viernes, 25 de noviembre de 2011

Posesión: ¿ Dentro o fuera ?


El autor



¿ En la “Posesión”, el Espíritu invasor está dentro del cuerpo del poseído?

Los términos “dentro” ó “fuera” se refieren a lo físico, pero en este caso, se trata de Espíritus, y ellos no están dentro ni fuera porque no ocupan un espacio físico. Lo que sí hay es una influencia o dominio mental de unos sobre otros. Si la influencia llega a ser total, el obsesor puede llegar a desplazar temporalmente de su organismo físico al obsesado, expresándose y manifestándose transitoriamente a través del cuerpo del mismo como si fuera su propio cuerpo. En este caso el espíritu del obsesado o poseido, permanece al lado de su cuerpo físico, desplazado de él, en un estado de anonadamiento.
Debemos tener en cuenta que a cada Espíritu corresponde un solo cuerpo físico cuando está encarnado en él , y este solo es abandonado completamente con la muerte; por lo tanto ningún Espíritu obsesor puede echar a otro Espíritu fuera de su cuerpo para “entrar” y quedarse “dentro”del mismo, como el que expulsa fuera de un vehículo a su conductor para entrar y conducirlo él solo, aunque sí puede desplazarlo a otro asiento para seguir conduciendo él. Siguiendo este símil, valga la comparación, la Obsesión en sus diversos grados viene a ser comparable al que atraca a un conductor dentro de su coche y le obliga a maniobrar y a conducir según su propio deseo, y la posesión es como el que coge los mandos del coche para conducir él, mientras el conductor del mismo ocupa el asiento trasero.
- Jose Luis Martín -

La palabra subyugación expresa perfectamente el pensamiento.De este modo para nosotros no hay poseídos en el sentido vulgar de la palabra, sólo hay obcecados, subyugados y fascinados”.
- El Libro de los Mediums-



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jueves, 24 de noviembre de 2011

SOBRE LA MUERTE Y EL MORIR



En la sociedad en la que vivimos, la muerte es aún encarada como tabú. Es así que, habitualmente, cuando muere alguien en la familia, las criaturas son apartadas  bajo el pretexto de que no soportarían la tragedia. Todo aquello es  demás para ella.

Algunos acostumbran  a mandar a las criaturas a las casas de parientes y, para explicar la ausencia del que murió, inventan historias de que mama o papa  o el hermanito se fue a hacer un largo viaje.

La criatura percibe que algo está errado. Especialmente si, en los días que se siguen, los parientes añaden variantes  a la realidad, o entonces, buscan compensar  la sentida ausencia, con presentes  y mimos, evitando sus preguntas.
Ese tipo de comportamiento nos lleva a pensar que la muerte aun se constituye en un acontecimiento terrible, miedoso, del cual se busca preservar a la infancia.

Recordemos que, a través del tiempo, el hombre  ha manifestado su terror a la muerte de varias formas. Los hebreos consideraban al cuerpo muerto como alguna cosa impura, que no podía ser tocada.

Los indios americanos hablaban  de espíritus del mal, en el tránsito de la muerte, y los buscaban persiguiéndoles tirando flechas  en el aire.

En la actualidad, a pesar de caracterizarnos con una despedida honrosa salva de honor en un funeral militar, no deja de ser algo semejante a un ritual indígena.

Incluso las piedras o los puñados de tierra que muchos enlutados acostumbran a arrojar en la cueva abierta, sobre la caja, traducen símbolos antiguos expresando el deseo  de sepultar bien hondo lo que se fue y, con el, a los malos Espíritus.
  Todo eso demuestra que el hombre no cambio mucho, aunque la tecnología este avanzada  y la ciencia camine con pasos largos para descifrar innumerables enigmas de la vida.

 Con todo, el Sublime Sembrador de la Verdad, en el paisaje bucólico de Galilea canto  a la inmortalidad, hablándonos de la vida que nunca muere.

Al despedirse, en la célebre noche que antecedió a Su prisión, afirmó a los apóstoles reunidos. Voy a preparar un lugar para vosotros. Y después que Yo me hubiere ido os preparare el lugar, vendré nuevamente  y os llevare conmigo, donde Yo este, que estéis vosotros también.

Es la palabra de Jesús  para decirnos que la muerte no pasa de mera transición. Que muere el cuerpo más el Espíritu prosigue vivo, con todas sus virtudes, pasiones, amores conquistas.

