domingo, 26 de abril de 2020

¿Está Dios en los Centros Espíritas?

   INQUIETUDES  ESPÍRITAS
1.- Tiempo para sanar
2.- Motivos de la obsesión
3.- Acción- bondad
4.- ¿Está Dios en los Centros Espíritas?
5.- El progreso explicado








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                                 TIEMPO PARA SANAR

Tómate el debido tiempo para sanar

En la vida solemos afrontar distintas situaciones, de alguna manera para eso es la vida, para experimentar, conocer, comprender y enfrentar los obstáculos, caemos y aprendemos a levantarnos y continuar, nos topamos con afines y con relaciones tormentosas, almacenamos heridas y recuerdos…

En ese camino sufrimos perdidas, rupturas, separaciones, distanciamientos, además de todos los beneficios, logros y éxitos que forman parte de nuestro camino, sin embargo, son esos recuerdos tristes y dolorosos, los que se arraigan con mayor fuerza y quizás por más tiempo en nuestra alma.

No elegimos sufrir…

Sufrir una pena en nuestra existencia, es más común de lo que parece y en muchas oportunidades, no nos damos el espacio para sanar nuestras heridas, sino que por valentía o por buena voluntad, nos levantamos de manera inmediata y seguimos adelante, en esta misión de lucha que tenemos en la vida.

No es nuestra elección sufrir, en la mayoría de los casos, simplemente las cosas ocurren, la fatalidad, los malestares y los sin sabores aparecen en nuestra vida sin avisar y en muchos casos solo nos queda tratar de comprender y aceptar.

Por supuesto, que no está mal tener la voluntad y la entereza para levantarnos y seguir adelante tras una caída que sufrimos, pero de alguna manera debemos tomarnos un espacio para estar realmente sanos, para pasar ese proceso de superar el dolor que sufrimos, el sufrimiento y la tristeza, cualquiera haya sido la causa de lo que nos haya sucedido.

Sanar es un proceso…

Más que quedarnos ensimismados en la situación, es un tema de procesar, de entender y sobretodo aceptar lo ocurrido, para que pueda pasar a formar parte de buena manera de nuestro pasado, de lo contrario quedará una espina, una abertura, una grieta, una herida constantemente sangrando en nuestro interior, por no haber tenido un tiempo para sanar y regenerarse.

Las etapas de ese proceso dependerá de nosotros, cada quien tiene un ritmo distinto y es sabio respetar estos tiempos, sin necesidad de forzar nada, todo debe fluir con sencillez pues sólo la hartura sanará la herida y esto solo ocurre viviendo el dolor y asimilando la separación.

Tiempo para sanar…

Siempre tómate un tiempo para sanar, respeta y vive tu dolor, entiende que eres un ser humano y que está bien sentirse mal y que con esa misma aceptación, podrás levantarte verdaderamente sana y continuar tu camino.

El tiempo sana las heridas, dicen por allí, y debe tener su certeza pues solo al pasar el tiempo podemos mirar hacia atrás y darnos cuenta de lo que hemos podido superar, en muchas ocasiones ni siquiera sabemos hasta donde somos capaces de tolerar y hasta que punto soportamos el dolor, solo nos percatamos hasta que lo vivimos, por ello dar cabida al paso del tiempo para recuperarnos es la oportunidad de no dejar huella sin saldar, para que no se abran viejas heridas…

-Aportado por Viviana Gianitelli y Reynaldo Formoso-


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                      MOTIVOS DE LA OBSESIÓN

   Los motivos de la obsesión varían según el carácter del Espíritu; muchas veces es una venganza que ejerce sobre un individuo de quien ha tenido que quejarse durante su vida o en otra existencia; a menudo no tienen otra razón que el deseo de hacer mal; como sufre, quiere hacer sufrir a los demás; halla una
especie de gozo en atormentarles, en vejarles; de este modo la impaciencia que se demuestra le excita, porque tal es su objeto, mientras que se le cansa por la paciencia; irritándose, demostrando despecho, se hace precisamente lo que él quiere. Estos Espíritus obran algunas veces por ira y por celos del bien; por esto dirigen sobre las gentes honradas sus intenciones maléficas.


246. Hay Espíritus obsesores sin malicia, que son algo buenos, pero que tienen el orgullo del falso saber; tienen sus ideas y sus sistemas sobre la ciencia, la economía social, la moral, la religión, la filosofía; quieren hacer prevalecer su opinión y al efecto buscan médiums bastante crédulos para que les acepten con los ojos cerrados, a quienes fascinan para impedirles que puedan distinguir lo verdadero de lo falso. Estos son los más perjudiciales,porque los sofismas no les cuestan nada y de este modo pueden acreditar las utopías más ridículas; como conocen el prestigio de los grandes nombres no tienen ningún escrúpulo en servirse de aquellos ante los cuales uno se inclina con respeto, y tampoco
retroceden por el sacrilegio de nombrarse Jesús, Virgen María o un santo venerado. Procuran deslumbrar por un lenguaje pomposo,más pretencioso que profundo, erizado de términos técnicos y adornado de grandes palabras de caridad y de moral: se guardarán de dar un mal consejo, porque saben bien que serían despedidos;además, los que son sus víctimas les defienden porfiadamente
diciendo: ya veis que nada dicen de malo. Pero la moral no es para ellos sino un pase; es el menor de sus cuidados; lo que quieren ante todo es dominar e imponer sus ideas aunque estén desprovistas de razón.


247. Los Espíritus sistemáticos Son casi siempre habladores, muy prolijos, procurando compensar la calidad por la cantidad. Se complacen en dictar a sus intérpretes escritos voluminosos e indigestos y a menudo poco inteligibles, que
felizmente tienen por antídoto la imposibilidad material de ser leídos por las masas. Los Espíritus verdaderamente superiores son sobrios de palabras; escriben poco y dicen mucho; además esta prodigiosa fecundidad debe ser siempre sospechosa.
    No podríamos ser bastante circunspectos cuando se trata de publicar estos escritos; las utopías y las excentricidades, de las que abundan mucho, y que chocan con el buen sentido, producen una molesta impresión sobre las personas novicias, dándoles una idea falsa del Espiritismo, sin contar que estas son armas de las cuales se sirven sus enemigos para ponerlo en ridículo. Entre estas   publicaciones las hay que sin ser malas y sin dimanar de una obsesión pueden ser miradas como imprudentes, intempestivas o poco hábiles.


