miércoles, 24 de noviembre de 2010

Fraternidad y alegría de vivir



La fraternidad, expresando la síntesis de las virtudes cristianas, es la meta ética del cuerpo filosófico y científico del Espiritismo.


Mis primeras reflexiones :

¿Por qué presentamos la fraternidad como una de las llaves de la alegría de vivir?
             Según Ermance Dufaux, la alegría de vivir es una conquista de aquellos corazones que ya  se han conquistado a sí mismo.

¿Pero que significa haber conquistado a si mismo?

Reflexionando sobre mi vida, me he preguntado de donde procedía mi alegría de vivir. ¿De mi carácter latino?¿De la ausencia de problemas?¿De mi aislamiento frente a la realidad que me rodea? Y he llegado a la conclusión, de que mi alegría de vivir procede del movimiento…

Del movimiento interior que he comenzado a hacer. De las jornadas que he compartido con vosotros. De los errores que he cometido, rodeada de rostros amigos.

Del diálogo interior, en busca de las razones del ser y del sentir.


Nuestras elecciones .-
La alegría de vivir, no es concesión del cielo. Como el amor, es el resultado de una labor diaria y continuada. Pero antes que nada, es una elección.

Al abrigo de cariñosas almas con quien comparto encarnación, elegí, culpabilizarme menos, amarme  y rectificar más. Cada momento de la vida conlleva una elección.

He decidido que mi mundo interior no ofrecería abrigo al:
Sentimiento de culpa nacido de las relaciones inter personales
Ni al sentimiento de derrota y fracaso que surge, cuanto nos percatamos de nuestras posturas equivocadas frente a los testimonios de la vida

Hemos dicho que la alegría de vivir, es una construcción, el resultado de una labor diaria y continuada.

¿Pero a que labor nos referimos? Hemos eliminado pautas, nos comprometimos a luchar contra los sentimientos derrotistas. A oponerles la debida resistencia, llamada educación.

¿Pero como lograr un cambio sin introducir nuevas costumbres?

En el Cemyd, durante la mediumnidad nuestros guías, en varias ocasiones han abordado el tema relativo a los distintos momentos de la evolución personal que viven los componentes de nuestro grupo. Ellos siempre nos dieron a entender que la diversidad es un regalo para favorecer nuestro crecimiento.

Enseñando-aprendiendo, entregando-recibiendo y escuchando-hablando;


Algunas reflexiones .-

¿Cómo será posible amar al prójimo, a quien no escucho?

¿Cómo será posible aprender algo del prójimo, a quien no respeto?

¿Cómo será posible ofrecer algo al prójimo, por quien no me intereso?

¿Cómo será posible recibir algo del prójimo, cuando rechazo su convivencia?

Una pregunta importante: ¿Ya nos amamos bastante?

¿Cómo progresar en un ambiente carente de fraternidad y armonía?

La verdad es que ya nos amamos bastante. ¿No es cierto? Pero ¿No será que… estamos durmiendo en los laureles ?.
El afecto es uno de los pilares del desenvolvimiento humano saludable. Convivir bien es tener sabiduría para abordar el prójimo tornando la relación, sobria, agradable y enriquecedora.

Para logarlo es necesario empatía y vigilancia, para saber revitalizar esa permuta, a través de actos de afecto altruista.
Semejante iniciativa demanda permanente postura de auto evaluación, descubriendo en nosotros mismos, cuáles son las causas reales para lo que sentimos, pensamos y hacemos en nuestros relacionamientos.

En las próximas semanas, veremos...
Sabemos que tenemos que hacer, sabemos porque tenemos que hacerlo…… Y ahora conoceremos una herramienta que nos ofrecerá elementos para lograrlo.

Os invito a iniciar juntos, en el amplío universo de las meditaciones, con base a las "Meditaciones Emocionales" del libro de Ermance Dufaux, Laços de Afecto.

Hasta pronto, seguir con Jesús en sus corazones y reflexionar sobre la importancia de la fraternidad en los ambientes espíritas.


Jesús, el educador incomparable, estableció, que somos la luz del mundo, como siendo una deliciosa invitación, para que nosotros, sus aprendices, seamos constante estímulo, a los compañeros de jornada,
esparciendo alegría, esperanza, bondad y paz.

Luciana  Reis-

martes, 23 de noviembre de 2010

Sincronicidad

El tiempo no es neutro. Decimos que fluye, y fluir implica una dirección, así como también un lugar en donde termina el viaje. Para la mente humana, el tiempo siempre ha fluido hacia nosotros, que somos el punto final de todos estos miles de millones de años de evolución. Dios nos ha desplegado el tiempo, mientras continúa desplegando la vida de cada persona para que tenga una finalidad para desvelarse. Al menos ésta era la antigua creencia, pero sostener que Dios, un ser intemporal, está sentado fuera del universo y planifica el tiempo de la creación ya no es sostenible.
En lugar de esto, suponemos que lo que rige es la aleatoriedad. La ciencia ha ofrecido la teoría del caos para demostrar que el desorden radica en el corazón de la naturaleza. Como ya hemos visto, cada objeto puede reducirse a un torbellino de energía que no tiene otro modelo que un remolino de humo de tabaco. La cosmovisión científica nos dice que los acontecimientos no están organizados por ningún tipo de fuerza exterior, pero una coincidencia nos indica algo distinto: es como un momentáneo respiro del caos. Cuando dos extraños se conocen y descubren por casualidad que se llaman igual o que tienen el mismo número de teléfono, cuando alguien decide en el último minuto no subirse en un avión que luego se estrellará, o cuando tiene lugar cualquier serie de acontecimientos que son los necesarios para llegar a un resultado, parece como si actuase algo más que la simple coincidencia. Jung inventó el término sincronicidad para cubrir estas «coincidencias significativas» y el término ha arraigado incluso aunque no arroje mucha luz sobre el misterio. ¿Qué fuerza exterior puede organizar el tiempo de tal forma que dos cosas se encuentren, como el Titanic y el iceberg, con tan gran sentido de la fatalidad?

Mi propia vida ha sido tocada a menudo por la sincronicidad, hasta el punto de que ahora subo a un avión esperando que el pasajero que se sentará a mi lado sea sorprendentemente importante para mí, aunque sólo sea la voz que necesito para resolver un problema o un cabo suelto en una transacción que debe producirse. Una vez, un consultor me llamó al teléfono móvil con planes entusiastas para fabricar una nueva y saludable línea de infusiones. Como yo estaba llegando tarde a coger un avión no podía hablar y, en todo caso, la propuesta parecía en aquel momento traída por los pelos y más bien impracticable. La azafata me guió hasta el último asiento libre en un vuelo totalmente lleno y, como por designio, el desconocido que estaba junto a mí era un mayorista de infusiones.