Y el mismo nos afirma que en ese nuevo mundo, el espiritual, para donde nos dirigimos, no estaremos solos. Su amor nos aguarda con el cariño  de los amigos que nos precedieron, de los afectos  de esta y de otras vidas.

Morir es, en verdad, un gran reencuentro.

* * *
Algunas tribus de indios americanos acostumbraban a enterrar a sus parientes  con todo lo que les pertenecía.

El objetivo era que, en la nueva vida que ellos no conseguían concebir como espiritual, continuasen felices, tomar su caballo, su ropa, su equipo de caza y pesca.

Sentimientos semejantes nutrían algunas comunidades griegas antiguas, encerrando en el túmulo joyas y vestimentas para que nada faltase al muerto.
Tenían así, la idea de la inmortalidad, fintándoles concebirla en su aspecto de espiritualidad.
Redacción de Momento Espirita

La existencia terrestre es un día laborioso.
El hombre es el labrador que recoge mas tarde lo que plantó. El niño es el amanecer.
Meimei

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miércoles, 23 de noviembre de 2011

Miedo a la muerte


941 – El miedo a la muerte es para muchas personas causa de perplejidad, ¿de dónde procede ese miedo, puesto que ante sí tienen el porvenir?


– Sin razón tienen ese miedo. Pero, ¡qué quieres! Se procura persuadirles, durante la juventud, de que hay un infierno y un paraíso,pero que es más seguro que irán al infierno; porque se les dice que loque está en la Naturaleza, es un pecado mortal para el alma. Cuando llegan a grandes, si tienen algún raciocinio, no pueden admitir eso, y
se hacen ateos o materialistas, así es como se les induce a creer que,fuera de la vida física presente, nada existe. En cuanto a los que han persistido en sus creencias de la infancia, temen ese fuego eterno que ha de quemarlos, sin destruirlos.


    La muerte no inspira al justo miedo alguno; porque con la fe tiene la certeza del porvenir; la esperanza le hace esperar una vida mejor, y la caridad, cuya ley ha practicado, le da seguridad de que el mundo en que va a entrar no encontrará ningún ser cuya presencia  haya de temer. (730).


    El hombre carnal, más apegado a la vida corporal que a la espiritual, tiene en la Tierra penas y goces materiales; su felicidad consiste en la satisfacción fugaz de todos sus deseos. Su alma, constantemente preocupada y afectada por las vicisitudes de la vida, permanece en una ansiedad y en una tortura perpetuas.                                                                                                                                                                              


  La muerte lo asusta; porque duda de su futuro y cree que deja en la Tierra todossus afectos y esperanzas.
El hombre moral, que se eleva por encima de las necesidades ficticias creadas por las pasiones, tiene,desde este mundo, placeres desconocidos al hombre material. La moderación de sus deseos da a su Espíritu calma y serenidad.


Feliz por el bien que ha hecho, no existen desengaños para él, y las contrariedades se deslizan sobre su alma sin dejar en ella huella dolorosa.

942 – ¿No encontrarán ciertas personas, algo banales estos consejos para ser felices en la Tierra? ¿No verán en ellos lo que llaman lugares comunes, verdades repetidas? ¿No dirán que, en definitiva, el secreto para ser feliz es saber soportar su desdicha?

– Los hay que dirán eso, y muchos. Pero sucede con ellos lo mismo que con ciertos enfermos a quien los médicos prescriben la dieta: quisieran curarse sin remedios y continuar con su predisposición a las indigestiones.

(Aportado por Claribel Díaz, coordinadora de "El Espiritismo es kardeciano" )


   Asistencia es caridad en acción. No desprecies la oportunidad de ir al encuentro del compañero necesitado para auxiliarlo en cuanto puedas. La visita no te resultará inútil. Darás al hermano en penuria lo que pudieres y a cambio él te dará una instrucción sobre paciencia y conformidad, humildad y alegría.
-Emmanuel a través de Chico Xavier -

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lunes, 21 de noviembre de 2011