248. Acontece muchas veces que un médium solo puede comunicarse con un Espíritu, que se une a él y responde por aquellos que son llamados por su mediación. Esta no es siempre una obsesión, porque puede dimanar de una falta de flexibilidad del médium y de una afinidad especial de su parte por tal o cual
Espíritu. No hay obsesión propiamente dicha sino cuando el Espíritu impone y aleja a los otros por su voluntad; lo que nunca es el hecho de un Espíritu bueno. Generalmente el Espíritu que se apodera del médium con la idea de dominarle, no sufre el examen crítico de sus comunicaciones; cuando ve que no son aceptadas y que se discuten, no se retira pero inspira al médium el pensamiento
de aislarse y muchas veces se lo manda. Todo médium que se resiente de la crítica de las comunicaciones que recibe es el eco del Espíritu que le domina, y este Espíritu no puede ser bueno desde el momento que le inspira un pensamiento ilógico, el de rehusar su examen. El aislamiento del médium es siempre una cosa mala para él, porque no tiene ninguna comprobación para sus comunicaciones. No solamente debe cerciorarse por el aviso de un tercero, sino que le es necesario estudiar todas las clases de comunicaciones para compararlas; aislándose en las que obtiene,por muy buenas que les parezcan, se expone a hacerse ilusión sobre su valor sin contar que no puede conocerlo todo y que versan siempre, poco más o menos, sobre un mismo asunto.

EL LIBRO DE LOS MÉDIUMS. ALLAN KARDEC.

                       

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                          Acción - bondad

...Haz el bien con alegría, y en el acto de realizarlo, disfrutarás su recompensa.

Ayuda a todos con espontaneidad, como un deber que te impones en favor de ti mismo, y te envolverá una aureola de paz.
Si estableces alguna condición para ayudar, desmereces tu acción, empalide­ces su valor.

Joanna de Ângelis / Divaldo P. Franco -
Libro Episodios diarios – Editora LEAL

                                   

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       ¿ESTÁ DIOS EN LOS CENTROS ESPIRITAS?

     Los espiritas también somos hijos de Dios, y contrariamente a cómo piensan los sacerdotes, pastores, las catequistas  y las más altas autoridades  cristianas, de que  el Espiritismo es de invención diabólica y al Centro Espirita como la casa del diablo,  poco a poco, comenzó a caer en gracia. Pero, durante el correr del tiempo, esa situación ingrata se fue modificando. Las artimañas del diablo fueron venciendo gradualmente a los escrúpulos de los ministros de Dios. Padres y abadesas, monjes y monjas, sacristanes y sacristanas, pastores y ovejas comienzan a percibir que los espíritas también son hijos de Dios y merecen la bendición del Padre.

   Si Dios es el Todo en esencia y todo proviene de Él, todo pertenece a Él, todo es Él y Él dirige y gobierna todo, es evidente, entonces, que el Centro Espírita –donde todo se hace en nombre de Dios- no puede estar sin Dios. La omnipotencia y la omnipresencia de Dios son dos misterios teológicos admitidos por casi todas las religiones.

    Kardec, ya en el siglo pasado, antes de las conquistas científicas de nuestro siglo, propuso una teoría que hoy tiene la sanción de los nuevos descubrimientos. Por más que intentemos atribuir al Universo un límite –recordó él-, por más que avancemos con nuestra imaginación, siempre estaremos ante espacios que se extienden más allá de nuestra mirada. Esa prueba psicológica de la infinitud (basada al mismo tiempo en psicología y en lógica) tiene hoy la comprobación de las conquistas parapsicológicas, que revelan la existencia en nosotros de un poder también sin límites, que es el de la percepción extrasensorial de realidades que se ocultan a nuestros sentidos físicos. No se trata simplemente de intuición, sino de captación de realidades que están fuera del alcance de nuestros sentidos y de nuestros instrumentos. El hombre siente e intuye que el Universo es infinito.

   No se trata simplemente de intuición, sino de captación de realidades que están fuera del alcance de nuestros sentidos y de nuestros instrumentos. El hombre siente e intuye que el Universo es infinito. Teorías físicas y cálculos matemáticos lo contradicen. Pero la percepción extrasensorial, fundada en sus potencialidades inconscientes, continúa diciéndonos que, para las dimensiones del Cosmos, no existen límites.

   En el Centro Espírita la presencia de Dios se hace sentir en las manifestaciones mediúmnicos, que derrumban las barreras de la muerte a través de las declaraciones unánimes de los Espíritus superiores, comprobadamente poseedores de conocimientos muy superiores a los nuestros; por la revelación, probada a través de investigaciones y experimentaciones científicas de sabios eminentes del siglo pasado como del actual, que afirman que existen potencialidades en el hombre muy superiores a las que él revela estando encarnado, sujeto a los condicionamientos de la vida carnal. No se trata de dogmas establecidos por concilios de ciegos supuestamente divinos, sino de investigaciones objetivas controladas por la metodología científica. Dios no es una hipótesis, sino una realidad comprobada por el principio científico según el cual, de los efectos nos remontamos a las causas. Dios es la fuente causal de toda la realidad. Kardec extrajo de ese principio, por ilación lógica apoyada por los hechos, la ley espírita según la cual: Si todo efecto tiene una causa, todo efecto inteligente debe tener una causa inteligente. Ese es el raciocinio básico de las pruebas espíritas de la existencia de Dios.

   Más allá de eso, la presencia de Dios en el Centro Espírita se comprueba por las manifestaciones de sus mensajeros, los Espíritus superiores que están a su servicio por todo el infinito. Esas manifestaciones no son constantes ni fortuitas, pero ocurren de una manera inesperada y con una finalidad cierta. Mas es en el corazón de los humildes, sobre todo, que Dios se afirma como realidad viva y actuante, en las sesiones de auxilio espiritual. Un corazón de madre angustiado que se alivia y alegra al recibir la visita del hijo que perecía perdido para siempre, a través de una comunicación mediúmnica oral o en una aparición por la videncia que despertó en la madre. En una comprobación por la aparición tangible, o materialización, como en le caso famoso de Federico Figner a su esposa, que, en Belém do Pará, a través de la mediúmnidad de Ana Prado, una mujer humilde, tuvieron la oportunidad de tener a su hija Raquel nuevamente en sus brazos, sentirla abrazada a su cuello y conversar alegre y vivamente, censurando a su madre por haberse vestido de luto. En una aparición tangible de su propia madre, ofrecida a un sabio famoso que combatía al Espiritismo como superstición infundada, como aconteció a Cesare Lombroso en sesión con la médium Eusapia Paladino, presidida por el profesor Chiapa, de la Universidad de Milán, Lombroso abrazó a su madre, que dialogó con él, por lo que declaró en los días siguientes en un artículo de retractación publicado en la revista Sombra e Luce, de aquella ciudad: “Ningún gigante de la fuerza ni del pensamiento podría hacer por mí lo que hizo esa pobre mujer analfabeta: arrancar a mi madre de la tumba y devolvérmela a mis brazos”. No eran apariciones ocasionales, fácilmente atribuibles a factores psíquico-emocionales, sino apariciones provocadas en nombre de Dios, en sesiones experimentales en que el ingrediente Dios no había sido despreciado. “Con el permiso de Dios”, dicen siempre los Espíritus agraciados en esas oportunidades de reencuentros con los seres de ultratumba.

