jueves, 23 de enero de 2014
Monopolizadores del buen sentido
Monopolizadores del buen sentido
El movimiento de objetos es un hecho comprobado. La cuestión reside en saber si en ese movimiento hay o no una manifestación inteligente y, en caso afirmativo, cuál es el origen de dicha manifestación.
No nos referimos al movimiento inteligente de determinados objetos ni a las comunicaciones verbales, como tampoco a las que son escritas directamente por el médium. Este tipo de manifestaciones, evidentes para los que han asistido a ellas y las han profundizado, no es en modo alguno, a primera vista, lo bastante independiente de la voluntad para cimentar la convicción de un observador novel. Sólo hablaremos, pues, de la escritura obtenida con ayuda de cualquier objeto provisto de un lápiz, tal como la cesta, la tabilla, etcétera. La manera en que los dedos del médium se posan sobre el objeto desafía –conforme dijimos- la destreza más consumada para poder participar –en el grado que fuere- en el trazado de los caracteres. Pero admitamos incluso que, con prodigiosa habilidad, puede él engañar al ojo más escrutador: ¿cómo se explica la índole de las respuestas, cuando se encuentran éstas más allá de todas las ideas y conocimientos del médium? Y adviértase bien que no se trata de respuestas monosilábicas, sino que a menudo constan de varias páginas, que han sido escritas con la más asombrosa rapidez, ya sea de manera espontánea o bien sobre un tema determinado. Bajo la mano del médium más ignorante de la literatura nacen en ocasiones poesías de una sublimidad y pureza irreprochables y que no desaprobarían los mejores poetas humanos. Lo que aumenta aún más lo extraño de estos hechos es que ellos se producen por dondequiera y que los médiums se multiplican hasta lo infinito. Tales hechos ¿son o no reales? A esta pregunta sólo podemos responder de una manera: mirad y observad. No os faltarán ocasiones para ello. Pero, sobre todo, observad con frecuencia, demoradamente y en las condiciones requeridas.
¿Qué responden a la evidencia los adversarios? “Vosotros –dicen ellos- sois víctimas del charlatanismo o juguetes de una ilusión”. Por nuestra parte, diremos para comenzar que hay que dejar a un lado la palabra “charlatanismo” en los casos en que no existe un beneficio a extraer, puesto que los charlatanes no ejercen gratis su oficio. En consecuencia, se trataría cuando más de una superchería. Pero ¿por qué extraña coincidencia tales embaucadores se habrían puesto de acuerdo, de un extremo a otro del mundo, para obrar en la misma forma, producir idénticos efectos y dar sobre los mismos temas y en idiomas diversos respuestas iguales, si no literalmente, al menos en lo que respecta al sentido? ¿Cómo es posible que personas graves y serias, honorables e instruidas, pudieran prestarse a semejantes maniobras, y con qué objeto procederían de este modo? ¿Cómo encontraríamos en los niños la paciencia y la habilidad necesarias para ello? Porque si los médiums no son instrumentos pasivos, necesitarían de una habilidad y unos conocimientos que son incompatibles con cierta edad y determinadas posiciones sociales.
Entonces se afirma que, si no hay superchería, puede que ambas partes sean víctimas de una ilusión. En buena lógica, la calidad de los testigos es de cierto peso. Ahora bien, es aquí el caso de preguntar si la Doctrina Espírita, que en la actualidad cuenta por millares15a sus adherentes, no los recluta más que entre los ignorantes… Los fenómenos sobre que se apoya son tan extraordinarios que es concebible la duda. Pero, lo que no se podría admitir es la pretensión de algunos incrédulos de monopolizar el buen sentido, y que sin respeto por las personas o por el valor moral de sus adversarios tachan sin miramiento de inepcia a todos aquellos que no son de su misma opinión. A los ojos de todo individuo juicioso, el dictamen de las personas esclarecidas que durante mucho tiempo han visto, estudiado y meditado algo constituirá siempre, si no una prueba, al menos una presunción en su favor, puesto que el asunto ha podido llamar la atención de hombres serios, que no tienen ni interés en difundir un error ni tiempo que perder en futilezas.
- ALLAN KARDEC
Esto se refiere a la fecha de publicación de la obra. Hoy en día, a más de un siglo de entonces, las cifras ascienden a millones. [N. del T. al cast.] * Este estudio introductorio forma parte de la 2ª y definitiva edición de la obra, fechada en 1860. [N. del copista.]
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LA PRÁCTICA DE LA ORACIÓN
Los Espíritus siempre dijeron: “La forma no es nada, el pensamiento lo es todo. Orad, cada uno según vuestras convicciones y del modo que más os conmueva, pues un buen pensamiento vale más que
numerosas palabras extrañas al corazón”.
ALLAN KARDEC
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Historia para reflexionar.
El médium espírita Divaldo P. Franco, cuenta la historia de un chico, que fue abandonado a los 6 meses de edad, en la Institución Mansión del Camino, la que él dirige (www.mansaodocaminho.con.br). Este chico, a los 4 años de edad, hacía navajitas y amenazaba a las voluntarias que ayudaban a Divaldo a tener cuidado de los niños. Él decía que quería introducir el cuchillo en alguien para sentir la sangre caliente escurrir en sus manos. Divaldo preguntaba como él sabía que la sangre era caliente, y él respondía que no sabía como, pero él tenía seguridad que era caliente.
Cuando este chico cumplió 12 años, las voluntarias que auxiliaban a Divaldo tenían miedo de él. Divaldo entonces, hizo una terapia de choque. Llamó al chico y dijo que él tendría que irse de la institución. El chico se asustó, pidió disculpas y prometió no amenazar más. Estudió y fue evangelizado por la institución espírita Mansión del Camino.