Sobre el suicidio

Jorge Hessen


   En un reciente reportaje, se divulgó que una joven, de 15 años, se suicidó con un tiro de revolver, dentro de una escuela, en Curitiba. No hubo gritos ni pedido de socorro. En silencio, ella entró en el baño y  se  encerró en una de las cinco cabañas reservadas. Sentada en el vaso sanitario, se disparó en la boca. Suicidios de ese género (disparo especialmente), en escuelas  brasileñas, no son comunes. “Tres meses antes de la tragedia, la joven pidió a los padres  que la llevasen a un psicólogo. Decía sentirse triste y desmotivada. El padre empezó a recogerla en la  clase de pintura y llevarla, semanalmente, a un psiquiatra. En la investigación policial sobre el suicidio, se comprobó que ella tomaba Benzodiazepínicos (somníferos) para dormir, y otros fármacos para controlar la ansiedad que sentía”. (1) 

   Ante el dilema, indagamos: ¿Cómo los padres pueden proteger  a los hijos ante los desequilibrios emocionales que asolan a la juventud de hoy? Obviamente, precisan estar atentos. Interpretar cualquier intento o anuncio de suicidio del joven como señal de alerta. Lo ideal es procurar ayuda especializada de un psicólogo y, para los padres espiritas, los recursos terapéuticos de los centros espiritas. Aproximarse, más a menudo, al hijo que presenta señales fuertes de introspección o depresión. El aislamiento y el desamparo pueden terminar con aguda depresión y odio a la vida.
   Es evidente que sugerir ser los padres los únicos responsables por el suicidio de un hijo(a), es algo muy delicado y preocupante, pues, se trata  de un acto personal de extremo desequilibrio de la personalidad, generado por circunstancias actuales o por reminiscencias de existencias pasadas. Si hay culpa de los padres, se atribuye a la negligencia, a la desatención, y a  no percibir los cambios en el comportamiento del hijo(a) y a todo lo que acontece a su alrededor. Sobre eso, estamos convencidos de que la sociedad, como un todo, es, igualmente, culpable. Y  no obstante colocar el fardo de la culpa en los padres en primer lugar, alegamos: ¿Quién puede controlar la presión psicológica que una montaña de problemas vacíos  forma en la cabeza de los jóvenes, diariamente?  El suicidio es un acto exclusivamente humano y está presente en todas las culturas. sus matrices causales son numerosas y complejas. Los determinantes del suicidio patológico están en las perturbaciones mentales, depresiones graves, melancolías, desequilibrios emocionales, delirios crónicos, etc. algunas personas nacen  con ciertos desordenes psiquiátricos, tal como la esquizofrenia y el alcoholismo, lo que aumenta el riesgo del suicidio. Existen los procesos depresivos, donde hay perdidas de energía vital en el organismo, desvitalizándolo y, consecuentemente, interfiriendo en todo el mecanismo inmunológico del ser.

   En términos de porcentaje, el 70% de las personas que cometen suicidio, ciertamente sufrían de un disturbio bipolar (maniaco-depresivo); o de un disturbio del humor; o de exaltación/euforia (manía), que desencadenaron en una severa depresión súbita, en los últimos minutos que antecedieron a los de su muerte. El suicidio puede ocurrir, tanto en la fase depresiva, como en la fase de la manía, siempre consecuente del estado mental. El suicida es, antes de todo, un deprimido, y la depresión es la dolencia de la modernidad. El suicida no quiere matarse a sí mismo, sino alguna cosa  que carga en sí mismo y que, sintéticamente, puede ser nominado como sentimiento de culpa y voluntad de querer matar alguien con quien se identifica. Como las restricciones morales lo impiden, el acaba auto destruyéndose. Así, “el suicida mata otra persona que vive dentro de él y que lo incomoda profundamente. Otra cosa que debe ser analizada es la obsesión que podría ser definida como el constreñimiento que un individuo, suicida en potencial o no, siente, por la presencia perturbadora de un obsesor.
     La religión, la moral, todas las filosofías condenan el suicidio como contrario a las leyes de la Naturaleza. Todos aseveran que nadie tiene el derecho a abreviar, voluntariamente, la vida. ¿Entre tanto, por qué no se tiene ese derecho? ¿Por qué no es libre el hombre de poner término a sus sufrimientos?  Al Espiritismo estaba reservado demostrar, por el ejemplo de los que sucumbieron, que el suicidio no es una falta solamente  por constituir una infracción de una ley moral – consideración, esa de poco peso para ciertos individuos – más, también,  un acto estúpido, puesto que nada gana  quien lo practica. Antes, al contrario, es lo que se da con ellos, en la existencia espiritual, después de un acto tan insano. tenemos noticia, no solamente, por lo que leemos en los libros de la Doctrina Espirita y que nos advierten los Espíritus Superiores, sino por los testimonios que nos dan esos infelices hermanos, narrando tristes hechos  que ellos mismos  nos ponen a la vista, en sesiones de orientación  de las entidades sufridoras. Bajo el punto de vista sociológico, el suicidio es un acto que se produce en el marco de situaciones anímicas, (2) en la que los individuos se ven forzados a tirar de la propia vida para evitar conflictos o tensiones inter-humanas, para ellos insoportables.

