viernes, 29 de julio de 2016

LOS ESPÍRITUS SUPERIORES


   
           EL MEDIUM  PERFECTO

¿Cuál es el médium que podríamos llamar perfecto?

¡Perfecto! ¡Ah! Vosotros sabéis que la perfección no está sobre la Tierra; de otro modo no estarías en ella; di, pues, médium bueno, y esto será ya mucho, porque son raros. El médium perfecto sería aquel a quien los malos Espíritus no se hubieran atrevido jamás a hacer una tentativa para engañarle; el mejor es aquel que, no simpatizando, sino con buenos Espíritus, ha sido engañado menos veces.

10. ¿Si solo simpatiza con buenos Espíritus, cómo éstos pueden permitir que sea engañado?

Los buenos Espíritus lo permiten algunas veces con los mejores médiums para ejercitar su juicio y enseñarles a discernir lo verdadero de lo falso; además, que por bueno que sea un médium nunca es tan perfecto que no pueda dar lugar a ser atacado por algún flanco débil; esto debe servirle de lección. Las falsas comunicaciones que recibe de vez en cuando son advertencias para que no se crea infalible y no se enorgullezca, porque el médium que obtiene las cosas más notables no puede envanecerse por ello, pues le sucede como al que toca el organillo, que produce muy buenos aires dando vueltas al manubrio de su instrumento.

11. ¿Cuáles son las condiciones necesarias para que la palabra de los Espíritus superiores nos llegue pura de toda alteración?

Querer el bien, desterrar el egoísmo y el orgullo, lo uno y lo otro es necesario.

12. Si la palabra de los Espíritus superiores no llega a nosotros pura, sino con las condiciones que con dificultad se encuentran ¿no es esto un obstáculo para la propagación de la verdad?

No, porque la luz llega siempre para aquel que quiere recibirla. El que quiere ver claro debe huir de las tinieblas y las tinieblas están en la impureza del corazón.
Los Espíritus que vosotros miráis como la personificación de bien no se presentan de buena gana al llamamiento de aquellos cuyo corazón está manchado por el orgullo, la ambición y la falta de caridad. Aquellos, pues, que quieren ver claro que se despojen de toda vanidad humana y humillen su razón ante el poder infinito del Creador; esta será la mejor prueba de su sinceridad, y esta condición cada uno puede llenarla.

227. Si el médium, desde el punto de vista de la ejecución,sólo es un instrumento, ejerce con relación a la moral una gran influencia. Puesto que para comunicarse el Espíritu extraño se identifica con el Espíritu del médium, esta identificación no puede tener lugar sino cuando entre los dos hay simpatía y, sí puede decirse así, afinidad. El alma ejerce sobre el Espíritu extraño una especie de atracción o de repulsión, según el grado de su semejanza o diferencia; así, pues, los buenos tienen afinidad por los buenos y los malos por los malos; de donde se sigue que las cualidades morales del médium tienen una influencia capital sobre la naturaleza de los Espíritus que se comunican por su intermediario.
Si es vicioso, los Espíritus inferiores vienen a agruparse a su alrededor y están siempre prontos para tomar el puesto de los buenos que se han llamado. Las cualidades que atraen con preferencia a los buenos Espíritus son: la bondad, la benevolencia, la sencillez de corazón, el amor al prójimo, el desprendimiento de las cosas materiales; los defectos que les alejan son: el orgullo, el egoísmo, la envidia, los celos, la ira, la ambición, la sensualidad y todas las pasiones por las cuales el hombre se une a la materia.

EL LIBRO DE LOS MÉDIUMS. ALLAN KARDEC.
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CAUSALIDAD Y FINALIDAD 
Manuel Porteiro 

Los dos puntos filosóficos sobre los cuales gira la moral dinámica del Espiritismo son, sin disputa, la causalidad y la finalidad, sin los cuales toda conducta carece de verdadero fundamento. La causalidad responde al por qué de las acciones, mientras que la finalidad explica el para qué de las mismas. Si falta uno de estos dos términos, no existen, no pueden existir verdaderas acciones morales: en el primer caso porque sin antecedente causal, sin causa o serie de causas, que influyan en las determinaciones de la voluntad, de acuerdo con el proceso moral de cada individuo, ninguna acción se explica, y en el segundo, porque si a este antecedente causal y sus efectos consiguientes, les falta un poder directriz, selectivo y telético, una dirección, un fin moral perfectible hacia el cual ajustar las acciones con arreglos a principios éticos inherentes a la conciencia de cada individuo, se caería en el determinismo fatalista o en el fatalismo determinista, es decir, en el materialismo o en la teología. 

Porque y conviene dejarlo establecido- el fatalismo teológico no excluye el determinismo, antes bien lo supone: pues si las acciones se realizan, en tal supuesto, de acuerdo con la presciencia de un Dios que las ha previsto y dispuesto desde toda la eternidad, necesitan para que así resulten del encadenamiento de las causas que las han de producir, sin el cual no se realizarían; y si, por el contrario, se realizan en virtud de un determinismo ciego, sin sujeción a principios morales inherentes al espíritu ni a la dirección finalista que este les trace de acuerdo con una finalidad de bien y de justicia perfectibles, tal determinismo es fatalista, de un fatalismo más funesto y desgraciado que el primero, por cuanto este se cumple de acuerdo a una voluntad, a una inteligencia, a un propósito, a un fin divino, aunque en este caso, el hombre no resulte más que un instrumento de la Providencia, que tiene la pretensión de creer que es él el que voluntariamente camina, siendo Dios el que lo arrastra a su oculto destino, según un plan preestablecido. 