    El Centro Espírita se caracteriza, por tanto, como el centro de comunicaciones con quienes ya dejaron la vida terrena, pero que continúan vivos y activos en la otra fase de la vida. Nada se paga para hablar con los muertos, los supuestos muertos por nuestra ignorancia, dado que los servicios de Dios son gratuitos desde el nacimiento, que es un prodigio de Dios, hasta la muerte, que es la gracia de Dios liberándonos de la asfixia de la carne, y más allá de la muerte, en las maravillosas posibilidades de las manifestaciones mediúmnica.

    Dios está en el Centro Espírita en donde  las personas se reúnen, de corazón puro, confiando  en su poder infinito. El precio de la comunicación consiste, generalmente, en la aparición del Espíritu o de quienes desean reencontrarlo. Los dirigentes de Centros necesitan meditar diariamente en las responsabilidades que asumen al aceptar sus cargos que, en realidad, son encargos divinos. Dios no exige de nosotros más de lo que podemos dar. No quiere que nos presentemos ante Él y ante los hombres con los vestidos nupciales de la parábola, que aún no poseemos. No podemos engañarlo con sonrisas de falsa bondad, de fraternidad fingida, escondiendo en el matorral del corazón salvaje la serpiente de la envidia, de la intriga, de la censura al prójimo, del enjuiciamiento despreciativo del hermano que se sienta a nuestro lado. No vemos a Dios en el Centro porque no tenemos condiciones para eso, pero podemos observarlo en el semblante sincero e ingenuo y en el corazón puro de los que no alimentan vanidades y preconceptos negativos a nuestro entorno. Dios no está allí, ante nosotros, como un ser visible y corporal. Él impregna el Centro, como impregna el recinto de todos los templos frecuentados por seres sin maldad y sin reservas. También podemos ver su rostro en el semblante de quienes se entregan con amor al servicio del bien, tocar sus manos en las manos sinceras y buenas de quienes nos aman sin restricciones. Y si los hipócritas nos rodean y nos miran fingiéndonos amista, podemos ser para ellos el mensaje de amor y de amistad que fluye de Dios hacia nuestro corazón. Dios en el Centro es Dios en nosotros, ayudándonos a crecer con el fermento de la fraternidad que Él, poco a poco aumenta en la medida de nuestra medida de harina, en la proporción en que la harina de nuestro egoísmo absorbe el fermento y se transforma en el pan que nos alimenta el alma.
    Estas no son imágenes líricas, sino la verdad espiritual convertida en figuras y expresiones de amor, como las que encontramos en el Evangelio de Jesús. No es el autor del libro el que las produce, sino los Espíritus benevolentes que, en nombre de la fraternidad humana las transmiten a los que desean servir a los demás y a sí mismos. Porque aquellos que desean servirse en la mesa del bien, naturalmente reparten su pan con los hermanos hambrientos de bondad, como Jesús hizo con los apóstoles en le mesón del camino de Emaús.
    
   Dios en el Centro Espírita no es la presencia exclusiva para nadie, sino la presencia inclusive para todos, a todos incluidos en su llamado para la vida del espíritu. Quienes procuraren comprender y sentir su presencia en el Centro lo llevarán consigo a sus casas. Las pretensiones de superioridad, el deseo egoísta de imponerse a los demás, la envidia corrosiva y el enjuiciamiento del prójimo en nuestro íntimo o por nuestra boca no nos permite percibir la bondad de Dios. Los que se sacrifican para mejorar la Tierra, dando de sí lo que pueden y muchas veces lo que no pueden, ésos hacen la voluntad de Dios. Quienes mueven la lengua entre los dientes para destilar veneno de serpiente, no pueden percibir la presencia de Dios en el Centro y sólo son capaces de captar a los Espíritus malévolos y sufridores.

Extraído del libro “El Centro Espirita” de Herculano Pires  
Enviado por Merchita 

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                       EL PROGRESO EXPLICADO

   La razón se subleva contra la mayor parte de los dogmas y afirmaciones del catolicismo, porque unos y otras tienden siempre a empequeñecer al Autor dfe la vida, al Padre universal.
      Cuando el espíritu pensador pide a esa religión positiva una explicación sobre el Progreso, no encuentran más respuestas que el repetido: Dios lo quiere, con cuyo estribillo contestan a todas las preguntas que le son molestas porque no las saben aclarar sin fijarse en que, haciéndolo así, atribuyen a Dios toda clase de injusticias y pequeñeces. Efectivamente, si es porque Dios lo quiso así, que hoy disfrutan las almas recién creadas, según el catolicismo, o sean los hombres actuales, de los beneficios de la moderna civilización, mientras que en la edad prehistórica vivieron en las cavernas, teniendo que desalojar a las fieras, para habitarlas sin luz, sin fuego, sin medios de trasladarse ni de comunicarse con el resto del mundo; hay que reconocer que el Creador derrama bienes sin número entre las generaciones actuales, de los que estuvieron privadas las pasadas, hecho que significa un privilegio a a favor de estas, y por consiguiente, una injusticia.
     También hay que reconocer que los hombres de hoy son más adelantados intelectual y moralmente, que los que vivieron aquí en siglos anteriores, de lo cual se deduce,puesto que el hombre es manifestación práctica del estado de su Yo espiritual, que las almas de hoy son más elevadas que las de ayer; y puesto que afirma el catolicismo que Dios los crea a la par de los cuerpos, es preciso admitir también que Dios crea ahora, almas más civilizadas, mas inteligentes, más morales que antes, lo cual supone otra injusticia y falta de amor contra nuestros antepasados. que fueron privados nada más que porque sí, de las mil ventajas que representan un mayor nivel de cultura y de elevación moral, o sea, un estado más avanzado de civilización.
   El Espiritismo, amparándose de la verdad, admitiendo la pluralidad de las existencias del alma, lo aclara todo dejando intactos el amor y la justicia del Eterno.
      Aquellos seres primitivos que pasaron por la Tierra, diferenciándose muy poco en sus  manifestaciones, de los animales con quienes tuvieron que sostener encarnizadas luchas, que después fueron a continuar su ciclo de existencias de aprendizaje de la vida en las razas salvajes, mejorando continuamente, de siglo en siglo, seres que llegados ya a la encarnación en nuestra Europa, durante la Edad Media, se entregaron a todas las maldades y crueldades, propios del atraso de su ser espiritual, somos nosotros mismos. Somos los mismos seres que sometidos repetidamente al crisol de la encarnación, hemos ido saliendo de la infancia del alma a la adolescencia y de esta a la madurez, por más que aún nos hallamos en el principio de este periodo de nuestra vida sin fin.
    Hemos vivido casi como los brutos en la época de la aparición del hombre sobre la Tierra. Poco a poco y a través de una numerosa serie de existencias, ha adelantado nuestro espíritu, trabajando él mismo para su propio progreso y para el de todos, y naturalmente, ha ido gozando en sus  existencias más recientes, de todos los adelantos y beneficios de la civilización que él mismo ha implantado con el concurso de todos.
    No existe pues injusticia en que los hombres de hoy disfruten de todas las ventajas de los descubrimientos científicos, puesto que ese estado de progreso es debido a su propio trabajo y continuo esfuerzo.
   Cuando nace un cuerpo en la Tierra, el alma que por ese medio viene a manifestarse en ella, no es niña, no es recién creada, como lo afirma el catolicismo. Ahí está precisamente el error, pues es un alma que unida a todos los seres espirituales afectos a la Tierra, ha pasado por todos los modos atrasados de la vida para conquistar este estado actual de progreso relativo que no es sino una promesa de los nuevos grados de mayor civilización que ha de alcanzar. Es justo que goce de todos los bienes que ofrece hoy al hombre nuestro mundo en sus regiones más civilizadas, puesto que este modo de ser de las sociedades modernas es exclusivamente obra suya.
     Luego, no existe injusticia en la obra progresiva del Autor de todo, puesto que, siendo los espíritus que hoy encarnan en nuestro mundo, los mismos que se manifestaron en él desde el principio de la vida inteligente, al gozar de estos beneficios, se cumple en ellos la  Suprema y Equitativa Ley de la Creación que da 
" A cada uno según sus obras".

