevos niveles de conciencia y libertad conquistados por el hombre. La iniciativa, sin embargo, como nos enseña la historia, pertenece al hombre.

Cuando los valores tradicionales comienzan a perder significado y eficacia, se debe idear un nuevo contrato, un nuevo conjunto de valores.

Ante esta determinación histórica, Kardec, con extraordinaria lucidez, identifica signos de agotamiento del paradigma vigente y lidera una revolución conceptual con base racional y humanista que, superando el órgano-centrismo ilustrado, propone una visión espirito-céntrica, es decir, que considera lo extra-físico o la dimensión espiritual como fundamental, afectando drásticamente la forma en que se percibe al hombre, al mundo ya la historia.

El carácter sintético del modelo conceptual kardeciano es evidente. Como flor tardía de la primavera de la Ilustración, el Espiritismo surge como una esperanza de renovación capaz de ofrecer al hombre la seguridad y la identidad perdidas, capacitándolo para avanzar, con confianza, una etapa más en el proceso evolutivo.

Casi siglo y medio después de su surgimiento, el Espiritismo, en lo que lo hace único, dinámico, revolucionario y universal, es desconocido por la inmensa mayoría de los mismos espíritas que, incapaces de comprender el alcance y profundidad de la monumental propuesta de Kardec, insisten, ingenuamente , al interpretarlo a la luz de paradigmas agonizantes o momificados que insisten en influirnos, reduciéndolo así a una mera secta religiosa.

Significativamente, esta fue exactamente la interpretación del abad François Chesnel en artículos publicados en el periódico L'Univers de Paris en abril de 1859 y tan vehementemente contestados por el fundador del Espiritismo, como consta en la “Revue Spirite” de mayo y julio de ese año.                                                                                                                                                          Como pueden ver, el Padre Chesnel era una escuela.                                                                                                 -CCEPA-

                                                                          *****************************

                                                   


 HERMAFRODITISMO Y UNI-SEXUALIDAD

     Analizando el instinto sexual en sus expresiones complejas en las líneas multiformes de la vida, conviene recordar que, por milenios y milenios el principio inteligente se detuvo en el hermafroditismo de las plantas, como por ejemplo, en las fanerógamas, en cuyas flores los estambres y pistilos articulan, respectivamente, elementos masculinos y femeninos. En las plantas criptogámicas celulares y vasculares se ensayara largamente la reproducción sexuada, en la forma de gametos (anterozoides y oosferas), que mucho se aproximan a los de los animales y cuya fecundación se efectúa por medios análogos a los que observamos en estos últimos seres. Después de muchas metamorfosis que no caben en un estudio sintético como el nuestro, adelantó el elemento espiritual en la reproducción monogónica, entre las diversas especies de protozoarios y metazoarios, con la división y gemación entre los primeros, correspondiendo a la escisión o estrobilación entre los segundos. Largo tiempo transcurrió para la evolución del instinto sexual en diversos tipos de animales inferiores, alternándose los estadios del hermafroditismo con los de la uni-sexualidad para que se perfeccionasen las características con vistas a los vertebrados.

Hermafroditismo potencial
Gradualmente, aparecen nuevos factores de diferenciación, conservándose, sin embargo, las distinciones esenciales, como podemos identificar, ahora, en el sapo macho adulto un hermafrodita potencial, a pesar de las señales masculinas con que se presenta, pues sabemos que porta en la región de su testículo, positivamente acrecentado, un ovario elemental adherido, el conocido cuerpo de Bidder. Si extirpamos el testículo, el ovario atrofiado comienza a funcionar, por acción de la hipófisis, conforme a experimentos comprobados, convirtiéndose en un ovario adulto. Otro hecho inverso es verificable en un cinco a diez por ciento de gallinas adultas, es decir, en individuos psíquicamente dispuestos, a los cuales, si le es retirado el ovario izquierdo, también considerablemente desarrollado, el ovario derecho, rudimentario, se transustancia en un testículo que se vitaliza y crece, en su parte medular, hasta entonces inhibido por los estrógenos del ovario izquierdo. Ante tal fenómeno, les aumenta la cresta, cantan típicamente a la manera del gallo y adoptan la conducta sexual masculina. Registramos estos hechos para demostrar que entre todos los vertebrados, y muy particularmente en el hombre, heredero de las más complicadas experiencias psíquicas en los dominios de la reencarnación, apenas los caracteres morfológicos de los órganos sexuales están sometidos a los principios de la genética. Eso ocurre porque no es sólo la acción de las glándulas sexuales que se muestran bipotenciales, hasta cierto punto, dado que todo el cosmos orgánico es susceptible de reaccionar ante las hormonas del mismo sexo o del sexo contrario, conforme a las disposiciones psíquicas de la personalidad.

Acción de las hormonas
Alcanzado un inequívoco progreso en sus estímulos, el cuerpo espiritual, desde la protoforma psicosomática en los animales superiores hasta el hombre, conforme a la posición de la mente a que sirve, determina una más amplia riqueza hormonal. Las glándulas sexuales que entonces moviliza son más complejas. Ejercen la propia acción por medio de las hormonas que segregan, arrojándolas en la sangre, hormonas femeninas o masculinas que poseen por armazón de la constitución química, con que se expresan, el núcleo  correspondiente al grupo de los enteroles. Las hormonas estrogénicas, oriundas del ovario, conservan los caracteres femeninos secundarios, y las androgénicas, segregadas por los testículos, sustentan los caracteres masculinos del mismo orden. Producen acciones estimulantes e inhibitorias, mas, como atienden necesariamente a los impulsos y determinaciones de la mente, por intermedio del cuerpo espiritual, incentivan el desarrollo o la manera de proceder de la especie, pero no los origina. Por eso, ninguno de ellos posee acción monopolizadora en el mundo orgánico, no obstante patentizar una u otra influencia de un modo más amplio. Aunque en razón del mismo principio que rige para su formación, por el cual obedecen a las vibraciones incesantes del campo mental, las hormonas no se almacenan: se transforman rápidamente o sufren una apresurada expulsión por los medios excretores. Entendiéndose a los recursos de la reproducción como engranajes y mecanismos de los que se vale el Espíritu en evolución para plasmar las formas físicas, sin que los hombres lo comprueben de un modo absoluto en sus aspectos más íntimos, es fácil reconocer que las glándulas sexuales y sus hormonas exhiben efectos relativamente específicos. Innegablemente, el ovario y las hormonas femeninas se responsabilizan por los distintivos sexuales femeninos, pero se pueden desarrollar algunos de ellos en el macho, prevaleciendo las mismas directrices para el testículo y las hormonas que le corresponden. Eso es claramente demostrable por medio de los experimentos de castración, injertos e inyecciones hormonales, dado que, a pesar de la acción sexual específica del testículo y del ovario se presenta, como un hecho indiscutible, la gónada, reflejando los estados de la mente, heredera directa de experiencias innumerables, que eventualmente produce cierta cantidad de hormonas heterosexuales y, de la misma manera, aun cuando las hormonas sexuales se manifiesten con una actividad específica intensa, en determinados acontecimientos realizan tal o cual acción en órganos del sexo opuesto. Esos son los efectos heterosexuales o bisexuales de las glándulas o de las hormonas.

ANDRE LUIZ, MEDIUM FRANCISCO CÁNDIDO XAVIER.                                                   EVOLUCIÓN EN DOS MUNDOS - SEXO Y CUERPO ESPIRITUAL

                                                     **********************************************