Por lo tanto, mis pensamientos en este asunto son muy personales: creo que todas las coincidencias son mensajes de lo no manifiesto, como ángeles sin alas. O, dicho de otro modo, interrupciones repentinas de vida superficial a un nivel más profundo. Sin embargo, del lado científico, también sospecho que no hay ningún tipo de coincidencias y que la sincronicidad está incorporada a nosotros a nivel genético, pero nuestras mentes inconscientes han elegido ignorar este hecho porque no admitimos que nuestras vidas se equilibren en el filo del tiempo.

De una forma que nadie ha explicado satisfactoriamente, nuestro ADN está simultáneamente dentro y fuera del tiempo. Está en el tiempo porque todos los procesos corporales se hallan sujetos a ciclos y ritmos, y sin embargo el ADN está mucho más aislado que otros productos químicos de cualquier otra parte del cuerpo. Como una abeja reina en su cámara, nuestro ADN queda aislado dentro del núcleo de la célula y el 99 por ciento de nuestro material genético yace durmiendo o inactivo hasta que sea necesario desenrollarse y dividirse para crear una imagen reflejo de sí mismo.

El ADN inactivo es químicamente inerte y es aquí donde el tiempo se vuelve más ambiguo. ¿Cómo y cuándo decide despertar un producto químico inerte?

Para un niño al que se le caen los dientes de leche y los sustituye por los definitivos, el ADN tiene que saber mucho del paso del tiempo. Esto mismo es válido para cualquier proceso que debe producirse a tiempo, como la maduración del sistema inmunológico, aprender a andar y a hablar o la larga gestación del feto en el útero. La misma muerte podría ser una respuesta genética codificada en nuestras células con un horario escondido, de acuerdo con la teoría de que nuestros antepasados 141 no pudieron permitirse una vida tan larga. Una tribu de miembros jóvenes en su mayoría y capaces de reproducirse estaba mejor capacitada para luchar y obtener comida que otra que tuviese que llevar la carga de un número excesivo de personas viejas. El ADN podría haberse encargado de resolver el dilema programando su propio declive y fallecimiento, tal como lo hace la hierba con las primeras heladas, para garantizar la supervivencia de las especies al precio de los individuos.

Esta especulación, aunque sea fascinante, suscita la pregunta principal: ¿cómo puede tener sentido del tiempo el ADN si vive en un mundo puramente químico, rodeado de células flotantes? Es muy cierto que cada célula mantiene una secuencia increíblemente compleja de reacciones químicas, pero lo maravilloso es que una célula respira, se alimenta, excreta residuos, se divide y se cura mientras va viviendo en la cola de espera de la muerte, ya que sobre cada célula pende constantemente una sentencia de muerte. Esta sentencia viene impuesta por el hecho de que una célula no puede almacenar reservas de oxígeno y nutrientes, sino que depende enteramente de lo que le llega. Las células se sitúan en la vanguardia de la vida, y almacenan el alimento y el aire precisos para tres segundos; no pueden esperar que les llegue nada con retraso porque un fallo en la eficiencia sería instantáneamente fatal.

Los investigadores pueden aislar las enzimas y los péptidos que llevan los mensajes necesarios para activar cualquier proceso en una célula o para terminarlo, aunque esto no nos dice realmente quién decide enviar los mensajes en primer lugar o de qué modo millones de señales se las arreglan para permanecer coordinadas de forma tan precisa. De todos modos, fundamentalmente, todos los mensajes se los envía el ADN a sí mismo.

Si miramos al interior de nuestros cuerpos, podemos suponer que el ADN tuvo que evolucionar en un mundo aleatorio. Incluso en este mismo momento, es poco predecible cómo asaltará el entorno a nuestro cuerpo: los rayos cósmicos penetran al azar en nuestras células en un bombardeo que podría dañar nuestros genes; como resultado de una desgracia o de accidentes, las células pueden sufrir mutaciones aleatorias; y nadie le garantiza a nuestro ADN que tendrá alimento, agua y temperatura predecibles, sin mencionar cualquier entrada repentina de nuevas toxinas o de agentes contaminantes de todo tipo.

Imaginemos los filamentos ancestrales del ADN intentando sobrevivir en condiciones mucho peores, cuando un joven planeta Tierra se convulsionaba entre extremos de calor y frío, en una atmósfera cargada eléctricamente de tormentas y llena de gas metano. De una manera u otra, el ADN no sólo sobrevivió a condiciones que nos hubieran matado en cuestión de días u horas, sino que evolucionó de tal forma que cuando este entorno hostil cambió y se hizo más benigno, nuestros genes también se hallaban preparados para ello.

A excepción de la rotación del planeta y de los cambios de las estaciones, el ADN no estaba expuesto a un mundo con una' cronología precisa, y sin embargo llegamos a la conclusión de que cuando el ADN dio el inmenso paso de aprender a reproducirse a sí mismo, también aprendió a dominar el tiempo. Por extraño que parezca, las partículas de ácido nucleico aprendieron a leer un reloj con una exactitud de milésimas de segundo y ningún trauma del mundo exterior ha podido hacer mella en esta capacidad, porque el dominio que el ADN tiene del tiempo está tejido en la textura de la vida misma.

Habiendo visto esto, ya no quedamos muy lejos del salto a la sincronicidad. Sólo necesitaremos añadir el ingrediente subjetivo, que es que el tiempo ha sido ordenado para beneficiarnos a nosotros y no sólo a nuestros genes. ¿No nos ha ocurrido a todos alguna vez que hemos estado dándole vueltas a un problema y, al poner en marcha el televisor, las primeras palabras que hemos oído nos han dado repentinamente la solución? Un amigo mío estaba un día en la cola de la parada del autobús pensando si debía atender o no el consejo de cierto maestro espiritual, cuando un hombre que estaba delante de él en la cola se volvió de repente sin previo aviso y le dijo: «Confíe en él.» Los mensajes vienen desde un nivel de la mente que conoce la vida como un todo y, en el fondo, tendremos que decir que estamos todos comunicando con nosotros mismos, y que el todo está hablando a la parte. La sincronicidad sale al exterior del cerebro y trabaja desde una perspectiva más amplia.