   -Camilo (Espíritu)-


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¿ TE MOLESTAN EN CASA LOS ESPÍRITUS?- Mª Jesús Albertus y Juan M Fer...

sábado, 25 de abril de 2020

Vamos al cine- SALVADO POR LA LUZ

-   Para mi es una muy buena película que me ha gustado. Basada en un caso real, aparece en ella un personaje real: el Dr. Raymond Moody, psiquitra y escritor autor de varios best-seller de éxito, como "vida después de la vida", basado en casos de personas clínicamente fallecidas y después recuperadas y vueltas a la vida, que testimonian su experiencia al otro lado de la vida.

Simplicidad y grandeza del Espiritismo

  INQUIETUDES ESPÍRITAS

1.- ¿Existen los Espíritus?
2.- No te rindas
3.- Problemas psicológicos contemporáneos
4.- Simplicidad y grandeza del Espiritismo
5.-¿Cómo se podría explicar el dogma del "pecado original"?









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     ¿Existen Los Espíritus?

La causa principal de la duda relativa a la existencia de los Espíritus radica en la ignorancia de su verdadera naturaleza. Por lo general, las personas imaginan a los Espíritus como seres aparte en la creación, cuya necesidad no está demostrada.
Muchas sólo los conocen a través de los relatos fantásticos con que fueron acunadas en la niñez, a semejanza de las que sólo conocen la historia a través de las novelas. No intentan averiguar si esos relatos, despojados de sus accesorios ridículos, encierran algún trasfondo de verdad, y sólo las impresiona el lado absurdo que ellos revelan.
Como no se toman el trabajo de quitar la cáscara amarga para descubrir la almendra, rechazan todo, tal como los que, al verse afectados por ciertos abusos en el ámbito religioso, incluyen la totalidad de la religión en una misma censura.
Sea cual fuere la idea que se tenga de los Espíritus, la creencia en ellos se basa, necesariamente, en la existencia de un principio inteligente fuera de la materia.
Esa creencia es incompatible con la negación absoluta de dicho principio. Así pues, tomamos como punto de partida la existencia, la supervivencia y la individualidad del alma, de la cual el espiritualismo es su demostración teórica y dogmática, y el espiritismo su demostración patente.
Dejemos de lado, por unos instantes, las manifestaciones propiamente dichas, y razonando por inducción veamos a qué consecuencias llegamos.
Desde el momento en que se admite la existencia del alma y su individualidad después de la muerte, es necesario admitir también:
1.º, que la naturaleza del alma es diferente de la del cuerpo, puesto que, una vez separada del cuerpo, el alma ya no tiene las propiedades de aquel;
2.º, que el alma tiene conciencia de sí misma, puesto que se le atribuye la alegría o el sufrimiento; de otro modo, sería un ser inerte y de nada nos valdría poseerla.
Una vez admitido esto, se sigue de ahí que el alma va a alguna parte¿Qué sucede con ella y a dónde va? De acuerdo con la creencia generalizada, el alma va al Cielo o al Infierno. Pero ¿Dónde se encuentran el Cielo y el Infierno? Antaño se decía que el Cielo estaba arriba y el Infierno abajo. Pero ¿Qué es lo de arriba y lo de abajo en el universo, a partir de que se conoce la redondez de la Tierra y el movimiento de los astros –movimiento que hace que lo que en un determinado momento está en lo alto, se encuentre abajo al cabo de doce horas–, así como lo infinito del espacio, a través del cual nuestra mirada penetra para alcanzar distancias inconmensurables?
Es verdad que con la expresión “lugares inferiores” también se designan las profundidades de la Tierra. Pero ¿en qué se convirtieron esas profundidades después de las investigaciones hechas por la geología? ¿En qué se convirtieron, igualmente, esas esferas concéntricas denominadas “cielo de fuego”, “cielo de las estrellas”, después de que se verificó que la Tierra no es el centro de los mundos, que incluso nuestro Sol no es el único, sino que millones de soles brillan en el espacio, y que cada uno de ellos constituye el centro de un torbellino planetario? ¿A qué quedó reducida la importancia de la Tierra, perdida en esa inmensidad? ¿Por qué injustificable privilegio este imperceptible grano de arena que no se distingue por su volumen, ni por su posición, ni por un papel particular, habría de ser el único planeta poblado por seres racionales?
La razón se rehúsa a admitir la inutilidad de lo infinito, y todo nos dice que esos mundos están habitados. Ahora bien, si están poblados, aportan también sus contingentes al mundo de las almas.
Con todo, una vez más inquirimos, ¿qué sucede con esas almas, puesto que tanto la astronomía como la geología han destruido las moradas que les estaban destinadas y, sobre todo, después de que la teoría tan racional de la pluralidad de los mundos las multiplicó hasta lo infinito? Como la doctrina de la localización de las almas no puede concordar con los datos de la ciencia, otra doctrina más lógica demarca como dominio de ellas, no un lugar determinado y circunscrito, sino el espacio universal.
Se trata de todo un mundo invisible en medio del cual vivimos, que nos circunda y se codea con nosotros permanentemente. ¿Acaso hay en eso algo imposible, algo que se oponga a la razón? De ningún modo. Por el contrario, todo indica que no puede ser de otra manera.
Pero, entonces, ¿en qué se transforman las penas y las recompensas futuras, si se suprimen los lugares especiales donde se hacen efectivas? Tengamos en cuenta que la incredulidad en lo relativo a esas penas y recompensas está provocada, en general, por el hecho de que tanto unas como otras son presentadas en condiciones inadmisibles.
En vez de eso,
  • afirmemos que las almas encuentran en sí mismas su dicha o su desgracia;
  • que su destino se halla subordinado al estado moral de cada una;
  • que la reunión de las almas buenas y afines constituye para ellas una fuente de felicidad;
  • que, conforme al grado de purificación que hayan alcanzado, penetran y entrevén cosas que las almas groseras no captan, y entonces todo el mundo comprenderá sin dificultad.
Afirmemos, incluso,
  • que las almas sólo llegan al grado supremo mediante los esfuerzos que realizan para mejorar, y tras una serie de pruebas que son adecuadas para su purificación;
  • que los ángeles son las almas que han llegado al grado más elevado de la escala, grado que todas pueden alcanzar mediante la buena voluntad;
  • que los ángeles son los mensajeros de Dios, encargados de velar por la ejecución de sus designios en todo el universo, y que se sienten felices de desempañar esas misiones gloriosas.
De ese modo, habremos dado a su felicidad un fin más útil y atrayente que el que consiste en una contemplación perpetua, que no sería más que una perpetua inutilidad.
Digamos, por último, que los demonios son simplemente las almas de los malos, que todavía no se han purificado, pero que pueden llegar, como las otras, al más alto grado, y esto parecerá más acorde con la justicia y la bondad de Dios que la doctrina que los presenta como seres creados para el mal y para estar perpetuamente dedicados a él.
Una vez más, eso es lo que la razón más severa, la lógica más rigurosa, el buen sentido, en suma, puede admitir.
Ahora bien, esas almas que pueblan el espacio son, precisamente, lo que denominamos Espíritus. Por consiguiente, los Espíritus son las almas de los hombres despojadas de su envoltura corporal. Si los Espíritus fueran seres aparte, su existencia sería más hipotética. En cambio, si se admite que las almas existen, también se debe admitir a los Espíritus, que no son otra cosa sino las almas.
