domingo, 8 de febrero de 2026

El demonio "bondadoso"

 INQUIETUDES ESPÍRITAS

1- Predicción de acontecimientos

2- Objeciones de la Iglesia contra las evocaciones de Espíritus

3- El Aura

4-  El demonio "bondadoso"

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             PREDICCIÓN  DE                          ACONTECIMIENTOS

¿Por qué los Espíritus serios, cuando hacen que presintamos un acontecimiento, no especifican la fecha? ¿Es porque no pueden, o porque no quieren?

- “Por ambas razones. En ciertos casos, pueden hacer que un acontecimiento sea presentido, en cuyo caso se trata de un aviso que os dan.. En cuanto a precisar la fecha, a menudo no deben hacerlo; e incluso no pueden, porque ellos mismos lo ignoran. El Espíritu puede prever que un hecho ocurrirá, pero el momento exacto probablemente dependa de circunstancias que todavía no se han concretado, y que sólo Dios conoce. En cambio, los Espíritus frívolos, que no tienen escrúpulos en engañaros, determinan el día y la hora sin preocuparse por el resultado. Por eso, toda predicción circunstanciada debe despertar vuestra sospecha.

“Os digo una vez más que nuestra misión consiste en haceros progresar. Para eso os ayudamos tanto como podemos. Nunca será engañado quien solicite sabiduría a los Espíritus superiores.
Sin embargo, no creáis que perderemos nuestro tiempo en escuchar vuestras necedades y en deciros la buenaventura.. Dejamos esa ocupación a los Espíritus frívolos, que se divierten con eso como niños traviesos.

EL LIBRO DE LOS MEDIUMS.
ALLAN KARDEC

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    OBJECIONES  DE  LA IGLESIA  CONTRA LAS EVOCACIONES A ESPÍRITUS

Las acusaciones lanzadas por la iglesia contra 1a práctica de las evocaciones no conciernen al Espiritismo, puesto que se dirigen principalmente contra las operaciones de la  magia con la cual no tiene ninguna relación. Puesto que condena en estas operaciones lo que ella misma condena, puesto que no atribuye a los buenos espíritus un papel indigno de ellos, y puesto que, en fin, declara que no pide ni quiere obtener nada sin el permiso de Dios.

No hay duda de que puede haber personas que abusen de las evocaciones, que hagan de ello un pasatiempo y diversión y que las aparten de su fin providencial para emplearlas en pro de sus intereses personales, que por ignorancia, ligereza, orgullo o concupiscencia, se separen de los verdaderos principios de la doctrina.

Pero el Espiritismo formal desaprueba esto, así como desaprueba la religión los falsos devotos y los excesos del fanatismo. No era, pues, lógico ni equitativo imputar al Espiritismo en general los abusos que condena, o las faltas de los que no lo comprenden. Antes de formular una acusación, es preciso ver si es justa. Diremos, pues, que la reprobación de la iglesia se dirige a los charlatanes, a los explotadores, a las prácticas de  magia y de  hechicería, y en esto tiene razón.

Cuando la crítica religiosa o escéptica señala los abusos y vitupera el charlatanismo, hace resaltar mejor la pureza de la sana doctrina, ayudándola de este modo a desembarazarse de la escoria. Y con esto facilita nuestra tarea. Su error está en confundir el bien y el mal, por ignorancia del mayor número y por mala fe de algunos. Pero la distinción que ella no hace, la hacen otros. En todos los casos su censura, a la cual se asocia todo espíritu sincero en el límite de lo que se aplica al mal, no puede alcanzar a la doctrina.

16. “Los seres misteriosos que se presentan del mismo modo al primer llamamiento del herético y del impío como al del fiel, del crimen como de la inocencia, no son los enviados de Dios, ni los apóstoles de la verdad, sino los secuaces del error y del infierno.”

¡Tenemos que al herético, al impío y al criminal, Dios no permite que vayan los buenos espíritus a sacarles del error para salvarles de la perdición eterna! ¡No les envía sino a los secuaces del infierno, para hundirles más en el fango! ¡Más aún, no envía a la inocencia sino seres perversos para pervertirla! ¿No se encuentra, pues, entre los ángeles, entre esas criaturas privilegiadas de Dios, ningún ser lo bastante compasivo para acudir en auxilio de esas almas perdidas? ¿Para qué las brillantes cualidades de que están dotados, si no sirven más que para sus goces personales? ¿Son realmente buenos, si en medio de las delicias de la contemplación ven a esas almas en el camino del infierno y no corren a salvarlas?

¿Acaso no es ésta la imagen del rico egoísta, que teniendo hasta lo superfluo, deja sin piedad que el pobre muera en la puerta de su casa? ¿No es esto el egoísmo que se erige en virtud y pretende elevarse hasta los pies del Eterno?