Si eliminamos la mente de la ecuación tampoco obtendremos resultados porque la única alternativa es la probabilidad. A mediados de los años ochenta, un hombre de Canadá ganó la lotería nacional dos años seguidos. Como sabemos cuántos números se venden, podemos calcular con toda precisión las probabilidades en contra de que esto sucediera, y la respuesta es de billones y 142 billones contra una; en realidad la cifra exacta que se dio superaba al del número de estrellas en el universo. Una razón por la cual Jung inventó una nueva palabra para estas coincidencias significativas es que la forma normal y racional de explicarlas resultaba demasiado difícil de manejar.

Si estoy sentado en un avión al lado de un desconocido que está buscando cierta idea para publicar un libro y resulta que es exactamente la idea en la que yo estoy trabajando, es evidente que no nos sirve de nada la explicación de probabilidades estadísticas.

Aunque no es fácil de calcular, las probabilidades de que sucedan la mayoría de acontecimientos sincrónicos son ridículas. Cada vez que dos personas se conocen y descubren que se llaman igual o que tienen el mismo número de teléfono, las probabilidades de que se encuentren son de millones contra una. Sin embargo esto sucede, y la explicación más sencilla y que tiene más sentido que los números aleatorios es que tenían que encontrarse, aunque es evidente que este razonamiento no es nada científico. Sin embargo, en la realidad espiritual, todo sucede literalmente porque así tiene que ser. El mundo es un lugar muy útil en el que cada uno de nosotros se afana por las finalidades de su propia vida, pero en los momentos de sincronicidad tenemos una evidencia de lo conectadas que están nuestras vidas y de lo completamente entretejidas que están en el infinito tapiz de la existencia.

Yo creo que, como en el futuro se le dará más credibilidad al espíritu, el término sincronicidad pasará de moda y nuestros descendientes darán por sentado que todos los acontecimientos están organizados según unos modelos determinados. Todos nosotros, igual que nuestro ADN, hemos fluido con el río del tiempo y hemos estado, al mismo tiempo, sentados en los bancos viéndolo pasar, pero es sólo fuera del tiempo donde podemos ver nuestra inteligencia más profunda, porque en el grueso de las cosas el tiempo capta nuestra atención y nos arrastra a este tejido. Cuando consideramos que podríamos estar tejiendo la tela, pero desde otro nivel de realidad, se abre la posibilidad de que Dios comparta esta tarea con nosotros.

Estamos construyendo el argumento de que cada aspecto de la creación nos necesita a título de co-creadores, y esta noción hace mayor y más probable la intimidad con Dios.


por Deepak Chopra de su libro "Conocer a Dios"

Memoria de vidas anteriores

¿Quiénes éramos antes de ser nosotros? La posibilidad de una vida posterior ha sido ampliamente contestada en Occidente, pero la existencia de una vida anterior es igualmente probable. Si sólo creemos en una vida posterior, quedamos restringidos a una visión de tiempo dualista y muy limitada, porque sólo hay un «aquí» y un «después», pero si la vida es continua y el alma nunca cesa en su viaje, se abre una cosmovisión totalmente diferente.

Como parte de nuestra preparación médica, en la India se manda a todos los jóvenes médicos destacados a un pueblo, lo que es equivalente a hacer el servicio sanitario público. La India rural es exactamente como era hace siglos y, después de vivir la cultura urbana de Nueva Delhi, establecerse en un pueblo es como hacer un viaje en el tiempo. Un día los pacientes empezaron a salir corriendo sin razón aparente. Yo también salí y vi que una multitud rodeaba a una niña de unos cuatro o cinco años que estaba descalza en mitad de la polvorienta calle y que, aparentemente, había salido de la nada. Según decía, su nombre era Neela, un nombre muy común en el norte de la India. Pero al cabo de un momento, la niña empezó a llamar a uno o dos de los aldeanos, a los que nunca había visto, por su nombre. Alguien la cogió en brazos y la llevó hasta una casa cercana; por el camino, la niña señaló la vivienda e hizo algunos comentarios sobre ella como si la conociera.

Al cabo de una hora aparecieron sus padres como locos. Al parecer, habían detenido su coche en la carretera principal para comer, y mientras preparaban la comida la madre se dio cuenta de que Neela había desaparecido. El reencuentro con la niña fue de lo más lacrimoso y luego empezaron las preguntas: ¿cómo había podido andar Neela una distancia tan larga, casi dos kilómetros, desde el punto donde se habían detenido hasta el pueblo? ¿Cómo se les había ocurrido a sus padres buscarla en aquel lugar?

La respuesta fue muy extraña e incluso muy india, porque resultó que Neela no era el nombre real de la niña, que se llamaba Gita. Apenas había aprendido a hablar, pero se señalaba frecuentemente a sí misma diciendo «Neela, Neela».

Naturalmente, todos creyeron que Gita era una reencarnación. Los aldeanos consideraron el asunto y al poco rato alguien se acordó de otra Neela, una niña que había muerto de pequeña en una de las granjas de los alrededores. Alguien hubiera salido corriendo a buscar a la familia que vivía allí, pero los padres de Gita se pusieron muy nerviosos y, a pesar de las protestas, cogieron a la niña y se fueron rápidamente hacia el coche. Gita iba llorando mientras se la llevaban, mirando por la ventanilla trasera del coche, mientras éste se alejaba en medio de una nube de polvo. Por lo que yo sé, Gita nunca más volvió.

Hay muchos incidentes similares de vidas que se solapan, y no sólo en Oriente. Hace algunos años se supo que la búsqueda de la reencarnación de un lama tibetano llevó a una delegación de sacerdotes a España, donde un niño católico fue identificado como el candidato adecuado. ¿Cómo pueden ser tan pequeños los límites entre la vida y la muerte? Las personas que dedican su tiempo a los genios y a los niños prodigio los consideran a menudo sobrenaturales, de alguna manera preternaturales, como si un alma muy vieja hubiera sido confinada dentro de un nuevo cuerpo y le aportara una experiencia mucho mayor que la que hubiera podido obtener de otra forma. Es fácil conceder que algún tipo de vida anterior arroja su influencia sobre el presente. Hablando de su propia experiencia, un prodigio musical afirmó: «Es como si estuviera tocando desde fuera de mi propia conciencia. La música pasa por mí, yo soy el conducto, no el origen.» ¿Participamos todos de esta misma experiencia? La reencarnación es un tema sobre el que se sigue discutiendo; Oriente cree en la reencarnación desde hace miles de años, mientras que la tradición judeocristiana solamente ha coqueteado con este concepto y siempre lo ha rechazado.