La filosofía espírita es determinista, pero no fatalista, ni en el sentido teológico, ni en el materialista. En el primero, porque no admite que las acciones humanas ni las causas que las producen estén fatalmente dispuestas por Dios para la realización de cada fin individual, y porque este fin no es un límite en el cual se cierre la evolución del espíritu ni está fuera de ser, ni es opuesto a su esencia ni a su voluntad, sino que es dinámico, indefinido y libre en la elección de los medios y de las acciones que han de realizarlo: es el ser realizándose a si mismo en el proceso sin limites de su evolución, superándose en las nociones y en la práctica del bien, de la justicia y del amor, desarrollando las potencias y facultades de su espíritu, elevándose a una mayor comprensión de su personalidad y de la naturaleza en medio de la cual se desarrolla. 

El principio inteligente o causa primera que rige el destino de los seres y de las cosas y al cual por hábito de lenguaje llamamos Dios, no está fuera del Universo y de la vida, ni por consiguiente, fuera del hombre, que también es vida e inteligencia y parte integrante del Universo, sino que es el principio mismo de la acción universal en todos los órdenes de la vida, la causa activa, viviente, diversificada en los seres, alma dinámica que todo lo llena y todo lo comprende en su propia esencia, que todo lo determina y enlaza valiéndose para ello de los mismos seres que crea, sin impedir, las determinaciones de cada uno, las que, por lo demás no pueden ser impedidas arbitrariamente, porque cada ser es un agente de sus propios designios, una ley que se cumple dentro de la complejidad de las leyes antinómicas que dan existencia al mundo e impulso a la evolución. 

Obre bien u obre mal, tampoco el hombre puede ir en contra de los designios de Dios, porque, siendo la creación resultante de estos designios, no puede hacer ni siquiera pensar nada arbitrario a ellos; y de ahí que los actos del hombre, como sus mismos pensamientos, sean buenos o sean malos, sean morales o inmorales, libres u obligados están siempre dentro de las leyes naturales o, si se prefiere, divinas. 

Si el hombre fuese capaz de obrar contra todas las leyes de la naturaleza sería un ser sobrenatural, muy superior al mitológico Lucifer, y entraría en conflicto con el mismo Dios, a quien superaría por haber descubierto leyes y realizado actos que no eran posibles dentro de la naturaleza. 

El hombre dentro de su relativa inteligencia y sus limitadas facultades no puede sino estar en armonía (en armonía dinámica, entiéndase bien) con la Causa creadora que rige los destinos de los seres, y cualesquiera que sean sus determinaciones morales, encajan siempre en la armonía dinámica del Universo. 

Esto podría hacer suponer la justificación de situaciones o sucesos que reputamos como malos. Pero téngase en cuenta que estas situaciones y sucesos, en nuestro concepto dínamo-genético de la vida y de la historia, ni son justificables ni son fatales: son el resultado de un proceso en el que entran factores conscientes e inconscientes, voluntarios e involuntarios, resultado que, en los términos opuestos de la armonía social, representan la parte negativa y que lleva, en la parte positiva, los elementos de su propia destrucción; tienen la duración de un ciclo de la evolución social; cuya caída puede producirse, y se produce, en última instancia, por la voluntad y por las fuerzas morales puestas al servicio de un bien y de una justicia mayores. 

El hecho de que una cosa exista, no significa que haya tenido fatalmente que existir, ni que sea justificable por el mero hecho de su existencia. 

No hay, pues nada fatal en la evolución moral, según la doctrina espiritista, fundada en el conocimiento del espíritu humano: cada ser realiza sus propios fines dentro de las posibilidades de cada momento de su existencia, actuando en la creación y modificación de las condiciones favorables a su desarrollo e imprimiendo a éste, según el grado de perfeccionamiento alcanzado, la dirección moral y social que conviene a sus fines. 

Tampoco es fatalista en el sentido materialista; no puede admitir, porque los hechos y los razonamientos se oponen a ello, que las acciones y los sucesos humanos estén necesariamente determinados por una causalidad fenomenal y ciega y que la voluntad y la conciencia estén subordinadas a esta causalidad. 

El materialismo, y hablo del materialismo dialéctico que es determinista y, en el sentido expuesto, fatalista, coloca la causalidad atrás, y por delante el azar. Niega finalidad a la vida y, particularmente a la vida individual. El individuo, como ser biológico, no es más que un mero accidente, una forma pasajera de la materia organizada; como ser psíquico, la resultante del funcionamiento cerebral y de los reflejos exteriores en el cerebro, como ser moral y social, el producto del medio y de la sociedad; sólo le concede deseos y propósitos inmediatos, cuyos resultados anula en el choque o conflicto de los opuestos. 
- Manuel S. Porteiro-
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EL PERIESPÍRITU Y SUS 
FUNCIONES 

El cuerpo energético por medio del cual el Espíritu se expresa en los diversos campos de la vida, en virtud de su estructuración, guarda condiciones de participar de múltiples fenómenos, en cada uno de ellos determinando una forma particular de manifestación. 

Por las condiciones de imponderabilidad, y por representar un subproducto del fluido universal, tiene capacidad de servir como lazo de unión entre lo esencialmente espiritual, el Espíritu, y lo que se muestra esencialmente material, el cuerpo físico. 