   El pensador Émile Durkheim teoriza que la “causa del suicidio, casi siempre, es de raíz social, o sea,  el ser individual es abatido por el ser social. Absorbido por los valores [sin valor], como el consumismo, la búsqueda del placer inmediato, la competitividad, la necesidad de no ser un perdedor, de ser el mejor, de no fallar, el joven se aparta de si mismo y de su naturaleza. Sobrevive de “apariencias”, para representar un “papel social” como protagonista del medio. En esa vivencia neurótica, deja de desenvolver sus potencialidades, no se abre, ni expone sus emociones y se restringe en su intimidad solitaria.”(3)

   El Espiritismo advierte que el suicida, más allá de sufrir en el mundo espiritual las dolorosas consecuencias de su gesto impensado, de rebeldía ante las leyes de la vida, aun renacerá con todas las secuelas físicas de ahí resultantes, y tendrá que arrastrar, nuevamente, la misma situación probacional  que su flácida fe y distanciamiento de Dios le  permitirán el éxito de la existencia.

   Es verdad que después de la desencarnación no hay tribunal ni jueces para condenar al espíritu, aunque sea el más culpable. Queda, simplemente, ante la propia conciencia, desnudo ante si mismo y todos los demás, pues nada puede ser escondido en el mundo espiritual, teniendo el individuo que enfrentar sus propias creaciones  mentales. “El pensamiento delictuoso es como un fruto podrido que colocamos en la casa de nuestra mente. La irritación, la crítica, los celos, y la queja exagerada, cualquiera de esas manifestaciones, aparentemente sin importancia, puede ser el inicio de lamentable perturbación, suscitando, algunas veces, procesos obsesivos en los cuales la criatura cae en la delincuencia o en la agresión contra sí misma.” (4)


     En rigor, no existe persona “débil”, hasta el punto de no soportar un problema, por juzgarlo superior a sus fuerzas. Lo que de hecho ocurre es que esa criatura no sabe como movilizar su voluntad propia y enfrentar  los desafíos.  Joanna de Angelis asevera que el “suicido es el acto sumamente cobarde de quien opta por huir, despertando en una realidad más vigorosa, sin  alternativa de escapar”. (5) 
    En la Tierra, es preciso tener tranquilidad para vivir,  porque no hay tormentos y problemas que duren una eternidad. Recordemos que Jesús nos aseguró que, “El Padre no da fardos más pesados de los que cada uno pueda soportar en sus hombros".
- Jorge Hessen-


" Padre...No te pido que nos apartes del mundo, sino que nos guardes del mal" 
 - Jesus - Juan 17, vs. 1-26



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Medicina y Espiritismo




Dra. Marlene Nobre
En 1859, Allan Kardec, el Codificador de la Doctrina Espírita, en el preámbulo de su libro Qué Es el Espiritismo? (Qu’est-ce que le Spiritisme?) afirmó:

   “Espiritismo es una ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los Espíritus, así como de sus relaciones con el mundo corporal”.

   Más tarde, en noviembre de 1868, hablando a la Sociedad Espírita de París, el Codificador presentó un resumen de la Religión Espírita, del cual destacamos los siguientes tópicos:

   “Creer en un Dios todopoderoso, soberanamente justo y bueno; creer en el alma y en su inmortalidad; en la preexistencia del alma como única justificativa del presente; en la pluralidad de las existencias como medio de expiación, de reparación y de adelanto intelectual y moral; en la perfectibilidad de los seres más imperfectos; en la equitativa recompensa del bien y del mal, conforme el principio: a cada uno según sus obras; en la igualdad de la justicia para todos, sin excepción, (...); en el libre arbitrio del hombre, que le deja siempre la elección entre el bien y el mal; creer en la continuidad de las relaciones entre el mundo visible y el mundo invisible; en la solidaridad que religa a todos los seres pasados, presentes y futuros, encarnados y desencarnados; considerar la vida terrestre como transitoria y una de las fases de la vida del Espíritu, que es eterno; aceptar con coraje las pruebas, en vista del futuro más envidiable que el presente; practicar la caridad en pensamientos, palabras y obras en la más larga acepción de la palabra; esforzarse, cada día, para ser mejor que en la víspera, extirpando alguna imperfección de su alma; someter todas las creencias al control del libre examen y de la razón y no aceptar nada por fe ciega; respetar todas las creencias sinceras, por más irracionales que nos parezcan, y no violentar la conciencia de nadie; ver, en fin, en los descubrimientos de la ciencia la revelación de las leyes de la naturaleza, que son las leyes de Dios: es el Credo, la religión del Espiritismo, religión que se puede conciliar con todos los cultos, esto es, con todas las formas de adorar a Dios (1).