Durante la Edad Media, creer en vidas anteriores se consideraba una herejía.

El campo no manifiesto nos permite plantear la cuestión de las vidas anteriores de una forma diferente, como un tema relacionado con la conciencia. Ser consciente significa que podemos activar una pequeña parte o una gran parte de nuestro cerebro. Algunas personas son plenamente conscientes de sus motivaciones más profundas, de sus emociones subconscientes, y de su capacidad creativa, pero para otras personas se trata de cuestiones algo crípticas. Profetas y sabios activan regiones profundas y cuando lo desean, pueden ver en el interior de la naturaleza humana mucho más allá de sus propias vidas. Un humilde monje del Himalaya podría ser capaz de penetrar en mi alma mucho más claramente que yo (de hecho yo ya he tenido esta experiencia). Por lo tanto, 132 parecería que la mente no está limitada por lo vivido (todos hemos tenido momentos en que nos hemos sentido poseedores de un conocimiento mayor al que cabría esperar por nuestra experiencia).

Hay muchas pruebas de que la mente no está limitada por el tiempo y el espacio. Como el cerebro está dentro de la cabeza, suponemos que la mente también lo está y mira el mundo exterior como lo haría un prisionero desde una torre. Cuando decimos: «Me ha pasado esta idea por la cabeza», trabajamos a partir de esta suposición, pero la consciencia es algo más que ideas e incluso mucho más que la función cerebral. Recuerdo que una vez estaba en un motel barato mirando en la televisión la escena de un crimen real. Yo tenía veinticuatro años, era mi primera noche en América, y la violencia que vi en las noticias de las once fue una experiencia nueva para mí. Me incliné hacia adelante mirando cómo se llevaban al hospital cercano a las víctimas del tiroteo. De repente se me revolvió el estómago.

Las víctimas iban al hospital al que yo debía presentarme al día siguiente y la sala de emergencias en la que se estaba luchando por extraer las balas y donde se abrían los pechos en canal para dar masaje directo a los corazones parados iba a ser mi lugar de trabajo al cabo de doce horas. Tuve un sentimiento irreal al verme a mi mismo absorbido por toda esta violencia americana.

Aquella sangre que manchaba la acera estaría muy pronto en mis manos y yo estaría salvando pacientes que podían ser policías o asesinos.

En aquel momento me emocioné mucho, atrapado entre la fascinación y el terror, y como las emociones crean fuertes recuerdos, puedo ver aquella escena vividamente cada vez que lo deseo.

Esta memoria ¿está dentro de mi cabeza? Si es así, ¿cómo puede percibirla usted mientras lee esta página? Le he transferido alguna versión de mi memoria, aunque débil, y usted ha visto una imagen y ha sentido algo. ¿Cómo un acontecimiento supuestamente encerrado en el interior de mi cráneo ha podido pasar al de usted así, sin más?

Rupert Sheldrake, un brillante biólogo británico e investigador de la teoría de la evolución, ha imaginado experimentos extremadamente ingeniosos que giran en torno a este enigma. Por ejemplo, a un grupo de niños anglófonos les dio varios grupos de palabras japonesas y les preguntó cuáles eran poesía. Aunque no sabían ni una palabra de japonés, los niños pudieron captar los versos con notable exactitud, como si pudieran oír la diferencia entre las frases ordinarias o incluso los monosílabos inconexos y los delicados haikus. ¿Cómo llegó este conocimiento a sus cabezas? ¿Está flotando en el aire o está disponible en una mente planetaria que todos compartimos?

Del mismo modo que un cuanto de energía puede saltar entre dos puntos sin cruzar el espacio entre ellos, aparentemente también puede hacerlo un pensamiento. Hay un campo de conciencia que fluye a dentro, alrededor y a través de cada uno de nosotros. Una parte de esta conciencia está localizada. Nosotros decimos «mi» memoria y «mis» pensamientos, pero aquí no acaba la cosa. Una neurona no puede pretender que una idea determinada sea suya hasta que millones de células se unen para formar cada imagen o pensamiento. Su capacidad de comunicarse no necesita que entren en contacto, del mismo modo que millones de células son capaces de mantener el mismo ritmo cardíaco sin tocarse. Esta coordinación del cerebro y del corazón depende de un campo invisible de energía cuyos ínfimos cambios establecen modelos para miles de millones de diminutas células individuales. Un corazón cuyo campo eléctrico se confunde empieza a retorcerse agónicamente porque cada una de sus células pierde contacto con las otras y el efecto es como un saco lleno de gusanos retorciéndose violentamente, hasta que el corazón se priva a sí mismo de oxígeno y muere.

Este fenómeno es conocido como fibrilación, que es un síntoma del ataque de corazón.

Al parecer, la conciencia es un campo aún más sutil, que no sólo es invisible sino que, además, no necesita energía. Cuando usted se entera de algo que está en mi vieja memoria, entre nosotros no ha circulado corriente eléctrica. El simple acto de reconocer a un amigo por la calle contiene un misterio similar ya que, cuando vemos una cara familiar, el cerebro no recorre todo su catálogo de caras conocidas para llegar a la conclusión de quién es nuestro amigo. En cambio, un ordenador tendría que hacerlo, para lo cual tendría que consumir energía. Pero el cerebro no repasa todo su banco de memoria cuando ve una cara familiar o una extraña, sino que lo que llamamos reconocimiento se produce instantáneamente, a un nivel de conciencia más profundo.

La conciencia no necesita de conexiones químicas. En nuestro sistema inmunológico, si una célula T pasa flotando al lado de un virus invasor, lo reconoce y pasa al ataque; determina al enemigo por el código químico del exterior del germen, que debe coincidir con otro código del exterior de la célula T antes de enviar la señal de alerta por medio de las moléculas mensajeras que están por todo 133 el cuerpo. Con esto, unos cuantos virus del resfriado o neumococos son suficientes para alertar a miles de millones de células inmunes. Sin embargo, esta explicación química sobre el sistema inmunológico fracasa a la hora de explicar algunas cuestiones, como, por ejemplo, ¿por qué las células T dejan entrar el virus del sida sin atacarlo?