Reconocemos, entonces, como siendo del periespíritu la responsabilidad por la organización del complejo celular, determinando, en las reencarnaciones humanas, la fijación de las caracterizaciones de orden genético en el cuadro de necesidades y méritos que la Providencia Celeste procesa debidamente. En su posibilidad plástica, es dotado de función modeladora de la forma, dándole, bajo el comando espiritual mental, la expresión de la cual necesita para que tal forma material sea ideal para atender a las necesidades diversas del reencarnante al consumarse la reencarnación. 

Por todos sus atributos, por las ligaciones célula a célula, conduciendo hacia la carne los impulsos internos del alma y hasta ésta las relaciones nerviosas del cuerpo físico, el periespíritu préstase como vehículo imprescindible para ayudar en la exteriorización de la mediumnidad, en los parámetros de la Tierra. Es por intermedio del periespíritu que los más variados fenómenos de mediumnidad se muestran, arrebatadores unos, intrigantes otros, importantes todos... 

Hechos por substancias que vibran al influjo del campo eletromagnético sobre el cual se ajustan, los fluidos periespirituales revisten la mediumnidad de características sui generis. 

Al acercarse del médium, con intención de establecer contacto con él, la Entidad desencarnada, automáticamente, lo envuelve en los fluidos que emite, vivificados por sus intenciones, exteriorizando las imágenes que corresponden a esas mismas intenciones. 

De acuerdo con la estructura neurológica del medianero, consonante su organización fisiológica, el periespíritu hace vibrar ciertas zonas del sistema nervioso central que responde en la proporción de su educación y costumbre y, en la medida en que se da el proceso de resonancia de la zona vibrada con las emisiones del desencarnado comunicante, se establece la interacción mente desencarnada/mente encarnada. A partir de entonces, si la zona sensibilizada fue de la motricidad, los miembros superiores e inferiores podrán ser accionados, ocurriendo fenómenos de locomoción, de escritura, bien como otros movimientos corporales. Si el área en la que repercutió la influencia fue la de los ojos o la de los oídos, o aun, la del habla, podremos observar fenómenos de psicovidencia, psicoaudiencia y psicofonía, respectivamente. 

Nada impide, sin enbargo, que ocurran varios de esos fenómenos de forma concomitante, como conjugados o incluso interdependientes. 

Cuanto más intensa sea la interacción Espíritu médium, más notable se presentará el fenómeno mediúmnico, propiciando incluso, elementos identificadores del desencarnado, de alta expresividad. 

En todo y cualquier fenómeno de comunicación mediúmnica, el cuerpo periespiritual se hace elemento de capital importancia, induciéndonos a que, cada vez más, lo estudiemos, penetrando en sus sutilezas, a fin de que la vida, mejor comprendida a partir de eso, sea mejor vivida, ajustada al sumo bien y a la necesaria salud moral. 

No olvidemos que las capacidades del periespíritu, marcadas por el bien, reflejan el crecimiento del alma, su mayor identificación con las Fuentes Sublimes de la Vida, a fin de que se haga cooperadora de la Divinidad, galardonándose para alcanzar cielos más altos en su mundo interior. 
- J. Raúl Teixeira 

Por el espíritu Camilo

"¿ El Espíritu puede obrar sin el concurso de un médium?" 


"Puede obrar sin saberlo el médium, es decir, que muchas personas sirven de auxiliares a los Espíritus para ciertos fenómenos, sin pensar en ello. El Espíritu toma de ellas, como de una fuente, el fluido animalizado que él necesita; así es que el concurso de un médium tal como lo entendéis no es siempre necesario, lo que tiene lugar, sobre todo, en los fenómenos espontáneos". 

(El Libro de 10 Médiums, 2 parte, cap. 137, ítem 74, preg. 15). 

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   LOS ESPIRITUS SUPERIORES
Ellos, los Embajadores Divinos, Espíritus capacitados en la escuela de la evolución, cuando se acercan hasta nosotros nos hacen vibrar con sus armonías superiores.- 
Muy raramente se expresan respetando la estructura del lenguaje humano, pero si facilitan que artistas de sentimientos elevados alcancen a imaginar la idea mediante alegorías de lo abstracto o por la expresión de los símbolos. . 
Se manifiestan casi siempre con la influencia de la sabiduría y de la belleza, del amor y de las lecciones provechosas. 
Son cánticos de esperanza, palancas intangibles de gran poder, claridad relampagueante en el firmamento del alma que se refleja en nuestro pensamiento como ideas sublimes, sueños majestuosos y visiones interiores de magnificencia intraducible cuyo fulgor recuerda a la aureola solar disipando las tinieblas! 
Aproximasen a las madres fatigadas por el llanto y les fortalecen la ternura para que vuelvan a acariciar a sus hijos ingratos ; se acercan a los corazones exhaustos por el sacrificio,impulsándolos a convertir los sollozos de sufrimiento en cánticos de alegría; envuelven el cerebro de aquellos que se consagran espontáneamente a la felicidad de sus semejantes y les transmiten la luz de la inspiración, la que se les transfigura en el campo mental en colores y melodías, invenciones y descubrimientos, composiciones literarias y revelaciones científicas, poemas y voces , himnos a la bondad y planes de servicio que atiendan las ansias y los anhelos de los seres hambrientos por ascender a los reinos superiores del Espíritu; abrazan a los trabajadores del bien y les reaniman los corazones para que no se detengan bajo el granizo de la calumnia ni se entorpezcan con el verbo helado y ostentoso de las filosofías estériles; besan la frente amarillenta de los agonizantes que esperan serenos la muerte, les rocían los ojos con lágrimas de júbilo y les allanan el camino glorioso hacia la libertad; abrazan a los servidores humildes que sudan y sufren en los campos abasteciendo al mundo de pan y les levantan la cabeza para la contemplación del cielo... 
Cuando el huracán de la adversidad te estimule el desaliento o cuando las tinieblas de la prueba te sumerjan en nubes de tristeza, recurre a ellos, a los Embajadores Divinos del Amor Eterno y sentirás, de inmediato, el calor de la fe alimentándote y fortaleciéndote en la vida . 
Para ello basta con que te recojas en la paz del silencio, encendiendo en tu interior la llama viva y vigilante con el acto sublime de la oración. 