A los 18 años, el chico pidió la emancipación. Divaldo le dice:
- Te doy tu emancipación con una condición: cuando desees matar a alguien, vienes aquí y me matas.
- ¿Pero, tío? ... – dijo el muchacho asustado.
-Sí porque yo fallé. La sociedad me entregó a ti con 6 meses, la sociedad nos da todo, tú no tienes nada contra la sociedad, espero, porque la sociedad es la humanidad. Si matas a alguien, es porque yo fallé. Antes me matas, a causa de mi fracaso en relación a ti.
El chico concordó, y se fue. Después de 10 años, ellos se reencontraron. Divaldo entonces, aprovechó y preguntó si él sintió voluntad de matar. El chico dijo que sí, pero que toda vez que sintió esa voluntad, él veía el rostro de Divaldo a su frente diciendo: "Ven y me matas primero", entonces, él se desarmaba. Él lo agradeció diciendo que, si no fuese por Divaldo y el Espiritismo, él estaría en una cárcel.
Divaldo, entonces, aclaró:
- Agradécelo a tu conciencia, que asimiló toda la educación moral evangélica que recibiste en la Mansión del Camino. Tú hiciste buen uso del libre albedrío. Hoy,tu puedes entender, por eso voy a contarte que, los buenos espíritus me dijeron que fuiste un criminal en la encarnación anterior, hijo mío. Traías en el inconsciente el recuerdo de la sangre chorreando en tu mano cuando acuchillabas a alguien. Estaba dentro de ti, que explosionara en tu memoria actual, eran flashes del pasado.
Resumen de una historia verídica vivida por el médium espírita Divaldo P. Franco.
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Regresión de la memoria
El olvido del pasado constituye la verdadera misericordia de Dios para con Sus criaturas, por cuanto facilita el recomienzo en un nuevo cuerpo sin la carga de los recuerdos tormentosos resultantes de los hechos negativos perpetrados en existencias pasadas. Asimismo, favorece el olvido de las actividades ennoblecedoras y de los afectos especiales que han constituido la emulación para el propio progreso. La remembranza de los acontecimientos dañinos acarrearía, sin dudas, una alta carga de sufrimiento derivado del remordimiento, que dificultaría la prosecución de los compromisos elevados. En consecuencia, podría convertirse en motivo de desánimo generador de estímulos perjudiciales para el abandono de los deberes o el miedo de enfrentar nuevos desafíos. Además, el recuerdo detallado de determinados hechos traería a la memoria la presencia de cómplices igualmente comprometidos u otras personas víctimas o aún responsables por los actos indecorosos, aumentando así la animosidad con relación a esos últimos.
Por otro lado, la rememoración de los momentos gloriosos, de los afectos especiales si, de una forma, pudiesen transformarse en emulación para la continuidad del esfuerzo, haría correr el riesgo de elecciones especiales en detrimento de nuevas vinculaciones afectivas, lo que disminuiría el círculo de crecimiento fraternal en la búsqueda de la inmensa familia universal. Aún merece ser considerado que la carga de los recuerdos de la existencia actual constituye ya un grave compromiso. En el caso de que se adicionasen aquellas que provienen de experiencias pasadas, por cierto perturbarían el mecanismo homeostático* o de equilibrio del individuo, en razón de no ser posible soportar la suma de emociones que superan su capacidad de resistencia fisio - psíquica. El organismo humano es portador de un límite de energía apropiada para soportar emociones y sensaciones hasta cierto punto que, cuando es superado, se transforma en desajuste de sus sutiles equipos psíquicos, produciendo lecciones irreversibles.
Por ésta razón, muchos seres interexistentes, que conviven simultáneamente en las dos esferas de la vida - la material y la espiritual - cuando no son moralizados o no consiguen armonizar el comportamiento con la estructura psíquica, caen en alucinaciones, en distonías nerviosas y mentales de difícil recuperación durante la existencia. El ser humano, a pesar de permanecer aún más en la faja fisiológica que en la psicológica, más en la sensación que en la emoción, ya viene granjeando valores que le posibilitan liberarse de algunas de las constricciones impuestas por los actos infelices de las reencarnaciones anteriores, que pesan en el orden íntimo, generando sufrimientos rudos, alteraciones afligentes y otros problemas en el área de las relaciones inter-personales, de los conflicots sexuales, de los desafíos económicos y financieros, conduciéndolo a mayores descalabros cuando no a fracasos muy perturbadores.
Considerando que las Leyes Divinas son de justicia, pero también de amor, corresponde que sean restablecidos los códigos de honor que fueron quebrantados y sean recuperados los niveles de armonía que los actos desdichados produjeron. La reparación de los errores es, por eso mismo, inevitable, no siendo necesario de forma inexorable que esa recuperación se dé exclusivamente a través del sufrimiento. Jesús enseñó que el amor cubre a la multitud de los pecados y delante de la mujer equivocada que lavó sus pies en la casa de Simón, dominada por la ternura y por el arrepentimiento de la insensata existencia que se permitía, la liberó de mayores sufrimientos, confortándola con la sugestión dignificante: -¡Por mucho amar, tus pecados te son perdonados!