¿Os maravilláis de que los buenos espíritus vayan al herético y al impío? ¿Olvidáis, acaso,
esta parábola de Cristo: “El que está sano no tiene necesidad de médico”? ¿Os empeñáis en no ver las cosas desde un punto más elevado que los fariseos de su tiempo? ¿Y vosotros mismos, si fuerais llamados por un incrédulo, dejaríais de ir a él para ponerle en el buen camino? Los buenos espíritus hacen, pues, lo que vosotros haríais: van al impío a decirle buenas palabras. En lugar de anatematizar las comunicaciones de ultratumba, bendecid los caminos del Señor, maravillaos de su omnipotencia y bondad infinita.

17. Hay, se dice, ángeles guardianes. Pero cuando no pueden hacerse oír por la voz
misteriosa de la conciencia o la inspiración, ¿por qué no se emplean medios de acción más directos y más materiales que puedan afectar los sentidos, puesto que los hay? ¿Dios pone, pues, estos medios, que son obra suya, porque todo proviene de Él y nada sucede sin su permiso, a disposición únicamente de los malos espíritus, mientras que impide a los buenos servirse de ellos? De esto se deduce que Dios concede a los demonios más facilidad para perder a los hombres que no a los ángeles guardianes para salvarles.

Pues bien, lo que los ángeles guardianes no pueden hacer, según la iglesia, lo hacen los
demonios. Con ayuda de estas mismas comunicaciones llamadas infernales, vuelven a Dios a los que renegaban de Él, y al bien a los que estaban sumergidos en el mal. Nos dan el extraño espectáculo de millones de hombres que creen en Dios por el poder del diablo, siendo así que 1a iglesia había sido impotente para convertirlos. ¡Cuántos hombres que no oraban jamás, oran hoy con fervor, gracias a las instrucciones de esos mismos demonios! ¡Cuántos vemos que de orgullosos, egoístas y licenciosos, han venido a ser humildes, caritativos y menos sensuales! ¡Y se dirá que es obra de los demonios! Si así fuera, es necesario convenir en que el demonio les ha prestado un gran servicio y les ha asistido mejor que los ángeles. Es preciso formarse muy pobre opinión del juicio de los hombres en este siglo para creer que pudiesen aceptar a ciegas tales ideas.


Una religión que de semejante doctrina hace su piedra angular y se declara minada por su base si le quitan sin piedad sus demonios, su infierno, sus penas eternas y su Dios, es una religión que se suicida.

Allan Kardec.

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        EL AURA

Cada persona, encarnada o desencarnada, está envuelta por una irradiación luminosa que refleja los estados anímicos que atraviesa, la cual se detecta por sus coloraciones, intensidad o alteraciones. El Aura es como un manto de fuerzas electromagnéticas, por el que circulan las corrientes mentales de cada ser. Un espejo fluídico que refleja nuestro campo psíquico y espiritual, en el que se proyecta toda la gama de pensamientos, emociones y sentimientos.

En dibujos y pinturas muy antíguas, se representa a los maestros y guías espirituales rodeados de auras luminosas y en la hagiografía cristiana, se observa una aureola brillante que rodea la cabeza de los santos.

La vibración del aura ocupa una porción del espectro electromagnético, que resulta poco accesible a la visión física, aunque con ciertos ejercicios puede ser percibida visualmente. Los sujetos dotados de videncia o clarividencia observan el aura de las personas con facilidad.

En 1911, Walter John Kilner, miembro del Real Colegio de Física de Londres, publicó su obra "The Human Atmosphere", dando cuenta de haber comprobado experimentalmente, la visibilidad del aura por cualquier sujeto, sensitivo o no, mirando a través de una solución alcohólica de diacinina. Según las observaciones de este experimentador, el aura se presenta en forma oval y dividida en tres zonas: la primera, de sombra muy estrecha y ceñida al cuerpo; la segunda o interior entre 3 y 8 cm de anchura, cruzada por estrías perpendiculares, sin color determinado, y la tercera o exterior, que no tiene contornos definidos y se difumina en el espacio.

La captación del aura del paciente es de gran ayuda para el magnetizador, porque le permite detectar ciertos problemas que le están afectando, convirtiéndose en un parámetro del mayor interés. La interpretación de las auras, es también un excelente recurso, del que puede valerse el director de sesiones mediúmnicas para identificar la calidad del Espíritu manifestante, En las fotografías Kirlian se ha observado que una vez que se ha suministrado el pase, el aura del receptor se ha fortalecido, haciéndose más ancha y brillante, mientras que la del magnetizador se ha debilitado,

El aura varía según los diferentes temperamentos, inclinaciones, alegrías, penas y disposiciones de cada uno, y también según los estados de desarrollo espiritual,

- Jon Aizpúrua- ( de su obra "Tratado de Espiritismo").