Espiritu Benefactor Emmanuel 
Medium Francisco Cándido Xavier 

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                              EL TIEMPO Y EL ESPACIO
El tiempo, al igual que el espacio, es una palabra que se define a sí misma. Nos haremos 
una idea más justa si la relacionamos con el todo infinito... 
El tiempo es una sucesión de cosas, está ligado a la eternidad, de la misma forma que las 
cosas están unidas al infinito. Sólo por un momento imaginémonos en los días iniciales de nuestro 
mundo, en esa época primitiva en que la Tierra no se balanceaba aún bajo el impulso divino, en una palabra, en el comienzo de su génesis. El tiempo aún no ha emergido del misterioso regazo de la Naturaleza, no podemos saber en qué época de los siglos nos encontramos, ya que la balanza del tiempo no comenzó todavía a moverse. 
Pero, ¡silencio! En la Tierra solitaria suena la primera hora, el planeta se mueve en el 
espacio y se suceden la noche y el día. Más allá de la Tierra, la eternidad permanece inmóvil e impasible, aun que el tiempo corre también para los otros mundos. Sobre la Tierra, el tiempo 
reemplaza a la eternidad y durante una cantidad determinada de generaciones se contarán los años y los siglos... 
Ahora, transportémonos al último día de este mundo, a la hora en que doblegado por el peso 
de su propia vejez, desaparezca su nombre del libro de la vida para no reaparecer nunca más: aquí, la sucesión de hechos se detiene. Los movimientos terrestres que medían el tiempo se interrumpen y el tiempo termina junto con ellos. 
Esta sencilla exposición de los hechos naturales que originan el tiempo, lo alimentan y 
terminan por apagarlo, basta para mostrarnos dónde debemos ubicarnos para realizar nuestros 
trabajos. El tiempo es un gota de agua que desde una nube se precipita al mar y cuya caída es mensurable. Hay una relación directa entre la cantidad infinita de planetas y los tiempos diversos e incompatibles que existen. Fuera de los mundos, sólo la eternidad reemplaza a estas sucesiones efímeras y llena con la quietud de su luz inmóvil la inmensidad de los cielos. Inmensidad sin límites y eternidad sin fin: ésas son las dos grandes propiedades de la Naturaleza universal.- 
EL GENESIS - ALLAN KARDEC. 
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jueves, 28 de julio de 2016

JUICIO FINAL


             

                      LA EDAD PARA EJERCER LA 
                        MEDIUMNIDAD

¿Cuál es la edad en la cual se puede, sin inconveniente,ocuparse de la mediumnidad?

No hay edad precisa; eso depende enteramente del desarrollo físico y aún más del moral; hay niños de doce años  que se afectarán menos que ciertas personas adultas. Hablo de la
mediumnidad en general, pero la que se aplica a los efectos físicos fatiga más corporalmente; la escritura tiene otro inconveniente que se refiere a la inexperiencia del niño, en el caso que quisiera ocuparse a solas y hacer de ello un juego.

222. La práctica del Espiritismo, como lo veremos más adelante, pide mucho tacto para librarse de las astucias de los Espíritus mentirosos; si los hombres son sus juguetes, la infancia y la juventud están aún más expuestos por razón de su inexperiencia. Se sabe, además, que el recogimiento es una condición sin la cual no se pueden tener relaciones con los Espíritus formales; las evocaciones hechas con aturdimiento y a manera de diversión, son una verdadera profanación que abre fácil acceso a los Espíritus burlones o malévolos; como no se puede esperar de un niño la gravedad necesaria para un acto semejante, sería de temer que hiciese de ella un juego si quedase entregado a sí mismo. Aun en las condiciones más favorables, es de desear que un niño dotado de la facultad mediúmnica no la ejerza sino a la vista de personas experimentadas que le enseñarán con su ejemplo el respecto que se debe a las almas de aquellos que han vivido. Se ve, según eso, que la cuestión de la edad está subordinada a las circunstancias del temperamento, como del
carácter. Sin embargo, lo que resalta claramente de las respuestas anteriores, es que no se debe excitar el desenvolvimiento de esta facultad en los niños cuando no es espontánea, y que en todos los casos es preciso usar de esta con gran circunspección; que no se debe tampoco excitarla ni alentarla entre las personas débiles. Es necesario desviar de esto, por todos los medios posibles, a los que hubiesen dado los menores síntomas de excentricidad en las ideas o debilidad de las facultades mentales, porque hay en ellas predisposición evidente a la locura que cualquiera causa sobreexcitante puede desenvolver. Las ideas espiritistas no tienen bajo este aspecto una influencia mayor, pero viniendo a declararse
la locura, tomaría el carácter de la preocupación dominante, como tomaría un carácter religioso si la persona se daba con exceso a las prácticas de devoción y se haría de esto responsable al Espiritismo. Lo que mejor puede hacerse con cualquier individuo que muestre una tendencia a la idea fija, es el dirigir sus preocupaciones por otra parte, a fin de procurar el descanso a los órganos debilitados.