Ciertamente no la liberó de las consecuencias de los actos insanos, porque esas vendrían naturalmente como resultado del mal uso del libre albedrío. Le demostró que por medio del amor la criatura puede rehabilitarse de cualquier acción nefasta que se haya permitido, siempre que se empeñe en la rehabilitación, que es la gran meta de todo aquel que busca crecer y ser feliz. Así, desde el inicio de la fenomenología mediúmnica y parapsicológica los investigadores de la psique humana, detectaron que en sus archivos actuales se encuentran los registros de los comportamientos pasados que, de cierto modo, están dictándole nuevos procedimientos o repeticiones de gravámenes que se esculpieron como agentes de perturbación. En los procesos de amnesia o recuerdos espontáneos de vidas pasadas o aún mediante el concurso de la hipnosis, es posible revivir las experiencias olvidadas, a través de las cuales se puede explicar un sinnúmero de acontecimientos actuales. Por otro lado, afirmados en las infinitas posibilidades de los archivos del inconsciente actual como del profundo, importantes psicoanalistas encontraron en los acontecimientos de la vida perinatal la causalidad de muchos traumas, fobias, complejos de inferioridad y superioridad, narcisismo, perturbando la conducta de sus pacientes. Por intermedio de los recursos hábiles para ese fin, vienen realizando incursiones exitosas, gracias a las cuales, liberan a muchos sufrientes de sus tormentosos estados del alma, limpiándolos de las marcas en ellos grabadas.
Cuando no son encontradas esas causas de desajuste en la fase actual ni en la infancia de los enfermos, fueron estimulados a retroceder la sonda de investigación y llegaron a los procesos más profundos de los registros, a los arquetipos colectivos, que son nada más que reminiscencias de otras reencarnaciones, encontrando allí los factores responsables por los disturbios que ahora los inquietan. identificando las causas, trabajaron terapeúticamente en sus efectos y contribuyeron para que muchos otros sufrimientos enigmáticos cediesen lugar a la conscientización de las mismas, superándolas, por medio de la repetición de los hechos, bajo el auxilio y la orientación que demuestran ya haber tenido lugar y no deben proseguir más emitiendo ondas devastadoras sobre el psiquismo actual. Es claro que en tales evocaciones bajo la hipnosis o inducción más suave, el paciente no recuerda plenamente la reencarnación anterior, sino que es orientado a encontrar el factor que detona el problema y que en él mismo se encuentra grabado. A la propuesta desafiante el inconsciente responde con las matrices dañinas, facilitando revivir el mismo y la consecuente liberación de sus cargas malévolas.
Es claro que el asunto recién está comenzando en esa área y mucho habrá que estudiarlo, a fin de penetrarlo bien, evitando que nuevos recuerdos aumenten la suma de lo que ya existe en el consciente, y correr el riesgo de producir desarmonía homeostática. Además, no todos los pacientes que fueron objeto de recordaciones por tal proceso se liberarán de efectos perniciosos de los actos infelices, esto es porque se hacen necesarios el cambio de comportamiento para mejor, la alteración de los planos mentales identificando deberes olvidados o nuevamente quebrantados, que constituirán un recurso reparador, liberación de los resultantes cármicos. La concientización de la responsabilidad del ser humano delante de la vida, es una valiosísima terapia para la conquista de la salud física y mental, sobre todo para la realización moral, cuyas preliminares de actividad no siempre feliz, se encuentran en los paneles de la mente profunda, en los cimientos del inconsciente espiritual. No obstante, cualquier incursión en esos dominios, sin orientación competente y especializada, destituida de objetivos nobles, animada por la curiosidad o la frivolidad improcedente, siempre resulta desastrosa, esto es, en imprevisible fracaso muchas veces de sabor amargo. El ser humano es la medida de sí mismo. Auto-conocerse penetrándose cada día con el esfuerzo para la identificación de su realidad actual como pasada, constituye el gran desafío que está aguardando una resolución firme y la dedicación continua de cada cual. Toda inversión de amor y de interés por la auto-iluminación debe ser aplicada en favor del proceso evolutivo, de forma que no cese el anhelo por el crecimiento interior, por la ampliación de los recursos ético - morales e intelectuales, produciendo sin cesar para el bien y para la vida, en la cual indiscutiblemente se encuentra comprometido.
Juana De Angelis
Médium Divaldo Franco
miércoles, 22 de enero de 2014
¿El enamoramiento y el amor son lo mismo?
El enamoramiento es un estado mental y emocional muy
especial, de ilusión y de felicidad inimaginables para quien no lo
ha experimentado nunca, y jamás ha “sufrido esa enfermedad” que
nos puede llevar a sentirnos en el cielo cuando es correspondido, o
que puede llevar hasta la locura cuando no se es correspondido.
No es lo mismo amar a otra persona, que estar enamorado
de ella, aunque también se puede estar enamorado y amar al mismo
tiempo.
Asimismo se puede Amar a otra persona sin estar
enamorado de ella, o bien estar enamorado de otra persona, pero no
amarla en realidad, lo que supone “quererla” o posesionarla ,
pero “ no amarla”.
El amor en la pareja, se forma, desarrolla y consolida
mediante la convivencia ,la dedicación, la delicadeza, el respeto,
el perdón, la entrega, y otro cúmulo de valores que se deben cuidar
día a día porque si se descuidan, el tedio y el egoísmo humano
tiende a hacerlos desaparecer.
El amor en la pareja debe sentirse en plena libertad,
sin ataduras, compromisos , obligaciones ni condiciones, sino que
debe ser una opción libre, renovada cada día y apoyada sobre la
aceptación de la realidad y circunstancias de ambos miembros de la
pareja.
Cuando se ama de verdad a otra persona, se despierta el
amor que irradia alrededor y se extiende hacia otras, sensibilizando
nuestra alma para amar, y así , se comienza a descubrir la belleza
, el amor y la felicidad por todas partes.
La esencia del enamoramiento sin amor, son los apegos y
deseos que generan celos y sufrimientos, porque cuando falta el amor,
los sentimientos del enamorado o encaprichado, no están asentados
sobre la realidad de la persona y entonces es cuando llega la
inseguridad y la desconfianza. El enamoramiento sin Amor puede
suponer un estado enfermizo del alma,que sufre por sus propios deseos
egoístas y su irrealidad, viniendo a experimentar un estado de auto-obsesión que les lleva al sufrimiento; sin embargo el Amor que puede sentir una
persona enamorada, no tiene porque ser posesivo ni egoísta, y este
le supone un estado de sensibilidad que le capacita para poder
abrirse a todas las personas y a la vida, pero esta clase de Amor
solo se puede manifestar desde la realidad.