   Esta amplia apertura de ideas, esta visión ecuménica alargada, penetra en toda la producción intelectual y moral de Allan Kardec, reflejando su sintonía con las enseñanzas reveladas por los Espíritus Superiores e, igualmente, la influencia benéfica que recibió de Pestalozzi, durante su formación educacional, en Yverdun, en Suiza, en las primeras décadas del siglo XIX.

   El Codificador nos dejó una herencia que no debe ser olvidada: el respeto por la Ciencia y el verdadero sentido de la Religión, tal como aprendió con su maestro Pestalozzi y sedimentado en el contacto con el Más Allá:
   “El Espiritismo y la Ciencia se complementan uno al otro; la Ciencia sin el Espiritismo, no puede explicar ciertos fenómenos sólo con las leyes de la materia; el Espiritismo, sin la Ciencia, le faltaría apoyo y control” (2). Revelando la existencia del Espíritu, uno de los elementos constitutivos del Universo, y la interactividad constante y permanente entre la humanidad encarnada y desencarnada, el Espiritismo “toca forzosamente en la mayor parte de las ciencias” (3),desvelando una nueva visión de la realidad, que incluye la de un nuevo ser humano. Y sus principios han revelado en perfecta consonancia con los nuevos paradigmas de la Ciencia, sobretodo, con los extraordinarios avances de la física cuántica.

   Fritjof Capra, ilustre físico y humanista, resalta, en su libro, El Punto de Mutación, la necesidad de una nueva visión de la realidad, construida a partir de un modelo que se base “en la conciencia del estado de interrelación e interdependencia esencial de todos los fenómenos –fisico, biológicos, sociales y culturales”. Según cree,“esta visión trasciende las actuales fronteras disciplinares y conceptuales y tendrá que
ser explorada en el ámbito de nuevas instituciones” (4). La Medicina del futuro, propuesta por Capra, requiere muchos cambios en el paradigma vigente, una vez que adoptará la Asistencia Holística a la Salud,
considerando los procesos mórbidos como esencialmente mentales, la enfermedad como un desequilibrio que ocurre frecuentemente por una falta de integración que se puede manifestar en varios niveles del organismo, genera síntomas de naturaleza física,psicológica y social.

   Esa visión integral del ser humano empezó, para la Medicina Occidental, con Hipócrates, en la Escuela de Cós, que consideraba la salud como un estado de equilibrio entre influjos ambientales, modos de vida y varios componentes de la naturaleza humana, entre los cuales los humores y las pasiones, entendiéndose el equilibrio de los humores como armonía química y hormonal y las pasiones como interdependencias mente/cuerpo. Tenía en cuenta también el poder curativo de naturaleza que correspondía a las fuerzas curativas inherentes a los organismos vivos; el médico debería ayudar a esas fuerzas naturales, creando condiciones favorables al proceso de curación.

   En los dos últimos siglos, sin embargo, la Medicina profundizó su distanciamiento de esa visión integral del hombre, y sólo recientemente, a partir de la década de los 70,observamos la tentativa de rescate de la Medicina Espiritual, en algunas instituciones aisladas.