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                  EL "DEMONIO BONDADOSO"

                                                   


    
Entre los detractores y enemigos del Espiritismo se promovió, para amedrentar a los fieles religiosos, la ridícula creencia de que el demonio puede realizar buenas obras para engañar y atraer a los fieles. Las acusaciones lanzadas por la Iglesia Católica contra la práctica de las evocaciones no conciernen, al Espiritismo, puesto que se dirigen principalmente contra las operaciones de la magia con la que el Espiritismo  no tiene ninguna relación. No hay duda de que puede haber personas que abusen de las evocaciones que hagan de ello un pasatiempo y diversión y que las aparten de su fin providencial para emplearlas en pro de sus intereses personales, que por ignorancia, ligereza, orgullo o concupiscencia, se separen de los verdaderos principios de la doctrina. Pero el Espiritismo formal desaprueba esto, así como desaprueba la religió los falsos devotos y los excesos del fanatismo. No era, pues, lógico ni equitatio imputar al Espiritismo en general los abusos que condena, o las faltas de ls que no lo comprenden. Antes de formular una acusación, es preciso ver si es juta.

Diremos, pues, que la reprobación de la iglesia se dirige a los charlatanes,  los explotadores, a las prácticas de la magia y de la hechicería, y en esto tiene razón. Cuando la crítica religiosa o escéptica señala los abusos y vitupera el charlatanismo, hace resaltar mejor la pureza de la sana doctrina, ayudándola de este modo a desembarazarse de la escoria. Y con esto facilita nuestra tarea. Su error está en confundir el bien y el mal, por ignorancia del mayor número y por mala fe de algunos. Pero la distinción que ella no hace, la hacen otros.

En todos los casos su censura, a la cual se asocia todo espíritu sincero en el límite de lo que se aplica al mal, no puede alcanzar a la doctrina. Los seres misteriosos que se presentan del mismo modo al primer llamamiento del herético y del impío como al del fiel, del crimen como de la inocencia, no son los enviados de Dios, ni los apóstoles de la verdad, sino los secuaces del error y del infierno. Tenemos que al herético, al impío y al criminal, Dios no permite que vayan los buenos espíritus a sacarles del error para salvarles de la perdición eterna No les envía sino los secuaces del infierno, para hundirles más en el fango Más aún, no envía a la inocencia sino seres perversos para pervertirla

¿No se encuentra, pues, entre los ángeles, entre esas criaturas privilegiadas de Dios, ningún ser lo bastante compasivo para acudir en auxilio de esas almas perdidas? ¿Para qué las brillantes cualidades de que están dotados, si no sirven más que para sus goces personales? ¿Son realmente buenos, si en medio de las delicias de la contemplación ven a esas almas en el camino del infierno y no corren a salvarlas? ¿Acaso no es ésta la imagen del rico egoísta, que teniendo hasta lo superfluo, deja sin piedad que el pobre muera en la puerta de su casa?

¿No es esto el egoísmo que se erige en virtud y pretende elevarse hasta los pies del Eterno? ¿Se maravillan de que los buenos espíritus se aproximen al herético y al impío? ¿Olvidan acaso, esta parábola de Cristo: “El que está sano no tiene necesidad de médico”? ¿Se empeñan en no ver las cosas desde un punto más elevado que los fariseos de su tiempo? ¿Y ustedes mismos, si fueran llamados por un incrédulo, dejarían de ir a él para ponerle en el buen camino? Los buenos espíritus hacen, pues, lo que ustedes harían, van al impío a decirle buenas palabras.

En lugar de anatematizar las comunicaciones de ultratumba, bendigan los caminos del Señor, maravíllense de su omnipotencia y bondad infinita. Hay, se dice, ángeles guardianes. Pero cuando no pueden hacerse oír por la voz misteriosa de la conciencia o la inspiración, ¿por qué no se emplean medios de acción más directos y más materiales que puedan afectar los sentidos, puesto que los hay? ¿Dios pone, pues, estos medios, que son obra suya, porque todo proviene de Él y nada sucede sin su permiso, a disposición únicamente de los malos espíritus, mientras que impide a los buenos servirse de ellos?

De esto se deduce que Dios concede a los demonios más facilidad para perder a los hombres que no a los ángeles guardianes para salvarles. Pues bien, lo que los ángeles guardianes no pueden hacer, según la iglesia, lo hacen los demonios. Con ayuda de estas mismas comunicaciones llamadas infernales, vuelven a Dios a los que renegaban de Él, y al bien a los que estaban sumergidos en el mal. Nos dan el extraño espectáculo de millones de hombres que creen en Dios por el poder del diablo, siendo así quela iglesia había sido impotente para convertirlos. ¡Cuántos hombres que no oraban jamás, oran hoy con fervor, gracias a las instrucciones de esos mismos demonios!

Cuántos vemos que de orgullosos, egoístas y silenciosos, han venido a ser humildes, caritativos y menos sensuales Y se dirá que es obra de los demonios Si así fuera, es necesario convenir en que el demonio les ha prestado un gran servicio y les ha asistido mejor que los ángeles. Es preciso formarse muy pobre opinión del juicio de los hombres en este siglo para creer que pudiesen aceptar a ciegas tales ideas. Una religión que de semejante doctrina hace su piedra angular y se declara minada por su base si le quitan sin piedad sus demonios, su infierno, sus penas eternas y su Dios, es una religión que se suicida.

( Autoría desconocida )

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