Si se admite que las almas están en todas partes, habrá que admitir que los Espíritus también lo están. No se podría, pues, negar la existencia de los Espíritus sin negar la de las almas.
Por cierto, esto no deja de ser una teoría, aunque más racional que la otra. Sin embargo, ya es mucho que se trate de una teoría a la cual ni la razón ni la ciencia contradicen. Además, si la corroboran los hechos, tiene a su favor la sanción de la lógica y de la experiencia.
Hallamos esos hechos en los fenómenos de las manifestaciones espíritas, que constituyen, de ese modo, la prueba patente de la existencia y la supervivencia del alma.
No obstante, la creencia de muchas personas no va más allá de ese punto: admiten la existencia de las almas y, por lo tanto, la de los Espíritus, pero niegan la posibilidad de que nos comuniquemos con ellos, en virtud de que –según dicen– los seres inmateriales no pueden obrar sobre la materia.
La duda se debe a que ignoran la verdadera naturaleza de los Espíritus, acerca de los cuales suelen formarse una idea muy falsa, pues erróneamente se supone que son seres abstractos, difusos e indefinidos, lo que no es verdad.
En primer término, imaginemos al Espíritu en su unión con el cuerpo. El Espíritu es el ser principal, puesto que es el ser que piensa y sobreviveEl cuerpo no es más que un accesorio del Espíritu, una envoltura, una vestimenta que abandona cuando está gastada. Además de esa envoltura material, el Espíritu tiene una segunda, semimaterial, que lo une a la primera.
Cuando se produce la muerte, el Espíritu se despoja del cuerpo, pero no de la otra envoltura, a la cual damos el nombre de periespíritu. Esa envoltura semimaterial, que adopta la forma humana, constituye para el Espíritu un cuerpo fluídico, vaporoso, pero que, por el hecho de que sea invisible para nosotros en su estado normal, no deja de tener algunas de las propiedades de la materia.
Por consiguiente, el Espíritu no es un punto, una abstracción, sino un ser limitado y circunscrito, al que sólo le falta ser visible y palpable para asemejarse a los seres humanos. ¿Por qué, pues, no ejercería una acción sobre la materia? ¿Acaso por el hecho de que su cuerpo es fluídico? Sin embargo, ¿no es entre los fluidos más rarificados, incluso entre los que se consideran imponderables, como la electricidad, donde el hombre encuentra sus más poderosos motores? ¿Acaso la luz, que es imponderable, no ejerce una acción química sobre la materia ponderable?
No conocemos la naturaleza íntima del periespíritu. Con todo, imaginemos que está constituido de materia eléctrica, o de otra tan sutil como esa. ¿Por qué razón, si lo dirige una voluntad, no habría de tener la misma propiedad de dicha materia?
Dado que la existencia del alma y la existencia de Dios, que son consecuencia una de otra, constituyen la base del edificio, antes de que demos comienzo a un debate espírita es conveniente que sepamos si nuestro interlocutor acepta esa base.
Si a estas preguntas:
  • ¿Crees en Dios?
  • ¿Crees que tienes un alma?
  • ¿Crees en la supervivencia del alma después de la muerte?
él responde en forma negativa, o incluso si contesta simplemente: No sé, desearía que fuese así, pero no estoy seguro –lo que a menudo equivale a una negación encubierta con cortesía, disimulada bajo una forma menos categórica para evitar un choque brusco con lo que denomina prejuicios respetables–, será inútil seguir adelante, tan inútil como pretender demostrar las propiedades de la luz a un ciego de nacimiento que no admite que la luz existe.
Porque, en definitiva, las manifestaciones espíritas no son otra cosa que efectos de las propiedades del alma. Por lo tanto, si no queremos perder el tiempo con semejante interlocutor, tendremos que seguir un orden de ideas muy diferente. En cambio, si la base es aceptada, no como una probabilidad, sino como algo probado e indiscutible, la existencia de los Espíritus se deduce de ahí con la mayor naturalidad.
Resta ahora la cuestión de saber si el Espíritu puede comunicarse con el hombre, es decir, si puede intercambiar ideas con él. ¿Por qué no? ¿Qué es el hombre, sino un Espíritu aprisionado en un cuerpo? ¿Por qué un Espíritu libre no podría comunicarse con un Espíritu cautivo, de la misma manera que un hombre libre se comunica con el que está prisionero?
Dado que admitimos la supervivencia del alma, ¿será racional que no admitamos la supervivencia de los afectos?
Puesto que las almas se encuentran por todas partes, ¿no será natural que creamos que la de un ser que nos ha amado durante su vida se acerque a nosotros, desee comunicarse con nosotros, y se sirva para eso de los medios que estén a su disposición?
Mientras se hallaba vivo, ¿no ejercía una acción sobre la materia de su cuerpo? ¿No era él quien dirigía sus movimientos? Así pues, ¿por qué causa no podría, después de su muerte, mediante un acuerdo con otro Espíritu que esté ligado a un cuerpo, valerse de ese cuerpo vivo para manifestar su pensamiento, de la misma manera que un mudo puede servirse de una persona dotada de habla para darse a entender?
Dejemos de lado, por unos instantes, los hechos que a nuestro entender hacen indiscutible esa cuestión, y admitamos la comunicación de los Espíritus como una simple hipótesis. Ahora solicitamos a los incrédulos que nos demuestren, no mediante una simple negación, ya que sus opiniones personales no pueden tomarse como ley, sino por medio de razones concluyentes, que eso no es posible. Nos ubicamos en su propio terreno, y puesto que desean evaluar los hechos espíritas con la ayuda de las leyes de la materia, les pedimos que extraigan de ese arsenal alguna demostración matemática, física, química, mecánica o fisiológica, y prueben, por a más b, siempre a partir del principio de la existencia y la supervivencia del alma:
1.º, que el ser pensante que existe en nosotros durante la vida, no debe pensar más después de la muerte;
2.º, que si continúa pensando, no debe pensar más en los que ha amado;
3.º, que si piensa en los que ha amado, ya no debe querer comunicarse con ellos;
4.º, que si puede estar en todas partes, no puede estar a nuestro lado;
5.º, que si está a nuestro lado, no puede comunicarse con nosotros;
6.º, que por medio de su envoltura fluídica no puede actuar sobre la materia inerte;
7.º, que si puede actuar sobre la materia inerte, no puede hacerlo sobre un ser animado;
8.º, que si puede actuar sobre un ser animado, no puede guiar su mano para hacer que escriba;
9.º, que si puede hacer que escriba, no puede responder sus preguntas, ni trasmitirle sus pensamientos.
Cuando los adversarios del espiritismo nos hayan demostrado que esto es imposible, por medio de razones tan patentes como las que empleó Galileo para demostrar que no es el Sol el que gira alrededor de la Tierra, entonces podremos decir que sus dudas tienen fundamento.
Lamentablemente, hasta el día de hoy toda su argumentación se resume en estas palabras: No lo creo. Por consiguiente, es imposible. Sin duda, nos replicarán que nos corresponde a nosotros probar la realidad de las manifestaciones. Pues bien, les damos esa prueba mediante los hechos y mediante el razonamiento. Si no admiten ni una ni otra cosa, si niegan incluso lo que ven, a ellos les corresponde demostrar que nuestro razonamiento es falso y que los hechos son imposibles.
Escrito por Allan Kardec. Publicado en El Libro de los Médiums