La respuesta que nos han dado los virólogos se centra en la capa exterior del VIH, que es un confuso código de moléculas que se disfraza a sí mismo de tal forma que puede ser aceptado por el código correspondiente de la parte exterior de la célula T, como lo hace un guerrillero que utiliza tácticas de escaramuza en lugar de hacer un ataque frontal. Si esto es así, ¿cómo ha aprendido el VIH a actuar de esta manera? Los productos químicos son neutrales y no llevan integrada una conciencia; por lo tanto, les es igual si es el virus o es la célula T el que sobrevive, aunque evidentemente para las células esto es de la mayor importancia. Esto nos lleva a preguntarnos en primer lugar cómo aprenden a reproducirse las células, porque el ADN está formado por azúcares simples y fragmentos de proteínas que nunca se dividen o se reproducen, aunque existan miles de millones de años. ¿Qué es lo que hizo que estas simples moléculas se unieran, se organizaran en un modelo con miles de millones de delgadísimos segmentos y aprendieran de repente a dividirse?

Una respuesta plausible es que nos encontramos ante una fuerza organizadora invisible. La necesidad que tiene la vida de reproducirle es fundamental, y en cambio, la necesidad que tienen los productos químicos de reproducirse es nula. Por lo tanto, incluso a este nivel tan básico, vemos que entran en juego algunas cualidades de la consciencia como el reconocimiento, la memoria, la autoconservación, la identidad y, también, el elemento tiempo. Para el ADN no es suficiente reproducirse aleatoriamente; el cáncer actúa de esta forma, se reproduce de forma descontrolada hasta tragarse a su huésped, lo que le lleva a su propia muerte.

Para formar un niño, una simple célula fertilizada tiene que ser un maestro en el control del tiempo. Cada órgano del cuerpo existe en forma embrionaria dentro de un simple tramo de ADN y sin embargo, para emerger correctamente, tiene que esperar a que sea su hora. Durante los primeros días y semanas, al embrión se le llama zigoto y no es más que una masa amorfa de células similares.

Pero muy pronto una de estas células empieza a despedir productos químicos que son originales en sí mismos, y aunque las células madres son idénticas, algunos de los descendientes saben, por ejemplo, que van a ser células cerebrales y como tales tendrán que especializarse. Así pues, las células crecen hasta tomar formas distintas, convirtiéndose algunas en células musculares, otras en células óseas, etc. Esto lo hacen con sorprendente precisión pero es que, además, emiten señales para atraer a otras células iguales a ellas. De esta forma las células protocerebrales, por ejemplo, viajan para encontrarse entre sí, aunque se topan por el camino con células protocardíacas, protorrenales y protoestomacales, ninguna de ellas se pierde o se confunde de identidad.

Este espectáculo es mucho más sorprendente de lo que el ojo puede apreciar, porque aunque aparentemente no hay más que una sopa de células nadando y formando modelos, debemos tener presente que la célula del cerebro de un niño sabe por adelantado lo que va a ser. Una neurona que desarrolla su estructura durante varias semanas aún no está madura, pero ya se halla bien diferenciada. ¿Cómo puede seguir fielmente su designio en la vida a pesar de los miles de señales que se están emitiendo a su alrededor? Se trata de un hecho tan misterioso como el modo en que una célula T aprende a reconocer por primera vez a un enemigo con el que nunca antes ha tenido contacto. La memoria, el aprendizaje y la identidad preceden a la materia y la gobiernan. Si un racimo de células cerebrales pierde aunque sea un solo latido, si una célula cerebral que viaja hacia el lugar previamente asignado en el cerebro se atasca un poco en el tráfico y al colocarse deja un espacio en lugar de quedar repartida en una capa regular, el resultado es que el niño nacerá con dislexia.

¿Cómo puede ocurrir un contratiempo así, si los cerebros llevan diez millones de años evolucionando, mientras que leer un libro tiene como mucho una antigüedad de tres mil años? Para el cerebro de un hombre de Neanderthal no tendría mucha importancia si la palabra Dios se parecía a la palabra tíos y, sin embargo, una neurona recién nacida ha tenido la capacidad de evitar este error desde muchos eones antes de la invención del lenguaje.

Yo saco la conclusión de que el campo de la consciencia es nuestro verdadero hogar, y que es la consciencia la que contiene los secretos de la evolución, no el cuerpo ni, incluso, el ADN. Este hogar compartido es «la luz» de la que hablan los místicos, es el potencial para la vida y la inteligencia, y es vida e inteligencia una vez que ha aparecido. Nuestras mentes son un punto de concentración de esta consciencia cósmica, pero no nos pertenecen como una posesión, y del mismo modo que 134 nuestro cuerpo se mantiene junto por la consciencia interior, hay un flujo de consciencia fuera de nosotros. Si nos paramos a pensar un momento, podremos enumerar muchas experiencias comunes que requieren que estemos fuera de nuestro cerebro. ¿Hemos tenido alguna vez la sensación de que alguien nos está mirando por detrás para descubrir al darnos la vuelta que sí había alguien allí? Y desde luego, todos hemos terminado la frase pronunciada por un amigo exclamando: «¡Estaba pensando exactamente lo mismo!», sin dejar que terminara de hablar.

Una mujer me contaba que en una ocasión estaba en la costa pacífica de Oregón, preocupada por su padre agonizante. Al mirar al sol poniente vio mentalmente la cara del padre, mientras oía distintamente su voz que decía: «Perdóname.» Aquella noche la mujer llamó a su hermana y resultó que también había tenido la misma visión y oído las mismas palabras. Algunas veces, yo animo a un grupo de personas a que intenten ir más allá de su percepción limitada, es lo que yo llamo «ir a nuestro cuerpo virtual». Cada persona se sienta con los ojos cerrados y se da permiso a sí misma para viajar a cualquier parte a la que el impulso quiera ir. Las imágenes que vienen a la mente no deben ser juzgadas, sino solamente aceptadas y permitirles que noten. Una mujer soltera que vivía con su novio lo vio limpiando y ordenando el armario, cosa que le asombró porque él nunca había hecho una cosa así. Era una imagen tan vivida como si ella estuviera allí mismo con él, y aparentemente lo estaba porque cuando lo llamó a casa, él le tenía reservada la sorpresa de haber limpiado y ordenado el armario de ella para que le cupieran sus cosas más fácilmente.