EL LIBRO DE LOS MÉDIUMS. ALLAN KARDEC.

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          OÍR CON EL CORAZÓN.

Más allá de la facultad de escuchar con los oídos, se pude hacer también con la mente, con la emoción, con interés, con malicia, con desanimo, con resentimiento, con alegría, con el corazón…El arte de oír es muy complejo. Normalmente se oyen informaciones pensando en otras cuestiones que predominan, desviando la atención e impidiendo que se fijen las impresiones de aquello que se informa.

Algunas veces, se oyen las narrativas que son presentadas con estado de espíritu crítico y perdiéndose los mejores contenidos, porque no están de acuerdo con el pensamiento y la conducta de quien escucha. 

En diversas oportunidades, se oyen a las personas con indiferencia, pensando en los propios problemas e inquietudes, distantes del sufrimiento ajeno, por considerarse muy grande el propio.

Es común oír por obligación social o circunstancial, estando en otro lugar y situación mental, aunque físicamente estemos al lado.

Las criaturas humanas conviven unas con las otras, manteniéndose siempre extrañas, no consiguiendo salir de la propia cárcel en donde restringen los pasos, sin embargo preservando la apariencia de libres.

Por consecuencia, la soledad y la depresión aumentan en razón directa en que se engrandecen los grupos sociales, siempre ávidos de novedades y capacidades transitorias, casi ningunas cosas.

La saturación que proviene del mismo, de las actividades respectivas, sin embargo de alta gravedad, que terminan por transformarse triviales para quien las escucha, responde por el aturdimiento y desinterés de aquellos que se colocan en la posición de oyentes.

Especialmente las personas que escuchan las narraciones de los sufrimientos humanos, de tal forma se acostumbran con los dramas y tragedias que, por mecanismos defensivo, se distancian de los hechos y ofrecen palabras destituidas de emoción y de significado, que momentáneamente atienden a los afligidos, sin confortar con seguridad.

Es comprensible esa actitud, porque también son individuos que sufren presiones, angustias, ansiedades y organizan programas de felicidad que no se completan como les gustaría. Se tornan de ese modo, oyentes insensibles.

Despertando para la circunstancia aflictiva, de la que ellos también necesitaran de servidos y orientados, en la soledad en que se encuentran, en las necesidades a la que están expuestos, son inducidos a hacer una evaluación de conducta, mudando de actitud en relación a aquellos que los buscan. Pasan entonces a oírlos con el corazón. Esto es, participan de la narrativa del otro con el espíritu solidario, saliendo de la propia soledad.

¡Oír con el corazón!

Quien narra un drama es gente que, como tal, debe ser considerada. No es un caso más, un cliente, un necesitado, una pesadilla de la cual se debe uno descartar. Está sobrecargado y no sabe como proseguir. Necesita ayuda. Requiere atención.

Puede ser molesto para quien oye. No en tanto, una palabra dicha con el corazón consigue el milagro de modificarle la visión en torno de lo que le ocurre, animándolo para proseguir en el cometido.

Una sonrisa de comprensión le da una señal de que está siendo atendida y encontró a alguien que con ella simpatiza y se dispone a ser su amigo. Escasean los amigos, los afectos verdaderos.

Se multiplican aquellos que hacen parte de los muertos vivos de la sociedad consumista, cuando ella necesita de seres que piensen que sientan, vibrando en espíritu de solidaridad.

Cada persona es un país a conquistar y a ser conquistado.

Particularmente, cuando está fragilizada, aislada en la isla de su aflicción, perdida en la fijación del sufrimiento, ansia por alguien que le pueda arrancar el ancora infeliz que le retiene la embarcación existencial en ese peñasco sombrío.

Solamente cuando se puede oír con el corazón, es que el mensaje encuentra resonancia y puede repercutir en le lama que llora.

No pocas veces, el cansancio que a todos acomete, la irritación que se deriva de los problemas cotidianos o malestar proveniente de los problemas existenciales arma al individuo de indiferencia por su prójimo, tapándole los oídos del corazón.

Jesús lo dijo con mucha propiedad… Ellos tienen oídos, más no oyen.

Los suyos son oídos bloqueados para el mundo exterior, en razón de los conflictos internos y de los estridulas sonidos morales que estremecen y agonizan.

Hay, no en tanto, una forma par el cambio de conducta, beneficiándose y auxiliado a los demás. Procura oír en cada ser una historia, como si fueses un escritor, un periodista, alguien interesado en la otra vida.

Descubrir lo nuevo, lo inusitado en su prójimo, con ojos más expectantes, penetrando en el amago de la ocurrencia.

Dejarse inspirar por el otro, por su necesidad, por su aflicción, por su alegría y mensaje, cuando eso ocurra.

Más a allá de oír, ofrecer algo a cambio: una palabra alentadora, un gesto fraternal en forma de abrazo, una sonrisa compasiva, cualquier cosa que responda al suplicante de manera encorajada. Ampliar el corazón en el rumbo de quien habla o de quien apenas, en silencio, demuestra su terrible aflicción. Oír con el corazón es también una forma feliz de hablar con el corazón, mediante o no el uso de las palabras. Es vibración de amor que se expande y que retorna en música de solidaridad.