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NO TE RINDAS


A veces no entiendes cómo la gente todavía puede sonreír en un mundo como éste. Caminas por las calles y no ves gracia en el movimiento de las personas que van y vienen, no encuentras alegría en la vivacidad de los niños y no te das cuenta de estas supuestas cosas buenas que tiene la vida. Las noticias hablan de conspiraciones, estafas, matanzas. Empeoran tasas de esto o aquello. Y estás seguro de que no vale la pena invertir ningún esfuerzo en esta vida.
También hay una especie de vacío dentro de ti. Un dolor en la boca del estómago o en los pulmones, una dificultad para respirar, a veces. No sabes de qué se trata. ¿Será que todo el mundo tiene esto? Estudias por obligación o trabajas sólo por el resultado financiero. Eso, porque necesitas comer, necesitas un lugar para vivir, comprar algunas cosas… pero a veces te preguntas si vale la pena luchar por eso. Hay momentos en que comes más de lo que necesitas, en otros momentos no comes durante muchas horas y te das cuenta de que realmente no lo necesitas. Incluso podrías vivir sin eso…
Te das cuenta de que las personas se están aislando. Cada uno en su propio rincón. Por eso no hablas mucho de ti. De hecho, puedes pasar horas y horas sin pronunciar una sola palabra.
¡Nos estamos escondiendo detrás de las pantallas! – Escuchaste de un experto. Y en tu tiempo libre permaneces allí, en ese mundo que parece no tener fin, pero que a veces también tiene una cara de inmenso vacío.
La Internet parece estar llena de gente, pero al mismo tiempo, vacía. Me muevo dentro y fuera de este llamado mundo digital y sigo igual. – Son pensamientos que te vienen a la mente.
Te cansas de todo, de todos. Las personas no son interesantes. No tienen paciencia con casi nadie. De vez en cuando te golpea una profunda tristeza, como si se abriera un abismo en el pecho. Tienes ganas de llorar, pero no lo consigues. No entiendes que es eso. Te sientes solo.
* * *
He aquí algunas palabras especiales para ti.
Primero: no te permitas la soledad prolongada. Cuenta con alguien con quien hablar, para abrirte. Alguien en quien confíes, alguien a quien puedas describir estas cosas extrañas que piensas, que sientes o que ves a tu alrededor. No te pierdas la referencia del amor, de los que te aman. Todos los tenemos a nuestro alrededor. Todos tenemos a aquellos que están dispuestos a acercarse a nosotros o simplemente escucharnos.
No estás solo.
No hemos sido simplemente abandonados en un mundo que va de mal en peor. Esta es otra visión distorsionada. Es una visión terrorista que muchos se han acostumbrado a transmitir o aceptar. No juzgues al mundo sólo escuchando a un lado. Hay mucho amor en las personas. El Universo está coordinado por el amor, aunque todavía tengamos dificultades para comprender ciertos mecanismos de sus leyes. Mira cómo te llega este mensaje. No es una coincidencia, no existe el acaso. Todo está en su lugar debido y la ayuda llega a quienes la necesitan en el momento adecuado.
No te rindas. No renuncies a tus ideales, sueños, objetivos. Si fuera necesario, vuelve a erguirte, reconstrúyete, solicita ayuda a una persona experta y vuelve sobre tus pasos. Ten en cuenta si tus síntomas no están relacionados con algún tipo de trastorno emocional. Todos estamos sujetos a estas dificultades. Finalmente, recuerda que la oportunidad de la encarnación es el mayor tesoro que hemos recibido. Disfruta cada momento.
Redacción del Momento Espírita


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Problemas psicológicos contemporáneos


 La voluptuosidad por la velocidad, en ansia indomada de disfrutar más placer, ganándose el tiempo, que se convierte en verdadero verdugo de los sentimientos y de las aspiraciones, viene transformando al ser humano en robot, que perdió el sentido existencial y vive en función de las búsquedas, cuyas metas nunca son conseguidas, frente al cambio que se opera en el significado de cada una.
La superpoblación de las ciudades, deshumanizándolas, quita el carácter al individuo, que pasa a vivir exclusivamente en función del poder que puede ofrecer comodidad y gozo, considerando a las demás personas como descartables, evitando vincularse afectivamente, por el recelo que mantiene de ser utilizado y olvidado, en un mecanismo inconsciente sobre el comportamiento que conserva en relación a los otros.
El egoísmo pasa a gobernar la conducta humana, y todos se agarran en interminable lucha de conquistar lo mejor y mayor parte, incluso que eso resulte en perjuicio calculado para aquellos que comparten con su grupo social. En esas uniones, la astucia parece sustituir a la inteligencia y el inmediatismo desestructura todas las manifestaciones éticas que son parte de las conquistas de la inteligencia y de la civilización.