   El Espiritismo contribuyó para la retomada de esos conceptos más amplios. Con él, hubo insistencia en el tema de la supervivencia del alma, en la posibilidad de que esta se comunicara con el hombre; se dio la experimentación y la comprobación de los fenómenos mediúmnicos, que evidenciaron la intervención del Más Allá, llevando no sólo un grupo de sabios a lidiar sobre los fenómenos con el fin de comprobarlos, sino
también induciendo a los estudiosos a tener en cuenta la existencia del ser espiritual en el fenómeno humano, descartando la hegemonía de la materia en la explicación del comportamiento del ser humano. Como reconoció Charles Richet, fue la insistencia de Allan Kardec que llamó la atención de los sabios hacia los fenómenos paranormales. Pero el mismo Kardec resaltó que muchos fenómenos podrían ser producidos por el propio psiquismo del sensitivo, reconociendo así la posibilidad de su influencia sobre el propio
cuerpo físico.
    La visión espírita de la salud es holística: todos los procesos mórbidos son esencialmente mentales, comandados por el Espíritu y todos los fenómenos – físicos, biológicos, sociales, culturales y espirituales – ejercen influencia sobre él, que los metaboliza e integra. Según esta visión “salud es la perfecta armonía del alma” (5);constituye, por tanto, una adquisición lenta y gradual del Ser, en la medida que progresa en
conocimiento y amor, con el concurso de las experiencias recogidas en las vidas sucesivas.

   En esta conferencia, detallaremos, inicialmente, los principios espíritas, tanto los revelados, en el siglo XIX, en Francia, y reunidos en libros de la Codificación, por Allan Kardec, sobre los complementos de esta Revelación, canalizados de la Esfera extrafísica hacia la Tierra, por el médium Francisco Cándido Xavier, en Brasil, en el siglo XX.    
    Con esto, esperamos esbozar la visión espírita del hombre integral – El Ser biopsicosocioespiritual -
 
   Ahora vamos a analizar las Perspectivas de la Salud en el siglo XXI, a la luz de ese Paradigma.

   En este ejercicio, buscamos amparo en la reflexión de San Agustín: “La Fe busca, el intelecto encuentra” (6). Aunque la Ciencia no tenga por norma admitir o consultar,directamente, las veredas abiertas por la fe, ella se ha apoyado en ellas para avanzar, una vez que las teorías revolucionarias de muchos de sus genios, que cambiaron el rumbo de la vida planetaria, se han originado en los flashes de la inspiración, como bien reconoció Albert Einstein, en el prefacio del libro de Max Planck, ¿A dónde va la Ciencia?: “Así, la labor suprema del físico es el descubrimiento de las leyes elementales más generales, a partir de las cuales puede ser deducida lógicamente la imagen del mundo. Pero no existe un camino lógico para el descubrimiento de esas leyes elementales. Existe,únicamente, la vía de la intuición, ayudada por un sentido para el orden, que permanece por detrás de las apariencias, y este Einfuehlung se desarrolla a través de la experiencia.” (7)
también Emmanuel Kant, como recordó Jeffrey Mishlove (8), sustenta que es a través de la intuición que “nosotros construimos y mantenemos los elementos básicos de nuestro mundo – nuestro sentido de espacio y tiempo, de identidad, de veracidad de las cosas,nuestro sentido de belleza y bondad. La intuición, derivada de la estructura verdadera o esencia de nuestras mentes, es vista en filosofía como siendo prioritaria a toda percepción y racionalidad”.

   Así ha sido a lo largo de la historia humana, aunque viciando de forma oculta, los caminos de la fe, que se confunden con los de la intuición, han determinado el desarrollo y la evolución de todos los seres. Y ha sido así porque la intuición es esta vía secreta, de límites indefinibles e inabordables, que liga el Creador a la criatura, la “crisálida de la conciencia” a la Sublime Conciencia del Universo.

   Creemos que las revelaciones proporcionadas por el Espiritismo son zanjas innovadoras, abiertas por la fenomenología espírita, por encima de las cuales, la Ciencia transitará, construyendo las largas avenidas del progreso, con las cuales se beneficiará toda la humanidad.   La Doctrina Espírita está en las bases y se
constituye en una explicación coherente de los fenómenos y de la vida espiritual.

   Tenemos la convicción de ello. En nuestros estudios e investigaciones, no perdemos de vista, sin embargo, la recomendación de Allan Kardec:
    “El Espiritismo camina junto al progreso, y jamás será sobrepasado, porque si nuevos descubrimientos comprobaran que él está equivocado en un determinado punto, él lo modificará; si una nueva verdad se revelara, él la aceptará”.
- Marlene Nobre-                                                    ( Visitar  elespiritadealbacete.blogspot.com )
         
En las grandes calamidades, la caridad se manifiesta y se expresa en generosos impulsos para reparar los desastres; pero, al lado de esas calamidades generales, hay millares de desastres particulares que pasa desapercibidos, de personas que yacen en un camastro sin quejarse. Estos son los infortunios discretos y ocultos que la verdadera generosidad sabe descubrir sin esperar a que vengan a pedir asistencia.
Allan Kardec, en "El Evangelio según el Espiritismo"

domingo, 20 de noviembre de 2011

Estructura del cuerpo espiritual

Ricardodi Bernardi


Inicialmente, buscando facilitar una visión más clara del mecanismo de la reencarnación, es necesario reportar al estudio del cuerpo espiritual.