Por lo dicho, el enamoramiento no es amor
sino el deseo ante una imagen idealizada de la persona de quien se
está enamorado. Luego, cuando al pasar el tiempo se comienza a
despertar a la realidad, si no hay Amor viene la desilusión y el
desengaño , porque es como despertar de un sueño irreal.
- Jose Luis Martín-
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“Preguntaba
una pareja de recién casados: Qué debemos hacer para que perdure
nuestro amor?” Y esta fue la respuesta del Maestro: Amad los
dos juntos otras cosas”
-
Anthony de Mello -
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REEDUCANDO
Nuestros hermanos reeducados, residentes en sectores de segregación constructiva, no se encuentran solos.
En todos los lugares de la Tierra, sorprendemos a los sentenciados de variada especie, de entre los cuales se destacan:
Los presidiarios retenidos en prisiones de largo curso;
Los emparedados en el remordimiento que cargan el peso de culpas inconfesadas;
Los detenidos por la rebeldía, que no se satisfacen con los recursos que la vida les coloca en las manos;
Los encarcelados en sufrimiento claramente voluntarios que rechazan cualquier salida para la luz del espíritu;
Los prisioneros de inconformidad que no aceptan las directrices del trabajo para el bien, que se les ofrece como terapéutica de liberación;
Los encadenados en las angustias que se halla aislados en las celas de reflexión que se les hace necesarias para el propio mejoramiento.
Delante de compañeros considerados delincuentes abstente de condenarlos.
Todos nosotros, espíritus en evolución en la Tierra, somos los viajeros de los milenios y estamos aun en proceso regenerativo, a la vista de las imperfecciones que marcan nuestro espíritu.
Y si puedes rasgar el pecho, frente a nuestros interlocutores y compañeros de lo cotidiano, ciertamente que todos ellos conseguirán leer este letrero, grabado a fuego y lágrimas, en nuestros corazones:
¡Compadécete de mí!
Por el Espíritu Emmanuel – Del Libro: Hora Cierta, Médium: Francisco Cándido Xavier
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LA ULTIMA HORA
¿Qué ocurre en el momento de la muerte, y cómo el espíritu se evade de su prisión de carne? ¿Qué impresiones, qué sensaciones le esperan en ese instante temible? Esto es lo que a todos nos interesa conocer, pues todos haremos ese viaje. La vida se nos puede escapar mañana mismo; nadie se librará de la muerte.
Ahora bien; lo que las religiones y todas las filosofías nos habían dejado ignorar, los espíritus vienen en multitud a enseñárnoslo. Nos dicen que las sensaciones que preceden y siguen a la muerte son infinitamente variadas, y dependen, sobre todo, del carácter, de los méritos, de la altura moral del espíritu que abandona a la tierra. La separación es casi siempre lenta, y la liberación del alma se opera gradualmente. Comienza, a veces, mucho tiempo antes de la muerte, y no es completa sino cuando los últimos lazos fluidicos que unen el cuerpo al periespíritu quedan rotos. La impresión experimentada es tanto más penosa y prolongada cuanto más poderosos y más numerosos son estos lazos. El alma, causa permanente de la sensación y de la vida, experimenta todas las conmociones, todos los desgarramientos del
En todos los casos, sin embargo, la separación del alma y del cuerpo está seguida de una época de turbación, fugitiva para el espíritu justo y bueno, que se despierta bien pronto a todos los esplendores de la vida celeste; muy larga, hasta el punto de constar de años enteros, para las almas culpables, impregnadas de fluidos groseros. De éstas, muchas creen vivir la vida corporal durante mucho tiempo después de la muerte. El periespíritu no es a sus ojos más que un segundo cuerpo carnal, sometido a las mismas costumbres y a veces a las mismas sensaciones físicas que durante la vida.
Otros espíritus de orden inferior se encuentran sumidos en una noche oscura, en un completo aislamiento en el seno de las tinieblas profundas. La incertidumbre y el terror pesan sobre ellos. Los criminales son atormentados por la visión espantosa e incesante de sus víctimas.
La hora de la separación es cruel para el espíritu que cree en la nada. Se aferra desesperado a esta vida que huye; la duda se desliza en él en el momento supremo; ve abrirse un mundo temible como un abismo, y quisiera retrasar el instante de su caída. De ahí una lucha terrible entre la materia que se disgrega y el alma que se obstina en retener el cuerpo miserable. A veces permanece en él como adormecida hasta la descomposición completa, y siente, incluso, según la expresión de un espíritu, "cómo los gusanos roen su carne".
Apacible, resignada, incluso alegre es la muerte del justo; tal es la partida del alma que, habiendo luchado y sufrido mucho aquí abajo, abandona la tierra confiando en el porvenir.
Para ella, la muerte no es más que la liberación, el final de las pruebas.
Los débiles lazos que le ligan a la materia se deshacen fácilmente; su turbación se reduce a un ligero embotamiento semejante al sueño.
Los débiles lazos que le ligan a la materia se deshacen fácilmente; su turbación se reduce a un ligero embotamiento semejante al sueño.