La disminución del espacio oprime a aquel que allí reside y lo desvaría, por impedirlo a moverse saludablemente y de vivir con dignidad, empujándolo para la búsqueda desordenada de sustitutos emocionales que le son negados por las injusticias y crueldades de los intereses mezquinos, tirándolo al desespero sin control.
Proliferan los contrastes socioeconómicos y, de inmediato, los socio-morales, separando los individuos que se alzan, los primeros, a las posiciones envidiables, y los segundos, que son tirados a los tugurios de la vergüenza, de la miseria, del abandono, donde brotan los crímenes hediondos y la indiferencia por la vida, caso, también, no ocurriese lo mismo, guardadas las proporciones comprensibles, con los grupos privilegiados, en los cuales predominan la abundancia y el aburrimiento.
De forma idéntica, la riqueza, que aumenta en un país, conspira en favor de la miseria en otro, que se empobrece, mientras el afortunado que lo explota progresa, ampliando el área de los conflictos individuales que explotan más tarde en luchas colectivas, en guerras destructoras. En ese campo, lleno de los espinos de la insensibilidad por el dolor ajeno, por el abandono de las multitudes hambrientas y enfermas, por el desánimo moral que se extiende, los valores éticos, a su vez, pasan también a ser contestados por los que se consideran privilegiados, atribuyéndose el derecho de cualquier conducta que el dinero hace desaparecer y la sociedad acepta. 
La inversión de los contenidos psicológicos individuales y colectivos demuestran la inmadurez moral y espiritual de individuos y grupos sociales, cuyos objetivos existenciales estuvieron vinculados durante la formación de la personalidad, en el utilitarismo, en la conquista del poder para disfrutar, en la construcción del ego que se insensibiliza, a fin de huir de la responsabilidad de los deberes de la solidaridad y de la participación. Aquel que se aísla en el interés personal, esclavizándolo, volviéndose víctima de sí mismo, presentando un rostro feliz y viviendo una experiencia atormentada. A su vez, la ciencia y la tecnología ayudando al progreso de la sociedad, dejaron en las mentes la impresión de ver portadoras del poder absoluto, capaces de rellenar las lagunas de las necesidades, creyendo que trabajaban solo el hombre físico, animal, social, olvidando deliberadamente lo espiritual, aquel que es la realidad, el Self eterno. De hecho, las conquistas contemporáneas liberaron al ser humano de muchas pesadas labores, pero no consiguieron rellenar su vacío existencial, que ha sido fundamental en todo el proceso de la evolución psicológica y psíquica del mismo. La falencia de esos valores y conquistas es innegable, volviéndose impostergable un cambio de propuesta filosófica y de conducta psicológica humana.
Espíritu Joanna de Angelis
Médium Divaldo Pereira Franco-(El despertar del espíritu)

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Simplicidad y grandeza del Espiritismo
La Doctrina Espírita, por sus fundamentos y desdoblamientos propios de su contenido doctrinario, es grandiosa por varias razones. Entre ellas, se destacan los beneficios directos del esclarecimiento a la mente humana, basados en la más perfecta lógica y buen sentido, además del alivio al corazón por el consuelo propio del mensaje totalmente estructurado en el Evangelio de Jesús. Sus respuestas a las extensas cuestiones humanas, todas construidas en las bases de la ciencia, de la filosofía y de la religión, además de su triple aspecto de sus fundamentos, atienden a todos los estadios del intelecto humano, cuando la persona se libere de preconceptos y acepte estudiar para conocer al menos, aunque a título cultural, pues la Doctrina Espírita desea sólo ser conocida, nunca impuesta.
Sus bases inspiran el amor al prójimo, en el amplio sentido de la caridad, dispensan cualquier formalismo o rituales, invitan a la fe racional y estimulan el autoperfeccionamiento y el trabajo en el bien como herramientas de conquista del mérito de la felicidad accesible a cualquier persona. Por eso, están distantes de la práctica espírita las manifestaciones de la vanidad, de la autopromoción, de la imposición de ideas, de los abusos de cualquier especie, de la explotación de la fe e incluso la obtención de cualquier ventaja. Y como ahora la idea espírita ya encuentra una amplia aceptación en el medio popular, surgen los peligros de la infiltración de ideas y posicionamientos extraños a la simplicidad y grandeza del mensaje espírita.
Es donde surge el exhibicionismo o la publicación de obras extrañas, con ideologías conflictivas con la pureza de los principios espíritas, comprometiendo la lógica y el buen sentido tan bien expresados en la genuina literatura espírita. Es donde surge el uso de términos exóticos, de difícil comprensión para el gran público, complicando la simplicidad de las enseñanzas. Eventos o promociones inaccesibles a la gran masa popular, distanciando el pensamiento confortador de Jesús de las angustias del pueblo… Y más los festivales de vanidad que humillan o exigencias impropias, totalmente incoherentes con la simplicidad de las enseñanzas del amor traídos por el Maestro de la Humanidad. Pero es en la literatura y en la tribuna, tal vez, sin contar los alfilerazos propios de la difícil relación humana, que nos estamos comprometiendo más. Es cuando no simplificamos las enseñanzas y deseamos dar demostraciones intelectuales en vez de preocuparnos con la claridad propia del Espiritismo. Tenemos que “masticar” las enseñanzas para la mente popular, tenemos que hacer llegar la grandeza del Espiritismo en el día a día de las dificultades que la persona está enfrentando para que pueda superar sus dramas y angustias. Nadie niega, aun, que hay eventos, estudios y literaturas específicas que exigen más cualificación y dirección específica. Pero complicar algo tan simple y al mismo tiempo grandioso, inventar teorías, preocuparse con opiniones personales, desear proyectarse a través de teorías esdrújulas, extrañas e incoherentes, ya es otra cosa que se sitúa muy distante de las propuestas de renovación y perfeccionamiento traídas por el Espiritismo.
Que podamos despertar de ese letargo de una concurrencia que intenta sobreponerse al propio Espiritismo para volcar la atención debida y merecida a la tarea que mutuamente asumimos de honrar el conocimiento liberador de la extraordinaria Doctrina Espírita. ¿Libros o teorías extrañas al Espiritismo, que intentan imponer ideas esdrújulas? Basta seguir el consejo de Erasto en El Libro de los Médiums*: “(…) Desde que una opinión nueva se presenta, por poco que nos parezca dudosa, pasadla por la criba de la razón y de la lógica; lo que la razón y el buen sentido reprueban, rechaza osadamente; vale más rechazar diez verdades que admitir una sola mentira (…)” Los que tienen el don de la palabra, hablen, hagan charlas públicas, conferencias; los que tienen el de escribir escriban; y los que no pueden coordinar ideas, copien escritos doctrinarios incluidos en las obras espíritas y lean por ocasión de las reuniones, que deben ser en días determinados y con las puertas abiertas, con entrada gratuita.
Cairbar Schutel
Mensaje traducido por Isabel Porras-España.