Volvamos ahora a la cuestión original: ¿quiénes éramos antes de ser nosotros? Incluso aunque todos nos identifiquemos con una limitada porción de tiempo y espacio, igualando el «yo» con un cuerpo y una mente, en realidad vivimos también fuera de nosotros mismos en el campo de la consciencia. Los profetas védicos dicen: «El yo real no puede ser comprimido dentro del volumen de un cuerpo o el lapso de una vida.» Del mismo modo que la realidad pasa del nivel virtual al cuántico y al material, también lo hacemos nosotros, y si a esto lo llamamos reencarnación o no, casi no importa. El grupo compuesto por cuerpo y alma que hubo antes es un extraño para nosotros y el que podría surgir después de nuestra muerte nos es igualmente extraño. Pero a un nivel más profundo ya se han plantado millones de semillas; algunas son los pensamientos que tendremos mañana o las acciones que ejecutaremos dentro de una década, porque el tiempo es flexible a nivel cuántico e inexistente a nivel virtual, y mientras miramos cómo brotan estas semillas en el fértil campo del tiempo y el espacio, la consciencia despierta a sí misma. De este modo una sencilla célula cerebral fertilizada aprende a convertirse en cerebro, se despierta para ser ella misma, no a nivel químico sino a nivel de la consciencia.

Quizá también somos una simple célula entre millones y cada célula es una vida. Se dice que Buda cerró sus ojos durante unos minutos y percibió noventa y nueve mil encarnaciones y, por si esto no fuera suficientemente impresionante, se dice que las percibió en todos y cada uno de los momentos: los nacimientos, las muertes y el tiempo se expandieron en unos cuantos minutos de silencio. Una capacidad tan sorprendente de controlar el tiempo no radica sólo en la iluminación. Si no fuéramos ya dueños del tiempo, seríamos un globo amorfo de células y podríamos haber entrado en un mundo en el que la pubertad podría llegar en cualquier momento y las células del riñón podrían convertirse en bazos, o donde el primer polen de fiebre del heno podría matar a la mitad de la población.

Imaginemos ahora que la consciencia expandida es normal. El tiempo y el espacio podrían ser sólo conceptos convenientes que serían verdad en el mundo material, pero que se irían disolviendo a medida que nos acercáramos al nivel cuántico. Es esto lo que yo creo que podría ser la reencarnación. Las vidas anteriores caen dentro del territorio inexplorado de la consciencia expandida y no es necesario decidir si son «reales» o no. Si se pudiera verificar concretamente que yo era un soldado nepalí en tiempos del emperador Ashoka, esto nunca me afectaría, pero si me siento extremadamente atraído por aquel período y empiezo a leer cosas sobre Ashoka y su conversión al budismo y mi empatía es tan grande que no dudo en adoptar los mismos principios, entonces podremos decir verdaderamente que una gama de la vida ha influido sobre mi mente y en un término muy real los conceptos vida anterior y vida expandida serán la misma cosa.

Todos los niveles cuánticos y los virtuales se nos abren al mismo tiempo y navegar completamente por ellos es imposible porque se nos abren de acuerdo con nuestras propias necesidades y capacidades. Pero ninguna parte de ellos se nos cierra de forma intencionada, y aunque no solemos mirar profundamente el campo personal, siempre nos será posible observarlo en 135 profundidad. Siempre será más normal aprender del pasado que no hacerlo y las personas que reabren sus vidas anteriores, si queremos usar esta terminología, están reabriendo lecciones que dan motivo y significado a su vida actual. Para alguien que ha absorbido plenamente estas lecciones no hay necesidad de ir más allá de esta vida, y a pesar de todo estas visitas son todavía parte del orden natural de las cosas.

Finalmente, el hecho de que no estamos confinados a nuestro cuerpo físico y a nuestra mente nos da razones para creer en la existencia de una inteligencia cósmica que deja pasar la vida y que nos acerca a la mente de Dios. Pero como estamos hablando de fenómenos cuánticos no es correcto decir que hemos encontrado a Dios de la forma que encontraríamos un libro perdido en el lugar donde olvidamos buscarlo. Una mujer que había leído algunos de mis anteriores escritos sobre la realidad cuántica se emocionó mucho y luego fue a ver a su párroco. Éste la escuchó severamente mientras ella iba vertiendo su exultante felicidad sobre estas nuevas ideas espirituales. Cuando terminó, el párroco le dijo secamente: «Llame a ese señor y pregúntele si Dios está dentro de todos nosotros.» Obediente, la mujer buscó mi número de teléfono y me llamó. Me hizo la pregunta en voz dubitativa y yo le contesté: «Sí, según el modelo cuántico, Dios está dentro de todos nosotros.» Ella no pudo disimular su desilusión: «Vaya, esto es exactamente lo que me dijo mi párroco que usted me diría.» Y colgó el teléfono, muy alicaída por el hecho de que el Dios aceptable, el que nos mira desde el cielo, hubiera sido minado. No fue hasta más tarde que me di cuenta de que yo había caído por descuido en una trampa, ya que mi respuesta no era correcta; en el modelo cuántico no hay interior ni exterior, y Dios no está más en nosotros que en cualquier otra parte, ya que es sencillamente ilocalizable. Decir que vamos dentro a meditar, a rezar o a encontrar a Dios es sólo un convencionalismo.

El lugar intemporal en el que existe Dios no puede ser reducido a una dirección, ya que nuestra exploración de vidas anteriores nos indica que lo mismo puede también ser cierto de nosotros.


por Deepak Chopra de su libro "Conocer a Dios"

lunes, 22 de noviembre de 2010

¿ Alma de los animales?

¿ Cómo es el alma animal ?

Esta cuestión depende de la especie animal que se trate ; esto es debido a los diferentes grados evolutivos de perfección psíquica que diferencian las almas de unas especies de las de otras . Llega un momento en la evolución de la especie, que la energía del alma grupal se perfecciona de grado en grado y va dando vida y existencia a otras.


El alma animal aun en especies muy evolucionadas e individualizadas, no conforma un Espíritu semejante al humano, pero sí tienen su particular espíritu inmerso en otros niveles de evolución particulares en cada especie. En el plano espiritual se agrupan por semejanza evolutiva común y particular dentro de un proceso evolutivo que se desarrolla paralelo al del Ser humano, y en el transcurso de esta evolución ( nos podemos imaginar billones y trillones de años), el alma animal va madurando progresivamente desde formas y especies unicelulares cercanas al reino vegetal, hasta otras mas evolucionadas en instinto e inteligencia para llegar a dar el gran paso evolutivo que supone finalmente su transformación como espíritu recién llegado a una nueva reino hominal.