Al abandonar su morada corporal, el espíritu al cual el dolor y el sacrificio han purificado ve retroceder su existencia pasada, alejarse poco a poco, con sus amarguras y sus ilusiones, y disiparse luego, como las brumas que resbalan por el suelo en el alba y se desvanecen a la esplendorosa luz del día. El espíritu se encuentra entonces en suspenso entre dos sensaciones, la de las cosas materiales que se borran y la de la vida nueva que se bosqueja ante él. Esta vida la entrevé ya como a través de un velo, plena de un encanto misterioso, temida y deseada a la vez. Bien pronto la luz aumenta, no ya esa luz solar que nos es conocida, sino una luz difusa que se extiende por todas partes. Progresivamente, le inunda, le penetra y, con ella, un sentimiento de felicidad, mezcla de fuerza, de juventud y de serenidad. El espíritu se sumerge en esa oleada reparadora. Se despoja de sus incertidumbres y de sus temores. Luego, su mirada se aparta de la tierra, de los seres desconsolados que rodean su cama mortuoria, y se vuelve hacia las alturas. Entrevé los cielos inmensos y a otros seres amados, amigos de otro tiempo, más jóvenes, más vivos, más hermosos, que acuden a recibirle, a guiarle en el seno de los espacios. Con ellos, se lanza y asciende hasta las regiones etéreas que su grado de purificación le permite alcanzar. Allí, su turbación cesa, nuevas facultades se despiertan en él, y comienza su destino feliz.
La entrada en la otra vida conduce a impresiones tan variadas como lo es la situación moral de los espíritus. Aquellos -y su número es grande- cuya existencia se ha deslizado indecisa, sin faltas graves ni méritos señalados, se encuentran sumidos primeramente en un estado de entorpecimiento, en un agobio profundo; luego, llega un choque a sacudir su ser. El espíritu sale lentamente de su envoltura: recobra su libertad, aunque, vacilante y tímido, no se atreve a usar de ella aún, y continúa quieto, por el temor y la costumbre, en los lugares donde vivió. Sigue sufriendo y llorando con aquellos que participaron de su vida. Transcurre el tiempo sin que para él tenga medida; a la larga, otros espíritus le prodigan sus consejos, le ayudan a disipar su turbación, a librarse de las últimas cadenas terrenales y a elevarse hacia ambientes menos oscuros.
En general, la separación del alma es menos penosa después de una larga enfermedad, teniendo ésta por efecto deshacer poco a poco los lazos carnales. Las muertes súbitas, violentas, que sobrevienen cuando la vida orgánica está en su plenitud, producen en el alma un desgarramiento doloroso y la impulsan a una turbación prolongada. Los suicidas se ven presa de sensaciones horribles. Experimentan, durante algunos años, las angustias de la última hora, y reconocen con espanto que no cambiaron sus sufrimientos terrenales sino por otros más vivos aún.
El conocimiento del porvenir espiritual, el estudio de las leyes que presiden en la des encarnación son de una gran importancia para la preparación de la muerte. Pueden dulcificar nuestros últimos instantes y hacemos fácil la separación, permitiéndonos reconocernos más pronto en el mundo nuevo que se nos abre.
Tomado del Libro "Despues de la Muerte".- León Denis
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Lo que tenemos y lo que poseemos
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martes, 21 de enero de 2014
UNA NUEVA ORIENTACIÓON
Una Nueva Orientación de mi Espíritu
Cosme Mariño
Voy a ocuparme aquí de mi conversión al espiritismo, mis experiencias personales y muchos detalles que, aparentemente sin importancia, ha ido sin embargo fortaleciendo mis convicciones, victoriosas ya después de 40 años, de las vacilaciones e incertidumbres que naturalmente embargaron mi espíritu, al sufrir el choque rudo e inesperado de la luz deslumbradora, cuando vivía sumido en las tinieblas de la ignorancia y del error en que hoy viven la mayoría de los hombres que no aciertan a comprender esta hermosa verdad que los envuelve y los compenetra son tener conciencia de ella, nada más porque la incredulidad e ignorancia sobre la naturaleza del alma inmortal, no halla eco en sus corazones, que sólo tienen fe en la vida presente y limitan sus aspiraciones a todo cuanto es banal y transitorio.
Desearía que mis estudios y experiencias sobre esta gran verdad del espiritismo y la evolución progresiva que he impreso a mis ideas y sentimientos, pudiera servir de punto de partida a todos cuantos lean estas memorias, para que, como yo también, iniciaran una era personal, que llevara la paz a sus conciencias torturadas por la duda y les sirviera de palanca en la que se apoyaran para dar un poderoso vuelo hacia la espiritualidad que es la base de la ciencia, la filosofía y la religión del provenir.
Los estudios que hemos hecho los espiritualistas al abandonar el antiguo y gastado método de la fe ciega, para sustituirlo por la fe razonada y el método experimental, han tenido la virtud de desvanecer muchísimos errores en los que habíamos sinceramente creído y que en otro tiempo nos sirvieron de norte y guía de nuestra marcha incierta y formaron las costumbres y creencias que sustentábamos.
La adquisición más fundamental que hemos hecho, ha sido la convicción de que el objeto de la vida, tal como hasta ahora se lo ha considerado, es a todas luces falso; que las orientaciones, creencias y métodos empleados para cumplirlas debidamente, lo único que ha logrado es mantener nuestra ignorancia y hacernos desgraciados, a tal punto que, ha habido un momento, momento que desgraciadamente se ha hecho carne en algunos hombres pensadores, en que se ha llegado a creer que este mundo está mal hecho; que sus instituciones, sus anhelos, sus creencias, constituyen un absurdo; supuesto que todo es mentira, injusticia y egoísmo.
Los pesimistas, siguiendo a Schopenhauer, abundan en todas partes; es notorio que este pesimismo desolador, mata todos los entusiasmos, todos los anhelos generosos y coloca a muchos un arma en sus manos para librarse de una existencia tan inexplicable como absurda e injusta, y a otros más tímidos, los desorienta e inutiliza para el cumplimiento de los más fáciles deberes.