Los médicos, invariablemente utilizando el estetoscopio, auscultan el corazón de su pacientes, más raramente escuchan el mensaje discreto que el transmite, pidiendo socorro fraternal, ayuda emocional, bondad estimuladora… Aprende, tu, a oír con el corazón, todo cuanto los otros corazones están procurando decirte. Descubrirás un mundo totalmente nuevo, enriquecedor, en el cual te encuentras y aun no habías percibido, alegrándote con la honra inmensa de estar en el y ayúdalo a ser cada vez más feliz.

Extraído del libro de Divaldo Pereira Franco “Directrices para el Éxito” Joanna de Angelis Espíritu.

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                              EL TIEMPO DE DIOS
                         

El tiempo de Dios es matemáticamente justo. Es exactamente aquel en que es necesario para que ocurran los hechos esperados.

Nosotros no tenemos la noción de nuestras reales necesidades y por eso, injustamente,achacamos a Dios la demora para la realización de nuestros deseos, o por la ayuda que le pedímos.

Ciertos hechos, tal vez desagradables a nuestros ojos, son necesarios para para nuestra evolución y nuestro crecimiento. Compare las dificultades diarias, como los primeros días en una empresa o escuela. Cuando llegamos y encontramos lo desconocido, parece que estamos abandonados a nuestra propia suerte, de la voluntad de ir todavía y aquel frio en la barriga va quedando cada vez más desconfortante. Pero acabamos luchando e insistiendo para la adaptación de ese periodo de la experiencia, y acabamos descubriendo nuevos amigos y personas que podrán marcar nuestras vidas por toda la eternidad. En el transcurso de nuestra jornada, decubrimos nuevos  placeres, alegrías y sorpresas que darán el bagaje necesario para nuestro viaje en este planeta.

Entonces, si usted está pasando por un momento difícil, es necesario tener la fe y la razón unidas en un solo pensamiento para que la mejor solución venga a acontecer. Es importante que su fe sea pura y al mismo tiempo racional, para que la transformación que es reconocida como milagro, acontezca en su vida. Entonces, si usted cree en Dios, es natural  creer en milagros y en transformaciones.

Todo aquello que es imposible para los jos y pderes humanos, es natural para Dios, basta que usted realmente crea y  espere el tiempo necesario para la realización, porque si fuere la voluntad de Dios, puede apostar que su deseo se va a realizar, la cura va a acontecer, lo que estaba desengañado va a renacer y l que todos decían imposible, se va a tornar una realidad.

Lo mejor de todo aún, es orar, actuar, creer y hacer su parte. Hacer lo que realmente tiene que ser hecho. Utilice la alegría, el optimismo, la certeza, la adoración, la fe, y entregue todo en las manos de Dios; y así como Jesús, repita con sinceridad: "Que sea hecha la voluntad de mi Padre, y no la mía".

- Claudia Dantas-

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       EL EXORCISMO 

El casi total desconocimiento de la vida espiritual o la ignorancia al respecto, son responsables de las extrañas prácticas de exorcismo desde épocas remotas. 

La presunción y falso conocimiento de las personas que se creen capacitadas para imponer su falsa autoridad sobre otro, hacen que transfieran el mismo sentimiento a los espíritus sufrientes o perversos que embisten contra aquellos a quienes afligen con insistente crueldad. 

La obsesión es el resultado del intercambio psíquico, emocional o físico, entre dos seres que se aman o se detestan. 
La raíz del fenómeno se encuentra, en la identificación vibratoria que facilita el proceso perturbador. 

Aquel que se sintió engañado o traicionado por su opositor, busca retribuir el mal que sufrió, imponiéndole la crueldad de la persecución sin cuartel, desde el mundo espiritual donde hoy se encuentra. 

Disponiendo de mayor campo de comprensión mental y de técnicas sofisticadas para imponer su voluntad, sobre aquel a quien detesta y desea martirizar, establece el intercambio nefasto, que culmina con la instalación de disturbios, que se convierten en sufrimiento de corto o largo curso, siempre dolorosos. 

Otras veces, son vinculaciones amorosas de cualidad inferior, en las cuales ambos intercambian sentimientos vulgares, que los llevan a una convivencia mental de torpes satisfacciones o de deseos inconfesables, que la muerte de uno de ellos no permite realizar más. 

La obsesión solamente se instala, porque hay receptividad del paciente, que lo envuelve en las mallas constrictoras. 

Cualquier tentativa de tratamiento, deberá iniciarse con el conocimiento de las razones que desencadenaron el acontecimiento infeliz. 

No hay razón para que alguien imponga su voluntad sobre la de otra, y especialmente en lo que respecta a las ingratas obsesiones, también, a nadie se le ha dado el derecho de afligir a su prójimo sin incurrir en la auto punición, de cara a las soberanas leyes que se establecen en la vida de todos. 

La imprudencia y las pasiones que predominan en la naturaleza humana, lo llevan a desviarse en el cumplimiento de sus deberes, transformándose en insensato enemigo de su compañero de jornada, quien entonces, sufre la crueldad o persecución sistemática, afligiéndolo, y generándole situaciones embarazosas mediante las cuales se siente feliz... 

Esa conducta nefasta, que muchas veces pasa inadvertida para la víctima, luego de su desencarnación pasa a entender lo que le ocurrió, y mediante procesos de sintonía y afinidad, se vincula a su verdugo, y al no poseer valores ético-morales para comprender el perdón, toma la maza de la justicia en sus manos y se cree con el derecho de desquitarse de aquel que tanto daño le hizo. Si tuviese otro conocimiento de la vida, de sus leyes y de la Justicia Divina, que jamás engaña o desvía, y se apoyara en el olvido del mal para tornarse feliz, se liberaría mentalmente de quien lo ha atormentado y ha sido responsable por su desdicha. 