Por las experiencias que les proporciona la vida instintiva en la materia,el alma animal, tras un largo periodo de experimentación bajo determinada especie, va pasando progresivamente a otros grupos un poco más evolucionados, y así, de grado en grado, finalmente llegan a alcanzar la categoría de Alma humana, cuando tras el casi infinito proceso evolutivo anterior como alma animal instintiva e inconsciente ,su evolución le permite tomar consciencia de su Ego, y una vez llegado a ese grado de madurez evolutiva y tras un proceso de “reciclaje” y transformación en el mundo espiritual , adquiere de ese modo, aún desconocido para nosotros, lo que se podría llamar “ el Arbol de la Ciencia” o “Chispa Divina” que le da consciencia de si mismo y le capacita para desarrollar el sentido moral, naciendo así como Espíritu humano recién creado, sencillo e ignorante, pero con un infinito potencial por desarrollar. Este es uno de los grandes secretos que todavía no merecemos alcanzar los humanos debido a nuestro pobre nivel evolutivo, por lo que no dejo de señalar que esta teoría no es propia del Espiritismo, sino que solamente es mi concepción particular de cómo pudiera ser la transición del alma animal a la humana, y tal vez, algún día nos llegue en que se comprenda cómo es este paso evolutivo , o bien se demuestre que la verdad sobre este punto es de otra manera.

A diferencia del ser humano en el que las almas progresan por su voluntad, en los animales lo hacen por la propia fuerza de la ley general de evolución, en su medio ambiente natural, en donde tras etapas milenarias van modelando su particular inteligencia instintiva

El Ser Humano considerado integralmente( cuerpo y alma), al provenir evolutivamente de una etapa animal, aún posee los rudimentos , instintivos y emocionales procedentes de la misma, que le acompañaron antes de entrar en la actual etapa humana y aún le acompañarán durante un buen trecho de su camino evolutivo hacia otra etapa superior a la hominal. La cuestión es comprender ahora que  en las escalas animales psíquicamente más desarrolladas, cuando por su madurez  evolutiva despertó la consciencia de su individualidad, se produjo un gran cambio en su camino evolutivo anterior, y a partir de ahí comenzó a experimentar las primeras sensaciones que le llevaron a sentir la presencia a su alrededor de algo superior que gobierna la vida y la muerte, y que en muchos casos dio el nombre de Dios o de cualquier otro modo.

Todas las almas animales poseen un mayor o menor grado de sensibilidad e inteligencia, pero la gran diferencia con el alma humana es la de que carecen de las facultades inherentes en el hombre que posee no solamente la facultad intelectual y la del razonamiento filosófico , sino también la capacidad volitiva y consciente, para amar, o para crear arte y belleza, así como para poder llegar a gozar y a percibir estados subliminales de conciencia con su creación y contemplación.


No obstante habría que matizar que en el caso de ciertos animales domésticos que conviven estrechamente con el hombre,(perros,gatos,etc) estos llegan a desarrollar aunque a niveles mínimos, un cierto grado de “humanización”, o mejor dicho, de un aspecto de lo que es la humanización, esto es, un cierto grado de inteligencia desarrollada que les diferencia de otros congéneres silvestres y llegan a alcanzar un desarrollo de personalidad equivalente a la de un niño de cinco años. Asimismo también suelen manifestar una gran capacidad para demostrar y manifestar una capacidad de sentimientos y emociones, que no dejan de asombrar a los seres humanos que los observan. En los animales domésticos cuando son de especies psíquicamente más evolucionadas, se aprecian también diferencias de carácter entre los individuos de cada especie, pareciendo estar unos mucho mas capacitados en facultades intelectivas que otros, e incluso algunos llegan a mostrar cualidades morales que les aproximan a la humanidad, a la que a veces superan, como son el cariño y la abnegación. Siendo la materia por si sola incapaz de amar y sentir, preciso es reconocer en esto una prueba de la realidad existencial del alma animal .

.Tal vez se podría considerar al Alma humana, como el único Ser naturalmente híbrido de toda la Creación, porque somos los únicos que gozamos de una doble naturaleza: la animal por nuestro cuerpo y nuestros vestigios del alma animal evolucionada procedente del reino animal, y la naturaleza espiritual a la vez, en el sentido de que en nuestra etapa humana, somos los únicos Seres que a la vez somos en esencia un Espíritu de orden superior a los de la escala animal .

Podemos pensar que el alma humana procede del alma animal, si consideramos que el cuerpo humano está constituido por los mismos elementos químicos y constitucionales, ya que nacemos, vivimos y morimos de igual modo que los animales, por lo que nuestro cuerpo espiritual se debe haber formado bajo las mismas condiciones que ahora están atravesando ellos.

Por nuestro pasado conservamos la naturaleza animal y como posteriormente adquirimos naturaleza espiritual, en el futuro, por normal evolución, nos iremos acercando cada vez mas a la naturaleza del mundo espiritual, que será nuestra meta y nuestro medio natural, al tiempo que nos iremos alejando cada vez mas de nuestra anterior etapa existencial automática dentro del reino animal .

Los preconceptos y los prejuicios pueden escandalizar a alguien por estas ideas en la que parece que la evolución es una inteligencia ciega y automática que tras un largo proceso va creando y desarrollando a las almas , dejando a Dios de lado aparentemente, pues no se le ve intervenir directamente en la creación del alma humana. Pero esto no es así, pues Dios , Inteligencia Suprema, “tiene sus métodos” y no somos quienes para determinar o juzgar como debe crear a sus criaturas, y la evidencia es que la “ herramienta de trabajo” que siempre utilizó para ello, parece ser que ha sido la ley establecida por El, desde toda la eternidad, y que se llama Evolución.
 
- Jose Luis -

Aprender con los equívocos



La perfección todavía es un estado muy distante de la Humanidad.


Todos los habitantes de la Tierra poseen fisuras morales y cometen errores.

En verdad, equivocarse no es un escándalo, en el contexto de las leyes divinas.

Dios no creó las criaturas perfectas, sino perfectibles.

Los Espíritus encarnan y reencarnan infinitas veces para desarrollar las virtudes cuyo potencial traen en su íntimo.