Y todo esto proviene del desconocimiento casi absoluto de las muchedumbres, del verdadero objeto y fin que el Hacedor se propone al concedernos estas existencias terrenales.
Estudiando el espiritismo, creo haber encontrado la clave, resolviendo
estos tres graves problemas: Qué es lo que somos? De dónde venimos?
Hacia dónde vamos?....
Resueltos estos tres grandes problemas, con el criterio filosófico y científico del espiritismo, se pisa ya el terreno que tiene fatalmente que conducirnos a un rápido perfeccionamiento de nuestro sentido moral e intelectual, y desarrollados estos sentidos, quedan despejadas las incógnitas más aterradoras y mortificantes que limitan las percepciones espirituales del hombre; las dudas se sustituyen por una realidad que, si bien es relativa, basta para iniciar una segura orientación; el pasado, el presente y el porvenir forman los eslabones que unen nuestra actuación anterior con la presente y la que naturalmente vendrá dado el supuesto de que somos inmortales y las existencias terrestres representan etapas.
Misiones con sus correspondientes intermitencias y descanso y estudio para volver a seguir la marcha interrumpida, con mayores seguridades y mejores probabilidades de éxito, porque la experiencia que vamos adquiriendo en cada existencia interrumpida por la muerte, no se pierde jamás, y por lo tanto, el hombre cuando ha llegado al ocaso de su vida, avasallado por los errores cometidos, por las debilidades del carácter que tanto le han hecho sufrir, no pueden exclamar como lo hace ahora: de qué me sirve la experiencia adquirida ya que no puedo empezar de nuevo la existencia?
Este raciocinio es uno de los tantos errores corrientes, originados en el falso concepto que se tiene de nuestra actuación en el mundo, del verdadero objeto y fin de nuestras existencias terrenales.
No, la experiencia adquirida en una existencia, no se pierde jamás, porque esta existencia será repetida tantas veces cuantas sean necesarias para el progreso del ser, para adquirir la sabiduría, y por lo mismo, desterrar del espíritu la ignorancia y la mentira; los errores y debilidades morales cometidos en una existencia, no tienen una sanción irrevocable, porque las existencias terrestres sirven de alambique o depurativo de las almas, y si hoy cometieron faltas y crímenes provenientes de las propias imperfecciones, el arrepentimiento y el dolor que experimentan al traspasar el umbral que separa este plano del más allá del sepulcro, los aleccionan para el porvenir, de manera que cuando vuelvan de nuevo a la vida material con sedimentos de progreso, ya sabrán esquivar los malos pasos, ya no incurrirán en las anteriores faltas, porque el arrepentimiento y el dolor sufrido al reconocerse culpables en el mundo, los preservarán de caer de nuevo, en el mundo material.
No recordarán ciertamente las causas y los detalles de esas faltas pero sí, una poderosa intuición, un profundo sentimiento de ser virtuosas contestará a las tentaciones y a las solicitaciones del mal para no caer como cayeron antes.
Y así, pues, véase cuan grande, razonada y hermosa es esta doctrina del espiritismo, cuando viene a revelar al mundo material la razón justa de nuestra existencia terrestre, el origen y el fin de su destino inmortal, y a explicar todas las anomalías y aparentes injusticias que han conducido al hombre a negar que la creación es la obra ordenada, justa, sabia, de una inteligencia suprema y a exclamar con Schopenhauer y su escuela: el mundo y todo cuanto en él existe es absurdo y la vida no vale la pena de ser vivida.
Las consideraciones que acabo de exponer no nacieron de golpe en mi espíritu, al abrazar el espiritismo. A medida que me he ido compenetrando de su realidad y el estudio y la observación me han permitido ir descubriendo los velos de la esfinge que ocultan la sabiduría bajo su mutismo desalentador, estas consideraciones me han asaltado como la consecuencia natural de la luz espiritual, con cuya ayuda he llegado a comprender la grandeza de la creación, sus leyes justas y admirables y el destino de los seres nacidos del amor divino para la realización de ese mismo amor, única ruta que conduce a la felicidad y la perfección.
“Memorias de un hombre mediocre”
Libro II – Capítulo VII (Fragmento)
Tomado de la revista “CONSTANCIA”
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TODA DOLENCIA SERÁ SIEMPRE REFLEJO DEL ESTADO MENTAL DEL DOLIENTE.
En un caso raro ocurrido en Japón,
falló el sistema inmunológico de un bebé, que hace que las células cancerígenas de la madre, de 28 años, sean transferidas al niño, aún en el útero. Los investigadores detectaron que células de leucemia habían atravesado la placenta de la gestante y afectada la salud de su bebé. Por ese motivo, un equipo del Instituto de Investigación del cáncer, de la Universidad de Londres, trabajando junto a médicos japoneses, se han esforzado en presentar más pruebas, a fin de demostrar que el cáncer puede ser transmitido durante la gestación.
Un mes después del nacimiento del bebé, la madre fue diagnosticada en estadio avanzado de leucemia y falleció. Cuando el bebé cumplió 11 meses de edad, fue llevado al hospital con la cara derecha del rostro hinchada. Exámenes demostraron que el niño tenía un tumor en su maxilar y el cáncer ya se había extendido por los pulmones. Los médicos japoneses sospecharon que había una relación con la leucemia que llevó a su madre a fallecer. Fueron examinados los genes de las células cancerosas del bebé y encontraron una mutación, o sea, un apagón en una región del DNA que controla la expresión de zona principal de histo-compatibilidad (1), que es responsable por la inmunidad del indivíduo. Ese fallo. para los médicos, impidió que el sistema inmunológico del bebé, se reconoce que las células de cáncer eran "invasoras" y, por eso. ellas no fueron destruidas.