Cuando las entidades espirituales se nos  hacen visibles, sea por la simple videncia mediúmnica, sea por el fenómeno de materialización ectoplásmica, observamos que ellas poseen un cuerpo semejante a nuestro cuerpo físico. En el fenómeno de la materialización, tan estudiado por el famoso físico inglés William Crookes y por el premio Nóbel de Medicina y Fisiología, Charles Richet, los Espíritus se hacen visibles y palpables a todos los presentes a la sesión de estudios.

Innegable es, sin duda, que existen, trampas, fraudes conscientes e inconscientes; no obstante, la gran frecuencia de los fenómenos y el elevado nivel cultural y ético de las personas seriamente envueltas demuestran su realidad.

Aunque la esencia espiritual no tenga  forma, pues el principio inteligente, los Espíritus poseen un cuerpo espiritual anatómicamente definido y con una fisiología propia.

En los planos espirituales tenemos noticias, por numerosos médiums fiables, como Francisco Cándido Xavier (Chico- ya fallecido ) y Divaldo P. Franco, de la organización de comunidades sociales que los espíritus constituyen, a veces semejanza a las terrestres.

La energía cósmica universal  o fluido cósmico que llena todo el universo es la materia prima que el comando mental de los Espíritus utiliza para la constitución de los objetos por ellos manipulados. 

Las informaciones más detalladas fueron reunidas por Kardec en “El Libro de los Médiums”, en el capítulo – Del Laboratorio del Mundo Invisible.

El cuerpo de los Espíritus, ya mencionados por el apóstol Pablo y conocido en las diversas religiones con los más diferentes nombres, tales como periespíritu, cuerpo astral, psicosoma y otros, esta también  constituido de un tipo de materia derivada del fluido cósmico universal.

El cuerpo espiritual se presenta moldeable conforme las emanaciones mentales del Espíritu. Cada Espíritu presenta su periespíritu con aspecto correspondiente a su estado psíquico. La mayor elevación intelecto-moral va a determinar como consecuencia una sutilización del propio cuerpo espiritual. En contrapartida, los Espíritus cuyas vibraciones mentales son más inferiores determinan, inconscientemente, que su cuerpo espiritual se presente más denso y oscurecido, no teniendo la irradiación luminosa de los primeros.

Conforme se tienen noticias a través  de numerosos autores espirituales, el periespíritu se presenta estructurado por aparatos o sistemas que se constituyen de órganos; esos órganos están formados por tejidos que, a su vez, están constituidos por células.

Según referencias en las obras de Gustavo Geley y Jorge Andrade, las células del cuerpo espiritual, en un nivel más profundo, son formadas por moléculas que se constituyen por átomos. 

Los átomos del periespíritu están formados por moléculas por elementos químicos nuestros conocidos, además de otros desconocidos del hombre encarnado. Elementos como hidrógeno y además del uranio, que en la Tierra representan los límites de la materia atómica conocida.

Los átomos y moléculas que constituyen las células del periespíritu poseen una energía cinética propia que es la fuerza determinante de su vibración constante. Cuanto más evolucionada es la entidad espiritual mayor velocidad son los átomos del peri espíritu.

De la misma forma, conforme el adelantamiento moral del Espíritu, mayor el alejamiento entre las moléculas que componen el periespíritu, por su vibración, de ahí la menos densidad de su cuerpo espiritual. Una analogía: el agua en estado líquido, hervida se transforma en vapor por la mayor energía cinética de sus moléculas, determinando un alejamiento entre ellas derivado de la vibración más intensa que pasan a tener. En este ejemplo simple podemos mentalizar el porqué de la ligereza del cuerpo espiritual de las entidades cuyo padrón vibratorio es más elevado.

En el libro “Mecanismos de la Mediumnidad”, de André Luiz, psicografiado por F. Cándido Xavier, encontramos elementos complementarios sobre esta información.

Espíritus de alta jerarquía moral poseen vibraciones de alta frecuencia, o sea, las ondas que emiten o irradian son “finas” o de pequeña expansión de onda.