Sin embargo, la inferioridad moral de la víctima, cualidad peculiar en la mayoría de los temperamentos humanos, impone la venganza como el mejor mecanismo para cobrar el mal que padeció, tornándose, a su vez, en perseguidor, cuando podría continuar siendo creadora del respeto, en su condición de acreedor compasivo. 

Siendo así, la práctica del exorcismo resulta inútil, particularmente en lo atinente a los llamados gestos sacramentales y las palabras cabalísticas, que producen risa en los Espíritus perseguidores, más aún cuando los Espíritus burlones, se complacen acompañando al ridículo de aquellos que pretenden expulsarlos con comportamientos extraños, sin ningún requisito moral que los acredite en la terapéutica curativa. 

Cuando ocurren resultados positivos en el tratamiento de la obsesión por medio de ese recurso, se debe a las cualidades espirituales del terapeuta y no a los rituales extraños que realiza, por cuanto, solamente las energías elevadas, que devienen de una conducta moral y mental, pueden apartar a los Espíritus infelices de aquellos que padecen la imposición penosa. A pesar de eso, para que el proceso curativo se de correctamente, son indispensables la transformación ética del paciente, en sus actividades de beneficencia y de fraternidad y en el compromiso con el amor y la oración, a fin de revestirse de valores elevados que le permitan la sintonía con otras fajas vibratorias, evitando la influencia de nuevas perturbaciones. 

E ahí el porque, en el tratamiento de las obsesiones, el diálogo con el enfermo espiritual se torna esencial, a fin de esclarecerlo en cuanto al mal que ejecuta, cuando podría ser feliz liberando a su opositor y entregarlo a su propia conciencia y a la Conciencia Divina. 
Prosiguiendo en la obstinación de hacer el mal a quien lo perjudicó, permanece sufriendo, afligiéndose sin cesar, cuando tiene el derecho de disfrutar de paz y renovación, ya que todos nos enrumbamos hacia la felicidad a la que estamos destinados. 

El proceso de iluminación interior es la meta fundamental de todas las experiencias espirituales, por proporcionar direccionamiento saludable y equilibrado a quien experimenta el infortunio, resbalando por las rampas del odio y de las pasiones más primitivas. 

Cuando Jesús, exhortaba a los Espíritus inmundos y a la Legión a que abandonasen a aquellos a quienes atormentaban, había en el Maestro la energía liberadora que interrumpía el flujo de la obsesión. Además, el Señor sabia cuando terminaba la deuda del antiguo verdugo, liberándolo del dolor. A su vez, las Entidades infelices lo veían aureolado de luz y se conmovían ante su irradiación, alterando su conducta y descubriendo la necesidad de cambio en su comportamiento. 

A través de los tiempos, algunos seguidores de la doctrina cristiana, enfrentando a los Espíritus enfermos y vengativos, intentaron repetir las hazañas del Nazareno, muy distantes sin embargo, de las cualidades vibratorias indispensables para el acometimiento superior, fracasando de inmediato en sus objetivos. Y cuando eso acontecía sin poseer resistencias psíquicas propias, se irritaban, pasando a exigencias descabelladas, cuando no se entregaban a griterías y pugnas verbales injustificables con los obsesores, que se fortalecían en dichos combates. 

Con el conocimiento del Espiritismo, gracias a las seguras informaciones ofrecidas por los mismos desencarnados, se pueden descubrir las saludables terapias para atender las obsesiones y sus víctimas, atendiendo no sólo al encarnado, sino también al hermano que sufre más allá de la cortina carnal, quien sufre la influencia perversa y continua, experimentando sinsabores y amarguras. 

La criatura humana, sedienta siempre de novedades, y sufriendo las consecuencias de su conducta arbitraria, resbala en los profundos fosos de las obsesiones, pero deseando recibir ayuda sin el mayor esfuerzo, se adhiere a los procesos de exorcismo, en escenas grotescas de debates entre los presuntuosos terapeutas y los Espíritus, provocando admiración y creciente fascinación. Sucede que, en muchos casos, aquellos que aturden a los negligentes, a fin de volver a la carga posteriormente, fingen estar arrepentidos del mal que están practicando, y abandonan a su compañero espiritual, sólo por algún tiempo, volviendo después con mayor carga de aflicción y rebeldía. 

En cualquier situación de enfermedad espiritual, las conductas terapéuticas a adoptar son la compasión y la caridad, el amor y el perdón en relación a la víctima, así como a su perseguidor, ambos incursos en los soberanos códigos de la Vida de los cuales ninguno consigue huir. 

Espíritu: Manoel Philomeno de Miranda (en la imagen) 
Médium: Divado Franco 
Página psicografiada la noche del 2 de junio de 2001, en Milán, Italia. 
Tomado de "El Reformador
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         JUICIO FINAL 