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¿Cómo se podría explicar el dogma del  “Pecado Original”?

El Cristianismo en sus comienzos durante los tres primeros siglos que siguieron a la muerte de Jesús fue sencillamente interpretado y practicado por las primeras masas de seguidores que se constituyeron en grupos interrelacionados entre ellos por el conocimiento de una nueva fe de carácter religioso con arreglo a la más pura enseñanza del Maestro Jesús, según relataban los discípulos y otros seguidores que lo conocieron de primera mano o que se supieron cercanos a los seguidores que tuvo Jesús de Nazaret a lo largo de su vida, testigos de sus  milagros y de su doctrina, pero tras esos tres primeros siglos, a partir del Concilio de Constantinopla  muchos de estos cristianos bajo la amenaza del anatema, tuvieron que renunciar forzosamente a algunas creencias comunes hasta entonces entre los primeros cristianos y  a su vez,  admitir los dogmas que a su conveniencia fue estableciendo la Iglesia, que uniendo su influencia a los poderes públicos, a partir de entonces fue prisionera del poder establecido, estableciéndose una simbiosis entre los gobernantes políticos y los    dirigentes religiosos, o sea, se unió el poder político al poder espiritual.
Uno de los conceptos que se impusieron, es el de que  cuando venimos a este mundo, es la primera vez que lo hacemos  y sólo por el hecho de nacer y existir, ya  traemos sobre nosotros la culpa terrible e injusta de un pecado que no hemos cometido personalmente jamás, porque, según la idea cristiana no existíamos antes, pero  Dios hace perpetua esta falta que en su día cometieron nuestros “Primeros Padres”, imponiendo a su vez el dogma de que toda la Humanidad descendemos de una sola pareja humana, y sin saber muy bien en que consistió esta terrible desobediencia que nos ha aportado una eterna  y terrible amenaza al género humano sin tener culpa en ello, pues esa desconocida desobediencia de consecuencias  infinitas, en todo caso  la cometieron nuestros primeros padres ( si hubiesen existido como tales), pero no nosotros  porque  aún no existíamos y Dios que es Perfecto en todos sus atributos, es infinitamente justo, por lo que no cabe aceptar que fuese eternamente injusto con sus hijos de nueva creación. ¿Sería  Dios justo si nos privase de la eterna dicha  por este “pecado” que no hemos cometido,, mientras que a otros solo por ser  sometidos, ( sin que haya mediado  en ello su voluntad),  al ritual del bautismo, eso les abra las puertas del “Cielo”?
        Según la leyenda bíblica, ¿ En qué consistió tal pecado de comer la fruta prohibida?; ¿ Fue tal, cual, literalmente?. He de decir aquí que no hubo tal manzana, ni tal serpiente, como no hubo ningún hombre solo en el planeta llamado Adán, ni ninguna mujer única, llamada Eva. Si descendiéramos de esta sola pareja, hubiera supuesto la perpetuación de un incesto generacional de muchos siglos o milenios, y la propia raza humana no existiría por no haber podido sobrevivir a tantísimas generaciones de repetida consaguinidad; la idéa en sí es totalmente absurda. Sin embargo se trata de una alegoría por la que los espíritus humanos, ( Adán), cometieron un acto de desobediencia a la Voluntad Divina, en cuanto a resistir el impulso de la Ley de Evolución en ellos mismos, desde otros mundos de los que fueron expulsados ( el Paraíso perdido por su retraso evolutivo), para  reencarnar entre los seres humanos que ya habitaban antes este planeta, y con los que se mezclaron, generando los auténticos primeros padres origen de la humanidad actual;  estos son a  los que se refiere el antíguo relato bíblico, como que  designa como “Eva”, o "raza de Eva".
          Además, ¿ cómo el Ser humano  limitado y finito, iba a tener capacidad de ofender “infinitamente” a  Dios, que es  la única Razón Infinita de todo cuanto existe?. ¿ Si esto así fuese,  no haría parecer a Dios  como un Ser limitado y pequeño, infinitamente rencoroso, además de  infinitamente injusto?.
        Bien mirado, no es de extrañar que haya tantos ateos entre las personas que apenas se han asomado a estos relatos bíblicos, y no se les ha sugerido una explicación más lógica y racional que la escrita como “Palabra de Dios”.
Las diversas religiones cristianas, con los  rituales particulares de cada una, contemplan que la única forma de “lavar” esta culpa, es mediante el rito o sacramento del Bautismo, y los que no se sometan a este ritual, serán castigados con “El Limbo”, o sea  la nada, en el mejor de los casos.¿ Acaso Dios, infinitamente previsor, no supo cuando nos creó, que unos iban a ser sometidos a este ritual y salvados para la eternidad, mientras otros no serían bautizados y por ese detalle iban a ser condenados eternamente, sin haber tenido culpa de nada?.
Jesús se hizo bautizar por Juan, no para “lavar” su pecado original, sino  porque en las doctrinas orientales, incluida la hebrea, cada rito y acto  religioso tiene una simbología y un significado y este ritual o ceremonia  era el símbolo de un cambio de vida en quien  recibía el rito del bautismo.   El lo recibió para dar ejemplo personal ante los demás,de su  sumisión a Dios y al sometimiento a las leyes y costumbres de su época , así como  para que los fariseos no pudieran devolverle la reprensión que  Jesús les hizo por no haber creído en Juan el Bautista.
Bajo  el prisma de  la Reencarnación , el “Pecado Original”, no es otro que los defectos y deudas morales  que  traemos individualmente desde otras vidas anteriores, pendientes de superar, y que nos es regulado y corregido  por la Ley de Causa y Efecto, que es la que lo "lava" o regula a lo largo de las vidas. Asimismo, teniendo en cuenta nuestro libre albedrío, también es nuestro pecado original el atraso espiritual evolutivo, a falta de haber adquirido virtudes aun pendientes de conquistar y eliminado defectos pendientes de superar.
Por supuesto, que este pecado original, no se borra con ningún ritual religioso, sino con nuestras buenas acciones en la vida, aceptando sin rebeldías la acción en nuestra vida  de la Ley de Consecuencias, que  cuando es  negativa o dolorosa, sabemos que en esos casos en los que la vida nos presenta sinsabores y dolores, estos son  una consecuencia de la Justicia natural que equilibra las faltas del pasado,  así como  por el aprendizaje positivo para nuestra evolución espiritual, de lo que la misma vida nos ofrezca.
 - Jose Luis Martín-

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