Los Espíritus más ignorantes o moralmente inferiores poseen vibraciones de baja frecuencia: las ondas que emiten o irradian son más “amplías” o de gran espacio.

Las energías emanadas por las vibraciones de las moléculas periespirituales se traducen también por una irradiación luminosa con colores típicos. Los Espíritus son vistos por los videntes o descritos en las obras psicografiadas emitiendo colores y tonos bastante peculiares a su grado de adelantamiento.

Cuanto más primitiva fuera la entidad espiritual, más oscuros son tonos de los colores y más opacos se presentan. A medida que suben peldaños más elevados en la escala del progreso, pasan a emitir una luminosidad más clara y cada vez más brillante. Resaltemos, no obstante que, transitoriamente, por la postura mental adoptada, transcurrente de situaciones momentáneas, las vibraciones se aceleran o desaceleran, determinando modificaciones en la estructura del cuerpo espiritual, y todo el conjunto se altera. Son descritos casos de zoantropía o licantropía donde las formas periespirituales se animalizan por la postura de odio recalcitrante u otros sentimientos inferiores, deformadores del cuerpo espiritual. El tratamiento reparador de estas deformaciones se efectúa con  la energización de los Espíritus que hemos observado en los trabajos mediúmnicos de que participamos.
 Ricardo Di Bernardi   Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta


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sábado, 19 de noviembre de 2011

Mensaje Espírita - “Tiempos difíciles”




Mejore siempre sus condiciones
personales, por el trabajo y por el
estudio, a fin de que usted pueda
mejorar la vida a su alrededor
André Luiz (Espíritu)

Por un lado y a través de la mediumnidad los Mentores Espirituales nos dicen que desde hace cerca de cincuenta años están encarnándose espíritus con el compromiso de ayudar a progresar a este planeta, al que curiosamente llamamos Tierra a pesar de que más de sus tres cuartas partes estén constituidas de agua. Y por otro, observando el entorno, todos somos conscientes de que estamos atravesando actualmente en el mundo una etapa que se destaca fundamentalmente por su agresividad, violencia, drogadicción y sexualismo que nos preocupa llamándonos poderosamente la atención.

Hace tan sólo unas semanas comentábamos con Rogério Coelho, de Brasil, ponente en el V Congreso Espírita Nacional celebrado en Málaga, los temas que se habían suscitado en la segunda noche de los coloquios ofrecidos por el conocido médium brasileño Divaldo Pereira Franco y otras personalidades, a través de las preguntas formuladas por el público asistente relacionadas con esta desagradable situación que vivimos.

Rogério nos comentó que los Espíritus Superiores habían informado que están encarnando en la Tierra en los últimos años espíritus muy atrasados y perversos que llevaban adormecidos en el Mundo Espiritual, por sus perturbaciones, más de mil años sin reencarnar.

Esta oportunidad que se les había ofrecido era la última, al igual que aquellos otros citados anteriormente, que de no ser aprovechada por ellos serían enviados a otros mundos más primitivos para trabajar en la ayuda de su evolución, de la misma manera que los espíritus de Capela actuaron en la Tierra, según nos narra en su obra mediúmnica el Espíritu Emmanuel “A Camino de la Luz”, libro psicografiado por el médium Francisco Cándido Xavier.

Lo más sorprendente de esta comunicación es que estos espíritus malvados e inferiores, los encarnados hace cincuenta años y estos últimos se encuentran “viviendo” introducidos entre la alta sociedad, en la política, en la banca, en las grandes empresas que dominan los negocios, desarrollando cargos tan importantes que son determinantes para el progreso de las naciones, y por lo tanto del mundo en que nos encontramos ahora.
¿Y por qué sucede esto?

Parece ser, según informan los Instructores del Plano Espiritual, que el mal se encuentra en estos momentos atravesando un periodo de prosperidad entre el ser humano y será necesario que el mal adelante adquiriendo todavía cotas más altas para que el bien tenga que ir despertándose forzosamente por el dolor en el corazón de los hombres y emprender así gradualmente la transformación espiritual, que le llevará a la perfección, a la cual está destinada por el determinismo de Dios.


Juan Miguel Fernández Muñoz- Asoc. Estudios Espíritas de Madrid.


No creemos que las criaturas humanas y las comunidades humanas consigan ser felices sin la idea de Dios y sin el respeto a los semejantes.
- Chico Xavier -