A fin de que crezcan en voluntad, sabiduría y amor, disponen del libre-albedrí o.

Caso  de que no pudiesen optar, serian simplemente marionetas.

Como pueden optar, es natural que no siempre sean felices en sus actos.

El otro lado de ese proceso de aprendizaje es la responsabilidad.

Al desenvolver la consciencia y la voluntad, la influencia de los instintos primitivos declina y la libertad se expande.

La criatura se hace cada vez más responsable por sus actos y pensamientos.

Los equívocos son naturales para quien transita de la ignorancia para la sabiduría.

Solamente es necesario reparar todos los daños causados.

Justamente por eso constituye señal de inmadurez recusarse a admitir los propios errores.

La humildad constituye presupuesto del aprendizaje.

Quien se imagina infalible y superior a todos se mantiene estático.

Para entrar en sintonía con la vida, se impone atentar para la ley de progreso.

En el  Universo todo es dinámico.

Los especimenes animales y vegetales se perfeccionan incesantemente.

Hasta la configuración física de la Tierra no es estática.

De la misma manera que los especimenes inferiores, el hombre posee un papel a desempeñar en el concierto de la creación.

Él está inscrito  en la naturaleza y debe ser un agente del progreso.

Pero para impulsar el progreso es necesario estar siempre evolucionando.

Así, para no traicionar la misión de su existencia, propóngase ser cada vez mejor.

Admita su imperfección, pero no se acomode con ella.

A veces usted se equivoca, pero eso es normal.

Tenga cuidado de  aprender con sus errores, a fin de no repetirlos innumerables veces.

Y también asuma las consecuencias, buenas o malas, de sus actos.

Repare todos los daños que eventualmente  pueda causar.

Pague sus deudas, pida perdón, recompóngase delante de sus semejantes.

Sin duda es necesario algún esfuerzo para reconocer un equívoco y rectificar el propio camino.

Pero usted vivirá para siempre.

Ciertamente desea, algún día, ser una persona sabia y pacificada.

Como nadie hará el trabajo por usted, esfuércese desde ya para ser así.

Al rehusarse a admitir un equívoco, usted retarda la realización de su luminoso destino.

Compenétrese en su papel de aprendiz y demuestre buena voluntad para con la vida.

No se apegue a cosas pequeñas, como la vanidad y el orgullo.

Tales fisuras morales solamente le hacen infeliz.

Aprenda a hacer el bien sin cualquier interés personal o sentimiento oculto.

Ame y respete la vida, sea noble y solidario.

Al principio puede ser necesaria alguna disciplina.

Pero con el tempo se incorporará ese modo de vivir y será una persona maravillosa.

He ahí una meta por la cual vale la pena luchar.


Equipe de Redacción del Momento Espírita.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Reuniones mediúmnicas espíritas



Concepto de reunión mediúmnica


“Una reunión es verdaderamente seria, cuando trata de cosas útiles, con exclusión de todas las demás. Si los que la forman aspiran obtenerfenómenos extraordinarios, por mera curiosidad, o pasatiempo, tal vez comparezcan Espíritus que los produzcan, perolos otros (los serios) de ahí se apartarán. En una palabra, cualquiera que sea el carácter de una reunión, habrá siempre Espíritus dispuestos a secundar las tendencias de los que la compongan. Así, pues, se aparta de su objetivo toda reunión seria en que la enseñanza es sustituida por el divertimiento.”

El hecho de que alguien posea  mediumnidad no ofrece garantías de transmitir mensajes instructivos de los Espíritus. “La facultad mediúmnica en nada influye para esto: no es más que un medio de comunicación.”

Además de eso, “no siempre basta que una asamblea sea seria para recibircomunicaciones de orden elevado. Hay personas que nunca ríen y cuyo corazón, no por eso, es puro. Ahora, el corazón, sobre todo, es el que atrae a los buenos Espíritus. Ninguna condición moral excluye las comunicaciones espíritas; los que, sin embargo, están en malas condiciones, esos se comunican con los que les son semejantes (...).”

Una explicación se hace necesaria frente a lo expuesto: las reuniones mediúmnicas de atendimiento a Espíritus sufrientes, algunos portadores de graves perturbaciones (suicidas, homicidas, obsesores, etc.), estas, mientras tanto, transcurrirán en un clima armónico, a pesar de la perturbación evidente de los comunicantes, porque los integrantes del grupo mediúmnico están sintonizados con el bien, con el espíritu de solidaridad y fraternidad. El médium transmite el dolor y el sufrimiento del Espíritu, guardando el equilibrio al expresarse, auxiliando al necesitado desencarnado con bondad y firmeza.
 
( Del curso de la FEB sobre formación de médiums)

Problemas del Amor

“... Que vuestro amor crezca cada vez más en el pleno conocimiento y en todo el discernimiento.” – Pablo. (Filipenses, 1:9.)




El amor es la fuerza divina del Universo.

Es imprescindible, no obstante, mucha vigilancia para que no ladesviemos en la justa aplicación.

Cuando un hombre se dedica, de manera absoluta, a sus tesoros perecibles, esa energía, en su corazón, se denomina “avaricia”; cuando se atormenta, de modo exclusivo por la defensa de lo que posee, juzgándose el centro de la vida, en el lugar en que se encuentra, esa misma fuerza se convierte en él en, “egoísmo”; cuando sólo ve motivos para elogiar lo que representa, lo que siente o lo que hace, manifestando poco respeto por los valores ajenos, el sentimiento que predomina en su órbita se llama “envidia”.

Pablo, escribiendo a la amorosa comunidad filipense, formula indicación de elevado alcance. Asegura que “el amor debe crecer, cada vez más, en el conocimiento y en el discernimiento, a fin de que el aprendiz pueda aprobar las cosas que son excelentes.

Instruyámonos, pues, para conocer.

Eduquémonos, para discernir.

Cultura intelectual y perfeccionamiento moral son imperativos de la vida, posibilitándonos la manifestación del amor, en el imperio de la sublimación que nos aproxima a Dios.

Atendamos el consejo apostólico y crezcamos en valores espirituales para la eternidad porque, muchas veces, nuestro amor es simplemente querer y tan solamente con el “querer” es posible desfigurar, sin pensar, los más bellos cuadros de la vida.

* * *

XAVIER. Francisco Cándido. Fuente Viva. Por el Espíritu Emmanuel, 23. ed. Río de Janeiro: FEB. 1999