Existe un juicio final, en cuanto al que experimenta cada ser humano al final de su vida. Se produce después de la turbación que en general experimenta cada persona tras la muerte. En este trance cada Ser , con la ayuda de sus Mentores y Guías espirituales , hace el balance de lo bueno y lo malo de su su última existencia., lo que debió hacer y no hizo, en qué se equivocó o acertó, valorando si se han cumplido o no los objetivos programados desde antes de nacer a esa vida humana que terminó ahora pero que como Ser espiritual continúa existiendo después. 
Mas o menos la secuencia es la siguiente : Primero se encuentran que “ al final del túnel” por el que se sintieron deslizar durante el trance de la muerte,se les presenta un Ser de Luz que suele ser su Guía espiritual, y que les recibe amablemente ayudándoles en este acto en el que no están solos. Entonces comienzan a percibir imágenes retrospectivas de todos los detalles de su vida, hasta los mas nímios , siempre que signifiquen algo o tengan alguna transcendencia. En una asombrosa experiencia, el Ser desencarnado se hace consciente de las inmensas perspectivas y secuencias de las edades humanas transcurridas. Comprende la relación de sus vidas pasadas con la que que acaba de finalizar ; así por el pasado se explica el presente y este deja entrever el futuro. 
Todo esto sucede en lo que sería apenas un fugaz instante para nosotros, pero no para el Ser que protagoniza esta experiencia, pues ya no tiene sentido del tiempo ; esta experiencia la siente intensamente y ve los detalles de su vida como si los contemplase en una gran pantalla panorámica de cine , en donde analiza la película de su vida como protagonista , reviviendo intensamente las escenas y sintiendo el resultado de sus actos y omisiones, valorando lo realizado en su compromiso para con esa vida. En este juicio comprende y reconoce su responsabilidad ante la Divina ley de Causa y Efecto, de la que en su momento hablaremos. De este modo fija su suerte en el mundo espiritual y el destino que le aguarda en vidas futuras como Ser humano, aunque la situación en que se queda en el mundo espiritual, siempre es limitada en cuanto a duración de nuestro sentido del tiempo, y le supone mientras tanto un estado mas o menos feliz o desgraciado en muy diversos grados, según sea el plano espiritual en que quede situado el Ser . 
Este juicio individual sobre los frutos de nuestra vida finalizada, es necesario para nuestro Ser, porque con la revisión del camino evolutivo que acaba de recorrer puede prepararse para fijar futuras metas y conquistas de evolución, por lo que es algo positivo, ya que dispone de la conciencia de cada uno, como punto de partida desde donde poder después rectificar para seguirevolucionando en otras existencias humanas futuras. No se trata de un Juicio severo al que debemos temer, porque debemos tener claro que Dios, del que hablaremos próximamente, es un Padre que no castiga eternamente por nuestros errores por graves que sean, sino que perdona siempre y no permite que se pierda ni uno solo de sus hijos. Solamente debemos temer las consecuencias que antes o después deberemos afrontar por infringir las Leyes Divinas mediante nuestros actos negativos. No obstante es de comprender que después de este autojuicio, el Ser siempre encuentra en su conciencia su premio o su castigo que lo es en sentido corrector, no en sentido de venganza justiciera al estilo humano.. 
Tras el Juicio, el Espíritu impuro, entorpecido por los fluidos materiales, queda confinado en las zonas inferiores de nuestra atmósfera terrestre, mientras que los virtuosos y elevados, provistos de un cuerpo astral mas depurado y sutil, quedan en planos elevados sobre nuestra atmósfera psíquica 

“La utilización del concepto “final de los tiempos” por los seres espirituales para ser intuido por la mente humana, ha tenido como móvil el hacer despertar la conciencia del hombre y hacerle caer en la cuenta de lo muy alejado que se encuentra del cumplimiento de las Leyes Divinas”. 
Centro de Estudios de Ciencias Universales – 

¿ Acaso no es Dios quien nos juzga ? 

Generalmente esto afirman las religiones, pero hay cierta confusión en ciertos conceptos como este, que vienen de la tendencia ancestral de personalizar a Dios como un alguien todopoderoso y abstracto que está ahí arriba vigilandonos para ver si somos dignos de premio o de castigo. Y es que realmente el considerar a Dios como alguien ajeno y externo a nosotros, que nos hace un severo y minucioso juicio al final de la vida, dándonos después una condenación o una absolución para toda la eternidad, es un error, pero si se admite que ese alguien vive en nosotros y nos juzga a través de nosotros mismos mediante nuestra conciencia, nos acercamos algo más a la Verdad. 

Dios no es “alguien”; no es un Ser concreto y por tanto limitado; en nuestra limitada mente se podría concebir como la Energía Primaria, Inteligencia Suprema de toda la Creación, Causa ,Principio y fin de todo cuanto existe; el Único y Soberano Juez que vive en cada uno de nosotros porque somos creación de El, a su imagen y semejanza en cuanto espíritus, o sea con atributos de su propia Esencia, con el propósito de desarrollarlos y acercarnos a Él, a través de un largo proceso que llamamos evolución del espíritu, y por eso , es cierto que Dios nos juzga al final de la vida, pero entiéndase que , estando en nosotros, lo hace través del tribunal inexorable de la propia conciencia de cada uno. Esto se comprenderá mejor cuando hablemos del concepto de Quién o Qué es Dios. 

Este juicio final se produce naturalmente en la propia conciencia del Ser cuando abandona este mundo, comprendiendo así en qué se equivocó, lo bueno y malo que hizo o lo que pudo y debió hacer y no hizo. Esto le hace experimentar dolor y remordimientos, o felicidad y paz cuando lo que hizo de bueno en esa vida, le hace penetrar en el mundo espiritual en medio de una indefinible dicha y placer. 
- Jose Luis Martín - 

"No pidas amor y afecto; antes que nada, inmediatamente da de ti mismo a los demás, sin cobrar tasas de gratitud y reconocimiento. Es importante que sigas los pasos de Jesús en la donación de amor abundante, sin exigir jamás de nadie ni olvidar que eres responsable de tus sentimientos." - Regina Lucia de Souza-

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