Estas conclusiones fueron publicadas en un artículo de la revista Proceedings de la National Academy of Sciences, en el que los pesquisadores explican como usaron la genética para demonstrar que las células del cáncer vinieron de la madre. Lo que hay de más inteligente y hay de más instigante del cáncer, es que, en tesis, él es parte de nuestro propio cuerpo - una parte que decidió rebelarse contra el resto. Las células cancerosas se tornan "traicioneras" al sufrir mutaciones en su DNA. Varias de las mutaciones que llevan a un cáncer son bien conocidas e están relacionadas con daños en genes responsables por la capacidad de las células de controlar su multiplicación.
Estas conclusiones fueron publicadas en un artículo de la revista Proceedings de la National Academy of Sciences, en el que los pesquisadores explican como usaron la genética para demonstrar que las células del cáncer vinieron de la madre. Lo que hay de más inteligente y hay de más instigante del cáncer, es que, en tesis, él es parte de nuestro propio cuerpo - una parte que decidió rebelarse contra el resto. Las células cancerosas se tornan "traicioneras" al sufrir mutaciones en su DNA. Varias de las mutaciones que llevan a un cáncer son bien conocidas e están relacionadas con daños en genes responsables por la capacidad de las células de controlar su multiplicación.
En lo que se refiere al bebé en cuestión, considerando los mecanismos de la reencarnación, pudiéndose transmitir o no, células malignas maternas durante la gestación, e indiferentemente a la dolencia. se instalaría o no, pues toda patología siempre será reflejo del estado mental del doliente. En el caso analizado, si hay complicidad entre la madre y el bebé, obviamente el camino de la existencia seguirá conforme a la Ley de Acción y Reacción.
Si el bebé no trajese una deuda del pasado relacionada con el cáncer, por ejemplo, no ocurriría la transmisión de la célula cancerosa de la madre a la criatura, en la vida intrauterina, por eso aunque eventualmente ocurriese esa transmisión, las células enfermas no se desarollarían en el cuerpo del feto, pues no tendría tiempo para eso. ¡ Es la Justicia de la Ley de Dios !, porque de las patologías humanas, el cáncer es el más fuertemente relacionado con los errores morales del pasado ( reciente o remoto).
El conocimiento espírita nos ayuda a transformar la carga mental de la culpa, incrustada en el periespíritu, es lo que nos posibilita mayor serenidad ante los desafíos de la dolencia. Eso influenciará en el sistema inmunológico. Los reflejos de los sentimientos y pensamientos negativos que alimentamos se vuelven sobre nosotros mismos, después de ser transformados en ondas mentales, alterando nuestras funciones orgánicas.
¿Todavía será creible que la carga mental positiva, por medio de un estado psicológico o emocional, tiene la capacidad de curar dolencias?. Para algunos, el hecho de que las personas con cáncer estén optimistas o pesimistas, con relación a la cura, no influencia directamente en las posibilidades de sobrevivencia a la enfermedad. Evidentemente discordamos de esos argumentos, una vez que diversas pruebas registran que en el caso de dolencias graves, la mente puede influenciar el resultado de la recuperación.
Aunque consideramos la importancia de los médicos por la valiosa contribución de la ciencia
cuando no están apoyados en el cambio de comportamiento mental del doliente, solamente la buena relación médico-paciente, es limitado e insuficiente para atacar las causas de la dolencia y la angustia que esta origina. El paciente, al llegar al hospital, trae consigo, además de la enfermedad, su trayectoria de vida actual y pasada. Su estado emotivo es resultante de algunos vectores como la estructura de personalidad, interpretación y vivencia de acontecimientos, considerando aspectos de lo imaginario y lo real, además de otras variables de causas patogénicas.
El conocimiento espírita nos ayuda a transformar la carga mental de la culpa, incrustada en el periespíritu, es lo que nos posibilita mayor serenidad ante los desafíos de la dolencia. Eso influenciará en el sistema inmunológico. Los reflejos de los sentimientos y pensamientos negativos que alimentamos se vuelven sobre nosotros mismos, después de ser transformados en ondas mentales, alterando nuestras funciones orgánicas.
¿Todavía será creible que la carga mental positiva, por medio de un estado psicológico o emocional, tiene la capacidad de curar dolencias?. Para algunos, el hecho de que las personas con cáncer estén optimistas o pesimistas, con relación a la cura, no influencia directamente en las posibilidades de sobrevivencia a la enfermedad. Evidentemente discordamos de esos argumentos, una vez que diversas pruebas registran que en el caso de dolencias graves, la mente puede influenciar el resultado de la recuperación.
Aunque consideramos la importancia de los médicos por la valiosa contribución de la ciencia
cuando no están apoyados en el cambio de comportamiento mental del doliente, solamente la buena relación médico-paciente, es limitado e insuficiente para atacar las causas de la dolencia y la angustia que esta origina. El paciente, al llegar al hospital, trae consigo, además de la enfermedad, su trayectoria de vida actual y pasada. Su estado emotivo es resultante de algunos vectores como la estructura de personalidad, interpretación y vivencia de acontecimientos, considerando aspectos de lo imaginario y lo real, además de otras variables de causas patogénicas.
Los espíritas saben que la materia mental es creación de energía que se exterioriza del Espíritu y se difunde por un flujo de partículas y ondas, como cualquier otra forma de propagación de la energía existente en el Universo. Pensar es un proceso de proyección de la materia mental y esa materia es instrumento sutil de la voluntad, actuando en las formaciones de materia física, generando las motivaciones de placer o disgusto, alegría o dolor, optimismo o desespero, salud o dolencias, que no se reducen efectivamente, a abstracciones, por representar turbillones de fuerzas en las que el alma crea sus propios estados de mentalización inductiva, atrayendo para sí misma, los agentes ( imponderables ) de luz o sombra, victoria o derrota, infortunio o felicidad, conforme conceptúa el Espiritismo.
En ese aspecto, el estado mental, fruto de las experiencias de la vida pasada y presente, deja de tener una dimensión intangible para consubstanciarse en la condición de materia en movimiento. Muchos pacientes, ante el diagnóstico de la dolencia, transforman el dolor en esperanza y despiertan en ellos, la voluntad de luchar por una vida mejor. Otros, no obstante, desisten y se entregan, admitiendo que están bajo una sentencia de muerte. Cada caso es un caso y a cada uno,la vida responde según sus merecimientos.
Por lo expuesto, urge que busquemos, por encima de todo, los hábitos saludables de la oración, la meditación y del trabajo, procurando enriquecernos de esperanza y de alegría, para nunca desanimarnos ante los desafíos de cualquier enfermedad, aunque bajo el guante de nuestros delitos del pasado "olvidado". Recordemos siempre que el Evngelio del Señor nos enseña que el pensamiento puro y operante, es fuerza que nos arroja de las sombras a la luz, del odio al amor, del dolor a la alegría.
Para todos los males y cualquier dolencia, centremos nuestros pensamientos en Jesús, pues nuestro remedio es y será siempre, el Cristo. Ajustémonos al Evangelio Redentor, pues el Maestro de maestros es la meta de nuestra renovación..
Jorge Hessen
http://jorgehessen.net
jorgehessen@gmail.com
Nota
1 Compatibilidad de tejidos; grado de similitud de sus caracteres antigénicos, de que depende el no rechazo de injertos y trasplantes de órganos.
Para todos los males y cualquier dolencia, centremos nuestros pensamientos en Jesús, pues nuestro remedio es y será siempre, el Cristo. Ajustémonos al Evangelio Redentor, pues el Maestro de maestros es la meta de nuestra renovación..
Jorge Hessen
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jorgehessen@gmail.com
Nota
1 Compatibilidad de tejidos; grado de similitud de sus caracteres antigénicos, de que depende el no rechazo de injertos y trasplantes de órganos.
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EL HOMBRE NO ES EXTRANJERO EN NINGUNA PARTE
Exponer este tema para aquellos que no tienen un conocimiento filosófico o que no pertenecen a alguna escuela espiritual o metafísica resulta una tarea arduo difícil. Sin este conocimiento espiritual sería casi imposible comprender por qué el hombre no es extranjero en ninguna parte.
Nuestro planeta se encuentra dividido en diferentes continentes, países, razas, idiomas, culturas, religiones, etc. Los pueblos están delimitados por fronteras que vienen a determinar un supuesto territorio sobre el cual se dice que existe soberanía; pero esta soberanía no es más que la consecuencia de los deseos de poder y ambición en la que está sumergido el hombre. Cegado por el mundo de los sentidos centró sus intereses en obtener riquezas y beneficios materiales, olvidándose de desarrollar la parte espiritual que lo conforma y obviando las palabras del sabio Galileo: “Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.
Remitiéndonos a la historia, vemos cómo para obtener esa soberanía ha prevalecido el dominio del hombre por el hombre. A base de guerras, conquistas, exterminios y violaciones, muchas de ellas en nombre de Dios, hemos producido todas estas divisiones étnicas, culturales y territoriales; pero ¿Somos realmente diferentes por tener diferentes culturas o creencias? ¿En qué nos diferenciamos los unos de los otros?
Parodiando a Hegel, ésta es una “diferencia que no es diferencia” porque el ser humano es un ser infinito-finito. En el mundo de los sentidos nos vemos deslindados de nuestro prójimo; pero en realidad estamos unidos por un lazo indisoluble, común a todos los seres que habitan el infinito Universo.
Si se tiene la oportunidad de conocer diferentes países, uno va poco a poco apropiándose de culturas y maneras de pensar distintas, aparentemente contradictorias, pero cuando se analiza al ser humano, se llega a comprender que las necesidades del hombre, son iguales en todas partes; que sus sueños e inquietudes espirituales son los mismos, no importa lo distante de un país de otro, no importan las fronteras, las creencias religiosas o los aprendizajes culturales. En esencia, todos los seres humanos buscan y trata de alcanzar un estado óptimo de bienestar, que es lo que llamamos felicidad.
Cuando el hombre ha experimentado lo suficiente y logra un nivel cognoscitivo superior, puede comprender la sabia sentencia de Jesús de Nazareth: “La casa de mi Padre tiene muchas moradas”; entonces entiende que en el mundo real no existen fronteras ni divisiones y que, como hombre, está en la necesidad de aprender y demostrar la vida a través de múltiples reencarnaciones y que en función de su plan de trabajo debe vivir no sólo en diferentes países de la tierra, sino también en distintos mundos del Universo, unas veces nacerá como blanco, otras como negro o mestizo, como rico o pobre, como hombre o mujer, según sea su actuación en la tierra y según sea su programa.
En cada existencia y de acuerdo con nuestro programa espiritual, escogemos la raza, el sexo, el país, los padres y circunstancias particulares que nos van a permitir desarrollar nuestro plan de vida; siempre en función de los compromisos y deudas contraídas en existencias anteriores. Esta experiencia de vida trae como lógica consecuencia que el ser humano se desarrolle como ente corpóreo-espiritual y alcance un grado elevado de conocimiento que le permitirá reconocer en los demás seres humanos a su hermano.
Para entonces ya su nivel de espiritualidad le hará comprender las leyes universales que lo llevarán a afirmar axiomáticamente que el hombre no es extranjero en ninguna parte y que su patria es el Universo.
Por: María Di Matteo
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